Hay muchas formas de ver la Ceremonia de los Oscar, incluso de no verla. Cuando se emitia
en abierto, años ha, me quedaba levantado toda la noche, rodeado de recortes de periódico, de revistas, papel y bolÃgrafo, empapándome de cada detalle, de cada pugna de actores por el premio, favoritos, sopresas…¿F.Murray Abraham o Tom Hulce, Salieri o Amadeus?; Marlee Matlin y William Hurt demostrando que existÃan los Hijos de un Dios Menor; Cher embrujándonos con su Hechizo de Luna al lado de un apasionado Nicolas Cage; una tal Meryl Streep poniendo rostro a Sophie ante una decisión crucial…la lista es interminablemente embriagadora, sembrada de sueños, de historias, de imágenes, de bandas sonoras, de ganadores que lloran y perdedores que sonrÃen, de caras de poker y de discursos, en ocasiones, surrealistas.
…Hasta que un buen dÃa los Oscar se escondieron detrás de una
bruma de nieve, codificaron la señal, y me quedé con un palmo de narices a lo Cyrano de Depardieu. Al dÃa siguiente buscaba la información en radio, televisión… pero no era lo mismo, ni siquiera era parecido. Era un café descafeinado de leche desnatada con sacarina. Y eso y nada, lo mismo daba.
Pero…habÃa gente que tenÃa una Señal para poseerlos a todos, pelÃculas,
fútbol, toros…y Oscar. Conseguà que algún amigo me grabara el programa para disfrutarlo al dÃa siguiente, pero claro, la gracia estaba en ver la Ceremonia completamente virgen de información. No querÃa saber nada. Por no saber, no querÃa ni enterarme de quien se habÃa llevado el premio al mejor Montaje. Nada de nada.
En plena era de la Información, comencé mi campaña de Des-Información. TenÃa que aguantar toda la mañana y la tarde, hasta llegar la noche, y montarme mi propia Entrega de Oscar en falso directo. Nada de televisión, nada de Internet, nada de prensa, nada de contacto humano. Silencio total.
Cuando llego al trabajo El DÃa Después, comienzo mi DÃa de la Privación

Sensorial. Auriculares de música full-time, y en los casos
en los que no tengo más remedio que quitármelos, mis compañeros y compañeras están aleccionados desde hace años para que no me revienten ningún premio. No están permitidos comentarios del tipo: “Ha sido lo que se esperaba“, “Menuda sorpresa” o “Ganaron los de
siempre“. Un Oscar al Mejor Silencio para mis compis.
…y por la noche, me asomo a la Alfombra Roja, provisto de las herramientas apropiadas para despellejar estilismos, peinados, acompañantes y demás parafernalia…una gozada. Premo a premio, presentadores, conductor de la gala, la vista del patio de butacas, las canciones, el emocionante momento del The End para todas esas estrellas que ahora, realmente, ocupan el cielo….una noche especial.
Hugh Jackman, fabuloso presentador de este año, lo resumió muy bien este
año: “Es la gran noche del cine. La noche del glamour, en la que esperas ver aquello que sólo los Oscar pueden dar“.
Un abrazo desde el Marcapáginas.




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