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Semana de la Copla de Plasencia.

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Hay en Extremadura una trabajadora incansable por la dignificación del género de la copla con el nombre de Pilar Boyero. Empresaria, periodista-con uno de los programas de más éxito de la radio pública Extremeña con el nombre de “Soy lo Prohibido”-, y cantante de poderío y talento innegable, hace ya varios años que se embarcó en la aventura de unas jornadas, con el también extremeño Maestro Solano como centro, en el que se debatiese sobre el género musical con seriedad. Este año, el ámbito de actuación de estas jornadas ha sido la monumental ciudad de Plasencia, aunque también ha habido algunas actividades en Mérida, Cáceres y Badajoz. Una vez más el Maestro Solano, último y talentoso colaborador de Rafael de León, ha sido uno de sus protagonistas, con una magnífica exposición fotográfica que aún puede visitarse en el Salón Hebraico del Centro Cultural Las Claras de Plasencia.  Diversas actividades han ocupado estas jornadas, entre programas radiofónicos en directo, recordemos que la copla y la radio nacen casi a la par en nuestro país y sirvió para popularizar el género, talleres, conciertos y conferencias, en las que han participado la especialista en el mundo del flamenco y cantaora Raquel Cantero, el músico y cantante Aurelio Gallardo, que ha llevado además la dirección musical de las jornadas, o la cantante Clara Montes, entre otros. Tal vez una de las actividades más sorprendentes sea el trabajo con enfermos de Alzheimer que, curiosamente, por los terribles estragos que causa la enfermedad, son incapaces de reconocer a sus seres más queridos y, sin embargo, recuerdan enteras las letras de canciones como “María de la O” o “Tatuaje”.

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He de decir que uno de los actos también más emocionantes para mí ha sido el de la clausura de los cursos de la Universidad de mayores de Extremadura que, por fin, reconoce la copla, por primera vez en un ámbito académico español, el género de la copla como se merece. No es de extrañar cuando, fue también en Extremadura, antes que en ningún otro sitio, donde Antonio Machado Álvarez, “Demófilo”, padre intelectual de la copla, crease la primera cátedra de estudios sobre el flamenco, también menospreciado por la intelectualidad a principios de siglo y hasta hace muy poco. Autores e intérpretes de la copla han sido también protagonistas que encarnarían las luces y sombras, la tragedia de la España que reflejan sus canciones, en nuestra reciente historia. Mucho se escribe y discrepa al respecto de este género musical enraizado literariamente con las más profundas tradiciones literarias hispánicas, pero poco con profundidad y hondura. Uno de los más significativos, y de los que se habló en las jornadas lo podemos encontrar en  la biografía de Miguel de Molina, “Botín de Guerra”, o la autobiografía menos conocida del escritor argentino de ascendencia andaluza Salvador Valverde, que iluminan aspectos desconocidos y sorprendentes para la época de lo que supuso la copla en el periodo  de la República, y luego durante la penosa Guerra Civil y la tremebunda posguerra.   Denostada por muchos, admirada por otros,  el desconocimiento y el desprecio de lo que se ignora llevó a parte de la intelectualidad contemporánea a tachar de “franquista” un género que, en realidad, era la primera canción protesta española, y trasunto de muchas injusticias y desigualdades con las que se despachaban, sin enterarse, los miopes censores del Régimen.

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Por  explicar algunas peculiaridades de la copla decir que a finales del  diecinueve tanto la Generación del 98 como el Modernismo van a contribuir en la práctica al nacimiento del género musical de la Copla. Fundamental será  Antonio Machado Álvarez, “Demófilo”, padre de los hermanos Antonio y Manuel Machado, a los que inculcará el amor por la tradición oral y la música flamenca. Influido por el Krausismo, que impregnara desde la Institución Libre de Enseñanza a todo el 27, se decide a investigar sobre las tradiciones musicales y poéticas españolas, desde su cátedra de Sevilla, que le ayuda a entender el verdadero sentido del folklorismo, es decir, del estudio del Flok-lore, que etimológicamente significa “El alma de los pueblos” tan alejado del sentido peyorativo que iría impregnando el término en la deriva histórica, relacionándolo con “la España de la pandereta”. En este ambiente están también involucrados  músicos como Manuel de Falla, Isaac Albéniz, Enrique Granados, Pau Casals, que se implican totalmente en este estudio e incluyen temas, canciones, ritmos, en sus propias composiciones sinfónicas. Falla, incluirá baile flamenco en sus piezas sinfónicas como “El Amor Brujo” a cargo de la bailaora Antonia Mercé y un jovencísimo Miguel de Molina que debutó como bailarín en esta obra, y no como cantante; también irá por el Sacromonte y Granada, con su amigo y discípulo Federico García Lorca, recogiendo canciones y tradiciones que luego éste plasmará en libros como “Romancero Gitano”, o “Poema del Cante Jondo”, así como en muchas de sus piezas teatrales, canciones como “la tarara”, o “el vito”, que forma parte del acervo popular y tradicional y que llegó a cantar, incluso en Nueva York, la cantaora Encarnación López, junto con canciones y poemas de Federico de inspiración oral. Muchos flamencos se negaron a aceptar que la copla estuviese emparentada con el cante jondo y, sin embargo, desde sus inicios, reputados intelectuales, como el padre de los Machado, Demófilo, grandes músicos como Falla o Granados, y prácticamente toda la Generación del 27, con Lorca y Alberti a la cabeza, demuestran que su revitalización, su auge y puesta en valor están unidas. Es más, en muchas de las grandes coplas, los arreglos musicales y sus compases, son los mismo que los de los grandes palos flamencos: zambras, soleares, peteneras, alegrías, tarantos, tangos, bulerías, etc. La diferenciación del género de la “Copla”, aunque tenga raíces comunes con el flamenco, y sus características, viene marcada por la exigencia de que en ella tiene que haber una exposición, un nudo y un desenlace. No en vano su nombre, el nombre de “copla”, proviene de la palabra latina “cópula” que significa “unión”, o “lazo”. Nace así un género que se convierte en una especie de novela cantada, hecho por el que, probablemente, alcance su gran difusión y éxito en poco tiempo. Su abolengo literario tiene, a pesar de la juventud del género musical, una genealogía tan milenaria como el flamenco ya que la Copla es un género poético de arte menor en octosílabos u heptasílabos, que utilizaron autores como el Marqués de Santillana, a finales del siglo XIV, o el propio Jorge Manrique y su famosa obra poética que, no en vano, sino por la forma métrica, se llama “Coplas por la muerte de su Padre”. Las grandes ciudades españolas experimentan en los veinte y treinta cierta bonanza económica que se traduce en cafés, fiestas, casinos, y lugares de esparcimiento intelectual, afectivo y artístico, y de intercambio de ideas con creadores y personas diversas de otros contextos culturales. En estos ambientes cosmopolitas, donde las cupletistas se mezclan con poetas y filósofos, con políticos y bailaoras, con militares y toreros, la copla, prestigiada literariamente, va a encontrar sus primeros soportes musicales en el flamenco, cantado por Carmen Amaya, desde el famoso “Colmao de Villa Rosa”, aunque su primera gran baza es el pasodoble, que se populariza rápidamente desde sus orígenes valencianos, y da lugar a las primeras grandes coplas. El primer pasodoble de éxito que se conoce, la primera copla en realidad,  es “Suspiros de España” del maestro Antonio Álvarez Alonso, que se estrena en 1902, y al que le pone letra su amigo José Antonio Álvarez, que se sabe con precisión que lo estrenó la banda de la Marina de Cartagena el día del Corpus de ese año, y que se convertiría en lema de los exiliados después de la Guerra Civil.

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Todos los creadores y generaciones literarias desde los modernistas, a los autores del 98, pasando por los poetas del 27, se reúnen y viven, gozan y sufren, escriben y se hacen alrededor de estos lugares, donde la copla comienza su reinado imbatible. Sorprenderá a muchos todo esto, no directamente relacionado con las peinetas, los faralaes, y las historias de folklóricas, e imposible de resumir en un par de páginas. La copla guarda esencias de siglos, además de ser el telón de fondo y el trasunto de tragedias de más de un siglo de la historia reciente de España, además de una de las pocas cosas que tenían en común y escuchaban las desventuradas y enfrentadas “Dos Españas”. Tal vez por esa razón la copla se identifique tanto con el alma de fiesta y tragedia española, y fuese lapidaria la letra de la primera copla conocida, “Suspiros de España”, como si fuera una alegoría de este género musical unido a sus historia, cuando dice: “Tierra gloriosa de mi querer/tierra bendita de perfume y pasión/España en toda flor a tus pies/suspira un corazón./Ay de mi, pena mortal/porqué me alejo España de ti/porqué me arrancan de mi rosal”, como una premonición cantada de todos los pesares y los exilios. Un género musical vivo, preñado de vida, un ser vivo en sí, con mucha cuerda todavía y mucho que contar y desentrañar.

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