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16 mayo 12

Mar de Sentimientos

  

No siempre el talento y la sensibilidad están unidos. Mucho menos en estos tiempos de celeridades, compromisos adquiridos, estrés y esa palabra repetida hasta la Nausea: “Crisis”. Lo sé bien que, aunque a mi pesar, no he podido cumplir como hubiese deseado con los lectores de este blog, aunque retomo de nuevo este compromiso con vosotros. Curiosamente la palabra “Crisis”, palabra del griego, significa “que juzga” o “que decide”, y creo que es el momento crítico de tomar decisiones y comprometernos, también desde la cultura o, quizá más aún desde ella.

Precisamente la semana pasada, en el corazón del Madrid más cosmopolita, en la Gran Vía, se presentaba un proyecto que aunaba el talento, la sensibilidad y el compromiso. Bajo el nombre de “Mar de sentimientos, un grupo de artistas presentaban una idea no sólo hermosa, sino necesaria. Son la compositora y cantante Clara Montes, con Ars Música, el escultor y ahora diseñador de joyas Javier Ayarza, con el soporte de Gema Serrano su empresa Baudiart, y Ángel León, conocido como el Chef del Mar.  Aseguran : “todo nuestro arte por salvar el mar, que no es otra cosa que apostar por la vida”. Quizá por eso, además de esta apuesta fuerte, parte de los beneficios irán a la conservación de las marismas salineras de Cádiz.

Hubo un momento en el que el hombre, y todo lo característicamente humano estuvo en armonía con la naturaleza. Fue el filósofo griego Tales de Mileto, considerado el padre de la filosofía y el pensamiento occidental, cuna de la civilización, el que aseguró que “no es el Hombre, sino el agua, la realidad y origen de las cosas”. Han pasado casi 30 siglos, y aquel sabio cuya inteligencia unía la observación, el pensamiento científico, la espiritualidad y lo creativo, sin ningún instrumento tecnológico avanzado, se adelantaba a los físicos de hoy, al decir que la vida provenía del elemento acuoso, y de la armonía con él dependía nuestra existencia.

 

Mar de sentimientos aúna esta asunción de un vínculo sostenible con la mar, nutricia y dadora de vida, desde la ciencia, la filosofía y la creación. Por eso se unen a esta idea Ángel León, conocido como el chef del mar, por su investigación en una cocina sostenible y pionera en lo tradicional, en la historia gastronómica de la humanidad y su vinculación no lesiva del entorno marino y sus seres. Desde su restaurante  gaditano A Poniente, en el Puerto de Santa María, está siendo pionero en la recuperación de la cocina marinera tradicional y la más pionera, siendo el único que está experimentando gastronómicamente con el Placton. Una forma cultural de entender toda nuestra tradición histórica.

 Clara Montes, que pone su voz y talento musical, además de su imagen, para este concepto en el que la sensibilidad y la cultura deben primar y reivindicarse, para lo que ha compuesto esta canción con el mismo título Mar de sentimientos. La canción, es un adelanto de su próximo disco, aún en preparación, y que será un disco de autor, compuesto en letra y música por ella. Lo deja claro, como su nombre. Dice:

 “Un mar de sentimientos /

me confunde y me conmueve /

yo quiero naufragar /

al son que ella me lleve”.

“La mar está llorando /

sus hijos se mueren /

se va quedando sola /

triste y vacía”

 

         El día 16 de mayo ofrecerá un concierto en el teatro Fernán Gómez de Madrid, que no deben perderse. El video es una delicia con mucho aire teatral años 30, a cargo de Javier Ayarza y Facundo Fuentes 

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También Save Squalo, una línea de joyas diseñadas por el escultor Javier Ayarza, con la reivindicación artística del mundo oceánico, y de los usos y diseños modernos y, a la vez, de siempre. Javier es uno de los escultores más consolidados y sorprendentes del momento, capaz de aunar los viejos oficios con la modernidad y la representación mítica del mundo natural.

 

Mar de sentimientos es un proyecto cultural e intelectual de compromiso con el mundo marino, tan en peligro, y del que dependemos más de lo que queremos asumir, como sabía el primer filósofo conocido. Una revolución de sensibilidad, inteligencia y cultura, abierto a las aportaciones de creadores y personas que creen que es posible ser hijos de nuestra historia, aprender de ella, sin avergonzarnos de un futuro en el que el mar muera de agotamiento y con él, como sus demás criaturas, nosotros. Mar de sentimientos es un canto desde lo más hondo de nuestro ser, en el presente y hacia el futuro…Súmense. (La semana que viene hablaremos de Los Amores Oscuros del luminoso Federico García Lorca)


21 marzo 12

Miguel de Molina: El Rey de la Copla.

 

Un diez de abril de 1908, nacía en Málaga, en el seno de una familia andaluza muy humilde, Miguel Frías de Molina, curiosamente el mismo año que naciera el más importante autor de las letras de la Copla, Rafael de León, de quien sería amigo y cómplice entrañable. Según cuenta él en su propia biografía, un libro emocionante y desolador a un tiempo con el título de “Botín de Guerra”, que era difícil de conseguir en estos tiempos de la inmediatez y el “burdoseller literario” en el que el fondo ha desaparecido prácticamente en las librerías, y que ahora ha reeditado, felizmente, la editorial andaluza Almuzara. Edición vigilada por su sobrino, Alejandro Salade, guardián fiel y eficiente del legado de su tío, y director de la Fundación Miguel de Molina, con renovada incorporación de fotos y nuevo material gráfico, impagable, tras de la apoteósica exposición en Argentina de toda su vida y obra.

 

Miguel Frías, conocido para la posteridad como Miguel de Molina abrió los ojos al mundo en una España donde habitaba la pobreza, los terratenientes, la superstición y la miseria que acabarían detonando en la nefasta guerra civil. El joven malagueño aprendió con tenacidad y un espíritu inquebrantable la dureza de la vida muy pronto ya que su padre era epiléptico y pasaba los días postrado en la cama, y las mujeres de la familia: su abuela, su madre y sus cuatro tías, que lo rodearon siempre, se afanaban con esfuerzo en sacar adelante la familia sin la contribución paterna dado su estado de salud.  A los 13 años, Miguel toma la decisión de  marcharse del hogar familiar.  Su vida se convierte en ese momento en un puro avatar: en  Algeciras consigue trabajo en un burdel regentado por una mujer conocida como  “Pepa la Limpia”. Esta  y su amante, encariñados con el muchacho, invitan a Miguel a viajar a Granada para presenciar un espectáculo organizado por Manuel de Falla y Federico García Lorca, en el que, por cierto, el primer premio de flamenco se lo llevase un jovencísimo y desconocido Manolo Caracol. Aquel viaje sería una revelación para Miguel, y punto de inflexión en su vida para decidir lo que quería ser. A la gran admiración por Lorca, a quien conocerá personalmente más adelante, entablando amistad con él, se une el descubrimiento del género musical de la copla, absoluto rey del momento y banda sonora sentimental de los españoles desde mediados de los años 20. Decidido abandona el burdel de Pepa, viaja a Tetuán y de allí a Granada y Sevilla donde organiza espectáculos para los turistas.

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El año de la proclamación de  la República  es cuando Miguel Frías se decide a dedicarse profesionalmente al mundo del espectáculo, convirtiéndose a partir de ese momento en Miguel de Molina y popularizando canciones como “El día que nací yo” y “Ojos verdes”, a cuyo nacimiento asistió. Cuentan y se tienen datos de que en 1931, en el café de Oriente de Barcelona, en una mesa con Federico García Lorca, Rafael de León y con el cantante Miguel de Molina, se escribió la letra para el cantante malagueño, aún sin música, o al menos Miguel se la pidió a su autor y amigo. Miguel de Molina se enfadaría mucho al verla cantada por otras intérpretes como Blanquita Suárez, que tampoco  fue la primera en interpretarla ya que se estrena en plena guerra en la voz de Rafael Nieto,  y Estrellita Castro, en versión retocada por el autor Salvador Valverde, aunque, como si fuera una cosa de destino, la canción no sería un éxito hasta que la cantara Miguel en 1939, razón de la reconciliación de los amigos.   Al mismo tiempo Miguel obtiene un gran éxito bailando el “Amor Brujo” de Falla ya que es un artista de composturas muy finas, que rompe moldes utilizando chaquetillas muy ajustadas y floreadas, que nunca ocultó su homosexualidad,  marcando su enorme personalidad y cantando muchas de las coplas en masculino, como “Ojos verdes” o “La falsa Moneda”, que cuentan que salía a cantar con el torso desnudo, o sólo cubierto por unas monedas pegadas, lo que le da fama en la época republicana, y le causa persecuciones después. Miguel triunfa en Madrid, Barcelona y Valencia donde alcanza su madurez y consagración artística. El estallido de la guerra civil le coge rodando su primera película en Barcelona, que nunca sería estrenada como represalia, y se entrega a la labor de animar con sus espectáculos a las tropas republicanas, lo que le costaría con la dictadura muy caro.

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En la España ya franquista Miguel de Molina recibe la visita de un empresario, miembro del Movimiento, quien le obliga a firmar un contrato para actuar por toda España. Si no acepta las condiciones, se le prohibirá trabajar y su pasado como artista en las tropas republicanas le pasará factura. Cuando lleva un año junto a otra compañera actuando para este empresario, aunque sabe que detrás hay alguien más importante, decide no renovar el contrato y así lo comunica a su interlocutor. Recibe esa noche una visita de tres individuos que le obligan a subir a un coche manifestándole que tienen orden de llevarle a la Jefatura Superior de Policía en el Paseo de la Castellana, pero el vehículo seguirá hasta un descampado donde Miguel de Molina es brutalmente torturado: le arrancan el pelo a jirones, le rompen varios dientes y le desfiguran completamente la cara mientras le gritan “esto por rojo y maricón”, como aseguran que pasó en el caso de Federico García Lorca, antes de fusilarlo.  Probablemente quienes le propinan la paliza lo dan por muerto, razón por la que salva, a pesar de las lesiones, la vida. Recibe una notificación para ser confinado en Cáceres y de ahí pasará a Buñol, donde se le prohíbe trabajar. Consigue de un amigo un pasaporte para viajar a Buenos Aires, y se exilia.  En la capital argentina triunfa allá donde actúa y adquiere una casa. Sin embargo un día recibe una orden de que debe abandonar el país, por orden de la embajada española, y es extraditado sin más explicaciones. Cuando vuelve a España se ve obligado a malvivir y descubre que todas sus desgracias: la explotación en las actuaciones durante los primeros años del franquismo, la paliza, la prohibición de actuar, su expulsión de Buenos Aires, etc. se deben a un mismo personaje: un alto funcionario de Asuntos Exteriores del gobierno de Franco al que no conoce ni ha visto jamás. Huye entonces a México y vuelve  a sucederle lo mismo: Miguel de Molina está teniendo un notable éxito allá donde actúa, pero los teatros son controlados por un sindicato que preside Jorge Negrete. A partir de ahí se le intentan “reventar” algunos espectáculos; colocan petardos en sus actuaciones e incluso una de ellas es interrumpida con grandes gritos por el secretario de Negrete: ni más ni menos que Mario Moreno “Cantinflas”. Por fortuna para el artista, el gobierno de Argentina cambia y Miguel de Molina recibe una llamada de Eva Perón para que actúe en Buenos Aires en un festival benéfico. Hasta allí viaja Miguel y le cambia la vida. Firmará contratos con multitud de empresarios y trabaja holgadamente. En 1957 vuelve a España, gracias al afán de Antonio Molina y Juanito Valderrama, que lo admiraban mucho, y ponen dinero de sus bolsillos para montar un espectáculo y su vuelta a los escenarios españoles. Recorre toda la geografía española actuando, aunque tiene que aguantar todas las crónicas que en su contra se escriben por su condición de homosexual y republicano, con toda clase de mofas y desprecios, por lo que regresa a Argentina, entristecido, para no volver a España, donde murió, y fue enterrado en el cementerio de la Chacarita con grandes honores, lejos de su Málaga natal, que trató de recuperar sus restos en el centenario de su nacimiento, en 2008.

 

Lo más curioso, sin embargo, es que su legado, libretos, interpretaciones, figurines, que diseñaba él mismo, carteles, vestuario, no gocen de un Museo, en su ciudad natal, siendo lo más importante, mientras en toda América se admiran, en esta exposición itinerante. Un libro más que recomendable, este Botín de Guerra”, felizmente reeditado, insisto, por Almuzara, que del perfil de un hombre genial, valiente hasta el extremo e irrepetible, que ha sido llamado con razón, “El Rey de la Copla”. Lo que resulta indudable es que Miguel de Molina, un siglo después, es el gran mito, la enorme figura de la Copla española, por encima de las vicisitudes y las pruebas de la vida. Quizá como en la copla “Antonio Vargas Heredia”, podría achacársele aquello de que era “El más arrogante y el mejor plantao, y por los contornos de Sierra Morena, no lo hubo más guapo, más bueno ni honrao”.

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09 marzo 12

Mujeres en pie de Obra

Ya sé que algunos dirán  que, el tema de las cuotas, la femenina en este caso, debieran ser innecesarias. Es cierto como que, con cuotas y todo, las mujeres, que han soportado y soportan el peso de las sociedades más avanzadas y las más deprimidas, siguen siendo discriminadas por una pura razón de sexo. Que haya mujeres incompetentes no justifica que deban ser excluidas, como el hecho de que hay más hombres en puestos directivos, por tanto y por una cuestión de números, más hombres incompetentes, no deslegitima a estos por cuestiones de sexo.  Así que, perdónenme si, como uno más, me sumo a la fiesta de la Mujer Trabajadora, entre otras cosas porque tengo en algunas de ellas a mis maestras más queridas y admiradas.

 

Que el siglo XXI será un siglo fundamental para la consecución de las metas de las mujeres, aún discriminadas en muchos lugares del mundo, también en la cultura, es tan evidente como que el  anterior fue el terreno abonado de grandes voces femeninas que se alzaron en la reivindicación de sus capacidades intelectuales y creativas, más allá de la impuesta labor reproductiva que les imponía la sociedad. El grupo de las poetas ”Tremendistas”, en plena y durísima posguerra española, y del que decía en tono despectivo cierto poeta olvidado y oficial al que no nombraré, que eran “esas mujeres que se arrancan cuando escriben la matriz y la ponen encima de la mesa”, formado por escritoras de enorme valor y talento como Ángela Figueras, Elena Martín Vivaldi, Concha Zardoya, Gloria Fuertes o una benjamina Pilar Paz Pasamar, sentaron las bases de ciertas conquistas en el campo de la literatura, desbrozando el camino de otras posteriores. Merece la pena recordarlo, ahora que estamos a punto de celebrar el Día Internacional de la Mujer, como conmemoración a cierto  27 de agosto de 1910, en el que  más de un centenar de mujeres de diversos países asistieron a la Segunda Conferencia de Mujeres Socialistas en Copenhague, Dinamarca. Luchaban por un derecho fundamental: el voto, y establecieron el 8 de marzo como su efeméride. Como antecedentes históricos, se toman tres hechos ocurridos en Nueva York, EE.UU.: el primero, en marzo de 1857, cuando miles de trabajadoras marcharon en protesta por sus miserables condiciones laborales. El segundo, en 1908, cuando cuarenta mil costureras industriales se declararon en huelga en demanda de mejores salarios, reducción de la jornada laboral, abolición del trabajo infantil, y el derecho a unirse a los sindicatos. Los dueños de la fábrica Cotton Textile Factory encerraron a sus empleadas para que no se unieran a la huelga y se desató un incendio , parece que intencionado, que provocó la muerte de 129 obreras. El tercero ocurrió en  1909, y Nueva York fue de nuevo testigo de las protestas de 15.000 mujeres trabajadoras. Bajo el lema “Pan y Rosas”, en el que el pan simbolizaba la seguridad económica y las rosas la calidad de vida, y las mujeres extendieron sus protestas hacia el derecho al voto y el fin de la esclavitud infantil. En 1975, las Naciones Unidas establecieron el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, recogiendo en su Declaración y Programa de Acción de Viena:  “Los derechos humanos de la mujer y de la niña son parte inalienable, integrante e indivisible de los derechos humanos universales. La plena participación, en condiciones de igualdad, de la mujer en la vida política, civil, económica, social y cultural en los planos nacional, regional e internacional y la erradicación de todas las formas de discriminación basadas en el sexo son objetivos prioritarios de la comunidad internacional.”  Recordaba en una ocasión Trinidad de León-Sotelo, otra institución en la historia del periodismo de este país, los tres años de la desaparición de Carmen Laforet, primera ganadora de la primerísima edición del premio Nadal con la novela “Nada”, y que tantos encontronazos tuvo con la censura, de la que dice que “fue saludada con gozo por Juan Ramón Jiménez, Azorín, Ramón J. Sender, escritor éste que en cartas cruzadas posteriormente con Carmen, celebraba, también, su modo de ser persona.”. No sería la única relación epistolar que desvelaría sorprendentes datos biográficos de esta autora pionera, como los que recogió en un estudio la profesora de la universidad gaditana Marisol Dorao, sobre la correspondencia entre Laforet y Elena Fortun, madre literaria del personaje Celia,  que entablaron una cómplice y apasionada relación durante los últimos años de esta, muy tristes por su separación, por la incomprensión del cainita mundo literario, y otra heridas profundas. Por eso, llega a decir en una carta a Sender: “Usted se ha olvidado de que vivimos siempre en los pequeños reinos de las Taifas, y que una persona que no está declarada en ninguno de estos reinos belicosos, a la fuerza se la considera como enemiga de todos”.Era el dolor y la verdad de una mujer extraordinaria, una de tantas mujeres extraordinarias que han conseguido que hombres y mujeres de hoy seamos mejores, y cuya obligación es, para no volver atrás, no olvidar sus nombres, sus esfuerzos, sus grandezas y sus obras.

   

De tesón y de carrera de fondo sabe mucho la actriz Bárbara de Lema, de la que dijeron críticos y especialistas que era la revelación de la película La semana que viene (sin falta). La cinta de Josetxo San Mateo, combinaba con agudeza y sentido del humor una trama inteligente de denuncia social , enredo y realidad contemporánea. La película es una delicia de personajes, y la fuerza de la imagen y de interpretación de Bárbara de Lema, inusual en nuestro cine, llena la pantalla. La actriz asegura: ”estoy madura y preparada después de muchos años de teatro y trabajo para demostrar todo lo que llevo dentro. Todo de lo que soy capaz a poco que los directores me den su confianza” .

Ahora mismo, Bárbara de Lema está rodando Aún rezo por ti, Santa Barbara, un western, con la peculiaridad del protagonismo femenino. El equipo  se encuentra en plena localización, para rodar el Teaser, en cristiano, las primeras imágenes sobre la que se cimentará el proyecto, en Almeria, en los estudios de Ford Bravo. Este proyecto se va a comunicar próximamente en la sección de  nuevos proyectos en el Festival de Cine  de Malaga, pero ya os avanzo las primeras imágenes. La dirije Luisje Moyano, protagonizada por Bárbara de Lema, Nancho Novo, Beatriz Rico, Enrique Escudero, Francisco Conde, entre otros. La preparación de actores y acción, corre a cargo de la empresa, StuntWorks, capitaneado por Gonzalo Hernández. La película trata de la venganza de una mujer por el daño causado, en un mundo solo de hombres, como era el lejano oeste, que sigue siendo muy cercano en nuestro día a día. La protagonista, Bárbara de Lema, después de desaparecer un año, y preparar su vendetta antes de volver a Santa Bárbara y poner orden, a su manera. Seguro que será una de las sensaciones de la próxima cartelera.

 

         Para poner mi nota literaria, recomiendo la lectura de cualquiera de los libros de la escritora alicantina  Francisca Aguirre, recientemente galardonada con el Premio Nacional de Poesía por el poemario “Historia de una anatomía”, editado por Hiperion, que recomiendo, vívidamente, como su antología “Ensayo General”, o la reedición de “Los Maestros Cantores”, ambos en Calambur. A los que la conocemos y seguimos, por admiración y afecto, es como si nos hubiese correspondido parte de la alegría recibida, que se merece por su coherencia, ética y trabajo. Francisca Aguirre, Paca para los amigos, es un ejemplo de decencia intelectual, de ejercicio responsable y desmesurado de la claridad y de la verdad poética, poco parangonable en la contemporaneidad literaria de nuestro tiempo. Un sabio disparo de sinceridad, desnudo de complacencias o brindis a la galería, que nos emociona con la precisión de la palabra exacta, y la emoción vivida. “Francisca Aguirre pertenece a la generación de mujeres que tuvieron la vida más difícil de la España del siglo XX, la de quieres eran niñas durante la guerra”, dice la también poeta Olvido García Valdés en el prólogo a la nueva edición de Los maestros cantores. Y añade: “Despertar a la vida, adquirir conciencia (aquello que se llamaba ‘uso de razón’) durante una guerra civil es lo más terrible que le puede ocurrir a un ser humano”. Además, García Valdés subraya el carácter curativo que la escritura ha tenido para la nueva Premio Nacional: “El arte cura, sí, o, dicho de otro modo, solo en el terreno del arte -vale decir, de la poesía- halla sentido la vida”. No se pierdan a estas mujeres en pie de obra, que es la mejor manera de estar en pie pacífico de guerra, en un mundo que no nos regala casi nada.

 

 


01 marzo 12

Andalucía Eterna

Para empezar, disculparme por mi ausencia de dos meses de estas páginas virtuales, motivada por un compromiso profesional que me obligaba a poner todo mi tiempo y esfuerzos en él. No quiero sin embargo, a la vuelta, dejar de explicarlo, y comprometerme con ustedes, lectores blogueros, a no volver a faltar de ahora en adelante.

Cuentan que, al volver de su encierro carcelario y juicios inquisitoriales en Valladolid a dar clases, el insigne Fray Luis de León, condenado por traducir sin licencia la Biblia a la lengua Vulgar, en especial el Cantar de los Cantares, que ponía muy nervioso a los clérigos por considerarla concupiscente y hebraizante, utilizó la coletilla “decíamos ayer”, limpio de polvo y paja, como si nada hubiese pasado. Había trascurrido más de dos años de condena, peligro de muerte y hay quien insinúa que incluso tortura, en la que el escritor ascético se dedicó a realizar buena parte de su obra más importante. Así que, en comparación, dos meses es Pecata minuta…

Aprovecho para volver celebrando, eso sí, la festividad de Andalucía, como portentosa patria del talento, aunque los taifatos de los menos dotados para  ello a veces se conviertan en reyezuelos de las satrapías provincianas, qué le vamos a hacer…Perdonen que me ponga flamenco, es que a uno le puede la tierra, qué vamos a hacerle, y más cuando ha dado algunos de los nombres fundamentales de la cultura española en literatura, música, pintura, política, y un largo etcétera de disciplinas humanísticas. No es que tenga nostalgia de las ferias que se prodigan en la geografía andaluza, nunca me interesaron demasiado a pesar de nacer en Jerez, que tenía dos, la de la Vendimia y la del Caballo, respetándolas mucho, pero sí estoy un poco hasta la peineta, y puedo ponérmela, de que desde ámbitos como el de la política o los medios de comunicación se ridiculice lo andaluz con tanta ligereza. A uno le viene a la memoria ese prejuicio presuntamente castellano viejo e inquisitorial de los mal llamados Reyes Católicos que hicieron de sus intereses territoriales una cruzada a sangre y fuego contra lo andalusí. Constantemente incurre en patadas a la gramática española gravísimas como “la dije”, “La pegué”, etcétera, etcétera.  Tampoco sus conocimientos en lengua parecen muy vastos, más bien bastos, ya que, según los padres de la lingüística, lea un poquito de Saussure o Chomsky, o lea, simplemente,   se distinguen, perfectamente dos conceptos como son “Lengua y Habla”, el primero como el código cerrado de comunicación con todas sus reglas, excepciones y signos, y el segundo, como la manera particular de articularlo en cada región, con sus giros, sustratos históricos, características modales, etcétera. Verán ustedes señoras y caballeros, da la casualidad de que según todos los estudios lingüísticos, los sitios donde se construyen mejor el castellano es en Andalucía, Canarias y Latinoamérica, al margen de su habla que a algunos les causa tantos problemas de comprensión, frente a otros lugares, incluso el oriundo del idioma, que es Castilla, donde los “laísmos”, “loísmos” y “leísmos”, por poner un ejemplo, han desvirtuado la construcción de la lengua, aunque su habla sea más neutra en su articulación y asequible para algunos.  No es que a mí me sorprenda que una persona supuestamente formada y con título universitario se comporte en sus afirmaciones como un “Skin head”. Necios-que etimológicamente significa “el que no sabe” o “el que desconoce” – por no decir otro calificativo más preciso, los hay en la política, en la universidad y en la judicatura.

     

Además de insultante, tampoco me parece que sea muy constitucional el asunto de la caricatura de lo andaluz. Estoy convencido que a mí, que también soy andaluz, me entenderán perfectamente cuando diga que esa actitud, recuerda demasiado, quizá no puedan evitarlo, a las maneras caciquiles de una parte y otra de nuestro país, en la que los andaluces y los extremeños no eran más que los bufones, la mano de obra miserable y explotada por los que mantenían una serie de privilegios sociales a costa del sudor de la frente ajena. Quiero decir que, una vez más, demuestran su ignorancia  por una cultura como la andaluza, repito, milenaria, que ha dejado en nuestro bagaje nombres fundamentales, por no retrotraerme a los días de la ciudad de Gades y su escritores, como Columela, Luis de Góngora, Cernuda, Alberti o Lorca, u otros más recientes, como Juan Ramón Jiménez o Vicente Aleixandre, dos de los pocos premios Nobel de Literatura, de los españoles, que no sé si le suenan a algunos. No va a conseguir conmigo, eso lo aseguro, el enfrentismo entre catalanes, andaluces, vascos, madrileños, tan pueril, y que tan malos resultados ha dado siempre.  Aconsejo que repasen sus nociones de Lengua y Literatura, de Historia, de Derecho Constitucional, de igualdad hombre y Mujer, etc. Pero no se preocupen: somos muchos los andaluces formados y educados, como en mi caso, que distinguimos el trigo de la paja y hay quienes no se representa más que a sí mismo, y no a una región concreta.  Además de mis maravillosos maestros andaluces, he tenido amigos fundamentales en mi vida, catalanes, vascos, latinoamericanos, y de cualquier género y condición, como Terenci Moix, Manolo Vázquez Montalbán, Fernando Quiñones, Cristina Peri Rossi, José SaramagoJosé Antonio Zarzalejos, Antonio Hernández, y un largo e inteligente etcétera, con los que me entendí y entiendo perfectamente, porque la inteligencia y la bondad son universales.

          

Vuelvo a la celebración de lo andaluz, que políticamente constituyó el excepcional Blas Infante, desde su mítico acto fundacional en las Asambleas de Ronda y Córdoba en 1918 y 1919, aunque, sabiamente, hundiese sus raíces en su historia milenaria.  Este año, entre los muchos galardonados por la Junta de Andalucía con su medalla de Oro, está el catalán de nacimiento, y andaluz de corazón Miguel Poveda. Quienes tenemos la suerte de contar con su amistad sabemos que, a pesar de su enorme éxito, la humildad ha estado en la base de su carrera personal y profesional, lo que le llevó, siendo una figura del flamenco, a meterse en los barrios de San Miguel y de Santiago de Jerez, a aprender, como un discípulo más, de los cantaores viejos de este arte Jondo. Sin embargo, él no ha sido un excluyente, y se ha atrevido a revisar la copla, una hermana respondona del flamenco, que le ha entregado parte de su repertorio más nuevo e importante. Aunque la interpretación de coplas de Poveda, desde el territorio más serio y riguroso del flamenco puro, ha estado siempre presente en sus espectáculos, tal vez, la declaración de amor más clara que ha hecho este flamenco al género es la de su disco “Las Coplas del Querer”, aparecido en 2009. Aprovechando que fue elegido por Pedro Almodóvar para grabar el tema principal, “A ciegas”, de la Banda Sonora de su nueva película, “Los abrazos Rotos”, Poveda realizó esta grabación portentosa de algunos de sus clásicos cuyo resultado, sin paños calientes, es una de las versiones más potentes y hermosas de todos los tiempos.  Ciertas interpretaciones como el de la banda sonora, “A ciegas”, un viejo éxito olvidado de la Piquer y una de las más bellas coplas que se han escrito, es sinceramente insuperable. Algunas de las versiones hechas como la del clásico “Rocío”, están, sin ofender a nadie entre las imprescindibles de todos los tiempos, tal vez junto con la de Imperio Argentina y Miguel de Molina. Sólo con este disco, que esperemos no sea el último acercamiento de Poveda al género, este cantante está entre los mejores intérpretes masculinos de la copla de todos los tiempos, y entre los indiscutibles e imprescindibles, sin distinción de género, de toda su historia.

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Echo en falta, también tengo que decirlo, entre los premiados, a dos de los escritores más prolíficos y excepcionales que poseemos en lengua española, andaluces, y que saben más de literatura y flamenco: Antonio Hernández, y Manuel Ríos Ruiz. Háganselo mirar los que deciden los galardones, entre algún otro, perfectamente prescindible, por no decir innecesario.

 

Antonio Hernández, Premio Nacional de la Crítica, es una de las voces más certeras, aceradas y brillantes de la poesía española contemporánea. Para los lectores, andaluces o no, gustosos de la mejor literatura, recomiendo se acerquen a la lectura de Insurgencias, que recopila en la editorial Calambur la poesía del poeta de Arcos Antonio Hernández de 1965 a 2007. Con esta contundente transparencia del título, que ya he recomendado antes, vuelve al oficio y al ruedo literario Antonio Hernández, con su voz más honda y  trascendente. Una escritor fiel a sus raíces, andaluz, por los cuatro costados, y universal.  Esto sorprenderá a algunos que conozcan su trayectoria pero, en declaraciones recientes aseguraba el autor: “Me considero un poeta religioso que no se atiene a ningún credo” y, en la cita de Hölderlin que abre uno de sus libros recopilados  ya se apunta esta temática: “Porque siempre los combatió, los dioses, al fin, le salvan”. Dos son los ejes fundamentales de esta potente obra: la meditación filosófica, con el predominio de los pensadores griegos a los que se cita y alude en sus poemas, además del amor, humano, y por su tierra. La preocupación por el paso del tiempo, por la decadencia de la grandeza humana y propia, en la celebración de los maestros, la belleza, en lo que resulta compendio poético y a la vez carta de naturaleza y árbol genealógico del autor: de Juan Ramón Jimenez a César Vallejo, de Julio Mariscal a Rafael Alberti, de Pessoa a Keats, entre otros muchos, sin olvidar familiares y a amigos. Una sorpresa deliciosa a redescubrir siempre.

      

Otro ejemplo de la mejor tradición  literaria andaluza, es el trabajo de mi paisano, el jerezano Manuel Ríos Ruiz, poeta y periodista. Recomiendo, también en Calambur, sus obras completas, con el título Libros de Poemas, y compilación en dos volúmenes El Gran Libro del Flamenco, esencial para entender este género.  Su obra está hecha de verdad y la Andalucía más auténtica, por la que ha merecido, aunque no ha hecho prédica de ellos, los premios más importantes de literatura y periodismo, el Nacional de Literatura entre otros, en 1962, por el poemario “Ciudad de Entonces”. Los conceptos de universalidad y brillantez son aplicables a  Ríos Ruiz, también premio Nacional de Literatura en el año 1972 por el libro de poemas “El Oboe” , que la editorial Calambur ha reunido, con toda su poesía en éste sólo volumen más que recomendable. Vibra en él ese relampagueo gongorino, genuinamente barroco, sin imposturas, con todo lo que esto tiene de belleza formal y revelación ética. Lo supo bien su maestro Luis Rosales, que lo tuvo, como a Antonio Hernández, por amigo fiel y discípulo atento.  El compendio sobre el arte flamenco,  es además de una edición excepcionalmente bella y completa por su profusión, conocimiento y exhaustividad, llamado a ser libro de consulta obligatoria y manual indispensable para especialistas y neófitos de ese jondo cante del sur que es el flamenco. Aunque Ríos Ruiz me desaprobará el elogio, con su gigante bonomía, utilizaré palabras del escritor Antonio Hernández que dice de él que “es el Lorca de su generación, por la altura de sus metáforas y de sus imágenes poéticas”, argumento cargado de razón por su poesía enjoyadamente musical, por sus símiles sorprendentes, rastreables incluso en este ensayo del flamenco cuando dice para definir la voz de Camarón como “voz de hojaldre”, consiguiendo con ello surrealismo y exactitud descriptiva.

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Con estas sugerencias, permítanme una inmodestia pero, es que no todo el mundo tiene la suerte de nacer andaluz, es decir coronado por la luz de una cultura múltiple, universal y honda, como la luz de los amaneceres atlánticos, que los griegos llamaron mar de los Atlantes.


12 noviembre 11

Clara Montes: La Voz de Andalucía

 

En tiempos en los que la música, así como la literatura y el resto de las artes y sus creadores, estamos al pairo de aquellos sesudos economistas, dispuestos a dinamitar lo que ha costado tantas guerras, tantos esfuerzos, tantos sacrificios, me sobrecoge observar como son los artistas quienes siguen dando la talla, mientras todos estos inteligentísimos señores siguen haciéndonos polvo, en el peor de los sentidos. Dispuestos a dinamitarlo todo, los Derechos sociales, la Sociedad del Bienestar, la cultura, con tal de que el sistema ferozmente capitalista de los Neocon en absoluta decadencia, como pasó con el Comunismo, sea puesto en tela de juicio, son los artistas los que siguen ofreciendo heroicas propuestas de sensibilidad y altura. Ya en la famosa Depresión del 29, referente de esta catástrofe mundial, grandes figuras como Concha Piquer o Miguel de Molina nos entregaron las propuestas más arriesgadas, pagando compañía, acompañamientos sinfónicos, bailarines y músicos, autores, figurinistas y diseñadores, para ofrecer a un mundo al borde del abismo de la insaciable avaricia humana al borde de las Guerras Mundiales y la Guerra Civil, lo mejor de ellos.  También Clara Montes, que ha pedido la carta de libertad de su ex compañía, Universal, se ha embarcado por su cuenta y riesgo, además de créditos,  con unos amigos en esta bendita locura.

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Como ya ha personalizado la cantante Clara Montes en su única versión de Tatuaje, ése clásico fundamental de Rafael de León y el Maestro Quiroga, quienes tuvieron la suerte de asistir al sobrecogedor estreno de este espectáculo y nuevo disco en directo, Sinfónica Clara,  de la gaditana de corazón, “para siempre irán marcados con este nombre de mujer”. Y es que el talento, presente desde su primer disco y en los seis siguientes, se ha aquilatado con la experiencia y el trabajo, perfecto pulidor de los primeros brillos, en el saber hacer de esta intérprete, que ha elegido para este espectáculo seductor por sus matices y registros, todos los temas que el repaso de su carrera y de las canciones que la han marcado biográficamente por una razón u otra. Desde los boleros a las coplas, pasando por la poesía o sus propias composiciones, hasta hacerlos suyos. Rara vez un espectáculo y una manera de interpretar es capaz de cuajar en una personalidad con nombre propio, como en el caso de las grandes intérpretes de todos los tiempos, enfrentándose al reto de la gran orquestación con valor y resoluciones magistrales.  Por eso hay que decir que, desde este comienzo, Clara Montes, con nombre y voz propias, se ha transformado en Sinfónica Clara, la misma que antes pero distinta, enriquecida y nueva, para un público hambriento del directo, que no entiende de engaños sino de verdades ondas y emocionantes.  Tal vez por esta razón, ha conseguido auparse al las listas de los más vendidos, en la primera semana de aparición de su trabajo, con la que tenemos encima, porque la gente está tan hambrienta de talento como de pan.

            Con más sabiduría pero la misma ambición que en sus inicios, en los que la alentaran algunos de los autores y músicos más importantes de este país, desde Carlos Cano a María Dolores Pradera, pasando por Amancio Prada, ha estrenado en el teatro Jovellanos de Gijón, lleno hasta la bandera,  su nuevo espectáculo la cantante y compositora Clara Montes. En tiempos en los que la música parece afrontar el temible cabo de las tormentas de las nuevas tecnologías, y la crisis de las grandes y anquilosadas discográficas, esta artista nos presenta su “Sinfónica Clara”. Un concepto que aúna una apuesta escénica moderna y arrebatadora por el directo, de manos del director teatral Eduardo Bazo, al que se le deben algunas de las puestas escénicas más importantes del teatro y la música contemporáneas, con la producción ejecutiva de Miguel Ángel Gómez, acompañada de la Orquesta Sinfónica ciudad de Gijón y el Coro Cimadevilla, dirigido por el director de orquesta Francisco de Gálvez, titular de la Sinfónica de Málaga, que ha realizado la orquestación y arreglos líricos del repertorio, y los aires de gran acompañamiento de los años 20 y 30 con los que sólo se han atrevido las más grandes artistas.

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      Quien conozca la trayectoria de esta cantante, que lleva ya en su haber una exitosa y consolidada carrera desde su premiadísimo primer disco “Canta a Antonio Gala”, pasando por  “Uniendo Puertos”  o “A manos llenas”, en seis entregas discográficas, conocerán esa innegable elegancia virtuosa que hacen de su desnudez vocal y talento interpretativo y compositor, un prodigio que no necesita más arrope para emocionar. Su voz podría definirse como esas “olas de la caleta que es plata quieta”, como silabea la habanera, definición perfecta para esta voz y esta artista con mimbres de diva, aunque su humildad y timidez se lo nieguen, que emociona sin interpretaciones dramáticas ni sobreactuadas, pero que consigue mover en el fondo de nosotros, como el mar, resonancias oceánicas. Sin embargo, este viaje musical por toda su trayectoria, que es su séptimo y  hechicero disco, visitando algunos de sus temas más importantes como “Niños de la guerra”, “Tiene que tiene” o “La hora del adiós”, además de un repertorio de las canciones españolas y latinoamericanas más importantes de nuestro siglo, desde “María la Portuguesa” del granadino Carlos Cano, o la desgarradora “Te recuerdo Amanda” de Víctor Jara, las populares y lorquianas canciones como “La Tarara”, las imprescindibles coplas de Rafael de León “Tatuaje”, “Y sin embargo te quiero”, o “La loba”, verdaderos monumentos musicales y literarios de nuestra historia, culminan su arte en la cota más elevada de su trabajo, situándola en escalafones donde sólo se aventuran las voces y las intérpretes más importantes de nuestro tiempo desde Edith Piaf a Joan Baez, pasando por la Jurado. Porque si la elegante desnudez ha sido su seña de identidad, sólo un talento y una capacidad inusuales son capaces de enfrentarse al directo y la polifonía musical de una gran orquestación lírica, en la que una artista endeble acabaría perdida. Muy por el contrario, el espectáculo, que se estrena en la ciudad asturiana después de haber rodado en otras como Málaga o Almería, base de su nuevo disco y DVD, para seguir con su impresionante apuesta con las diferentes sinfónicas de toda la península en una larga gira de teatros, es un derroche de talentos en los que se encumbran a categorías operísticas algunas de las piezas musicales más entrañables y fundamentales de nuestro repertorio como “Las habaneras de Cádiz” con la que arranca esta vertiginosa puesta en escena.  Hace mucho tiempo que los críticos más difíciles se rindieron a la evidencia de que, estas canciones, maltratadas durante mucho tiempo por el esnobismo pseudo-intelectual de que eran una cosa sencilla y poco elevada, tenían detrás a grandes intelectuales como los Machado, Alberti o Lorca, y a músicos tan sublimes como Manuel de Falla o Albeniz. Esta puesta en valor que hace Clara Montes con esta Sinfónica Clara, es la evidencia de los vasos comunicantes y de inspiración entre la llamada música popular y la culta, con todo el arrojo y la seguridad vocal y escénicas puestas en pié sobre los escenarios.

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        El prodigio y la belleza de esta representación nos remiten a algunos de los espectáculos más importantes de la música del Siglo XX y sus grandes nombres, y nos entregan momentos únicos y absolutamente mágicos en los que Clara Montes se rodea de talentosos amigos y colaboradores. Es impagable el dueto con Tony Zenet a la voz, y José Taboada a la guitarra y David Peña Dorantes al piano, haciendo una intensa interpretación de la canción “Yo te diré”, tema principal de la película “Los últimos de Filipinas”, es ya un clásico actual. Así también el vibrante momento en el que interpreta con Josemi Carmona, heredero de una larga saga de tocaores flamencos e integrante  del mítico grupo Ketama, el éxito de Nino Bravo “Te quiero, te quiero”, por no hablar del delirio emocional de la versión de la copla “Pena, penita pena”, con el maestro flamenco Pepe Habichuela, su hijo Josemi Carmona, la orquestación sinfónica, y la personalísima y poderosa versión de Clara Montes. También hay, dentro de tan desmesurada cascada de talento orquestal e interpretativo, momentos para el recogimiento y la introspección, como el que personaliza el tema de Joan Manuel Serrat, “Romance de Curro el palmo”, un auténtico coplón del catalán cantautor, en versión desnuda del virtuosismo al piano flamenco de Dorantes, y el recogimiento sobrecogedor de la voz de Clara Montes. Continúa así el testigo de aquella observación del cantautor catalán que, sin ningún complejo, aseguró que “la copla había sido su primera educación musical y sentimental”. Pero en todo momento hay un sostenido de hermosura escénica y temperatura artística, emocionante, ribeteadas muchas de ellas por la delicadeza inteligente del chelista Rafael Domínguez, compañero de muchos años en las apuestas de Clara Montes.

 

Con este mismo montaje y concepto musical ha estado Clara Montes en la capital portuguesa de Lisboa, donde ha sido bautizada como “A voz de Andaluzía”, La Voz de Andalucía. Me parece un título acertadísimo sobretodo, cuando en nuestro país, se le sigue negando el reconocimiento que se merece y cuando, a pesar de haber nacido accidentalmente en Madrid, desciende de la estirpe musical de Rafael de León, y toda su familia es sevillana, onubense y gaditana. Tal vez su elegancia, y su clase, le ha hecho no medrar más que por su trabajo, por su esfuerzo y su talento, y no por otras cuestiones periféricas a las que juegan otros cantantes con menores capacidades y personalidad. No es la primera vez que una de las verdaderamente grandes figuras de la canción española tenga que ser reconocida fuera para que se enteren dentro. Le pasó a Rocío Jurado, a La Durcal e, incluso, el maravilloso título de “La Faraona” y consagración de Lola Flores vendría también de fuera, de América. No menos parecido a otros cantantes singulares de diversos estilos como Mónica Naranjo, o Alejandro Sanz. Es verdad que algunos hemos tenido el paladar predispuesto a la excelencia, recordar lo que sobre Clara Montes dijo el crítico Ángel Álvarez Caballero, uno de los críticos más serios y más formados de la música española cuando escribía sobre la Montes en el diario El País:  “Clara Montes tiene una voz limpia, redonda, de una gran belleza formal. Aborda los temas con decisión y extrae de ellos consecuencias no siempre previsibles. No es cantante fiel a unos esquemas rígidos, ni mucho menos, sobre todo en las grandes canciones, las que marcan realmente su estilo. El espíritu mediterráneo está en ella y en su música constantemente. Es una calidez, una forma de entender lo que hace que conmueve de alguna manera. La música de Clara Montes -esta música-, en cualquier caso, no deja indiferente.” Una pena que el indigno sucesor en las críticas de dicho periódico, un tal Neira, haya decidido matar al padre a costa de necedades, escribiendo todo lo contrario de lo que hizo el reputado Caballero ya que encuentra error en lo que su antecesor virtud, además de muchos seguidores dentro y fuera de nuestro país. Decir de la Montes que es demasiado perfecta como un defecto, o que no tiene pellizco flamenco, además de ser falso, lo último, quiero decir, es como decir que es que Janis Joplin no era negra, una evidencia absurda que solo demuestra incapacidad o mala fe. En fin, que el más tonto hace un reloj, o una crítica musical. Pero es que, no nos engañemos, a veces los sucesores estropean el gran trabajo de su antecesor, y al progenitor más listo le sale un niño cortito, o como se dice en Jerez, “fartusco”, y tampoco él tiene la culpa. Al fin y al cabo, como decía Fernando Fernán Gómez, “España no es el país de la envidia como se asegura, si no el del desprecio de la excelencia”. Para muestra otro botón.

 http://www.youtube.com/watch?v=YiEcCU8GjME

         Todo el espectáculo abunda en un buen gusto sin caídas, un paseo hermoseado por la voz y los instrumentos, en diálogo constante, y también con los recuerdos, con las sugerencias que muchas de estas canciones hacen resonar en lo más profundo de nuestra memoria y vivencias. Sin duda un espectáculo imprescindible, un barco de sensaciones que no se deben perder cuando recale en sus teatros, por que cada vez será único y distinto pero siempre gozoso y mágico. ¿Quién dijo que eran malos tiempos para la lírica, o para la música? ¿Quién dijo que había crisis? Sinfónica Clara es un lujo para los sentidos, un banquete para las emociones y el espíritu, un goce al alcance de aquellos de amplias miras, buen gusto y ganas de disfrutar del talento y la emoción artística. Parafraseando la habanera, la Clara es la Callas con más pellizco, Callas es la Montes sin más salero.

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12 octubre 11

Música y Poesía: Loquillo y Luis Alberto de Cuenca

 

    

El problema de ser contemporáneo, cuanto menos, es que uno teme tomar una postura equivocada con respecto a sus coetáneos. Bien por el hecho de no estar seguro de ser objetivo, como en mi caso, bien por la certeza de no obtener prebendas literarias, más bien al contrario, o de hacerse enemigos partidistas y críticos feroces en otros particulares. Partiendo de esta consideración primera, también es cierto que uno no puede dejar que pase la historia sin contar lo que ve, como un cronista que inevitablemente ha de tomar partido por los damnificados con la mayor objetividad posible, pero sin evitar una clara distinción de calidades que es justa y necesaria. De otra manera la historia la seguirían contando los de siempre y tiempo es ya de analizar la situación desde actitudes menos partidistas. Deberíamos ser capaces de abordar la cuestión sin filiaciones estéticas para que no sólo prevalezca el discurso dominante y ya conocido. Esto ha sucedido con el reciente panorama de la poesía en España durante los últimos 25 años: salvo en elogiosísimas  y contadas excepciones bien por temor, bien por complacencia, bien por omisión, poco se ha dicho del torticero devenir de la literatura en verso sobre la piel de toro.

A mí fundamentalmente, una de las cosas que más me preocupan es el maridaje inevitable de la música y de la poesía, cuya relación viene desde el origen de ambas, la primera poesía se cantaba, y sin la cual, un poeta no puede llegar a convertirse en un clásico con el tiempo. Prueba de esto, es lo fácil y habitual de que los poemas acaben siendo cantados, o musicados, puesto que si son buenos, ya poseen en sí una música evidente que los hace viables y connaturales para ser orquestados y entonados.

Una de las últimas evidencias a este respecto es la del poeta Luis Alberto de Cuenca y el rockero Loquillo, que ha puesto su voz y música a las letras, más bien poemas de Luis Alberto de Cuenca. La relación de este poeta madrileño con la música no es nueva. Algunos recordarán uno de los grandes éxitos de la Movida madrileña, cantado por Javier Gurruchaga y la Orquesta Mondragón, el famoso hit “Hola, mi amor, Yo soy tu lobo”, bajo cuya autoría se encuentra el mismo poeta.

 

Sobre Loquillo asegura Luis Alberto de Cuenca: “Hay que tener en cuenta una cosa importante. A Loquillo le encantan Cirlot y Gil de Biedma, que son mis dos poetas favoritos y que han sido muy importantes en mi evolución poética. También el primer Gimferrer, el de Arde el mar y La muerte en Beverly Hills, que me parece su mejor libro.”

 

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El disco, que ha salido a la venta el día 4 de octubre, lleva el título de “Su nombre era el de todas las mujeres”, se presenta en Barcelona, Valencia y Madrid y luego ya empieza la gira de Loquillo con él por España y, luego, por América. Son poemas publicados en varios libros, cualquiera de ellos recomendables, que ha musicado para la ocasión Gabriel Sopeña, con arreglos de Jaime Stinus y voz de José María Sanz “Loquillo”. Una visión complementaria de este ensayista, traductor, narrador y, sobre todo poeta, ligado en sus inicios a la poesía culturalista del 70, los llamados Novísimos, y del que recomiendo poemarios como “La Caja de Plata”, “El reino Blanco”, “La Vida en LLamas” o la antología “Hola, mi amor, yo soy tu lobo”. Tradición y modernidad unidas en su poesía, rokera o no, condición indispensable para acercarse al clasicismo, para no pasar de moda.

 


30 septiembre 11

Concha Velasco: del Drama(pasando por la teleserie) al Musical

 Frente a la omnipresente crisis económica a  la que nos enfrentamos, que recorta casi en primer lugar con los llamados lujos del ocio y la cultura, estamos presenciando un auge casi sin precedentes desde el principio de la televisión en España de series de enorme éxito quizá por su comodidad económica de disfrutar de un buen espectáculo y buenas tramas desde casa. Lo mismo podría decirse de los musicales. Si la tónica primera de esta vacilante y precaria  televisión, cuando sólo había un canal, fue apostar por  el teatro más canónico con los famosos “Estudio 1”, que nos televisó obras clásicas de Lope de Vega, Calderón o Shakespeare, allá por 1957, para devenir en teleseries de enorme éxito como “Paisaje con Figuras”, o “Si las piedras Hablaran”, pasando por las ya míticas series “Cañas y Barros”, o la más tardía “Verano Azul” o “Farmacia de Guardia”, luego el asunto decayó en los más folletinescos culebrones venezolanos, para acabar reducidos a la importación casi exclusiva de series de éxito norteamericanas.   El resurgir actual de teleseries tan exitosas como “Sin tetas no hay paraíso”  o “Herederos”, tienen que ver con la premeditación literaria de sus guionistas, que han redescubierto el género clásico del melodrama, presente en el teatro griego y romano de arquetipos y sus tragicomedias, pasando por los clásicos de los Siglos de Oro europeos, a los más recientes seriales radiados o “Estudios 1”, como se ha dicho. “Melo-drama” quiere decir, etimológicamente, “actuación melosa”, aunque tradicionalmente en la historia de la literatura se ha considerado como tal a aquellas piezas dramáticas que acentúan la emocionalidad de las interpretaciones, las emociones de sus personajes.

Es evidente el fuerte peso de los resortes teatrales, incluso en la elección de sus actores, y la raigambre que los emparenta  con el teatro de Aristófanes, de Shakespeare  o Lope de Vega. Contemporáneamente, fue la radio, desde principios del siglo XX, la que monopolizó este género llamado “radionovelas”, como sinónimo del término originario y más exacto que es el de “radioteatro”. El género alcanzó un enorme éxito y popularidad en todo el mundo, mucho más, conforme la radio fue ocupando un espacio en los hogares a partir de los años veinte, del que uno de los hitos fue la adaptación de Orson Welles del relato del escritor H.G. Wells, “La Guerra de los Mundos”, del que ahora se cumplen setenta años el 30 de octubre, provocando la histeria colectiva de los oyentes, algunos de los cuales acabaron suicidándose o gravemente heridos por los ataques de histeria en Nueva York y Nueva Jersey, al creer que el planeta era invadido por los extraterrestres.  Como vemos, las relaciones de la radionovela y la literatura han estado siempre muy ligadas hasta el punto de que, en España, fue también a finales de los veinte y primeros de los treinta cuando causó mayor impacto, participando en la elaboración de los textos radiofónicos personajes tan relevantes como Federico García Lorca, e intérpretes tan ilustres como la afamada actriz Margarita Xirgu. Fue en la posguerra cuando estos seriales alcanzaron su máxima cota, con series ya míticas como “Ama Rosa”, que mantenía en vilo a la población española pegada a la radio, a la taurina hora de las cinco de la tarde, en 1959,  escuchando las desventuras de Rosa Alcázar, personaje creado por el escritor Guillermo Sautier Casaseca, con actores y actrices de primera línea como Juana Ginzo, Matilde Conesa, o Julio Varela.  Ilustres escritoras de éxito masivo como Corín Tellado se sumaron a este género radiofónico en los setenta, siendo censurada ésta, por guionizar la historia de “Lorena, una chica de alterne”, como anécdota simbólica.

 

Es este un auge que proviene de las más hondas raíces del teatro dramático. De hecho, y desde el principio, grandes literatos, directores de escena, ópera y teatro, como Lorca, Welles, Zeffirelli, entre otros, trabajaron en este género, tomando el testigo luego en las teleseries de su factura, con ejemplos en la televisión de nuestro país como  Juan Guerrero Zamora, Cayetano Luca de Tena, Gustavo Pérez Puig, Mario Camus o Pilar Miró, en la realización y dirección, y actores y actrices en la interpretación de la talla de Fernando Fernán-Gómez, Francisco Rabal, María Asquerino, Julieta Serrano, Sancho Gracia, María Luisa Merlo, Fernando Guillén, Pilar Bardem, María IsbertEmilio e Irene Gutiérrez Caba, Lola Herrera, Manuel Alexandre, Amparo BaróRosa María Sardá, José Sacristán, Amelia de la Torre, Concha Cuetos, Verónica Forqué, Marisa Paredes, Ana Belén, Alfredo Landa, Antonio Ferrandis, Concha Velasco-de quien nos ocuparemos por extenso-, o Eusebio Poncela, entre una inacabable nómina de lujo. Esta es la línea maestra que ha reflotado el enorme resurgir y éxito de las series de ámbito nacional que ahora pueblan las franjas horarias de máxima audiencia de nuestro espacio televisivo, en algunos casos con nombres que ya forman parte de la historia del teatro, el cine, y del pionero género de la radionovela, el teatral “Estudio 1” y la teleserie.

 

Incluso en los que parecen más nuevos, como el fenómeno social de la serie “Sin Tetas no hay Paraíso”, en el que tiene mucho que ver el atractivo que ha despertado su protagonista, Miguel Ángel Silvestre, en el público gay y femenino patrio, el trasfondo es la misma factura melodramática que tiene de médula espinal la durísima novela del escritor y guionista colombiano Gustavo Bolívar Moreno, editada en nuestro país por la editorial “El tercer nombre”, sobre la tragedia contemporánea de los falsos valores estéticos. Por cierto que Silvestre debutó con Concha Velasco en la pequeña pantalla en una serie llamada Motivos Personales. Tal vez la más canónica de todas las series que hemos visualizado en los últimos años, en tanto en cuanto se ajusta más a esta línea literaria e histórica que va desde los dramas y melodramas clásicos griegos como “Las Troyanas” de Eurípides o el “Edipo Rey” de Sófocles, pasando por todo nuestro teatro clásico del diecisiete, la radionovela y el teatro televisado, sea la serie “Herederos”, con guión de Pablo Tébar y David Paniagua, herederos, permítanme el juego y la redundancia, de toda esta tradición tan contemporánea como secular.

 

No es casual que la gran protagonista de la serie fuese una espléndida Concha Velasco, en la piel de la curtida Carmen Orozco, una de las grandes damas de nuestra escena teatral, cinematográfica y televisiva, protagonista ya de las grandes series de las que hemos hablado y de los fundamentales “Estudio 1”, y que está en un momento de madurez interpretativa tan perfecto como sólo las grandes de las escena son capaces de acariciar o alcanzar como en su caso. De hecho por este personaje recibió diversos premios. Cuando una actriz, como la Velasco, es capaz de dar la medida de Medea en cualquier papel, y ser trágica y cómica cuando se necesita, sobre las tablas o a través de las pantallas, y es capaz de transmitir cualquier emoción con sólo una mirada, ya no se puede pedir más, interpretativamente hablando, que poder disfrutarla cuanto más mejor, en cualquier medio y, si es posible, tener la posibilidad de trabajar con ella y escribir algo que  inmortalice, aunque, por su cercanía, muchos pierdan la perspectiva de la colosal actriz que es, porque hace lo más difícil, sin que se note,  como si fuese facilísimo. El resto del elenco no le fue a la zaga, gente de reprobada experiencia teatral como Petra Martínez, Mar Regueras, Álvaro de Luna, Ginés García Millán, Félix Gómez, Concha Goyanes, Carme Elías, Lidia Navarro, Cristina Brondo, Iker Lastra, Helio Pedregal o Asier Etxeandía, actores y actrices de primera línea, de distintas generaciones, desde las más consagradas a las últimas hornadas, pero con una factura intachable de sus personajes, con una credibilidad sin fisuras, y unas tablas que los convierten en figuras de primer orden, algunos ya muy laureados,  de las artes escénicas contemporáneas.

 

  

Para los que amamos esta tradición celebrar la vuelta de la Velasco, que es como se nombran a las grandes de este país, como La Guerrero, la Xirgú, La Membribes, o la Velasco, repito, por tele, teatro y donde sea menester. En televisión con el estreno la próxima semana de una sugerente serie, “Gran Hotel”, en Antena3, que promete los mimbres clásicos de intriga, interpetación teatral y argumento de Herederos.  Aquí estará acompañada, entre otros, por Amaia salamanca y Yon González. Y en teatro, la vuelta de Concha al musical, que ha estrenado en su teatro fetiche, El Arriaga, con un repaso a todas sus obras musicales y a su carrera, aunque parezca mentira 50 años no es nada y es una vida de talento en su caso, con “Concha(Yo lo que quiero es Bailar)”. Repite con el director catalán José María Pou, que ya la dirigiera en la obra anterior, el estremecedor melodrama, “La Vida Por Delante”. De ella y este espectáculo asegura Pou que es “ Concha Velasco en estado puro. Frente al público. Sin intermediarios. Tras muchos años de carrera frenética, Concha hace un alto en el camino y se sienta con el público (con su público) a reflexionar, a hablar de su carrera, de sus personajes, de las obras que ha hecho (y de las que no ha hecho, también), de los éxitos y de los fracasos. Concha cuenta y Concha canta. Y entre canto y cuento nos lleva de la mano por una de las carreras de más éxito del teatro, el cine y la televisión de este país. Un viaje que va de la actriz indiscutible de hoy a la adolescente de sus inicios, cuando tímida e introvertida, pero terca y voluntariosa, se enfrentaba al oficio con un único deseo: “¡Yo lo que quiero es bailar!”. Estará en la capital bilbaína, en su escenario talismán hasta el 2 de octubre para girar luego por todo el país. Por cierto, ¿para cuando un reconocimiento en serio como el del Goya?, aunque en Valladolid, su tierra,  le hayan puesto su nombre a un teatro. Como todas actriz global y titánica que es, canta, baila, actúa, como las Grandes. Es la Velasco. No se la pierdan.


13 septiembre 11

11 de septiembre, o el Fin de un Ciclo

 

Diez años han pasado desde que la atrocidad del atentado del 11 de septiembre sacudiera Nueva York y el Mundo. La historia, con su rostro más feroz se hacía presente a través de las pantallas de los televisores, con sus trágicas réplicas de Madrid el 11 de marzo y de Londres el 7 de julio. Las huellas son apreciables no sólo en el rostro de los supervivientes -que fuimos todos- sino que dejan ya su impronta en manifestaciones artísticas como el cine, la literatura o la pintura, como grito y testimonio de un hecho que no debe repetirse. Una de las exposiciones más impactantes de las que se vieron  en NY han sido la que organizó la  New-York Historical Society, con el título “Elegy in the Dust”,  “elegía en el polvo” que recrea minuciosamente una tienda sepultada por el desplome de las torres gemelas y que ha sido mantenida tal cual, inalterada, como testimonio inerte. Dice la periodista Elizabeth Rosner  que cuando oyó hablar de esta exposición, y luego cuando la vio “no pude evitar que aquellas prendas cubiertas de polvo, detenidas en el tiempo, me trasladarán a aquel otro montón de cabellos, zapatos, pares de gafas y sus estuches, desperdigados por los campos de Auschwitz. Apilados sobre el barro y cubiertos sobre el polvo de más de seis décadas”. Tal vez no es exagerada la comparación a la que lleva el fanatismo de cualquier tinte ideológico.

Como réplica de aquella exposición centenares de fotografías conmemoran desde el jueves día 8 en Nueva York el décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en una ambiciosa exposición en el Centro Internacional de Fotografía (ICP, por sus siglas en inglés). “En este caso, la fotografía sirve como una herramienta para documentar y como un medio curativo”, aseguró en un comunicado el director del centro, Willis Hartshorn, sobre la exposición, que incluye imágenes con diferentes perspectivas sobre los ataques terroristas que conmocionaron al mundo hace una década. De las cinco partes en las que está dividida la muestra, que se titula “Recordando el 11-S”, el director destacó  “Los recuerdos permanecen: Objetos en el Hangar 17″, que recoge las fotografías que el español Francesc Torres tomó de los elementos que se retiraron de los escombros del World Trade Center, que se conservaron y catalogaron en un almacén en Nueva York. Tal vez uno de los homenajes más hermosos sea el de la cubierta conmmemorativa del prestigioso The New Yorker, que eligió la ilutración “Reflejos” de la artista española Ana Juan, un delicado ejercicio de talento y sensibilidad con una enorme fuerza. Premio Nacional de Ilustración y Medalla de Oro de la Society of Newspaper Design en dos ocasiones, la artista valenciana es un referente de la escena cultural neoyorkina de la Gran Manzana. La revista semanal estadounidense, considerada como la quintaesencia del periodismo y del buen gusto neoyorquino, tiene a esta autora como colaboradora habitual precisamente por su elegancia y exquisitez formal y conceptual. Preguntada Ana Juan sobre lo que quería decir con esta obra, respondía “Que las Torres Gemelas ya no existen físicamente, pero que su reflejo perdura, y que por eso siempre van a estar allí.”  Sin duda una de las grandes creadores españolas contemporáneas, en su mejor momento, con esa mezcla hechicera de poesía, conocimiento del oficio e inspiración, a tener muy en cuenta, y llamada a ser , aunque ya lo es, un nombre con mayúsculas de las Bellas Artes internacionales, que tenemos la suerte de disfrutar. 

 

Esta misma sensación de pesantez polvorienta impregnan las dos películas que se atrevieron a contar el asunto: “United 93”, del británico Paul Greengrass,  que se centra en el avión que los terroristas pretendían estrellar contra la Casa Blanca y cuyos pasajeros impidieron, haciéndolo caer antes, y  la del norteamericano Oliver Stone, “World Trade Center” que plantea su visión desde unos policías que quedaron enterrados entre los escombros de las torres y fueron liberados casi un día después. Ambas destilan, como es lógico, un tono épico, como un intento de insuflar ánimos en una sociedad lastimada y, aunque quizá Stone es más sentimental, no roza el patrioterismo de manual que podría suponerse.  Protagoniza la cinta Nicolas Cage y el guión es de Andrea Berloff  “uno de los mejores que ha caído en mis manos sin haberlo pedido”, explica Oliver Stone, ya que  “es simple y conmovedor”, quizá porque la crudeza de lo sucedido no necesita ni más espectáculo, ni más dramatismo que el que ya posee.  Stone apuntaba en una entrevista: “he abordado la cercanía de la muerte, algo en lo que no piensas hasta que te pasa, que tiene tanto que ver con el atentado de Nueva York como con el de Madrid”. Uno de los libros más interesantes al respecto es Osama Bin Laden y Al Qaeda. El fin de una era, del historiador Juan Avilés, publicado por la editorial La Catarata, en el que se reflexiona sobre lo que supuso para occidente este acto brutal, y las consecuencias históricas que aún hoy estamos padeciendo, en lo que es, a todas luces y en muchos ámbitos, el fin de una era o un cambio de ciclo.

            Las heridas de estas dos ciudades, Madrid y NY, fueron el eje temático de la magnífica exposición en el Torreón de Lozoya, Segovia, y que ahora viajan hacia la sede del Instituto Cervantes de NY,  del pintor Juan Carlos Martín de Vidales, maestro en el arte de la veladura, y del que dijo el poeta José Hierro: “es un artista cuya pintura anda aparentemente indecisa entre la figuración y el informalismo” . Tal vez este juego doble de realidad y abstracción hacen que a pesar de lo contundente de su temática y formas, en las que se funden los trenes y las torres de los dos sucesos, se diluya el dolor, dulcemente, como un bálsamo que desdibuja las aristas más sangrantes, que es lo que debe tratar de ser siempre el arte: memoria y cauterio para el alma.

         Las letras también se han desatado sobre el tema, en volúmenes de diverso cariz. Gerald Posner en su ensayo “Why America Slept” , “Holy War INC”, de Peter Bergen, o Noam Chomsky,  uno de los críticos más implacables de la política internacional americana, con el ensayo “11-9”, por el que ha sido tachado de antiamericano, entre otras decenas de libros. Triste conmemoración en cualquier caso, elegía sobre el polvo que ojalá sea la última, aunque los que destruyen lo vivo no respetan sus representaciones ni en los cuadros, ni en el cine, ni en las líneas que debieran hablar sólo de la vida.   Vivir es, cada vez más, un deporte de riesgo, o un milagro. No lo olvidemos, ni lo desaprovechemos.

 

  

 


26 julio 11

Siempre García Lorca

    

 

Cuando celebramos la triste efeméride del 75 aniversario de la Guerra Civil Española, las mesas de novedades se han llenado de títulos sobre el asunto y temas relacionados. Tal vez el más estremecedor sea el del asesinato del poeta Federico García Lorca, asesinado sólo un mes después del alzamiento militar. Entre mi colección de santos laicos, uno de los mayores, no sólo por su cruel e incomprensible martirio, si no por el ángel de su obra está este genio de las letras hispanas, cuyo cumpleaños celebro, puntualmente, cada 5 de junio. El caso de la obra y la personalidad de Federico García Lorca es de las pocas que resisten la erosión de los años, y permanecen cada vez con la misma vigencia, modernidad y frescura que en su tiempo físico sobre la tierra. Quizá sea esa la prueba irrefutable de la intemporalidad de la obra de un artista, así como de su calidad y universalidad inquebrantable. De haber conocido nuestro recién inaugurado siglo XXI, Lorca se habría sumado, sin duda, a los más modernos movimientos artísticos, como un verdadero creador multimedia, sin dejar de llevar en una mano todo el peso de la tradición cultural previa. Músico, dibujante, dramaturgo y poeta, su genio convertía en maravilla cualquier cosa que hiciera porque su poder era el de la emoción y el encanto. La escritora  Francisca Aguirre, que trabajó durante mucho tiempo con el amigo y discípulo de Lorca, Luis Rosales, y que obtuvo muchas confidencias sobre él,  dice a este respecto“Federico era un poeta prelógico en el sentido griego. Era un genio que vivía y escribía poesía desde la cueva de las ideas, maravillado por las sombras y las luces, con el instrumento único de su instinto y su intuición. Quizá por eso era un poeta genial, porque como sabían los surrealistas, ése era el mejor instrumento de un poeta”. Pero la modernidad de Federico iba más allá de los cánones conocidos hasta ese momento en un poeta. Cosmopolita sin estereotipos, su curiosidad le llevó a indagar en toda clase de culturas como la negra, con sus manifestaciones musicales, ya que fue uno de los primeros poetas que escribe y habla sobre el jazz y el gospell, la cultura cinematográfica, las tradiciones afrocubanas del caribe, y un largo etcétera, todo eso sin olvidar profundizar en las propias raíces de su cultura andaluza y en el flamenco, del que dice Félix Grande, flamencólogo, poeta y ensayista, además de gran conocedor de la obra y la vida de Federico, “fue el que más y mejor entendió el flamenco, tal vez con los menos rudimentos y conocimientos posibles porque Federico sentía el dolor del cante jondo como suyo”.

Haciendo ejercicio de anacronía, Federico García Lorca es uno de los primeros escritores modernos que lleva a cabo lo que hoy en música se denomina “fusión”, con la diferencia de que él lo extrapoló al terreno de la dramaturgia, la poesía y la composición musical con un siglo casi de antelación. Sus libros “Romancero Gitano”, “Poema del Cante Jondo”, o “Poeta en Nueva York”, por poner sólo algún ejemplo, son referenciales en este sentido, y están plagados de vivísimos ejemplos de la aleación prodigiosas de su inteligencia, logradas con sus conocimientos culturales de raíz andaluza, y con los de las culturas ajenas pero también de  honda raigambre como las tradiciones árabes, negras, o precolombinas. Todo esto hizo que, aunque hoy nos parezca extraño, Lorca fuese una figura nacional e internacionalmente reconocida desde su Fuentevaqueros granadino natal a Madrid, de Cádiz a Barcelona,   de Paris a Buenos Aires-donde sedujo a toda la intelectualidad del momento como Victoria y Silvina Ocampo, opacando al complicado Borges que nunca le perdonaría esto-pasando por La Habana o Santiago de Cuba, Nueva York, Santiago de Chile, con la guía de Pablo Neruda, su amigo del alma, Roma o Montevideo. Su notoriedad, la envidia que esto despertaría en los zafios y romos de entendimiento cotemporáneos de la Granada del alzamiento y primeros días de la Guerra Civil española, sería una de las causas fundamentales de una muerte que parecía escrita en el cielo,  como una fatalidad inevitable propia de uno de sus dramas o de una tragedia griega.

 

La fascinación que ejerce Lorca, así como los interrogantes sobre su vida, obra y fatal desenlace, siguen ejerciendo, como un poderoso imán, un reclamo para los lectores de su obra y figura. Tal vez el mejor investigador de los últimos tiempos sobre su obra, después del pionero Agustín Penón, base fundamental de todos los estudios posteriores, incluido los de Ian Gibson, sean los del granadino Miguel Caballero. Varios libros con su firma han aparecido, y todos los recomiendo, como Las Trece Últimas Horas en la vida de García Lorca, editado por La Esfera de Los Libros. Sobre él, ha escrito Antonio Muñoz Molina: “Miguel Caballero no tiene ninguna propensión, ni para bien ni para mal, a los vuelos literarios. Su libro, Las trece últimas horas en la vida de García Lorca, progresa con la monotonía de un informe administrativo, agregando pormenores de lugares, de horas, de nombres, reproduciendo la prosa entre obtusa y criminal de la burocracia fascista, desmenuzando las biografías de cada uno de los verdugos en certificados de nacimiento y defunción y expedientes administrativos, a veces acompañados por fotos borrosas de carné que de pronto nos estremecen porque vemos en ellas las últimas caras que miró antes de morir Federico García Lorca.” Esta es, sin duda, una de las grandes virtudes de este libro y su autor, su minuciosa objetividad, su falta de fantasía literaria cuando los hechos, exhaustivamente contrastados, no lo necesitam. Recomiendo también los libros del mismo autor “La Verdad sobre el Asesinato de García Lorca. Historia de una Familia“, con la historiadora Pilar Góngora, y publicado por Ibersaf, y Lorca en África, por el servicio de publicaciones de la Diputación de Granada.

 

Estoy convencido de que aún nos llevaremos algunas sorpresas sobre su vida y obra, y sobre algunas respuestas que quedan aún sobrevolando sus últimos momentos. Yo creo que Federico García Lorca  es una senda de búsqueda luminosa, para pisar sobre seguro, no sobre sus huellas, sino buscando lo mismo que los grandes buscaron.  Esperar a que el tiempo ponga las cosas en su sitio es el ejercicio más sabio. De Lorca, además, hay que decir que hasta su terrible y dolorosa muerte parecía anunciada en su propia obra.  De él y de la misma, como escribió el propio poeta sobre un muy querido amigo suyo en el libro “Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías”, se puede decir: “Yo canto para luego tu perfil y tu gracia. /La madurez insigne de tu conocimiento./Tu apetencia de muerte y el gusto de tu boca. /La tristeza que tuvo tu valiente alegría. /Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, /un andaluz tan claro, tan rico de aventura. /Yo canto su elegancia con palabras que gimen /y recuerdo una brisa triste por los olivos.” Lo dejo a modo de reflexión, este mes vacacional de agosto, hasta que volvamos a encontranos en septiembre.

 


15 julio 11

Juego de Damas

     

            Que el siglo XXI será un siglo fundamental para la consecución de las metas de las mujeres, aún discriminadas en muchos lugares del mundo, también en la cultura, es tan evidente como que el  anterior fue el terreno abonado de grandes voces femeninas que se alzaron en la reivindicación de sus capacidades intelectuales y creativas, más allá de la impuesta labor reproductiva que les imponía la sociedad. El grupo de las poetas ”Tremendistas”, en plena y durísima posguerra española, y del que decía en tono despectivo cierto poeta olvidado y oficial al que no nombraré, que eran “esas mujeres que se arrancan cuando escriben la matriz y la ponen encima de la mesa”, formado por escritoras de enorme valor y talento como Ángela Figueras, Elena Martín Vivaldi, Concha Zardoya, Gloria Fuertes, Francisca Aguirre o una benjamina Pilar Paz Pasamar, sentaron las bases de ciertas conquistas en el campo de la literatura, desbrozando el camino de otras posteriores.

Hay que celebrar el auge, una vez más, de las voces femeninas de nuestra lengua. No por cuestión de cuotas, sino de calidad y de realidades. A destacar la altura intelectual y literaria  de algunas poetas que están de estreno, como en el caso de la malagueña Eloisa Sánchez Barroso, con el poemario “Al Otro Lado del Silencio”, editado por la Colección Esquío de Poesía, en lo que es un intenso y bellísimo ejercicio de intimidad poética, sincera y descarnada como es toda la obra de esta autora, con verdaderos mimbres de clásico, y sin temer a la desnudez de la emoción en sus formas más puras y directas, con un oficio más que depurado y aquilatado. En este mismo tono, pero en narrativa, recomiendo su novela “El Desencuentro”.  Una narración inusitada y sorprendente, pero también de alto voltaje emocional y literario. Así mismo, sugiero los libros de la poeta canaria Elsa López.  La editorial Hiperión, con su insumergible director, el escritor Jesús Munárriz, editó A mar abierto, una compilación de las obras completas de la poeta desde 1973 hasta 2003, y Travesía, que se alzó con el Premio Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina”. Sobre su poesía, de la difícil sencillez machadiana, dice en el prólogo el poeta Pablo García Baena: “¡Cuanta Vida en sus libros! Naturaleza virgen y profusa que se enlaza con el amor en orografía de rocas, ríos, torrentes; el paisaje es siempre isleño-aún cuando el verso vuele a ciudades agrias de cemento o a países remotos- de ínsula cercada, la ínsula de Elsa por conquistar siempre y a la vez entregada, insobornable y sumisa”.  Pero además, ya lo dije en cierta antología sobre el tema, Mujeres de Carne y Verso,  y sobre ella, Elsa López es una mujer con dos orillas. Atlántica y, por extensión, universal. En ella se aúnan las tradiciones de la mejor poesía española, y la de las grandes maestras latinoamericanas como Alfonsina Storni o Gabriela Mistral.

 

Si nos vamos a la historia más lejana encontraremos bellísimos y contundentes ejemplos de la abnegación con la que las mujeres eran usadas en cuestiones de política internacional, por medio de sus matrimonios, sin importar sentimientos ni otras componendas. El ejemplo más claro está en las hijas y sobrinas de los Reyes Católicos, particular que desgrana magistralmente la escritora catalana María Pilar Queralt del Hierro en su novela “Las Damas del Rey publicado por Roca Editorial. La historiadora María Pilar Queralt regresa a la novela de género, con un viaje por Europa a través de la vida de las hijas de los Reyes Católicos y su política matrimonial, con la que tejieron una red de enlaces que contribuyó a a crear el imperio de su nieto Carlos I. Una época de transición vista a través de los ojos de Manuel el Afortunado, rey de Portugal, y sus tres esposas. Quien haya seguido a esta autora conocerá el preciosismo literario, el cuidado lenguaje que usa, además de una documentación fundamentada, lejos de los pastiches a los que algunos autores de burdoseller contemporáneos nos tienen acostumbrados. Novela pues de altura, recomendable para aprender, disfrutar y saborear nuestro pasado, que no siempre fue mejor, pero si ejemplificador y a tener en cuenta, mucho más de mano de la buena literatura con mayúsculas.

 

 

Recomiendo también la relectura o el redescubrimiento de Carmen Laforet, que sería la primera ganadora de la primerísima edición del premio Nadal con la novela “Nada”, y que tantos encontronazos tuvo con la censura, de la que dice que “fue saludada con gozo por Juan Ramón Jiménez, Azorín, Ramón J. Sender, escritor éste que en cartas cruzadas posteriormente con Carmen, celebraba, también, su modo de ser persona.”. No sería la única relación epistolar que desvelaría sorprendentes datos biográficos de esta autora pionera, como los que recogió en un estudio la profesora de la universidad gaditana Marisol Dorao, sobre la correspondencia entre Laforet y Elena Fortun, madre literaria del personaje Celia,  que entablaron una cómplice y apasionada relación durante los últimos años de esta, muy tristes por su separación, por la incomprensión del cainita mundo literario, y otra heridas profundas. Por eso, llega a decir en una carta a Sender: “Usted se ha olvidado de que vivimos siempre en los pequeños reinos de las Taifas, y que una persona que no está declarada en ninguno de estos reinos belicosos, a la fuerza se la considera como enemiga de todos”. Era el dolor y la verdad de una mujer extraordinaria, una de tantas mujeres extraordinarias que han conseguido que hombres y mujeres de hoy seamos mejores, y cuya obligación es, para no volver atrás, no olvidar sus nombres, sus esfuerzos, sus grandezas y sus obras. 

   

 


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