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17 febrero 11

FOR GOOD OR BAD…IM BACK

Disculpen si este título les remite a la famosa frase de Terminator, “I´ll be back” , requete-usada por nuestros padres y trillada hasta el cansancio, no me importa, expresa perfectamente lo que quiero decir. La verdad es que yo también la odio un poco, así como a la gente que mete frases de películas para hacer una conversación más profunda o interesante y de paso dar a entender al oyente que sabe de cine, pero este es otro tema que algún otro día trataré…(una disculpa a los cinefilos, no es nada en contra de ellos).

En fin, me dejo de rollos, lo que quiero deciros con esto es que he vuelto, que regresó a escribir el blog después de varios meses de estar fuera.

Para quien se pregunte porque dejé de hacerlo, en verdad no tengo una respuesta muy contundente al respecto, aunque la que más se acerca es que pasé por una racha detox (ok acepto que parece titular de revista femenina…me pregunto porque jaja) pero sí, me refiero a períodos de los que todos hemos sido presa en ocasiones o deberíamos.

Ahora, estas rachas vienen bien, todo ser humano necesita desintoxicarse de cosas, personas, hábitos, trabajos y pensamientos destructivos, que duren más alla de los primeros tres días de un nuevo año y así renovarse.

“Renovarse o morir” dicen por ahí, y otra vez hago uso de una frase trillada, pero es súper cierta y dedico este post a todas las personas que son capaces de identificar que algo en su vida no les gusta y en lugar de dejarse llevar por la inercia, la cobardía, la monotonía, o lo que sea, deciden hacer algo al respecto.

El otro día hablando con una amiga me dí cuenta que tan fácil puede ser intoxicarte y que incluso uno mismo decide volver algo tóxico cuando no tendría porque serlo.A veces nosotros enviciamos lo que nos rodea.

Cómo suele ser normal en una conversación de mujeres, se habla de hombres, lo que nos lleva al amor (otro clásico). Salen a relucir temas como: amores pasajeros, amores anteriores, amores inolvidables, amores fracasados…otros que no llegaron a serlo y algunos que se quedaron en el intento, hablamos de eso entre muchas cosas como el trabajo, la ropa, el futuro, el presente, los pisos, que cara esta la vida y que vamos a hacer el viernes etc etc.

El caso es que ahora que lo pienso he notado cierta tendencia en los humanos a idealizar gente y cosas del pasado, en especial personas, a las que colocan en una categoría de “eternas glorias”.

De pronto parece que por arte de magia se les ha olvidado porque ya no están en sus vidas o lo mal que lo pasaron a su lado (claro que siempre está uno para recordarle las millones de veces que te llamaban por teléfono llorando y los miles de cafés-terapia) , pero como ha pasado el tiempo hablan de ellos con cariño y con un matiz romántico especie Hollywood, y revolotean frases del tipo “ nos queremos pero nos destruimos”, “se merece algo mejor”, “ siempre me ha querido mucho y  me sigue queriendo pero no podemos estar juntos” existe una cierta resistencia a aceptar que “ya fue” y sobre todo que “no será”…..bla bla bla bla.

No sé si es que yo soy práctica, o que simplemente tengo la visión de estar fuera del asunto, pero si “algo te hace sufrir, no funciona”, “si alguien te hace llorar, no sirve” y “si alguien o algo te hace dudar de tu capacidad en cualquier aspecto debe estar fuera de tu vida” … se aplica para todo: cosas, personas, relaciones, lugares, casas, trabajos y pensamientos.

Yo soy de las que cree que la vida te da señales y que incluso algunas enfermedades funcionana como avisos que no estamos haciendo las cosas bien o por lo menos no como nos gustaría. En algunos casos el cuerpo se manifiesta y es importante hacer caso, aunque claro, es más fácil evadir que avanzar.

Es más sencillo pensar en porqué no funcionó, a que uno mismo funcione, es infinitamente más cómodo quejarse del trabajo que darlo todo por encontrar uno mejor o reconocer que eres tú el no conviene a nadie a creer que no encuentras a alguien que te convenga.

Lo que está claro es para que las cosas vayan bien tienes que sentirte bien, así que ya que me he animado a escribir de nuevo y estoy positiva (esperamos que me dure mucho) os animo a que os desintoxiqueis de todo que existe en vuestra vida que no sirve, tira esa cazadora que lleva 5 años en tu armario y jamás usas, deja de quedar con amigos que sabes que no lo son, o ver a personas que sólo van a desviarte de lo que quieres…cuesta mucho pero se siente bien decir, “ya estoy fuera de eso”.

sigueme en twitter@itziararriola


26 agosto 10

BOLSOS DE IMITACIÓN


Esta mañana, me desperté con una extraña sensación de vacío. Tras apagar de un manotazo la alarma de mi despertador, me dirigí a la ducha y me miré al  espejo. “¡Vaya!…si soy yo otra vez”,  a veces tengo la rara idea, sobre todo cuando me ha costado mucho despertar, que de pronto en el reflejo va a mirarme alguien más, en fin…cosas mías.

Como siempre, enciendo la radio, una costumbre que tengo (ducharme con música) y mientras el agua cae a borbotones sobre mi cara pienso: “¿y este vacío que siento?”…  no logro distinguir si se trata de algo o de alguien, pero alguna cosa me falta hace tiempo o puede ser que siempre.

De pronto suena aquella canción, la que bailábamos tu y yo, la que me hacía reír, y la que escuchamos de camino, en el último viaje en coche que hicimos el verano pasado.

El agua sigue cayendo, pero ahora de mis ojos…la nostalgia contra ataca y otra vez sirve de anfitriona de tu recuerdo.

Si, de ese invitado non grato que llama a el telefonillo a horas no adecuadas, esa visita incómoda que deseas que se vaya de casa cuanto antes, o aquel vecino pesado que no encuentras la forma de pedirle que te devuelva el taladro que le prestaste hace meses. Recordarte es tan frustrante como esa llamada en la madrugada de número equivocado que te despierta y no te deja dormir en toda la noche, tan molesto como hacer trámites, o tener que hablar con alguien que no te apetece porque le toco sentarse junto a ti,  en esa cena a la que fuiste por compromiso.

Creo que la forma más rápida de hacer que te vayas de nuevo es aceptar que estás aquí, por lo menos hoy.

No olvido la noche en que nos conocimos, el primer beso que nos dimos y la primera vez que dijiste “te quiero”. El olor del gel de baño por alguna extraña razón, me lleva hasta esas vacaciones en el Caribe, a la playa, cuando me enfade contigo en el hotel. Fue una tontería, de la que después nos reímos, pero que nos costó horas sin dirigirnos la palabra.

Es extraño pero siempre discutíamos por las peores estupideces en los viajes, ahora encuentro un poco graciosas nuestras peleas… increíble el efecto amnésico que tiene el tiempo, ¿no creen?

Lo pasábamos bien… casi siempre, o algunos días, ya no sé. Me sorprendo pensando esta idea y para ser sincera me asusta un poquito acordarme de tí, después me pregunto… ¿por qué acabo?…

Mmmm…¿qué fue lo que paso exactamente?, me cuesta recordarlo y por mucho que intento no recuerdo tus múltiples defectos, los mismos que me hicieron despedirme de ti para siempre.

¡Esto no es justo!…lo tenía tan claro, no dejaba de repetírmelos a mi, a mi familia, a mis amigos…y ahora mismo no puedo.

Bien dice el viejo refrán “que el tiempo lo cura todo”…y no tengo claro si lo cura o lo borra, pero la suma de cronos más soledad o aburrimiento puede ser muy traicionera.

Apago la ducha, y con la toalla me seco los ojos, me visto, me peino, pero la idea de ¿dónde estarás? y ¿qué estarás haciendo?, aún ronda por ahí. Es curioso, pero se mezcla con pensamientos del tipo, “¿me pongo la camisa azul o la rosa?”, “quizá él ahora mismo está en el trabajo”, ¿la combino con el pantalón negro?, “supongo que ya tiene novia”….”estos zapatos se ven mejor”, ¿se acordará de mi?…

Estoy casi lista sólo debo de cambiar de bolso ya que él que llevaba ayer no combina en lo absoluto con mi vestimenta de hoy. Me dirijo al armario donde los tengo todos y de pronto miro uno en especial…el que tú me lo regalaste.

Desde donde lo miro es perfecto, desde la distancia ya que tengo que subirme a un banquillo para alcanzarlo, uff, ¡hace tanto que no lo uso!

“Si es que desde aquí se ve tan real”…pienso de repente, y me percato de lo que estoy pensando y reafirmo una vez más lo que supe desde el día que lo tuve en mis manos…que es falso.

Este bolso no es un Louis Vuitton, es tan sólo una ilusión de Louis Vuitton.

Recuerdo el día que me lo diste, vestiste tu cara con la mejor sonrisa y en verdad dentro de ti creías que me hacías feliz, pensabas que esto era lo que quería.

Cuando abrí la caja y me topé con la verdad, que era un bolso falso, mi cara lo dijo todo, fue una decepción inevitable.

“¿No te gusta?”…me preguntaste intrigado incluso un poquito enfadado diría yo.

Me costó mucho responder, recuerdo que me quedé callada un par de minutos en los que sólo veía fijamente el bolso mientras me lo probaba.

Entonces te miré y te dije: “Es falso”

“¿Y qué más da?”… “eso sólo sabes tú”, contestaste.

“Con eso basta”, te respondí.

“¿Pero no es esto lo que querías?…siempre estas hablando de lo mucho que te gusta, dijiste visiblemente irritado. Tu sabes cuanta gente usa bolsos de imitación?…¡la mayoría!”

Entonces todo hizo sentido de nuevo igual que lo hizo aquel día…no se trataba del precio, ni del estatus que aporta usarlo, se trataba de saber lo que era real para mí, lo verdadero entre nosotros.

Te enfadaste, y dijiste “haz lo que quieras con él, yo he cumplido dándote lo que creí que querías”, te quedaste tranquilo y seguiste comiendo lo que habías pedido de cenar en el restaurante donde celebrábamos mi cumpleaños. En ese momento, un silencio enorme se sentó entre nosotros como un tercer invitado a la mesa.

Supe entonces que al igual que el bolso era un ilusión de Louis Vuitton nuestra relación también lo era. En apariencia, perfecta, sana, normal, ideal y real, pero había una distancia tan grande entre nuestros pensamientos y corazones que ni siquiera imitando a la realidad sobreviviría.

Miro el reloj, ¡se me hace tarde!…debo estar en 20 min en aquella cita, tengo las llaves, el móvil, la cartera en la mano, listos para meterlos en algún bolso, así que cogí uno gris que esta ahí y que tampoco había usado hace bastante tiempo.

Pido un taxi, y al llegar a mi destino, y como es típico que me pase cuando tengo más prisa, las moneditas que llevaba en la cartera se caen. Mientras intento recolectarlas miró una piedrita de cuarzo que me diste. La miró en la palma de mi mano, la tenía olvidada en este bolso, decías que era de la suerte.

Me la regalaste cuando empezábamos a salir, decías que me daría suerte en la entrevista de trabajo a la que iba ese día. En efecto la tuve y aquí sigo trabajando. Me pregunto en qué momento algo tan real y auténtico como desear suerte se transformó en un bolso de imitación, si fue tu culpa o la mía ya no importa, el amor muta, se transforma y no siempre permanece.

Entonces entiendo el precio de la autenticidad y también que  existan personas que viven en la simulación, que el aparentar les da ese toque de personalidad que necesitan o cubren por instantes ese vacío que tienen.

Sea cual sea el caso, cuando algo no es origínal ya sea un bolso, un sentimiento o una persona, siempre habrá algo o alguien que diga en silencio “no es de verdad”


13 agosto 10

EXTRAORDINARIAS COINCIDENCIAS

Hace unos días, una importante persona que yo conocía dejó este mundo. Cómo es habitual, la familia organizó todos los rituales destinados para decir adiós a ese ser con el que tuvimos la oportunidad de coincidir en el mismo espacio y tiempo.

Elegantes trajes sastre de Chanel  y maxi gafas negras desfilaban por la sala. Gucci, Prada, Oscar de la Renta, modelos maravillosos e ideales para esconder la mirada de la tristeza.

Mientras el elegante e infalible color negro invadía la escena, una pregunta flotaba en el aire…¿por qué se fue?

Un gran hijo, un buen padre, un profesional admirable, un ser humano increíble. Tal parece que son las personas más especiales las que se van antes, cómo si de alguna forma vinieran a cumplir una misión específica en
este mundo y al completarla deben irse.

Empecé a pensar si acaso son requeridos allá arriba para ser aún más increíbles de lo que ya eran…nunca llegaré a saberlo.

Lo que me queda clara es una cosa: “cualquier día todo puede cambiar”

La gente caminaba hacía la familia para expresar su más profundo pésame y cariño, entre lagrimas, palabras de apoyo y gestos, la mayoría de los presentes decían…LO SIENTO.

Me quedó con esta expresión tan típica y que se dice tan a la ligera. Las personas la mencionan todo el tiempo cuando irónicamente nos pasamos la vida evitando hacerlo, no queremos sentir, huimos al dolor. Somos
víctimas de un pánico terrible y muchas veces nos alejamos de esos seres que nos hacen darnos cuenta que el amor y el desamor pueden llegar a percibirse incluso como sensaciones corporales.

Ese pinchazo en el corazón cuando ves su llamada, ese dolor de estómago cuando le recuerdas, ese sudor en las manos cuando está por llegar. Los sentimientos encuentran siempre la forma de manifestarse por más que racionalmente queramos negarlos y jugar a que no existen.

De pronto una especie de ansiedad me invade en medio de todas esas caras tristes, se hace paso a través de todos los recuerdos que convergen en la persona que se fue. Me percato, que cualquier día puedo irme yo también:

Y si no le dije a esa persona que lo quería…

Y si jamás mencione a esa otra su importancia en mi vida…

Y si olvide darle un abrazo a ese amigo cuando sabía que lo necesitaba…

Y si no le dije a mi amiga que se veía increíblemente bien en aquella fiesta en la que todo le salió mal…

Y si no hice esa llamada…

Y si no tuve esa mirada…

Y si no pedí perdón…

Y si ese alguien especial se convierte en  un recuerdo por miedo….

Y si ese recuerdo me atormenta toda la vida…

Y si toda la vida pienso “y si hubiera”…

Como si se tratara de una escena en un programa de televisión, hice un paneo de todos aquellos rostros. Me pregunté en quien estarían pensando, a quién añoran, qué se lamentan. Estoy segura que en la cabeza de todos ellos, existía una pregunta, que empezaba con: ¿Y si tan sólo hubiera?…cuya respuesta en la mayoría de los casos era: “ya es demasiado tarde”.

Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, y de pronto la ansiedad que sentí unos minutos atrás cambió por una especie de euforia, por unas ganas terribles de decir y hacer millones de cosas.

Empecé a ponerme inquieta, la silla me estorbaba, de esas veces que el cuerpo es un obstáculo, y tu alma necesita salir corriendo a hacer lo que tienes que hacer.

Un hombre mayor, de aspecto entrañable, se dio cuenta de mi nerviosismo, y me volteó a ver sonriendo.

Con su mano arrugada y llena de pecas tomo la mía delicadamente y me dijo:

“Estas cosas son infinitamente tristes, pero existe otra manera de verlas”. Intrigada,  pregunté: ¿cómo la partida de alguien que nos importa puede verse como algo positivo?… El respondió:

“Mi esposa falleció hace cinco años, y todos los días en lugar de recriminar a Dios su falta, le agradezco enteramente haberle conocido. Ella me eligió a mi… eso es una suerte”

Aquel hombre me dió una de las lecciones más valiosas que he oído jamás. Coincidir con un ser extraordinario es increíble, tener la suerte de que alguien haga brillar tu día aunque sea un segundo, es una bendición.

Inmersos en nuestra absoluta y egoísta cotidianeidad no nos tomamos el tiempo a pensar con cuantas personas valiosas hemos coincidido y eso, (como decía el hombre mayor) es una suerte. El simple hecho de que alguien deje en tu memoria un recuerdo que te haga sonreír, es extraordinario.

Existen personas que viven buscando esa chispa adecuada en alguien sin encontrarla jamás y otros que la tienen en frente y deciden no apreciarla. Lo que escapa a la normalidad, a lo cómodo, suele atemorizar. Da miedo que un ser extraordinario aparezca en tu vida, acostumbrarte a su presencia y que de pronto se vaya, que cambie el rumbo de tus días y que sin su presencia, no te veas capaz de seguir.  Da pánico la idea de jamás volver a toparte con alguien igual o parecido.

Algunos tienen tanto miedo a cuestionarse esto siquiera, que eligen el camino de la comodidad y se rodean de seres que vibran en la misma frecuencia gris que ellos mismos. Mirarán la vida pasar desde la ventana…y nunca vestirán de rojo, tampoco reirán demasiado alto, y usarán gafas para tapar su llanto y pretextos para cubrir su corazón.

A través de este post, agradezco profundamente los seres a quienes considero extraordinarias coincidencias. Le doy gracias a la vida, por ponerme en su mismo camino. A mi familia, a mis amigos, a quien he amado y quién amaré…gracias. Por todos los que han dejado en mi una palabra, un recuerdo, una risa, un baile, un viaje, una lagrima, una pelea, por los que están y los que se han convertido en una estrella más del cielo que me mira de vez en cuando…gracias. Ha sido:

UN PLACER COINCIDIR EN ESTA VIDA!



29 junio 10

HUMAN VINTAGE

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¿Qué es vintage?, ¿una moda?, ¿un estilo?, ¿una tendencia?… o
un espacio del tiempo al que todos quisieran  pertenecer, volver o sentir.

Estaba en casa de mis abuelos navegando en el ordenador y me
topé con esta maravilla. Se trata de la nueva campaña de Louis Vuitton para
otoño. Me he quedado sin palabras, las bellísimas imágenes me atraparon por
completo. A decir verdad, la marca estéticamente siempre tiene muy buenos
recursos, pero esta vez ha sido diferente,  encontré la publicidad mágica.
Estuve viendo la campaña por más de cinco minutos, los detalles, los vestidos,
la luz, el color, los peinados…es glamour puro!

Natalia Vodianova, Christy Turlington
y Karen Elson, son los rostros que la protagonizan. Tres generaciones de top
models vestidas al estilo de los años 50´as. De pronto, mi blackberry, comienza
a sonar. Me levanto apresurada de la mesa para contestar pero llego
tarde…llamada perdida. Tomo mi teléfono de la mesilla y me topo con una
imagen increíble. Se trata de una foto de mis abuelos cuando eran novios.

Al igual que la campaña de Vuitton,
la imagen me envuelve y me doy cuenta que es aún más poderosa. Lo que fue
capturado en ella es totalmente real. Me pongo a pensar entonces, ¿a qué se
debe el éxito de la moda vintage?

Quizás es la nostalgia del
pasado o la añoranza por la belleza de otros tiempos, lo que cautiva a sus más
fieles seguidores. Miro la foto… esas dos personas que están viendo el telediario
atrás de mi, eran jóvenes entonces e insultantemente guapos. Eran dueños de una
edad en la que las arrugas aún no encallaban en su piel y la experiencia era
una amiga que se encontrarían en un futuro muy lejano.

Inevitablemente sonrío, no puedo hacer otra cosa, todo en la
fotografía es casualmente elegante, tan auténticamente glamoroso.  Me doy
cuenta entonces y sin hacerlo de manera conciente, que a menudo
me sorprendo buscando esa elegancia innata con la que crecieron nuestras
abuelas. Intento encontrar ese chic tan espontáneo que poseían y nos hace mirar
sus fotos una y otra vez.

Ellos están ahí…mirándome desde 1950, la fecha amarillenta que
aún se alcanza leer en la esquina inferior derecha. Mis abuelos caminan
juntos, tomados de la mano en un parque,  cuando apenas empezaban a
salir.

Me gusta que ella sonríe desde el alma, no posa jamás. A pesar
del tiempo, la foto aún destila la emoción de los primeros días de una
relación, el nerviosismo de llamar a alguien ” tu novio”.

Él la toma del codo delicadamente al caminar, y la mira de
reojo…la mira toda con tanta clase, con una pasión matizada de respeto y
sonríe de medio lado, con esa confianza de saberse el objeto de su afecto.

Él viste un traje impecable, y aunque la foto es en blanco
y negro, por poco puedo mirarme en el reflejo de sus zapatos perfectamente
boleados.

El aire hace que la falda de ella ondeé hacía un lado…era tan
delgadita que da la sensación que si él la suelta, hasta la brisa podía
llevársela volando. No fue así, hasta la fecha la sujeta en cuerpo y alma.

De pronto, entiendo porqué lo
vintage ha tenido un impacto tan fuerte y me pregunto por qué si esta tendencia
ha llegado a todos sitios, aún no atrapa la actitud de las personas. ¿Hombres y
mujeres vintage?…

La caballerosidad y paciencia del pasado, con las ventajas de la
comunicación. Me quedo con la pregunta en el aire..¿hombres y mujeres
vintage? Sigo con la fotografía en mis manos y suspiro…

“Ya no hay hombres como los de antes”,  me dice
siempre mi abuela, infartada por la vestimenta de los adolescentes que ve por
la calle y aunque estoy conciente que Cary Grant no tocará a mi puerta, me
encantaría que existiera una versión “vintage” del hombre de hoy.

Ese ser que contenga la belleza atemporal que ofrecen los
valores aunada a las ventajas de la actualidad, alguien a quien la modernidad
lo nutra y no lo confunda.

“Como los de antes”, me repito silenciosa, hombres que
no disfrazaban sus ganas de conquista con indiferencia, aquellos que estaban
concientes de que la prisa es la peor consejera, esos que podían iluminar tu
día con flores, que te consideraban única e irremplazable, y no te cambiarían
por imitaciones baratas y pasajeras.

Esos que orgullosos te tomaban del brazo delicadamente al
caminar no sólo para acompañarte a casa si no quizás para caminar contigo toda
la vida.

Mientras tanto,  tomo el marco de fotos con las manos y me
distrae la sortija que siempre traigo puesta y que es la misma que mi abuela
presume en la foto. Es una amatista, la que mi abuelo le regaló en su primer
mes de noviazgo, la que le prometí usar el día de mi boda y la que espero que
en el futuro mi nieta aprecie en su dedo, cuando mire sonriendo una foto de sus
abuelos al caminar.



21 junio 10

Si se trata de caminar…mejor con zapatos altos

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    Siempre he creído que los zapatos expresan la personalidad, claro que muchos rebatirán que no es lo único, si no  la mezcla de un todo… sin embargo en lo personal creo que son la prenda que define el carácter de alguien y de cierta forma la vestimenta en sí. Dan el toque final al estilo, como la cereza en el pastel… si los zapatos están mal, seguramente lo demás también. 


    Visten nuestros pies donde quiera que vamos y pueden hacer el camino más fácil o difícil según los elijamos… lo que me lleva a pensar que lo que vemos como un simple accesorio, tiene una gran similitud con las personas.


     Los hay todo terreno, glamourosos, viejos, cómodos…también incómodos, bellos en apariencia pero de mala calidad, los que sirven para una emergencia y los que desecharás  sin piedad alguna porque ya no te gustan …en fín si continúo, la lista podría ser interminable.     El caso es que al igual que escogemos los zapatos, también elegimos a las personas que día con día acompañan nuestros pasos.


     


    Llegue a esta conclusión después de una desastrosa tarde de lluvia.  Llevaba algunas semanas sufriendo por el clásico fichaje de turno, (entiéndase por fichaje al chico, tio, galán, o ser que nos gusta en el momento) .

    Venía de “tomar un café” ( la forma elegante en la que se le llama a una cita en la que van a decirte entre palabras bonitas, frases disfrazadas y la exaltación de tus virtudes “que no quieren verte más”)  acababa de vivir una vez más un clásico episodio de ” no eres tú soy yo”, ” eres una mujer impresionante y por eso quiero conservarte como amiga”, “creo que eres demasiado para mi”… ” o no estoy listo para una relación”. 


     


    Uno de esos capítulos en los que te dices a ti misma “está será el último”, pero desafortunadamente , cuando crees que ya tienes suficiente, siempre viene otro a la vuelta de la esquina.    Harta, con la mente ofuscada, y a punto de llorar, apresuré el paso para salir de la cafetería cuanto antes, no me importaba la lluvia, tampoco el peinado en el que me había tardado más de media hora,  iba a toda velocidad con mis maxi gafas negras (ideales por si de pronto te llueve el alma y quieres disimular), un mini vestido negro y altísimos peep toes.


     


    Caminé sobre serrano, cada vez más rápido cómo si tuviera mucha prisa y alguien me esperará ansiosamente en algún lugar…la lluvía entonces comenzó a disminuir, y empecé  a notar la presencia de mis pies, estaban cansados, necesitaba sentarme cuanto antes. 

    De pronto me sorprendí  a mi misma en un banco, mirando fijamente el aparador  de Dolce & Gabbana en la calle Ortega y Gasset, cruce mis piernas y deje mi pesado bolso al lado.  Mi vista iba del escaparate a  mis zapatos y me percaté que eran maravillosos, me repetí que había hecho bien en comprarlos, aunque quizá eran demasiado para mi cita…pero sin duda resistirían más de dos temporadas, quizás más y seguro más que el fichaje que me motivó a adquirirlos.


     


     Entonces mientras revivía la cita,  vino a mi mente una imagen. Cuando estaba en la cafetería,  oyendo “los mil y un pretextos”, mis gafas cayeron al suelo. El se agachó para recogerlas al mismo tiempo que lo hice yo, entonces vi mis pies junto a los suyos. Sus zapatos eran monisimos, le dije entonces:  ¡Que monos tus mocasines!, el respondió: “Gracias, la verdad es que los compre hace un mes y los he usado una vez, y es verdad están muy bien, pero creo que necesito algo más cómodo, son difíciles de llevar, demasiado elegantes para mi estilo”.      


    Volví al tiempo presente, mientras tanto en mi mente se entre mezclaban pensamientos como: “No lo puedo creer”, “Si es que al final no me conviene”, … y “me duelen los pies de caminar con estos tacones”, pero ahora que los veo…de nuevo pienso  en lo mucho que me gustan, ha decir verdad creo que son lo único lindo que he visto en todo el día.       


     Entonces me quité las grandes gafas negras que cubrían mis ojos y los efectos secundarios de la tristeza.  Me mire en el reflejo del vidrio del gran aparador de la tienda, mís ojos se veían hinchados  por llorar, aún a la distancia y no se que podía ser más desastrozo si mi estado de ánimo o mi peinado estropeado por la lluvia que acaba de pasar, pero ellos seguían ahí,… mis pies,  enfundados en unos bellísimos zapatos, haciendo una pausa, recordándome que ha sido mucho lo que he andado pero que aún queda más, y que sea cual sea la superficie destacarán por donde pisen.

    


    Un poco lastimados y con pequeñas heridas  que el exterior no alcanza a ver, están a mi disposición…haciéndome ver  que mis pasos son tan fuertes como mi espíritu y que es verdad …existen zapatos ideales para todos. 


         Hay momentos en que se necesita comodidad y unas zapatillas son suficientes,  en otras ocasiones botas de lluvia con suela anti derrapante para tener la seguridad de no resbalar, que hay veces que tienes tanta prisa que te pones los primeros que te encuentras aunque no combinen en lo absoluto, que de pronto recuerdas esos que te encantaban pero por alguna razón ya no están en tu armario… y que también existen otros tan altos y divinos que son inalcanzables por la multitud…tenerlos cuesta mucho y caminar con ellos aún más…por eso no cualquiera tiene acceso a ellos y los que sí…jamás olvidarán lo que valen y el día en que los encontraron.




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