Ciertos libros, aunque nosotros no seamos conscientes de ello, nos buscan, nos llaman
desde la estanterÃa donde habitan. Agazapados, se hacen los encontradizos con nuestra mirada, y se las ingenian para que los compremos o los tomenos en préstamo en la biblioteca.
Algo asà me ocurrió con este libro. Su tÃtulo me llamó la atención antes de saber cuál era su contenido, el tema que trataba. Tan sólo la foto de la portada ya justifica tomarlo en nuestras manos y concederle unos minutos. Si además leeÃs la contraportada y la sinópsis, el proceso de cautivaros habrá concluÃdo.
Rosamund es una anciana, y tras su muerte (¿o su suicidio?), deja un curioso legado a su sobrina Gill. Debe localizar a una persona, prácticamente una desconocida, que conocieron en su infancia, Imogen. Una vez que la encuentre, deberá hacerle llegar cuatro cintas que ha grabado para ella, con una salvedad: si no localiza a Imogen, deberá de escuchar Gill las cintas. Junto con las cintas, en las que narra a Imogen su verdadera historia, describe en veinte fotos, momentos que fueron importantes tanto para Rosemund como para Imogen. Con un detalle de importancia además, a la hora de narrar la historia, y es que Imogen es ciega.
Presente y pasado se entrelazan para ofrecernos una historia llena de momentos intensos, inolvidables, tristes pero llenos de vida. Se trata de un viaje al pasado para intentar comprender el presente. Jonathan Coe, el autor, nos lleva de la mano en esa trayectoria a lo largo de casi cincuenta años.
Os la recomiendo sin dudas; una obra de calidad y que quedará en vuestra memoria.
¡Un saludo para todos desde el Marcapáginas!




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