Dicen que la inspiración, como tantas cosas, debe pillarnos trabajando. Es
cierto, pero
a veces viene sin avisar, y prefiero que me coja con mi moleskine a mano. Hasta que mi buen amigo Juan Carlos no me regaló una, siempre llevaba los bolsillos y la cartera llena de servilletas de papel, tickets y demás papelitos variados, con anotaciones de cualquier idea que se me cruzaba por la cabeza mientras caminaba u ojeaba el periodico, con vistas a escribir un post, un cuento o cualquier cosa.
El caso es que iba coleccionando tal cantidad de notas, sin orden ni concierto, y escritas con tal variedad de utensilios de escrituras, o adaptados para tal fin (sÃ, hasta pintalabios), que cuando querÃa buscar algo, montaba tal follón de papelitos, que encontraba cualquier cosa, menos la que necesitaba. Total, un caos.
Gracias a este cuaderno, escribo directamente en él, con un cierto orden, las ideas o inspiraciones que me salen en el dÃa a dÃa. Moleskine toma su nombre de la tela de sus cubiertas, llamada moleskin, que junto a la banda elástica que rodea y mantiene cerrada sus páginas, hace de esta libreta un utensilio lleno de encanto, y que asociamos, gracias a cine y literatura, con viajes, artistas y viajeros.
Picasso, Matisse, Van Gogh o Hemingway usaron estas libretas para anotar
quién sabé qué: esbozos de personajes, bocetos a vuelapluma de alguna idea para un cuadro…pero el caso es que es y será un auxilio para el cazador de ideas.
Aun asÃ, ahora, en vez de en la cartera y en los bolsillos, llevo, aparte de con anotaciones, mi moleskine llena con los papelitos. En fin, costumbres…pero no sin mi moleskine.
P.D. Uno de mis hijos me ha escondido la dichosa libreta…válgame…




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