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Pilar Paz Pasamar: 80 años no es nada.

PilarPazPasamarPalacecallePilarPaz          La poeta jerezana Pilar Paz Pasamar cumplió 80 años el pasado 13 de febrero. Ochenta años no son nada, parafraseando el tango de Gardel, menos en una poeta como ésta, en la que, como diría Alberti: “Tú sabes bien que en mí no muere la esperanza,/que los años en mí no son hojas, son flores,/que nunca soy pasado, sino siempre futuro.” Con este motivo,  en la Biblioteca Provincial de Cádiz, han sido convocados amigos y escritores para celebrar con ella un encuentro por iniciativa  del Centro Andaluz de las Letras (CAL), para celebrar ese cumpleaños en torno a su obras. Su director, el periodista y escritor gaditano Juan José Téllez, ejerció de maestro de ceremonias de un acto que arrancó con una semblanza sobre la vida y la obra de Pilar Paz Pasamar. A continuación, se inició una lectura continuada de poemas de la autora, y adhesiones,  a cargo de Dolors Alberola, Verónica Pedemonte, Eloísa Sánchez Barroso, Blanca Flores, Josefa Parra, Josela Maturana, entre otros.

          Corría el año 1951 cuando una jovencísima poeta de nombre Pilar Paz Pasamar, nacida en Jerez de la Frontera apenas 20 años antes, sorprendía el aterido panorama literario de la posguerra española con su primer libro: Mara. Precedido de un elogiosísimo prólogo de la escritora Carmen Conde, en el que decía de ella: “¿De dónde viene esta muchacha? Ha llegado a mí como si saliera de un grupo de amigas que aún cantan al amor en mi memoria. Ha preguntado por las cosas que para los poetas son ley, y ha escuchado reverente lo que se le contestaba desde la ley. Ha dicho sus poemas como si los respirara, y ha puesto su vida en afirmarse esclava de la gracia”. El impacto de este poemario de la que era casi una niña que hablaba con Dios, y de Dios, tan directa y duramente en sus poemas, conmocionó vivamente a maestros como Vicente Aleixandre, atentos a lo que luego se llamaría Generación poética del 50 y que se inaugura con este libro. Dice en uno de los poemas de este primera entrega:“Tu peso duele mucho, y es muy grande/Tu fatiga de Dios sobre mi cuerpo.”Así, la muchacha Pilar, inicia una carrera literaria que la convierte en referente de mayores y compañeros de generación. De todos los atentos ojos posados en la prodigiosa nueva poeta, el más certero fue Juan Ramón Jiménez que llega a confesar sobre ella y su libro en la famosa entrevista de Ricardo Gullón:

          “Hay una muchacha, Pilar Paz Pasamar, que ha escrito un poema excelente, magnífico, sobre Dios. Entre los jóvenes poetas encuentro de vez en cuando cosas excelentes. Ese poema es una joya. Esa niña es genial.”

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          Se refería al excepcional poema El Reclinatorio. La escritora envía al exiliado Juan Ramón a Puerto Rico su libro, estableciéndose una relación epistolar de amistad que explica alguna de las aún no esclarecidas vinculaciones de los nuevos poetas con los maestros en el exilio. Juan Ramón tutela con el puente tendido de la amistad con Pilar Paz la revista gaditana Platero, proveyéndola de inéditos suyos y de otros autores como Rafael Alberti. Esto queda documentado en una de las cartas en la que el de Moguer dice:

           “Ahora estaré ya siempre al lado de ustedes, y a tu lado, porque tú estás sola de tu grupo en Madrid. Hoy mismo he echado una carta para los amigos de Cádiz, con la presentación que me pidieron para Rafael Alberti y anunciándoles el envío de trabajos nuevos para la revista. El primero, un prólogo que escribí para le edición española de París. Y ya  no les dejaré mientras yo viva, repito”.

          Testimoniaría esta carta la importancia de Pilar Paz en el desarrollo de la Revista “Platero” y la precocidad de sus logros literarios y personales dentro de la rama andaluza de la Generación del 50 ya que, como señala el mismo Juan Ramón Jiménez, Pilar Paz ya era una escritora conocida en Madrid y campaba en solitario por sus respetos, mientras muchos de sus amigos gaditanos aún no habían dado el salto a la capital ni a la publicación.

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  Pilar Paz Pasamar heterodoxa en sus conocimientos e inquietudes literarias, reclama para sí el peso de la trascendencia desde su primer poemario hasta el último, retomando el testigo de la tradición mística europea sobretodo en la figura de Santa Teresa y San Juan de la Cruz. El premio Nobel, obsesionado con las reescrituras de Dios deseante y deseado y Animal de Fondo, encuentra en su madurez poética la interlocutora de esta búsqueda poética suya en la incipiente y joven poeta gaditana. Sus inquietudes sobre la divinidad encerrada en el ser humano, tan místicas y tan orientales, con el aliento de Tagore subyaciendo, percibe los ecos en estos primeros cantos de  la poeta novicia Pilar Paz Pasamar. En este juego intelectual y amistoso Pilar se permite incluso ,en unas de sus cartas, llamar a Juan Ramón Jiménez  “Dios” a lo que este le responde:

         “Le perdono su burla de llamarme ¡Dios! Y le rozo con las yemas de los dedos, Luzbel enemiga, sus sienes palpitantes de misterio, de encanto y de intensidad. Porque usted habla por las sienes, lo más sentido del cuerpo y lo más duro del alma”.

          Fallecido el inmortal Juan Ramón Jiménez, la poeta Pilar Paz Pasamar permanece fiel y en activo, desde su recogimiento gaditano, a esta indagación de lo infinito a través de la palabra poética.  Sus libros, puntuales al torrente de su voz poética han ido apareciendo sin grandes alharacas publicitarias, con el peso de quien sabe el trabajo honesto y bien hecho presentes para los que profundizan en las raíces de nuestra poesía, a lo largo de décadas Con la madurez de hoy, y la fuerza de siempre, en sus versos aún late aquélla niña que hablaba con Dios.

          No creo que  exista, y sin desmarcarse de las características generacionales de su promoción poética del 50, una voz y una obra tan singularmente distinguible del resto como la de Pilar Paz Pasamar. Una trayectoria singular, excepcional y de difíciles categorizaciones. La Obra de esta escritora, todavía en activo, es quizá una de las más desconocidas y de las propuestas más interesantes y arriesgadas de un siglo en el que el existencialismo y la cotidianeidad abaratada y mal entendidas han llevado a callejones sin salida, vital e ideológicamente hablando, y donde Pilar Paz resuelve con la creación de un mundo propio que reinterpreta el misterio y lo humano.

   PilarPazJerez

       Personalmente, es una de mis primeras maestras, quien me conectó con generosidad y sabiduría con los que también fueron como ella amigos y guías: Fernando Quiñones, Rafael Alberti, Antonio Hernández, entre otros, pero, sobre todo, con ese mentor oceánico que fue y sigue siendo Juan Ramón Jiménez y su enseñanza indispensable. No me canso ni me cansaré de reivindicar un reconocimiento nacional como se merece por obra e importancia, entre tanto premiado olvidable y de menores méritos. Ni el tiempo, ni la distancia, ni “las infames turbas de nocturnas aves”, han conseguido que deje de sentirte cerca como maestra mía, ni cerca de mis afectos más celosamente guardados, como familia poética y elegida. No sé, querida Pilar, si yo, a veces “Luzbel enemigo”, gozaré de los privilegios del “hijo pródigo”, pero tu gozas para mí, siempre, de todo el respeto como escritora grande, y como aquella “Dama de Gades” que te dedicara en uno de mis primeros poemarios. Gracias por ser, por estar, y por permanecer. Como en tus versos permanece el ruiseñor de los grandes poetas.

Poema Solo Me Queda El Corazón de Pilar Paz Pasamar

Solo me queda el corazón. Palabras
ya no me bastan. Sobra el pensamiento.
Solo me queda el corazón, más grande,
cada vez más amargo y más sediento.
Hablo con él, le digo: ten cuidado,
te has lastimado muchas veces. Pero
yo bien sé que me puede y que se crece
con cada asombro y cada desaliento.
He nacido con él y no hago nada
por emerger en otro clima. Pendo
como la luna más desamparada
en un vaivén de luces y de vientos.
Voy buscando señales en los ojos,
en las calles aparco mi desvelo,
me arrimo por las sombras de otras voces
y cuelgo mi pregunta en los aleros.

Cuando llega una tarde como éstas,
una tarde sin prisa ni deseos,
una tarde de pena, una de tantas
tardes oscuras del aburrimiento
puedo oírle mejor. Late despacio,
tremendamente solitario. Puedo
sentir el corazón en cada vena,
está casi en la punta de los dedos.
Casi puede romperse de tan frágil,
de tan crecido casi se escapa. Quepo
mejor yo en él que en mí cabe el latido…
¡Le viene grande el corazón al cuerpo!

 CadizArturoRedondo

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4 comentarios

  1. Fantástica poeta y aún mejor persona. Solo la he visto una vez, pero me dejó impresionada. Gracias Manuel Francisco por recordarnos uno de sus poemas.

  2. Pilar, una gran amiga mía, un honor haber nacido yo también un 13 de febrero.Un placer tener su obra,leerla, una alegría que ella tenga tenga la mía y me haya leído, además.
    Feliz cumpleaños Pilar, siempre joven. Espero que nos vemos pronto.
    Un gran abrazo
    Inés María Guzmán

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