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junio, 2010


29
junio 10

HUMAN VINTAGE

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¿Qué es vintage?, ¿una moda?, ¿un estilo?, ¿una tendencia?… o
un espacio del tiempo al que todos quisieran  pertenecer, volver o sentir.

Estaba en casa de mis abuelos navegando en el ordenador y me
topé con esta maravilla. Se trata de la nueva campaña de Louis Vuitton para
otoño. Me he quedado sin palabras, las bellísimas imágenes me atraparon por
completo. A decir verdad, la marca estéticamente siempre tiene muy buenos
recursos, pero esta vez ha sido diferente,  encontré la publicidad mágica.
Estuve viendo la campaña por más de cinco minutos, los detalles, los vestidos,
la luz, el color, los peinados…es glamour puro!

Natalia Vodianova, Christy Turlington
y Karen Elson, son los rostros que la protagonizan. Tres generaciones de top
models vestidas al estilo de los años 50´as. De pronto, mi blackberry, comienza
a sonar. Me levanto apresurada de la mesa para contestar pero llego
tarde…llamada perdida. Tomo mi teléfono de la mesilla y me topo con una
imagen increíble. Se trata de una foto de mis abuelos cuando eran novios.

Al igual que la campaña de Vuitton,
la imagen me envuelve y me doy cuenta que es aún más poderosa. Lo que fue
capturado en ella es totalmente real. Me pongo a pensar entonces, ¿a qué se
debe el éxito de la moda vintage?

Quizás es la nostalgia del
pasado o la añoranza por la belleza de otros tiempos, lo que cautiva a sus más
fieles seguidores. Miro la foto… esas dos personas que están viendo el telediario
atrás de mi, eran jóvenes entonces e insultantemente guapos. Eran dueños de una
edad en la que las arrugas aún no encallaban en su piel y la experiencia era
una amiga que se encontrarían en un futuro muy lejano.

Inevitablemente sonrío, no puedo hacer otra cosa, todo en la
fotografía es casualmente elegante, tan auténticamente glamoroso.  Me doy
cuenta entonces y sin hacerlo de manera conciente, que a menudo
me sorprendo buscando esa elegancia innata con la que crecieron nuestras
abuelas. Intento encontrar ese chic tan espontáneo que poseían y nos hace mirar
sus fotos una y otra vez.

Ellos están ahí…mirándome desde 1950, la fecha amarillenta que
aún se alcanza leer en la esquina inferior derecha. Mis abuelos caminan
juntos, tomados de la mano en un parque,  cuando apenas empezaban a
salir.

Me gusta que ella sonríe desde el alma, no posa jamás. A pesar
del tiempo, la foto aún destila la emoción de los primeros días de una
relación, el nerviosismo de llamar a alguien ” tu novio”.

Él la toma del codo delicadamente al caminar, y la mira de
reojo…la mira toda con tanta clase, con una pasión matizada de respeto y
sonríe de medio lado, con esa confianza de saberse el objeto de su afecto.

Él viste un traje impecable, y aunque la foto es en blanco
y negro, por poco puedo mirarme en el reflejo de sus zapatos perfectamente
boleados.

El aire hace que la falda de ella ondeé hacía un lado…era tan
delgadita que da la sensación que si él la suelta, hasta la brisa podía
llevársela volando. No fue así, hasta la fecha la sujeta en cuerpo y alma.

De pronto, entiendo porqué lo
vintage ha tenido un impacto tan fuerte y me pregunto por qué si esta tendencia
ha llegado a todos sitios, aún no atrapa la actitud de las personas. ¿Hombres y
mujeres vintage?…

La caballerosidad y paciencia del pasado, con las ventajas de la
comunicación. Me quedo con la pregunta en el aire..¿hombres y mujeres
vintage? Sigo con la fotografía en mis manos y suspiro…

“Ya no hay hombres como los de antes”,  me dice
siempre mi abuela, infartada por la vestimenta de los adolescentes que ve por
la calle y aunque estoy conciente que Cary Grant no tocará a mi puerta, me
encantaría que existiera una versión “vintage” del hombre de hoy.

Ese ser que contenga la belleza atemporal que ofrecen los
valores aunada a las ventajas de la actualidad, alguien a quien la modernidad
lo nutra y no lo confunda.

“Como los de antes”, me repito silenciosa, hombres que
no disfrazaban sus ganas de conquista con indiferencia, aquellos que estaban
concientes de que la prisa es la peor consejera, esos que podían iluminar tu
día con flores, que te consideraban única e irremplazable, y no te cambiarían
por imitaciones baratas y pasajeras.

Esos que orgullosos te tomaban del brazo delicadamente al
caminar no sólo para acompañarte a casa si no quizás para caminar contigo toda
la vida.

Mientras tanto,  tomo el marco de fotos con las manos y me
distrae la sortija que siempre traigo puesta y que es la misma que mi abuela
presume en la foto. Es una amatista, la que mi abuelo le regaló en su primer
mes de noviazgo, la que le prometí usar el día de mi boda y la que espero que
en el futuro mi nieta aprecie en su dedo, cuando mire sonriendo una foto de sus
abuelos al caminar.



21
junio 10

Si se trata de caminar…mejor con zapatos altos

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    Siempre he creído que los zapatos expresan la personalidad, claro que muchos rebatirán que no es lo único, si no  la mezcla de un todo… sin embargo en lo personal creo que son la prenda que define el carácter de alguien y de cierta forma la vestimenta en sí. Dan el toque final al estilo, como la cereza en el pastel… si los zapatos están mal, seguramente lo demás también. 


    Visten nuestros pies donde quiera que vamos y pueden hacer el camino más fácil o difícil según los elijamos… lo que me lleva a pensar que lo que vemos como un simple accesorio, tiene una gran similitud con las personas.


     Los hay todo terreno, glamourosos, viejos, cómodos…también incómodos, bellos en apariencia pero de mala calidad, los que sirven para una emergencia y los que desecharás  sin piedad alguna porque ya no te gustan …en fín si continúo, la lista podría ser interminable.     El caso es que al igual que escogemos los zapatos, también elegimos a las personas que día con día acompañan nuestros pasos.


     


    Llegue a esta conclusión después de una desastrosa tarde de lluvia.  Llevaba algunas semanas sufriendo por el clásico fichaje de turno, (entiéndase por fichaje al chico, tio, galán, o ser que nos gusta en el momento) .

    Venía de “tomar un café” ( la forma elegante en la que se le llama a una cita en la que van a decirte entre palabras bonitas, frases disfrazadas y la exaltación de tus virtudes “que no quieren verte más”)  acababa de vivir una vez más un clásico episodio de ” no eres tú soy yo”, ” eres una mujer impresionante y por eso quiero conservarte como amiga”, “creo que eres demasiado para mi”… ” o no estoy listo para una relación”. 


     


    Uno de esos capítulos en los que te dices a ti misma “está será el último”, pero desafortunadamente , cuando crees que ya tienes suficiente, siempre viene otro a la vuelta de la esquina.    Harta, con la mente ofuscada, y a punto de llorar, apresuré el paso para salir de la cafetería cuanto antes, no me importaba la lluvia, tampoco el peinado en el que me había tardado más de media hora,  iba a toda velocidad con mis maxi gafas negras (ideales por si de pronto te llueve el alma y quieres disimular), un mini vestido negro y altísimos peep toes.


     


    Caminé sobre serrano, cada vez más rápido cómo si tuviera mucha prisa y alguien me esperará ansiosamente en algún lugar…la lluvía entonces comenzó a disminuir, y empecé  a notar la presencia de mis pies, estaban cansados, necesitaba sentarme cuanto antes. 

    De pronto me sorprendí  a mi misma en un banco, mirando fijamente el aparador  de Dolce & Gabbana en la calle Ortega y Gasset, cruce mis piernas y deje mi pesado bolso al lado.  Mi vista iba del escaparate a  mis zapatos y me percaté que eran maravillosos, me repetí que había hecho bien en comprarlos, aunque quizá eran demasiado para mi cita…pero sin duda resistirían más de dos temporadas, quizás más y seguro más que el fichaje que me motivó a adquirirlos.


     


     Entonces mientras revivía la cita,  vino a mi mente una imagen. Cuando estaba en la cafetería,  oyendo “los mil y un pretextos”, mis gafas cayeron al suelo. El se agachó para recogerlas al mismo tiempo que lo hice yo, entonces vi mis pies junto a los suyos. Sus zapatos eran monisimos, le dije entonces:  ¡Que monos tus mocasines!, el respondió: “Gracias, la verdad es que los compre hace un mes y los he usado una vez, y es verdad están muy bien, pero creo que necesito algo más cómodo, son difíciles de llevar, demasiado elegantes para mi estilo”.      


    Volví al tiempo presente, mientras tanto en mi mente se entre mezclaban pensamientos como: “No lo puedo creer”, “Si es que al final no me conviene”, … y “me duelen los pies de caminar con estos tacones”, pero ahora que los veo…de nuevo pienso  en lo mucho que me gustan, ha decir verdad creo que son lo único lindo que he visto en todo el día.       


     Entonces me quité las grandes gafas negras que cubrían mis ojos y los efectos secundarios de la tristeza.  Me mire en el reflejo del vidrio del gran aparador de la tienda, mís ojos se veían hinchados  por llorar, aún a la distancia y no se que podía ser más desastrozo si mi estado de ánimo o mi peinado estropeado por la lluvia que acaba de pasar, pero ellos seguían ahí,… mis pies,  enfundados en unos bellísimos zapatos, haciendo una pausa, recordándome que ha sido mucho lo que he andado pero que aún queda más, y que sea cual sea la superficie destacarán por donde pisen.

    


    Un poco lastimados y con pequeñas heridas  que el exterior no alcanza a ver, están a mi disposición…haciéndome ver  que mis pasos son tan fuertes como mi espíritu y que es verdad …existen zapatos ideales para todos. 


         Hay momentos en que se necesita comodidad y unas zapatillas son suficientes,  en otras ocasiones botas de lluvia con suela anti derrapante para tener la seguridad de no resbalar, que hay veces que tienes tanta prisa que te pones los primeros que te encuentras aunque no combinen en lo absoluto, que de pronto recuerdas esos que te encantaban pero por alguna razón ya no están en tu armario… y que también existen otros tan altos y divinos que son inalcanzables por la multitud…tenerlos cuesta mucho y caminar con ellos aún más…por eso no cualquiera tiene acceso a ellos y los que sí…jamás olvidarán lo que valen y el día en que los encontraron.




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