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ECOS DE UN SOLO DE SAXO

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           Saben ustedes que una de mis pasiones es la poesía y, desde este espacio, no serán pocas las veces que recomendaré buena, nueva y clásica poesía. En tiempos como estos, la palabra poética ys su inspiración son más necesarios que nunca porque una palabra es capaz de evocar más de mil imágenes. Esta vez recomiendo encarecidamente la obra de una mujer valiosa, Blanca Flores, construida a sí misma, y que sin padrinazgos están consolidando una obra interesante. Su último poemario, ECOS DE UN SOLO DE SAXO, ha aparecidoenuna pequeña editorial portuense, Ediciones El Boletín.

          Ya desde su nombre Blanca Flores evoca a esas grandes poetas de nombres míticos en la historia de la mujer en la literatura. El eco de su propio nombre rememora esos otros grandes como Gabriela Mistral, Delmira Agustini, Carolina Coronado, Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik y esa larga nómina de mujeres estigmatizados por su naturaleza poética y profética como si fuesen hijas de la mismísima Casandra, maldita con el don de la clarividencia, y a no ser creídas. He dicho Poeta, porque en el común de lo políticamente correcto contemporáneo-en lo que yo estoy muy de acuerdo en términos generales-no se admite de tan buen grado el uso de la palabra poetisa. Permítanme la digresión, creo que viene al caso, porque esta bella palabra es de las pocas en castellano que no se genera desde el término masculino con el cambio del morfema de género, sino que es autónoma, y contiene en sí la doble naturaleza original de la poesía, de creación, “poiesis” en griego, y sacerdocio de la palabra. Blanca Flores por tanto, pertenece para mí a esta estirpe de mujeres locas, en el sentido sagrado, la locura era uno de los llamados males sagrados en la antigüedad clásica, que entreveran otras realidades a través de la iluminación de sus versos, maldecidas por el vulgo y, sin embargo, necesarias para iluminar los espacios de sombra de la realidad circundante. Hasta hace no demasiado, las mujeres que elegían el ejercicio de su intelectualidad y capacidades artísticas eran consideradas así, “demenciadas”, como si el hecho de tomar la palabra en primera persona fuese un signo de enfermedad. Digo esto, entiéndase, creo que está claro, como elogio absoluto, como abolengo, porque el mundo cambia y evoluciona, a mejor, gracias al esfuerzo de estas personas. Eso, y además por la convicción de que hombres como yo, con mi naturaleza, inclinaciones afectivas y electivas, solemos ir en la misma carreta hacia la misma hoguera, o hacia la misma cuneta a darnos el paseíllo en una noche de luna que estas mujeres bravas e irrepetibles a cuya familia pertenece Blanca Flores. Quizá por eso ella ha dedicado parte de su vida a esclarecer la vida y la obra del poeta Julio Mariscal, escritor muy cercano a mis afectos y consideración, y yo al estudio de Federico García Lorca.

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         Pero vamos a meternos en harina, después de este preámbulo, para hablar del libro que nos ha reunido hoy aquí, como consultantes y oyentes de un oráculo. ECOS DE UN SOLO DE SAXO se construye sobre la paradoja de los reflejos, los sonidos de otras músicas y la soledad de tañer el instrumento espiritual, la voz poética, del propio ser. Porque este libro, bellamente ilustrado por Virtudes Reza, es una declaración de intenciones, y una comunicación de esa profecía, la profecía es el adelanto de una verdad que aún no ha sucedido, de que el amor es un camino sapiencial, una vía de conocimiento, pero tan inevitablemente dolorosa como como placentera. Quizá por esta razón, desde el primer poema, en el frontispicio del libro, Blanca Flores, la poetisa, o poeta, como prefieran, que eso es el derecho a la libre elección, el sacramento del libre albedrío, en un poema que se llama “Agradezco”, con toda su paradójica ironía, dice así:

AGRADEZCO

Agradezco que de vez en cuando me regales tu mala educación.

Esa misma que te define a menudo, como este viento de levante

que me provoca migrañas y me nubla la vista.

Esas pinceladas de tu genio me devuelven a la realidad en estado puro.

Y aterrizo en este mundo de incongruencias,

lleno verdades cargadas de mentiras,

tan de mentiras cargadas de verdades.

Ésas que explican porque no quiero tus besos.

Entonces, no lamento las veces que te enterré en mis versos,

las mismas conque después y arrepentimiento te lloraba,

temiendo incluso que resucitases con más fuerza.

Y ni espejos, ni jazz, ni mañanas de domingos con recuerdos dulces

tendrían que volver por mis azoteas.

Y así, cuando otra vez me hables de la muerte

y ahogándome me impidas relatar mis cuentos;

yo, que deseé tantas veces que definitivamente desaparecieras,

como en este sábado que, como en otros tantos me quedo sin mi playa;

me levantaré de nuevo inundada de tus ausencias.

Como ésas sobre las que un día te escribí en mi facebook:

A veces percibo tu presencia tan ausente,

que no me acostumbro al vacío que provocas.

LIbros Blanca Flores

         Desde el principio la poeta Blanca Flores asume la plenitud del vacío que “provoca”, es el término que ella elige, el sentimiento amoroso, el más universal, revolucionario, creador y destructor, como la diosa Shiva en su danza, de la historia del género humano, razón por la cual ha generado alguna de las piezas pictóricas, escultóricas, literarias, musicales de la humanidad. Este libro se inserta ahí, en esa misma tradición del sentimiento amoroso como método de purgación y aprendizaje. Hay varios elementos que hilvanan todo este libro, vertebrándolo alrededor de esta potencia creadora y destructora que es la pasión amorosa: el elemento cultural, incluso mitológico, con títulos como “Hiperión”, o “la Venus del corazón roto”, en el que la autora recrea su propia historia sentimental a través de la mitología tradicional pero actualizándola y acomodándola a su propio sentir. Por supuesto la música, desde el título y referente contemporáneo, y en la extensión de la palabra poética, que es también música, y en este libro se manifiesta como tema del mismo, burladero, salvoconducto, bálsamo, o cántico de goce. A veces, esta conjugación de elementos se ordenan de forma tan personal, con un particular y salvador sentido del humor, que es una suerte de gozosa venganza personal de su autora. Así por ejemplo en el poema “Cenicienta”, con la asunción de que en el cuento como en la realidad, es la princesa la que salva al arquetípico príncipe azul,  dice:

Me apresuro a adentrarme

en tu alma y en tu conciencia,

a lamer y a relamer

tus intimidades, tus miedos,

tus aciertos, tus errores,

tus virtudes, tus defectos

y tu talento.

Disfruto metiendo los dedos

en tus cicatrices y en tus llagas.

Disfruto provocando tu placer,

tu dolor y tu agonía

mística, frente al espejo.

Al final, siempre te encuentro.

Ahí renaces pleno,

tú mismo, desnudo,

entregado, deshecho,

auténticamente tú.

Y de vez en cuando…

privilegio, maravilla, tortura,

tormento y desvelo…

afortunadamente solamente

mío.

 FotosBlancaFlores

          Otras veces, con un profundo sentimiento melancólico, una honda temperatura lírica, asume una especie de asunción de la identidad de una Ariadna o Penélope abandonadas en una playa, que quisieran, explícitamente, que su amado nunca hubiera llegado a ellas, como en el poema “desierto” en el que dice la poeta:
Y ese abrazo ausente, siempre necesario,

nunca dado, nunca recibido

sigue en la carta de deseos incumplidos.

Como esas buenas noches que desaparecieron

de tu manual de la cortesía.

Ese diálogo que se fue, esa luz apagada,

la comunicación rota,

esos sueños despedazados a la orilla de mi playa.

 

De forma completamente clara en el texto ¿POR QUÉ A MI PLAYA? En e l que clama:

 

¿Por qué tuviste que venir aquella tarde

precisamente a mi playa?

¿Por qué precisamente cuando

aún no habíamos terminado

de disfrutar de nuestras últimas ilusiones

recién dibujadas?

Después del calvario, de atravesar el tortuoso infierno,

después de superar el desierto,

construíamos otros sueños,

otra oportunidad posible y sin término.

Y creí que caminaríamos sin nuevas afrentas,

equivocándome.

Caleta

            Muchos son los elementos de disfrute, goce, conocimiento de este libro cuajado, pleno de matices y fulgores de la poeta Blanca Flores, en el que late, como no podría ser de otra forma por su cuna, el sonido oceánico de Cádiz, presente en su paisaje literario, biográfico y mítico. Queda patente en el texto “Siempre nos quedará Cádiz”, aunque está también en las citas de Quiñones, en los rincones de la Caleta, en su temblor emocional.  Estén muy atentos  a su voz porque este libro no sólo es su carta de naturaleza, su DNI poético, su compromiso, porque ella, como exigía el poeta Holderlïn, “habita poéticamente la Tierra”. Gracias Blanca, por esta bellísima porción de ti, tan diáfana aunque con sus claroscuros y rompimientos de gloria. Gracias por entregarte a los demás en tus versos como el mismísimo y blanco sacramento de la Poesía.

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4 comentarios

  1. Gran poetisa y persona. Bendita locura, si todas las mujeres nos volviéramos locas el mundo sería un lugar maravilloso, lleno de mujeres libres, valientes y sabias. Gracias por tus palabras y tu sensibilidad! Un placer leerte, como siempre. Un saludo.

  2. Muchas gracias a los dos, por vuestro cariño, por vuestras palabras, por esos ratitos y los que tendrán que repetirse. Gracias.

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