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26 junio 13

Nueva York después de Muerto

portada NYPocas ciudades tan evocadoras, tan sugestivas literariamente como Nueva York. Su capacidad de evocación está clara en el cine, que es, no nos engañemos, otro género literario con soporte visual, como el teatro, y hay pruebas de esta capacidad de imán en la narrativa y, sin duda en la poesía. La fundamental obra de Federico García Lorca, “Poeta en Nueva York” lo evidencia, así como el libro del santanderino José Hierro,Cuaderno de Nueva York”, dos libros esenciales a los que ahora se suma un tercero, como en toda tríada que se precie con este “Nueva York después de Muerto” del poeta andaluz Antonio Hernández. Alrededor de esta sirena urbana con nombre de ciudad, gira la meditación vital, biográfica y poética de este nuevo libro ya fundamental en el panorama de la poesía española contemporánea.

Observo de un tiempo a esta parte que, las propuestas más rompedoras  en poesía, no vienen, como debieran, de la mano de los poetas jóvenes, sino de los mayores. Sin citar a nadie, para no levantar suspicacias, he de decir que, este libro de Antonio Hernández es un ejemplo claro de propuesta radical, en sentido etimológico, tanto de raíz literaria, como de  propuesta extrema. Un disparo a bocajarro de la conciencia, de la sensibilidad y del oficio de escribir. Los bríos de sus versos y contenido en este poemario serían más propios de un enfant terrible que cante sin prevenciones las verdades del barquero, pero su quehacer es el de un autor ya hecho, con la maestría y el poso de lo vivido y escrito. Nueva York después de Muerto, nace del difícil compromiso del poeta con su amigo Luis Rosales, como explica en la justificación de la obra: “mi maestro, me dijo un día, antes de dejarlo escrito, que quería terminar su obra con un trilogía titulada Nueva York después de muerto; que en ese texto quería hablar del exilio, del problema de la gran ciudad, de la lucha de clases y de razas así como de otros conflictos que agobian al hombre. Y que lo que representaba para él Nueva York era, grosso modo, la mecanización, el automatismo de la vida, la desigualdad entre distintas razas, el imparable avance del mestizaje…y, obviamente, Federico.” La enfermedad y poco después la muerte impidió a Rosales el cumplimiento de esta obra pero comprometió a su discípulo entonces, Antonio Hernández, la realización de la misma, con confidencias e información que se ven reflejados ahora en este libro silente muchos años con el sueño de la prudencia.

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Es éste un libro importante. Tanto por su revolucionaria concepción, como por la madurez poética y talento de su autor. Un libro insertado en eso que Octavio Paz o Ernesto Cardenal llamaron “la poesía total”, y que tanto interesó a Rosales, que suponía la asunción en lo poético de los recursos y técnicas de otros géneros como la narrativa, el teatro o el cine. Poesía que sin perder la cadencia musical de la rima, aportase nuevas fuerzas y técnicas de géneros ajenos. Antonio Hernández  va incluso un poco más lejos, incorporando recursos propios del periodismo, con la aportación de datos, fechas, noticias…Dividido en tres partes, de forma aristotélica y su preceptiva, pero sobretodo como homenaje a esta trilogía comprometida por Luis Rosales, el poemario como la santísima Trinidad es trígono y uno; a saber: en él están entre otras las voces de Luis Rosales, de Lorca y de Nueva York, con su silbo de sirena simbólica, pero quien las unifica en su misterio, es la voz reconocible y única en nuestra poesía de hoy, de Antonio Hernández. Una poesía más relacionada con los americanos citados con anterioridad, de la llamada “poesía total”, si no fuese porque en este poema cántico, a la forma del coro griego en el que muchas voces se convierten en una sola voz, asoma la tradición andaluza más universal de la que Hernández es claro ejemplo. En la metafísica paseante de estos versos sobrecogedores, aparece la reflexión filosófica de un senequismo contemporáneo como cuando dice: “Recordar, recordar, cangrejo de las lágrimas.” Otro apunte de los tantos de esta poética pulsión meditadora sería: “Pero así es la vida, así: la paradoja./Como dicen que el Caos se ordena en la Felicidad,/en donde hay desdicha, hay materia sagrada./¿No hay que sacar las cosas de quicio, no, señor?/Hasta el ombligo en el gozo, hasta lo hondo,/hasta lo más hondo del corazón en la tristeza./Incluso Dios. En Luzbel, en lo que más quería.” Lorca y su tragedia están presentes, como buena parte de nuestra más negra y luminosa historia, que marcó a Rosales y también a nosotros como pueblo, como una nueva épica emocional en el fragmento que se inicia “El azar tiene la sangre fría” y continúa: Únicamente necesita/tener a un tonto cerca, a un/asesino cerca, a un infeliz/para hacerlo feliz por un día,/o a un ser angelical, o a un genio/para que nunca más utilice sus alas.” En estos versos, y en su reflexión, se retrata la culpabilidad de toda una sociedad ante la muerte del poeta de Granada: “Nada más duro que una tentación/que es libertad en otro. El tiro más letal/lo da la cobardía.” Pero también aparece el Lorca riente, vivo e ilusionado por un joven, Juan Ramírez “enamorado triste/y que acusó con las manos alzadas,/como dimensionando su estupor,/a una homofobia crucificadora/en capuletos y montescos/y que al desheredado por amor/de blasón y de hacienda,/ fue él, Luis Rosales,/quien lo llevó de crítico/de arte a un diario de Madrid/porque no le faltara/el pan, la dignidad,/y a Federico/un corazón latiendo todavía/cuando ya estaba muerto.”

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Queda Rosales ensalzado en la voz de Hernández, en sus versos, memorialísticos casi, como en el fragmento que se inicia “Me acusaron de todo,/ (…)Me han insultado en todos los idiomas”. Y sin embargo, en la resonancia de la ciudad totémica, Nueva York se funden todas las voces, y la propia absolución del sufrimiento del poeta Rosales cuando pregunta Hernández con su propia voz: “¿Y no has visto, maestro, a Federico,/no estará entre las nubes su tumba?”. Un libro ya esencial, rompedor y heridor, como suele ser la belleza, que decía Platón era “el esplendor de la verdad”. Una poesía insólita y brillante, totalizadora de géneros y emociones en la que se demuestra que no todo está dicho ni escrito. Aquí la poesía de Antonio Hernández se faja y se confirma como digno hijo de sus mayores, pero dueño de su propia e inconfundible voz. Como cierra la segunda parte del  libro: “Pero hasta ahora es él, Antonio a quemarropa.”

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Un libro que debiera formar parte del imaginario y las bibliotecas de la tribu poética hispana, a pesar del cainismo que impera en dicha grey, y que huele ya a Premio nacional de Poesía. Pocos libros son capaces de conmover, de herir de verdad y belleza, incluso de cambiar la vida del lector, si este entiende la liturgia de la poesía de un modo profundo, como este “Nueva York después de Muerto” del poeta de Arcos de la Frontera Antonio Hernández.

 

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05 junio 13

Lorca y el Premio Internacional de Novela Ciudad de Zaragoza

 

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los-amores-oscurosUn 5 de junio de 1898 nacía para la posteridad el andaluz universal Federico García Lorca. Muy pocas voces tan reconocibles en el mundo de nuestra cultura. Quizá la más afamada y prestigiosa, después de Cervantes. Lorca y Zaragoza, me han traído mucha fortuna y, gracias a la novela Los Amores Oscuros, uno de los reconocimientos más importantes de mi carrera con este Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza. Un premio del que me enorgullezco por estar entre los premiados figuras como Doctorow, Ben Pastor, Luis García Jambrina, Noah Gordon o Lindsay Davis. Con el motivo del cumpleaños de Federico, y de esta distinción, me van a permitir dejar plasmado en este blog algunas de las consideraciones hechas sobre la novela histórica, sobre esta historia lorquiana en Los Amores Oscuros, que pronuncié en el Salón de Plenos del Excelentísimo Ayuntamiento de Zaragoza, al recoger dicha distinción.

 

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          Muchas son las preceptivas y cánones que se han aplicado al género denominado Histórico. Tantos que, a menudo, algunos de los estudiosos más reduccionistas lo han considerado un subgénero si no fuera porque, algunos de los nombres más importantes de las Letras Universales han escritos obras fundamentales de la narrativa y la literatura. Desde Walter Scott a Tolstói, de Flaubert a Robert Graves, de Marguerite Yourcernar a Naguib Mahfouz, de Manuel Mújica Laínez a Umberto Eco, de Alejo Carpentier a Mario Vargas Llosa, de Charles Dickens a Gabriel García Márquez, y así un largo etcétera de los astros  más rutilantes de las constelaciones literarias que han dado al mundo un puñado de libros sencillamente esenciales para entender nuestra naturaleza, nuestro devenir, lo mejor y lo peor de lo que somos, de la forma más hermosa y emocionante posible. Estos nombres y argumentos  invalidan los prejuicios que se ha tenido desde el mundo académico por esta fórmula literaria. Bien es cierto que, al mismo, además de la miopía de algunos críticos, han contribuido la ristra de autores que han buscado la fórmula del bestseller, como si esto existiera,  en argumentos pseudohistóricos, pastiches sin cimentación documental y, lo que es más grave, sin ningún brillo o temblor literario, sin ningún afán por la reconstrucción del espíritu de una época, sin la emoción y la verdad de unos personajes psicológica y emocionalmente vivos.  Aunque  hay quien circunscribe el género histórico al siglo XIX y los modos de la literatura romántica, es preciso recordar que, desde la antigüedad grecolatina, la historia era también un género literario que usaba tanto de la poesía, como de la prosa o del tratado, indistintamente, pero siempre con la exigencia del estilo literario más depurado, y la obligación de contrastar, incluso cuando se referían a hechos pseudomitológicos, los datos históricos en las fuentes y tradiciones. Autores como Estrabón, Herodoto, Tito Livio, Julio César, Plinio o Suetonio se enmarcarían en esta tradición mucho más antigua que la que indican ciertos estudiosos. Creo que, llegados a este punto, debemos ser ambiciosos, como lo fueron antes otros, y empezar a incorporar  recursos a este género que lo enriquezcan y ensanchen.

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         A finales de 2010 llegó a mí, gracias a un amigo médico, la historia de este hombre excepcional, llamado Juan Ramírez de Lucas con el que yo había coincidido vagamente en las entregas de premios de ABC donde entonces yo trabajaba como cronista cultural. He de decir que, como la confidente de él en esta novela, Los Amores oscuros,  no quise creer al principio. Esa pregunta que llevaban décadas haciéndose los estudiosos y los apasionados de la obra y la vida de Lorca, como yo, ¿por qué no se fue a México como estaba proyectado y le aconsejaron muchos de sus amigos en aquellos meses terribles previos a la Guerra Civil? tuviese una respuesta tan sencilla. Tan complicada a la vez: Estaba profundamente enamorado y no estaba dispuesto a marcharse sin este amor. Recordé entonces aquel pasaje del maravilloso libro de Agustín Penón, y su investigación de 1955, en el que se le citaba, con nombre y apellido como “la última ilusión amorosa de Federico”. Apuntaba ya Penón que esta pudo ser la razón de la postergación del viaje y, ahora, sabemos que, efectivamente, acertó, también en esto. Pronto tuve en mis manos la inédita carta estremecedora de Federico de tres folios, fechada el 18 de julio de 1936, además de un romance inédito de mayo del 1935, en el que el lenguaje es el mismo de los famosos Sonetos del Amor Oscuro, cuya expresión, literal, aparece en dicho poema. También dibujos y dedicatorias, y dos diarios, con datos corregidos, guardados celosamente durante 75 años.

          Fundamental en la reconstrucción de esta historia fue la familia Ucelay-Ruiz-Castillo, en especial su nieto, el catedrático Javier Ruiz-Castillo Ucelay, en los recuerdos de sus abuelos, sobre la labor intelectual que ahora se ponen en primera línea. Su tía, Margarita Ucelay, que aún vive, propició los primeros estudios sobre Lorca en Nueva York, creando la primera  cátedra lorquiana, con el apoyo de Zenobia Camprubí, esposa de Juan Ramón Jiménez en la neoyorkina universidad de Columbia. Ella se llevó el único texto que existía de Amor con Don Perlimplín, y ayudó a la familia de Federico a instalarse en EEUU y conseguir trabajo, entre los restos de la memoria, recuerdos y vivencias del poeta. Fue por esta razón que del planteamiento inicial de convertir mi investigación en ensayo, saltase a la idea de la novela.   Incluso por su naturaleza, elegí, finalmente, la forma de la llamada Novela testimonio, que consolidara Capote en su fundamental A sangre Fría, que fijó magistralmente el canon de este tipo de narración. Esta modalidad narrativa, también llamada Relato Real, me permitía por su carácter híbrido de investigación histórica, ensayo, divulgación periodísitica, y novela de tesis pura, la construcción psicológica de unos personajes reales, muy significados históricamente, y un tiempo demasiado cercano, dolorosamente, al nuestro. Algunos de los maestros a los que admiro y he tenido la suerte de tratar han cosechado este género narrativo. Desde García Márquez en Crónica de una muerte anunciada o El Otoño del patriarca, a Mario Vargas Llosa en La guerra del fin del mundo, El Sueño del Celta o en La Fiesta del Chivo.

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          Abrumado aún por el honor de haber sido galardonado con este premio, he agradecido en primer lugar a mis cómplices en este trabajo de investigación que ha subyacido en la novela, indispensables para haber sacado a la luz una historia tan desconocida hasta el momento sobre la biografía de García Lorca, que dio la vuelta al mundo no sólo en la prensa del país, sino también en la extranjera, del inglés The Guardian, al americano New York Times. Ya estaba casi recuperado de esta borrachera de medios cuando ha llegado a mí esta distinción del Premio Internacional de Novela Ciudad de Zaragoza que me honra y del que me siento honrado por engrosar la nómina de nombres fundamentales de la narrativa histórica, tanto en su categoría de Premiado de Honor como en el del mejor libro del género del año. Estar junto a maestros de la categoría de Noah Gordon, Lindsay Davis, Doctorow, Manfredi, Antonio Gala, Jambrina, Antonio Garrido, Jesús Sánchez Adalid,  o Pérez Reverte es ya un premio en sí. Ya había sido finalista en dos ocasiones anteriores y, os aseguro, que estar en esas ternas era ya un enorme galardón. Sin lugar a dudas, el hecho de haber sido premiado, con este libro tan complicado por el trabajo documental que encierra, por la apuesta de meterme en la piel de figuras tan significadas de nuestra cultura como Lorca, Azaña, Alberti-al que yo conocí y tuve por amigo-, Ortega, entre un largo rosario de los nombres más importantes de nuestra cultura reciente, de reconstruir el convulso y riquísimo mundo de capitales como Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia en los días de la República y previos a la Guerra Civil Española, y sin renunciar a la exigencia literaria de los maestros que he nombrado y me precedieron, sin avergonzarlos, resulta un doble galardón. Mucho más cuando este premio Ciudad de Zaragoza se ha convertido por la pluralidad y diversidad de apuestas en los premiados, fruto de la insobornable dureza y rigor de sus jurados, en un referente no sólo nacional, sino internacional. Animo a continuar por esta senda, y a desoír, en momentos en los que el argumento de la crisis es también un ariete para demoler la cultura, a no decaer ni ceder a las trampas de los que, en realidad, sólo buscan el corto plazo, el bien personal, el mediocre corralito intelectual, frente a la necesidad de que la cultura sea una cuestión de interés general. Aquello que somos, que nos explica, que quedará, incluso, cuando ya no estemos.  Zaragoza ha vivido sus mayores momentos de esplendor cuando se ha abierto al mundo. Esto sucedió al convertirse en emporio romano, en la época andalusí, en el renacimiento y como no, con el descubrimiento de América que la hizo capital de la Hispanidad. Después de la grisura del franquismo, Zaragoza ha invertido con iniciativas consolidadas como este premio, en seguir siendo una referencia internacional. Lo he vivido como ponente y como periodista en la pasada Expo del Agua, que hizo que la organización de las exposiciones mundiales tomase de la iniciativa zaragozana el ejemplo de que la cultura, tanto en programas de conferencias, lecturas, e iniciativas teatrales, musicales, etcétera, de la que fue acto nuclear la entrega del premio de Novela Histórica, fuesen referenciales y contasen para las futuras exposiciones.  Piensen que, algunos de los escritores más importantes del mundo, llevan en las solapas de sus libros, vendidos por millones y en muchos países e idiomas, el nombre de este premio y el de esta ciudad de Zaragoza. Como diría el propio Federico García Lorca “los libros son tan necesarios como el pan”. Apostar por ellos y no contra ellos, sea cual sea el pretexto o la excusa, es también una declaración de principios y una carta de naturaleza a la que Zaragoza, sus ciudadanos y la corporación que rige su gobierno, no debe ni puede ceder.

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          He querido dejar para el final los agradecimientos a propósito, y seré breve en ello porque aunque “a las cosas del amor le sienta bien su poquito de exageración”, que dice Machado, no quiero agotarles más con mi perorata. Este trabajo hubiera sido imposible sin todos los que han colaborado en mi investigación, desde los primeros amigos que me hicieron llegar los documentos a mi agente literario, Ángeles Martín, los que supieron y me alentaron en continuar con la investigación, amigos y familiares, pasando por todos los confidentes, que tan generosamente me hicieron partícipe de secretos guardados en el dolor y en el tiempo durante décadas. A la editorial Temas de Hoy, en particular a las editoras  Belén López Celada, Raquel Gisbert, y el equipo de prensa, que apostó por esta historia nada convencional, y que ha sabido hacer frente a la avalancha informativa que suscitó. A los medios, que se han hecho eco dentro y fuera del país de esta historia llena de descubrimientos, de intensidad y de pasiones. A Francisco Quintero, cómplice de muchas noches de insomnio a la búsqueda de la palabra exacta, de la frase que transmitiese las emociones de esta historia. Ya lo dijo el Clásico: Amor Omnia Vincit. No quiero dejar de nombrar, sin nombrarlos por su deseo de discreción, a los amigos de Vicente Aleixandre, Luis Rosales y Rafael Alberti, partícipes de la relación, que me confirmaron muchos detalles de la misma. A los miembros del jurado, algunos conocidos de la común lucha porque la cultura no sea un mero pretexto sino un valor en sí, otros desconocidos salvo por la intimidad que produce la lectura en la admiración de la obra de otro, todos personas de reconocido prestigio y rigor que han querido otorgarme por unanimidad, cosa que sé no es habitual en este galardón, el premio de este año. También a todos los escritores que han ayudado a consolidar este premio con el peso que hoy tiene, bien desde su intachable labor como jurados, bien como receptores del honor de dicha distinción. A los lectores, interlocutores necesarios a los que acaba perteneciendo cada libro, cada historia, cada pensamiento, multiplicados por los suyos. Y en último lugar, pero más importante, a la ciudad de Zaragoza y su gente, cuyo nombre ha de figurar ya, con orgullo, en el periplo de mi vida y de mi trabajo. Aseguraba el filósofo Descartes que “la lectura es una conversación con los hombres más ilustres de los siglos pasados”. Mucho más añado yo, si la materia de esa lectura es el alma, las circunstancias de su historia, que es la nuestra. No permitamos que esa conversación con esos ilustres hombres del pasado se interrumpa. Ahora es más necesaria que nunca. ¡Feliz Cumpleaños Federico!

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14 mayo 13

Semana de la Copla de Plasencia.

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Hay en Extremadura una trabajadora incansable por la dignificación del género de la copla con el nombre de Pilar Boyero. Empresaria, periodista-con uno de los programas de más éxito de la radio pública Extremeña con el nombre de “Soy lo Prohibido”-, y cantante de poderío y talento innegable, hace ya varios años que se embarcó en la aventura de unas jornadas, con el también extremeño Maestro Solano como centro, en el que se debatiese sobre el género musical con seriedad. Este año, el ámbito de actuación de estas jornadas ha sido la monumental ciudad de Plasencia, aunque también ha habido algunas actividades en Mérida, Cáceres y Badajoz. Una vez más el Maestro Solano, último y talentoso colaborador de Rafael de León, ha sido uno de sus protagonistas, con una magnífica exposición fotográfica que aún puede visitarse en el Salón Hebraico del Centro Cultural Las Claras de Plasencia.  Diversas actividades han ocupado estas jornadas, entre programas radiofónicos en directo, recordemos que la copla y la radio nacen casi a la par en nuestro país y sirvió para popularizar el género, talleres, conciertos y conferencias, en las que han participado la especialista en el mundo del flamenco y cantaora Raquel Cantero, el músico y cantante Aurelio Gallardo, que ha llevado además la dirección musical de las jornadas, o la cantante Clara Montes, entre otros. Tal vez una de las actividades más sorprendentes sea el trabajo con enfermos de Alzheimer que, curiosamente, por los terribles estragos que causa la enfermedad, son incapaces de reconocer a sus seres más queridos y, sin embargo, recuerdan enteras las letras de canciones como “María de la O” o “Tatuaje”.

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He de decir que uno de los actos también más emocionantes para mí ha sido el de la clausura de los cursos de la Universidad de mayores de Extremadura que, por fin, reconoce la copla, por primera vez en un ámbito académico español, el género de la copla como se merece. No es de extrañar cuando, fue también en Extremadura, antes que en ningún otro sitio, donde Antonio Machado Álvarez, “Demófilo”, padre intelectual de la copla, crease la primera cátedra de estudios sobre el flamenco, también menospreciado por la intelectualidad a principios de siglo y hasta hace muy poco. Autores e intérpretes de la copla han sido también protagonistas que encarnarían las luces y sombras, la tragedia de la España que reflejan sus canciones, en nuestra reciente historia. Mucho se escribe y discrepa al respecto de este género musical enraizado literariamente con las más profundas tradiciones literarias hispánicas, pero poco con profundidad y hondura. Uno de los más significativos, y de los que se habló en las jornadas lo podemos encontrar en  la biografía de Miguel de Molina, “Botín de Guerra”, o la autobiografía menos conocida del escritor argentino de ascendencia andaluza Salvador Valverde, que iluminan aspectos desconocidos y sorprendentes para la época de lo que supuso la copla en el periodo  de la República, y luego durante la penosa Guerra Civil y la tremebunda posguerra.   Denostada por muchos, admirada por otros,  el desconocimiento y el desprecio de lo que se ignora llevó a parte de la intelectualidad contemporánea a tachar de “franquista” un género que, en realidad, era la primera canción protesta española, y trasunto de muchas injusticias y desigualdades con las que se despachaban, sin enterarse, los miopes censores del Régimen.

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Por  explicar algunas peculiaridades de la copla decir que a finales del  diecinueve tanto la Generación del 98 como el Modernismo van a contribuir en la práctica al nacimiento del género musical de la Copla. Fundamental será  Antonio Machado Álvarez, “Demófilo”, padre de los hermanos Antonio y Manuel Machado, a los que inculcará el amor por la tradición oral y la música flamenca. Influido por el Krausismo, que impregnara desde la Institución Libre de Enseñanza a todo el 27, se decide a investigar sobre las tradiciones musicales y poéticas españolas, desde su cátedra de Sevilla, que le ayuda a entender el verdadero sentido del folklorismo, es decir, del estudio del Flok-lore, que etimológicamente significa “El alma de los pueblos” tan alejado del sentido peyorativo que iría impregnando el término en la deriva histórica, relacionándolo con “la España de la pandereta”. En este ambiente están también involucrados  músicos como Manuel de Falla, Isaac Albéniz, Enrique Granados, Pau Casals, que se implican totalmente en este estudio e incluyen temas, canciones, ritmos, en sus propias composiciones sinfónicas. Falla, incluirá baile flamenco en sus piezas sinfónicas como “El Amor Brujo” a cargo de la bailaora Antonia Mercé y un jovencísimo Miguel de Molina que debutó como bailarín en esta obra, y no como cantante; también irá por el Sacromonte y Granada, con su amigo y discípulo Federico García Lorca, recogiendo canciones y tradiciones que luego éste plasmará en libros como “Romancero Gitano”, o “Poema del Cante Jondo”, así como en muchas de sus piezas teatrales, canciones como “la tarara”, o “el vito”, que forma parte del acervo popular y tradicional y que llegó a cantar, incluso en Nueva York, la cantaora Encarnación López, junto con canciones y poemas de Federico de inspiración oral. Muchos flamencos se negaron a aceptar que la copla estuviese emparentada con el cante jondo y, sin embargo, desde sus inicios, reputados intelectuales, como el padre de los Machado, Demófilo, grandes músicos como Falla o Granados, y prácticamente toda la Generación del 27, con Lorca y Alberti a la cabeza, demuestran que su revitalización, su auge y puesta en valor están unidas. Es más, en muchas de las grandes coplas, los arreglos musicales y sus compases, son los mismo que los de los grandes palos flamencos: zambras, soleares, peteneras, alegrías, tarantos, tangos, bulerías, etc. La diferenciación del género de la “Copla”, aunque tenga raíces comunes con el flamenco, y sus características, viene marcada por la exigencia de que en ella tiene que haber una exposición, un nudo y un desenlace. No en vano su nombre, el nombre de “copla”, proviene de la palabra latina “cópula” que significa “unión”, o “lazo”. Nace así un género que se convierte en una especie de novela cantada, hecho por el que, probablemente, alcance su gran difusión y éxito en poco tiempo. Su abolengo literario tiene, a pesar de la juventud del género musical, una genealogía tan milenaria como el flamenco ya que la Copla es un género poético de arte menor en octosílabos u heptasílabos, que utilizaron autores como el Marqués de Santillana, a finales del siglo XIV, o el propio Jorge Manrique y su famosa obra poética que, no en vano, sino por la forma métrica, se llama “Coplas por la muerte de su Padre”. Las grandes ciudades españolas experimentan en los veinte y treinta cierta bonanza económica que se traduce en cafés, fiestas, casinos, y lugares de esparcimiento intelectual, afectivo y artístico, y de intercambio de ideas con creadores y personas diversas de otros contextos culturales. En estos ambientes cosmopolitas, donde las cupletistas se mezclan con poetas y filósofos, con políticos y bailaoras, con militares y toreros, la copla, prestigiada literariamente, va a encontrar sus primeros soportes musicales en el flamenco, cantado por Carmen Amaya, desde el famoso “Colmao de Villa Rosa”, aunque su primera gran baza es el pasodoble, que se populariza rápidamente desde sus orígenes valencianos, y da lugar a las primeras grandes coplas. El primer pasodoble de éxito que se conoce, la primera copla en realidad,  es “Suspiros de España” del maestro Antonio Álvarez Alonso, que se estrena en 1902, y al que le pone letra su amigo José Antonio Álvarez, que se sabe con precisión que lo estrenó la banda de la Marina de Cartagena el día del Corpus de ese año, y que se convertiría en lema de los exiliados después de la Guerra Civil.

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Todos los creadores y generaciones literarias desde los modernistas, a los autores del 98, pasando por los poetas del 27, se reúnen y viven, gozan y sufren, escriben y se hacen alrededor de estos lugares, donde la copla comienza su reinado imbatible. Sorprenderá a muchos todo esto, no directamente relacionado con las peinetas, los faralaes, y las historias de folklóricas, e imposible de resumir en un par de páginas. La copla guarda esencias de siglos, además de ser el telón de fondo y el trasunto de tragedias de más de un siglo de la historia reciente de España, además de una de las pocas cosas que tenían en común y escuchaban las desventuradas y enfrentadas “Dos Españas”. Tal vez por esa razón la copla se identifique tanto con el alma de fiesta y tragedia española, y fuese lapidaria la letra de la primera copla conocida, “Suspiros de España”, como si fuera una alegoría de este género musical unido a sus historia, cuando dice: “Tierra gloriosa de mi querer/tierra bendita de perfume y pasión/España en toda flor a tus pies/suspira un corazón./Ay de mi, pena mortal/porqué me alejo España de ti/porqué me arrancan de mi rosal”, como una premonición cantada de todos los pesares y los exilios. Un género musical vivo, preñado de vida, un ser vivo en sí, con mucha cuerda todavía y mucho que contar y desentrañar.

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29 abril 13

El Mánager de la Lluvia.

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Hace más de 20 años que empecé a publicar libros de poemas, novela, teatro, ensayo, etc. Desde hace casi dos décadas he sumado mis colaboraciones en medios de prensa escrita y digital a la celebración del Día del Libro el pasado 23 de abril. Algún amigo me ha comentado y señalado el silencio de esta ocasión. Muchas son las razones por las que he roto mi propia tradición. Desde las medidas políticas de persecución al mundo de la cultura, con el famoso 21% del IVA  sobre los bienes culturales: libros, discos, películas, entradas de cine, teatro… a la situación de estercolero del mundo intelectual, achantado por el miedo a significarse en el momento más necesario, y por los intereses editoriales que ensalzan a perfectos necios-dicho suavemente- en detrimento de escritores serios. Creo que, y para no entrar en la galerna interior, es la mejor forma de argumentar mi silencio ante el día del libro, que este año ha sido día de duelo.

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          Como hay quienes celebramos, a pesar de lo luctuoso de los tiempos el día de la cultura y de los libros  cada uno de los 365, voy a volver de “mi corazón a mis asuntos”, que decía el clásico, para recomendar buena poesía contemporánea. Un libro El Mánager de la Lluvia que se presenta en estos días en la ciudad de Granada. No está de moda hablar de la inspiración, ni del don poético. De ése regalo que para el mundo antiguo significaba poseer el don de la poesía, gemelo al de la profecía. El cinismo imperante y la desesperanza ambiente se han enseñoreado soberanas del mundo de hoy como si no fuese posible la maravilla. Y sin embargo el milagro sucede a diario, como la lluvia, en algún lugar de este planeta. Aseguraban los poetas andalusíes que “la lluvia es el regalo del cielo” y ahora los escritores Dolors Alberola y Víctor Alija, en cierta medida herederos también de esa tradición,  se han erigido en su representante o, para ser más exactos, en los “mánagers” de este líquido regalo literario. Quiero empezar diciendo que, aunque no esté de moda, pocas personas he conocido con mayor dotación metafórica, con más capacidad poética que Dolors Alberola y Víctor Alija. Pocas personas tan caudalosas en sugestiones literarias y capaces de dar cauce al torrente creativo que les bulle desde lo más profundo de su ser como un manantial de literatura. Esta naturaleza sagrada de la palabra que enarbolan  estos escritores y, sin embargo amigos, no excluye un descreimiento de lo acomodaticiamente religioso, en la acepción más ramplona y de andar por casa de las relaciones de lo humano con el misterio que presuponen las religiones. Un poeta de verdad, como en el caso del que hablamos, no necesita intermediarios con lo sagrado. No necesita iglesias, obispos, interventores ni contables. Él sólo se vale para ser portavoz, o mánager o víctima o dueño de su voz y sus condenas,  de sus silencios y sus fulgores.

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          Podría parecer, a priori, que estos dos caudales juntos chocasen, es habitual en un hábitat como el literario tan proclive a lo pantanoso y, sin embargo, sus pulsos se han unido como un solo río en un cauce poderoso de voces únicas. Este libro, El Mánager de la Lluvia, es algo más que un libro escrito a cuatro manos.  Es un ejercicio coral, y volvemos una vez más al mundo antiguo grecolatino, cuna y no por repetido menos verdad, de la cultura y madre nutricia de la literatura universal. Digo que es un ejercicio coral porque sus autores han tenido la sapiencia y la humildad de unir sus voces en un solo canto, como hacía el coro griego. No hay vanidad alguna y sí mucha conciencia de que lo importante es la obra bien hecha y entregada a los otros, indistinta, multiplicada por el otro y por los otros, como una nueva labor de juglaría.

        Victoralija

Todo el libro es, en realidad, un solo canto dividido en fragmentos, a veces titulados e individualizados en sus epígrafes, otras como una especie de epigrama o prosa poética, prosía, que lo llamaría Lorca,  y siempre bajo la firma colegiada pero sin diferenciar de los dos poetas. En las polifonías de estas voces, compuestas por varias, se consigue un solo cántico en el que, los oídos más atentos, distinguirán una miríada de matices y formas distintas de sumar, en las voces diversas, una misma emoción, un mismo impulso, un solo latido tendido sobre el mundo, como la lluvia. Quizá por esta razón en uno de los poemas, titulado “No sabemos sumar”,  dicen sus autores:

“Nada aprendimos, nada. No sabemos sumar.

Sale el mundo a la calle para pedir un giro

y el bombo nos señala la lotería absurda del desastre,

el número de goles que marcaron

en campo nunca nuestro,

la cantidad al cambio

que guardamos en cajas extranjeras,

lo que pueden ganar los bancos con la usura…

Han sido –la cantinela de algún presentador- cuatrocientos

los que inundaron hoy las plazas de Madrid.

Y Madrid en su asombro, y la Cibeles

y el Museo del Prado y los teatros,

contemplan abismados, creyendo que hablan de otra

Madrid, de otra ciudad, de un pueblo pequeñito cuyo nombre

remedara su nombre, de algún villorrio al uso… porque no, su ciudad

no contuvo esa tarde tan sólo cuatrocientos

gritos de horror, no oyó,

cuatrocientas plegarias por el cambio, no escuchó,

cuatrocientas canciones de no guerra… no fue allí.

No sabemos contar ni narrar ni entender

y la vida nos resta su futuro.”

         Significo este fragmento de un poema magnífico porque, en la confusión de voces se erige la denuncia y la palabra poética, no como un panfleto, sino como ejercicio de compromiso con la belleza. Una forma ética y estética de entender el mundo y descubrirse en sus demonios, que son en realidad los demonios del hombre, enfrentándonos a ellos, exorcizándonos en ellos. Quizá por eso la elección de la lluvia como metáfora, como símbolo que hilvane y titule este libro. Porque también la lluvia es capaz de significarse con la individualidad de una gota,  de una voz, o de dos, en este caso, pero consigue su fuerza arrolladora, capaz de moldear la piedra de las consciencias,  en la suma de sus individualidades.

     Dolors-Ca03

    Pero de nuevo la colectividad vuelve a emerger como un río sagrado que hay que vadear, vivo o muerto,  como un “Ganges”. Como denuncia, como deseo de lucha contra el desiderátum, contra esa especie de destino trágico e inexorable del que es posible escapar con voluntad, con obstinación en la verdad poética, con rabia incluso:

“No hay agua suficiente en las bocas hambrientas

de quienes vierten su saliva sobre el Ganges,

donde purificar los actos amedrentados del Señor

y de sus monedas viejas de cobre.

Si llovieran piedras, incluso,

los cadáveres seguirían su curso a la deriva

hacia una Grecia de sillones de piel y pan de oro.”

         VictorAlijasombrero

Para ser conscientes de esta galerna poética y de compromiso que desatan Dolors Alberola y Víctor Alija entre estas páginas, sabedores de que, como decía el clásico, “cuando los dioses te regalan un don, te espolean con un látigo”, sólo hay que leer el poema que da título al libro. Me permito repetir lo por su brevedad y contundencia, íntegro, y que es una verdadera declaración de intenciones, una poética, una preceptiva que va desde lo estético a lo ético, como un verdadero manifiesto, como una carta de naturaleza. Este poema, “El mánager de la lluvia”,  que rubrica también el frontispicio del libro, golpea de forma lapidaria el pensamiento y los sentidos:

“El manager de la lluvia blandía la pluma

como quien osa hacer diana a tan sólo dos centímetros

de absurda y cruel distancia.

Las nucas, jóvenes y tersas, cargaban una vez más

la lisonja premeditada de quien aquí y allá

firma el futuro creyéndose hacedor

del Libro de las religiones de los desesperados.

No hay destino. Todos quedamos bautizados bajo el ácido de esta lluvia

malherida en la fe y la palabra.

Pasan lista; el manager de la lluvia

observa altivo y discreto. Él es quien hereda

La Inquisición de los malditos.

El mar un hito…

Nos sumergimos bajo el peso de la conciencia.”

         Este es el peso específico y poético de este libro y de estos dos autores, Dolors Alberola y Víctor Alija: el de la gravedad. Ése mismo peso de la lluvia que, pareciéndonos livianos, nos cala y entumece, nos da la vida y nos enferma al mismo tiempo. Un libro que golpea sutil e imparable contra los cristales de nuestros invernaderos. Que no nos deja ilesos de su humedad y sus mensajes, porque la emoción es una tormenta que siempre nos alcanza, bien con la fulminante contundencia del rayo, o con la imparable constancia de la lluvia. Tengo la consciencia de que, más que Mánager de la Lluvia, Dolors Alberola y Víctor Alija son dos pájaros heridos en esta inclemencia de vivir sintiendo cada gota de vida.

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18 abril 13

Café de Levante.

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Hace muchos años que conozco a la diseñadora Teresa Torres. No sólo es uno de los pocos y leales afectos que conservo en Cádiz, sino una de las joyas en cuanto talento y sensibilidad cultural que habita en aquella ciudad de mi juventud e inicios literarios. La conocí de la mano del escritor  Fernando Quiñones, y fue en su Café de Levante donde leí algunos de mis primeros versos.

          Trabajadora incansable y agitadora cultural apasionada, tuvo el buen gusto de poner a su café el mismo nombre del mítico Café de Levante que alrededor de 1900 agitó también los cimientos flamencos, literarios, políticos y artísticos de aquel Cádiz de final y principio de un siglo, que fue evocado en otros míticos cafés madrileños del mismo nombre. En estas turbulencias finiséculas e históricas, los lugares de encuentros de toda índole: intelectual, político, artístico o sexual, donde se respira el mayor nivel de aperturas y libertades, así como cosmopolitismo y mezcla de clases sociales, serán los Cafés de marineros y los cafés cantantes, lugares donde al son de canciones, cuplés, habaneras y las primeras coplas, se reunían los jóvenes creadores, y daban rienda suelta a sus inquietudes de todo tipo, rondados por posibilidades menos pacatas y alejadas de los constreñimientos morales o religiosos, así como mujeres u hombres más desprejuiciados afectiva y sexualmente. Marineros, poetas, políticos, aristócratas, artistas,  visitantes extranjeros, se mezclan en estos lugares en los que hay espectáculos de flamenco, cantes de coplas, travestidos, números cómicos, rapsodas, y toda clase de atracciones.

          Algunos de los más conocidos fueron “El Café de Chinitas”de Málaga con su famosa pensión, que se sabe estuvo abierto desde 1860 hasta 1920, fecha en la que se remoza y cambia el nombre por Café Royal hasta 1937, por donde pasaron desde Estrellita Castro a Lorca, pasando por Alberti, Picasso o Rafael de León, y que suscitó hasta el interés de los reyes en su visita a la ciudad,  visitándolo incluso la reina regente María Cristina. Otros de estos tipos de cafés importantes fueron el Café de Oriente de Barcelona, Torres Bermejas en Madrid, EL Café de la Bizcocha en Cádiz-que rivalizaba entonces con el de Levante-, el café Lyon de Madrid, muy asiduo de toreros y poetas, el café de El Prado y de León, muy propio de periodistas y escritores, El corral de la Pacheca, antiguo corral de comedias del siglo XVI de la calle del Príncipe de Madrid, o los famosos y ya citados  Café de Levante gaditano y el Nuevo café de Levante de Madrid, donde se mezclaba toda la fauna del flamenco, la copla y la intelectualidad, y del que decía Valle-Inclán que:

           “el Café de Levante ha ejercido más influencia en la literatura y en el arte contemporáneo que dos o tres universidades y academias” .

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          Todos los creadores y generaciones literarias desde los modernistas, a los autores del 98, pasando por los poetas del 27, se reúnen y viven, gozan y sufren, escriben y se hacen alrededor de estos lugares, donde la copla comienza su reinado imbatible.

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          En esta misma línea, recogiendo su espíritu, lleva años trabajando la diseñadora Teresa Torres cuyo actual Café de Levante lleva siendo lugar de encuentro y trasiego de los artistas y creadores de hoy y de siempre como Carlos Edmundo de Ory, Fernando Quiñones, Camarón, Rocío Jurado,-desaparecidos sólo físicamente porque sus fotos y recuerdo siguen en esas paredes-, José Manuel Caballero Bonald, Pilar Paz Pasamar, Antonio Hernández, Miguel Poveda, Inma Márquez, Josela Maturana, Blanca Flores, José Berasaluce, Juan José Téllez, entre un largo, por no decir inacabable etcétera.

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          Una de las actividades más vivas son los ciclos sobre Literatura y Copla que se vienen celebrando en la frontera del otoño y el invierno gaditano, en el que figuras de la música, la literatura, el periodismo o la universidad se dan cita en el Café de Levante. En todas ellas, el espíritu de concitación y reunión, la amalgamadora amable y talentosa, es Teresa Torres.  En palabras de una de sus últimas participantes, la periodista y escritora María Estévez, autora de la novela sobre Pastora Imperio “Reina del Duende”:

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          “Hay una dama en Cadiz, y la llamo Dama porque pocas me he encontrado en la vida, que me despertó las ganas de conocerla antes de que la vida me la presentara. Hablo de Teresa Torres, Tere le gusta que le digan. Vuelvo a ese momento sentada en mi cama en Los Angeles viendo un video en youtube de Sara Baras bailando unas alegrías de su espectáculo La Pepa. Me gusto el movimiento, la soltura de su formas, y de pronto me vi pensando que la mitad de aquel baile era el vestuario, las telas, la caída de un traje que permitía descubrir esa estructura formal de notas taconeadas sin exageración pero con energía. Tere, que entiende de movimiento y ritmo supo crear un traje que dejara ver aquellos pies, marcando los brazos, la silueta… y ya por eso quise conocer a aquella diseñadora que me ayudaba a descubrir las alegrías de Sara Baras. Mi suerte, como una lotería bien ganada, me llevo a Cadiz a presentar el libro Reina del Duende y allí en primera fila estaba ella, sombrero incluido, inolvidable, con sus expresivos y curiosos ojos. Su voz, su simpatía, su tarjeta de visita en la mano invitando a volver. -Yo me voy mañana a LA… Le dije explicando donde resido y ella casi dio sentado que lo mío era una negativa. Pero yo estaba sobre puntos suspensivos y al ver su cara le conteste que si volvía.  Dos meses después estaba de regreso, protagonista de una noche que le pertenecía a Tere y a su cafe de Levante. Una noche donde conocí a Manuel Francisco Reina, otro que me robó el corazón, donde la magia se convirtió en el aire que respirábamos. Hay noches que cruzan océanos en el tiempo y esa fue una de ellas. Yo quiero volver a Cadiz, quiero seguir admirando el trabajo creativo de los diseñadores del taller Torres-Cossano, quiero hacer del Café de Levante mi rincón del Sur y quiero descubrir al mundo a esta Dama, una verdadera humanista que sabe como contagiar el arte. Gracias por aparecer.”

          Poco más puedo añadir, más que sumarme al agradecimiento a Teresa Torres por su afecto y dedicación. En estas paredes del coqueto y marinero  Café de Levante conviven, mirándose cómplices desde las fotos y carteles de las paredes, habitantes del desaparecido primer café, y del actual, y se sonríen Lola Flores, Miguel de Molina, Manolo Caracol, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Ava Gadner, Fernando Quiñones, y tantos y tantos que han pasado y seguirán pasando, dejando parte de sí entre aquellas paredes y mesas, y llevándose también, parte de su magia. Ese Café de Levante inmortalizado por la genialidad de Quintero, León y Quiroga en el que “entre palmas y alegrías cantaba-y aún canta-, la Zarzamora”.

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09 abril 13

Una Estrella llamada Sara Montiel

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          Quizá uno nunca piensa en la muerte de las estrellas porque recurriendo al tópico, están hechas de la materia de los sueños y, estos, no desaparecen nunca. Esta frase, que proviene de uno de los escritores más brillantes e inmortales de la literatura universal, de William Shakespeare  en boca de su personaje Próspero, le viene como anillo al dedo a la desaparecida Sara Montiel, inmóvil en la belleza del celuloide que fue su otra vida. Tan verdadera y relevante como la mortal y, sin duda, la que nos pertenece a todos los que la admiramos.

[http://www.youtube.com/watch?v=ZZaF91EWVp4]

          Sara Montiel, es el nombre de María Antonia Alejandra Abad Fernández,  la estrella más famosa de la cinematografía hispana y una de las más míticas del cine mundial, que nació en Campo de Criptana, provincia de Ciudad Real, en tierras de La Mancha, España, el 10 de marzo de 1928. Sus padres fueron Don Isidoro Abad, labrador de origen que después despuntaría como negociante de vinos, y Doña María Vicenta Fernández, peluquera. Desde muy pequeña Maria Antonia se destacó por su belleza y sus dotes artísticas las cuales impresionaron a Don Vicente Casanova, un influyente publicista, su descubridor,  que la vio y la oyó cantar durante una procesión de Semana Santa en Orihuela, Alicante. Don Vicente procuró que la joven recibiera un entrenamiento básico en interpretación, declamación y canto, como en el caso de los deportistas de élite, que darían un inmejorable resultado. En 1943 María Antonia concursó en un certamen de nuevos valores auspiciado por la productora cinematográfica Cifesa, la firma cinematográfica más importante de España y la  joven se llevó el primer premio que consistía en una modesta suma de dinero y un contrato para trabajar en el cine. Un año después, debutó interpretando un pequeño papel de estudiante adolescente en la cinta “Te Quiero Para Mí” que, a pesar de sus limitaciones, llamó la atención de productores y directores, haciendo que todos quisieran contratarla. En esa película apareció en el reparto con el nombre artístico de “Maria Alejandra” pero en su siguiente película, “Empezó en Boda”, se decidió por una imagen más adulta y sofisticada y la joven actriz se transformó en una espléndida rubia llamada Sara Montiel: Sara en homenaje a su abuela materna y Montiel por los Campos de Montiel de su pueblo natal.

[http://www.youtube.com/watch?v=F4poBRQH7NM]

         Debido a su extrema juventud se comenzó a llamarla Sarita”, lo cual ha quedado a través del tiempo. De ahí a “Saritísima”, superlativo muy apropiado a la altura de su talento y logros. A pesar de las escasas posibilidades que existían en el cine español de aquella época, Sarita consigue imponerse y llega a filmar 14 películas entre 1945 y 1950 incluyendo su primer gran éxito a nivel internacional “Locura de Amor” en 1948 donde interpretó el papel de Aldara, una princesa árabe. Inmediatamente Sara es reclamada por los productores de varios países y filma en Africa “Aquel Hombre de Tánger”  en 1950, pero decide establecerse en México donde su personaje de Aldara ha llamado poderosamente la atención. En México, Sara es recibida con todos los honores y se convierte rápidamente en una de las actrices más populares de esa cinematografía filmando 13 películas entre 1950 y 1954 con los actores más cotizados del momento. Una vez más América Latina se convertía en el lugar de consagración de los grandes talentos españoles. Rodaría  “Furia Roja” con Arturo de Córdova-el partenaire de toda la vida de Libertad Lamarque-,  “Necesito Dinero”, “Ahí Viene Martín Corona” y “El Enamorado” las tres con Pedro Infante, “Cárcel de Mujeres” con Miroslava y Katy Jurado, “Piel Canela” con Manolo Fábregas, “¿Por qué Ya No Me Quieres?” con Agustin Lara, que son algunos de los títulos que consolidaron su fama en México y que han pasado a la historia del llamado “Cine de Oro Mexicano”…  México también sería providencial para la carrera musical de la actriz. Allí tuvo la oportunidad de grabar varias canciones para la banda sonora de sus películas bajo la dirección de maestros tan importantes como Manuel Esperón, Gonzalo Curiel y el mismísimo Agustin Lara quien incluso se la llevó de gira como vocalista de su orquesta. Sin embargo todavía tardaría un tiempo en consolidarse como cantante.

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          En 1954 llegó la oportunidad dorada de trabajar en Hollywood, Meca del cine mundial, con la película “Veracruz” al lado de Gary Cooper y Burt Lancaster. Su trabajo impresiona y Hollywood le abre sus puertas. La Columbia Pictures le ofrece un contrato de siete años para convertirla en una nueva Rita Hayworth pero ante la sorpresa de todos, Sarita decide no atarse a contratos de largo plazo. Esta vez interpreta “Serenade”  en 1956 para la Warner Bros., donde comparte honores estelares con Mario Lanza, Joan Fontaine y Vincent Price, bajo la dirección de Anthony Mann. Este film resultaría providencial ya que Sarita y Mann se enamoraron y al año siguiente contrajeron matrimonio. Después de filmar junto a Rod Steiger y Charles Bronson, la película del oeste de Samuel Fuller “The Run Of The Arrow” en1957, Sarita viajó a España para unas cortas vacaciones y allá le ofrecieron el papel protagonista en un film musical llamado “El Último Cuplé” del que dicen las malas lenguas que ya estaba firmado por Carmen Sevilla. La estrella aceptó más por amistad con su director Juan de Orduña que por algún interés real en el proyecto y la película se terminó en unas pocas semanas. Aunque al principio se había planeado que Sarita “doblara” las canciones de la película previamente grabadas por una cantante profesional, a falta de presupuesto se decidió que Sara cantase esos temas con su propia voz. Al finalizar el rodaje, la actriz regresó a Hollywood para continuar su carrera en tierras americanas sin sospechar lo que le tenía deparado el destino. “El Último Cuplé”, estrenado en 1957, resultó ser el éxito de taquilla más espectacular de la historia del cine español permaneciendo por más de un año en los cines de estreno no solo en España sino también en toda Europa y América Latina, convirtiendo a Sara Montiel en un ídolo internacional.

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          Las canciones que Sara cantó en esa película se editaron en disco y se convirtieron en verdaderos éxitos en los “hit parades” de las radios de más de 20 países. El suceso sorprendió y conmovió a toda una industria, a los medios de comunicaciones y naturalmente al público en general, pero la más sorprendida de todos fue la propia Sara. Ante el éxito de “El Último Cuplé”, varios productores europeos asociados le propusieron un contrato multimillonario para rodar en Europa. Al mismo tiempo la casa discográfica Hispavox le extendió un ventajoso contrato para la grabación y edición de sus discos avalada por el arrollador éxito del disco de la banda sonora de la película. Ante estas ofertas tan tentadoras, Sara decidió abandonar Hollywood y establecerse definitivamente en España. Tenía ahora que demostrar que Sara Montiel, actriz, cantante y el primer “sex-symbol” en la historia del cine español, no había triunfado tan aparatosamente por simple casualidad.

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           La confirmación no tardaría en llegar con  su siguiente película, “La Violetera” de 1958, en la estela de la anterior y jugando también con la vida de la artista Raquel Meller y su repertorio de culpes, que superó con creces el éxito popular del anterior. El tema del maestro Padilla que le dio nombre a la película se convertiría en “el tema de Sara” con el cual la identificarían en el mundo entero para siempre. Desde entonces, Sara Montiel combinaría la filmación de películas con la grabación de discos y actuaciones personales en los escenarios más prestigiosos del mundo. Sus siguientes películas estelares fueron “Carmen, la de Ronda” de 1959, película y disco en los que desembarca en el género de la copla con enorme éxito-poniendo en aprietos y nerviosas a las grandes cantes del género y sus películas-,  “Mi Último Tango”  de 1960 y “Pecado de Amor” en 1961. Estas películas perfilaron e hicieron definitivas las constantes de un personaje cinematográfico que, sin dejar de ser auténticamente hispano, tenía la misma fuerza de las grandes del cine internacional, desde Greta Garbo, pasando por Marlene Dietrich hasta Elizabeth Taylor o, en cierto sentido, una especie de Marilyn Monroe a la española.

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          El “mito Sara” había llegado para quedarse y aún continúa. Le siguieron más películas taquilleras y más discos de gran impacto popular como “La Bella Lola” de 1962, “La Reina del Chantecler”  en 1963 y “Noches de Casablanca” de 1963, las cuales llevaron su fama a países como la Unión Soviética, Rumania, Grecia, Turquía, Israel y Japón y sus canciones a números uno en muchos lugares del mundo. Los triunfos de Sara en cine continuaron con las películas  “Samba”  en 1964, “La Dama de Beirut” de 1965, “La Mujer Perdida” en 1966, la muy discutida “Tuset Street” en 1967, “Esa Mujer” de 1968, “Varietés” de 1971 y “Cinco Almohadas Para Una Noche” en 1974. Gran mito del cine y de la música durante más de medio siglo, en 2009 emprendió una gira por teatros y salas musicales con su repertorio tradicional de cuplés, coplas y boleros.

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          Aunque muchos pusieron en tela de juicio su capacidad para cantar, y mucho más copla, que requiere unas dotes vocales extraordinarias, Sara Montiel, con su bello fraseo y su bonita entonación, sin gran potencia vocal, pero con una belleza arrebatadora y una capacidad interpretativa convincente y depurada realizó bellísimas interpretaciones de grandes temas, algunas inolvidables y antológicas como las de Antonio Vargas Heredia o Tatuaje, que han quedado en los anales de la historia de este género. Sara Montiel es, sin lugar a dudas, el rostro más hermoso e internacional de la copla.

[http://www.youtube.com/watch?v=dMVHRxwP7_U]

          Algo parecido sucedería con sus dotes interpretativas, aunque su encanto e instinto natural, además de su tesón, se impondría a la maledicencia de algunos con un rotundo éxito. Su fascinación con algunos de los intelectuales y científicos más importantes del siglo XX dejan en sordina lo que algunos consideraban sólo una cara bonita con un cerebro bonito, piedra de lapidación habitual entre los simples y acomplejados del mundo.  Es verdad que algunos capítulos finales de su vida no han sido lo brillantes que su carrera merecían, pero también que nuestro país no es, precisamente agradecido en el reconocimiento de nuestros verdaderos talentos e intelectuales. Nadie podrá quitarle nunca el ser el rostro más hermoso del cine español, la verdadera pionera en triunfar en Hollywood, y una vida marcada por trabajaos que ya están en las páginas de nuestra cultura, y también en nuestra iconografía sentimental.

[http://www.youtube.com/watch?v=wbA8fz4__rM]

[http://www.youtube.com/watch?v=Ez_NI8IzGhk]


22 marzo 13

La Reina Isabel de Castilla por María Pilar Queralt

queralt_hierro          Una de las historiadoras y escritoras más serias y meticulosas en la elaboración  de su obra que conozco es María Pilar Queralt del Hierro. Quizá porque siempre ha sido una atenta lectora de la buena literatura, no ha querido que su propia labor adolezca de los errores y falta de rigor que salpican a la mayoría de los contemporáneos encargados de la cuestión histórica. Su libro más reciente, “Isabel de Castilla. Reina Mujer y Madre”, es un pormenorizado tapiz de la figura e importancia de esta reina española. No nos sorprende a quienes la conocemos porque su compromiso con la Historia lo es también con darle voz a las grandes mujeres de cada tiempo. Abusando de su amistad y generosidad, ha tenido a bien darnos una entrevista en la que nos desvela parte de las claves de este libro, de su trabajo y motivaciones.

                                                                                      

¿Por qué una biografía sobre la Reina Isabel de Castilla?

Siempre es oportuna una biografía sobre un personaje tan controvertido. En mi caso, llegué hasta ella a través de la novela. En “Las damas del rey” Isabel de Castilla tenía un papel decisivo en la trama. Tuve que investigar y descubrí, escondida bajo el mito, a  una mujer francamente interesante. De ahí que decidiera llevar a cabo esta biografía que huye de los patrones oficiales y políticos y se centra más en la mujer y en la madre.

 ¿Cuánto de verdad y de mito hay sobre la imagen épica de esta reina?

Yo diría que la imagen épica es puro mito. Nos han hablado de una Isabel fanática, ambiciosa, poderosa…Y si, era todo eso pero no fue más fanática que muchos de sus contemporáneos, la ambición era de quienes la rodeaban y pensaban que, al ser mujer, era más fácil manejarla se equivocaban, evidentemente); y fue poderosa porque la vida la llevó a serlo. Pero fue también una madre entregada y una esposa enamorada que llegó a tener episodios de celos tan importantes como los que luego le valdrían a su hija Juana el apelativo de “la Loca”.

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¿Y en la que señala sus rigideces religiosas?

Evidentemente era una mujer  extremadamente religiosa. Y en nombre de la religión se cometieron en su época auténticas barbaridades. Pero no hay que juzgarlas con nuestra mentalidad. Situémoslas en su contexto y veremos que el fanatismo religioso de Isabel la Católica no era, como he dicho antes, mayor que el de una gran mayoría de sus coetáneos.

¿Cree usted que, como se dice, la España que conocemos hoy se debe en gran medida a su idea de país, con todos sus problemas y sus logros?

No sé qué decirle. Lo cierto es que ella siempre fue reina de Castilla y la unión de Castilla y Aragón fue más una unión federal entre dos reinos que la creación de un único bloque compacto. Aragón y Castilla mantuvieron escrupulosamente sus fueros, idiomas y tradiciones respectivas, se respetaron y cohabitaron en paz y armonía porque sabían que de ese respeto mutuo dependía el futuro de la dinastía y la fortaleza de la Corona. Pero mientras Fernando quiso ser rey de Castilla, Isabel jamás se inmiscuyó en el gobierno de  la Corona de Aragón.

¿Qué piensa usted de la versión que se da de ella y su mundo en la serie televisiva?

En líneas generales me parece acertada. Especialmente el tratamiento que se da a Enrique IV y al entorno cortesano. Pondría alguna pega a los exteriores que, quienes conocemos las tierras de Castilla, advertimos que no se correspondían en muchos casos y, por supuesto, al presunto romance de juventud entre el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, y la joven Isabel. Pero es ficción y a la ficción siempre pueden concedérsele licencias.

Es usted de una extraordinaria minuciosidad a la hora de aportar material documental a sus libros.

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¿Qué importancia le da a estos materiales?

Para mi es básico. Primero porque así se certifica la veracidad de los hechos, pero también porque creo que poder entrar en contacto con un documento de la época da una dimensión diferente del personaje. No es lícito que esa información, esa distancia corta, nos la reservemos los historiadores y se la hurtemos al gran público. Fíjese sino en el testamento que redactó personalmente la reina : vale la pena leerlo, pese a su extensión, porque demuestra sobradamente su minuciosidad, su amor por su marido, su percepción de lo que podía ser el futuro de Castilla, su generosidad a la hora de, por ejemplo, tratar a los nativos americanos…

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¿Por qué piensa usted que el género histórico tenga tanto éxito de público mientras la crítica supuestamente sesuda suele desdeñarlo?

La historia hay que divulgarla bien sea de forma novelada (eso si, con rigurosidad) bien a base de ensayos ligeros que sean asequibles a un público cuanto más amplio, mejor. Piense que la historia es como el gran libro de familia de la Humanidad de ahí que interese a una gran mayoría. Novelarla es un medio para interesar a los no especialistas y, además, una opción muy válida, ya que no sería justo encerrar los conocimientos históricos en un cenáculo de elegidos como pueden ser la Universidad o las Academias. Por eso no entiendo el rechazo de los historiadores “puros” ni el de la crítica literaria ¿Acaso El nombre de la rosa o Guerra y paz no son dos espléndidas novelas históricas?

¿podría adelantarnos su próximo proyecto…?

No me gusta hablar de proyectos que aún están en el aire…pero haré una excepción y le diré que tengo en mente una novela ambientada en la España de posguerra y un ensayo divulgativo, evidentemente, sobre mujeres de nuestro pasado tan importantes como ignoradas.

         Una obra y una autora de las imprescindibles, en un libro lleno de interesantísima y fiel documentación. Les recomiendo que no dejen de adentrarse en esta historia que es la nuestra, con su luz y sus sombras, y que un buen investigador, como el caso de maría Pilar Queralt, no sólo no rehúye, sino que además lo esclarece.

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08 marzo 13

Las Miradas de ausencia de Belén Serrano

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           Celebramos en estas jornadas  el Día Internacional de la Mujer. Que el siglo XXI será un siglo fundamental para la consecución de las metas de las mujeres, aún discriminadas en muchos lugares del mundo, también en la cultura, es tan evidente como que el  anterior fue el terreno abonado de grandes voces femeninas que se alzaron en la reivindicación de sus capacidades intelectuales y creativas, más allá de la impuesta labor reproductiva que les imponía la sociedad. El grupo de las poetas ”Tremendistas”, en plena y durísima posguerra española, y del que decía en tono despectivo cierto poeta olvidado y oficial al que no nombraré, que eran “esas mujeres que se arrancan cuando escriben la matriz y la ponen encima de la mesa”, formado por escritoras de enorme valor y talento como Ángela Figueras, Elena Martín Vivaldi, Concha Zardoya, Gloria Fuertes o una benjamina Pilar Paz Pasamar, sentaron las bases de ciertas conquistas en el campo de la literatura, desbrozando el camino de otras posteriores. Merece la pena recordarlo, ahora que estamos a punto de celebrar el Día Internacional de la Mujer, como conmemoración a cierto  27 de agosto de 1910, en el que  más de un centenar de mujeres de diversos países asistieron a la Segunda Conferencia de Mujeres Socialistas en Copenhague, Dinamarca. Luchaban por un derecho fundamental: el voto, y establecieron el 8 de marzo como su efeméride. Como antecedentes históricos, se toman tres hechos ocurridos en Nueva York, EE.UU.: el primero, en marzo de 1857, cuando miles de trabajadoras marcharon en protesta por sus miserables condiciones laborales. El segundo, en 1908, cuando cuarenta mil costureras industriales se declararon en huelga en demanda de mejores salarios, reducción de la jornada laboral, abolición del trabajo infantil, y el derecho a unirse a los sindicatos. Los dueños de la fábrica Cotton Textile Factory encerraron a sus empleadas para que no se unieran a la huelga y se desató un incendio , parece que intencionado, que provocó la muerte de 129 obreras. El tercero ocurrió en  1909, y Nueva York fue de nuevo testigo de las protestas de 15.000 mujeres trabajadoras. Bajo el lema “Pan y Rosas”, en el que el pan simbolizaba la seguridad económica y las rosas la calidad de vida, y las mujeres extendieron sus protestas hacia el derecho al voto y el fin de la esclavitud infantil. En 1975, las Naciones Unidas establecieron el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, recogiendo en su Declaración y Programa de Acción de Viena: “Los derechos humanos de la mujer y de la niña son parte inalienable, integrante e indivisible de los derechos humanos universales. La plena participación, en condiciones de igualdad, de la mujer en la vida política, civil, económica, social y cultural en los planos nacional, regional e internacional y la erradicación de todas las formas de discriminación basadas en el sexo son objetivos prioritarios de la comunidad internacional.”

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          Una de las autoras emergentes que más me han impresionado en los últimos años, con su afán de superación y su talento, es la Fotógrafa Belén Serrano. Hace sólo unos días se estrenaba en el centro de Madrid, en la sala Cambio de Sentido de la Fundación ONCE una exposición suya con el título “Miradas Ausentes”. Asegura la artista que: “Han sido tres años intensos de trabajo, con el claro propósito de atrapar los sueños y realidades de estos niños que a pesar de las carencias y limitaciones que tienen, no solo debido a su discapacidad visual, sino al mero hecho de haber nacido en un país pobre, luchan con una tenacidad sorprendente por aprender y superarse día a día.

         La discapacidad es un concepto que evoluciona a medida que la sociedad avanza, por eso en los países en vía de desarrollo, se encuentran con muchos más obstáculos para su plena integración. En muchos de ellos, en los cuales para una familia es un lastre tener un hijo ciego, hasta el punto de esconderlos a sus propios vecinos, aislarlos o abandonarlos a su suerte y son pocos los privilegiados que pueden asistir a un colegio especial, donde puedan recibir una educación acorde con su discapacidad. El objetivo principal de este reportaje documental sobre los niños invidentes del mundo, es reivindicar la función testimonial de la fotografía como instrumento sensibilizador para dar a conocer la realidad en la que viven millones de niños en el planeta  y de esta forma minimizar el impacto visual que nos crea cualquier imagen que nos habla de una realidad desconocida. India,Vietnam, Albania, Marruecos, Madagascar, Malí, también Ekram, Neguyen thi, Mohamed, Larissa, Vaneta, Yacomba y un largo etc. Discapacidad,  pobreza, hambre, injusticia social, guerras. No sé muy bien porque le llamamos tercer mundo…Intuyo que es una forma de excluirlo del nuestro. Podría ser desidia, olvido, rechazo, egoísmo. Estamos ausentes…no estamos, donde no queremos, donde no hay intereses, donde duele, donde se sufre…Miradas de ausencia”

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       Belén Serrano no ha querido ser protagonista en exclusiva de esta exposición, y le ha dado la alternativa a un talentoso fotógrafo, Juan Torre Mollinedo que, conocedor de los problemas de las personas con problemas de visión, porque él mismo las padece, ha usado una técnica revolucionaria para que sus fotos puedan ser tocadas, y crear un ámbito fotográfico volumétrico que ayude a acercar esta disciplina plástica a quienes tendrían a priori dificultad en ella si no les es descrita.

          El evidente compromiso de esta artista, Belén Serrano, desde la fotografía, es el mundo de los más desfavorecidos. En especial el de las niñas con minusvalías visuales en el tercer mundo, triplemente discriminadas: por pobres, por mujeres y por su discapacidad. Aseguraba el filósofo griego Platón que “los sentidos nos engañan”, que lo que vemos no es más que la sombra del mundo de la ideas. El magnífico trabajo de Belén Serrano es una prueba empírica de esta teoría filosófica. Puede resultar una paradoja porque el trabajo de una fotógrafa como ella entra, precisamente, por los ojos pero es ahí donde enlazamos con la segunda parte de la teoría platónica en la que, aseveraba, que la emoción, la sensibilidad, la poesía, puede ayudarnos a discernir lo que vemos, las sombras, de lo real.

Belenserranoen sus estudio

          Todo en la obra de la artista Belén Serrano posee ese toque poético, ésa sensibilidad con la que ella mira y escoge el instante, el momento, el lugar. Para este trabajo ha viajado por medio mundo, deteniendo el tiempo de unas vidas que nos son ajenas y sin embargo, están ahí. A menudo retrata los rostros de la marginalidad, pero no son ellos los que viven al margen del mundo, sino nosotros, tras el parapeto edulcorado que hemos construido para defendernos de nuestra mala conciencia. Nos miran, creemos que sin vernos y, sin embargo, nos sienten, esperan de nosotros lo que la vida les ha negado.

         La paradoja de Miradas de Ausencia es que desde el prisma elegido por Belén Serrano nos hacemos presentes en un mundo que nos percibe, como somos, desnudos y sin disfraces, con el poder de la emoción. Este trabajo es un viaje iniciático, un ejercicio de compromiso y de belleza marginal y prodigiosa y, como en todo viaje importante, la vida lo es, uno termina el trayecto de forma diferente a cómo lo empezó. Estas palabras no son más que un preámbulo al imprescindible trabajo de Belén Serrano. Una invitación a viajar con ella, mirada de los que no pueden ver y, sin embargo, nos contemplan con los ojos diáfanos del sentimiento.

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27 febrero 13

Pilar Paz Pasamar: 80 años no es nada.

PilarPazPasamarPalacecallePilarPaz          La poeta jerezana Pilar Paz Pasamar cumplió 80 años el pasado 13 de febrero. Ochenta años no son nada, parafraseando el tango de Gardel, menos en una poeta como ésta, en la que, como diría Alberti: “Tú sabes bien que en mí no muere la esperanza,/que los años en mí no son hojas, son flores,/que nunca soy pasado, sino siempre futuro.” Con este motivo,  en la Biblioteca Provincial de Cádiz, han sido convocados amigos y escritores para celebrar con ella un encuentro por iniciativa  del Centro Andaluz de las Letras (CAL), para celebrar ese cumpleaños en torno a su obras. Su director, el periodista y escritor gaditano Juan José Téllez, ejerció de maestro de ceremonias de un acto que arrancó con una semblanza sobre la vida y la obra de Pilar Paz Pasamar. A continuación, se inició una lectura continuada de poemas de la autora, y adhesiones,  a cargo de Dolors Alberola, Verónica Pedemonte, Eloísa Sánchez Barroso, Blanca Flores, Josefa Parra, Josela Maturana, entre otros.

          Corría el año 1951 cuando una jovencísima poeta de nombre Pilar Paz Pasamar, nacida en Jerez de la Frontera apenas 20 años antes, sorprendía el aterido panorama literario de la posguerra española con su primer libro: Mara. Precedido de un elogiosísimo prólogo de la escritora Carmen Conde, en el que decía de ella: “¿De dónde viene esta muchacha? Ha llegado a mí como si saliera de un grupo de amigas que aún cantan al amor en mi memoria. Ha preguntado por las cosas que para los poetas son ley, y ha escuchado reverente lo que se le contestaba desde la ley. Ha dicho sus poemas como si los respirara, y ha puesto su vida en afirmarse esclava de la gracia”. El impacto de este poemario de la que era casi una niña que hablaba con Dios, y de Dios, tan directa y duramente en sus poemas, conmocionó vivamente a maestros como Vicente Aleixandre, atentos a lo que luego se llamaría Generación poética del 50 y que se inaugura con este libro. Dice en uno de los poemas de este primera entrega:“Tu peso duele mucho, y es muy grande/Tu fatiga de Dios sobre mi cuerpo.”Así, la muchacha Pilar, inicia una carrera literaria que la convierte en referente de mayores y compañeros de generación. De todos los atentos ojos posados en la prodigiosa nueva poeta, el más certero fue Juan Ramón Jiménez que llega a confesar sobre ella y su libro en la famosa entrevista de Ricardo Gullón:

          “Hay una muchacha, Pilar Paz Pasamar, que ha escrito un poema excelente, magnífico, sobre Dios. Entre los jóvenes poetas encuentro de vez en cuando cosas excelentes. Ese poema es una joya. Esa niña es genial.”

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          Se refería al excepcional poema El Reclinatorio. La escritora envía al exiliado Juan Ramón a Puerto Rico su libro, estableciéndose una relación epistolar de amistad que explica alguna de las aún no esclarecidas vinculaciones de los nuevos poetas con los maestros en el exilio. Juan Ramón tutela con el puente tendido de la amistad con Pilar Paz la revista gaditana Platero, proveyéndola de inéditos suyos y de otros autores como Rafael Alberti. Esto queda documentado en una de las cartas en la que el de Moguer dice:

           “Ahora estaré ya siempre al lado de ustedes, y a tu lado, porque tú estás sola de tu grupo en Madrid. Hoy mismo he echado una carta para los amigos de Cádiz, con la presentación que me pidieron para Rafael Alberti y anunciándoles el envío de trabajos nuevos para la revista. El primero, un prólogo que escribí para le edición española de París. Y ya  no les dejaré mientras yo viva, repito”.

          Testimoniaría esta carta la importancia de Pilar Paz en el desarrollo de la Revista “Platero” y la precocidad de sus logros literarios y personales dentro de la rama andaluza de la Generación del 50 ya que, como señala el mismo Juan Ramón Jiménez, Pilar Paz ya era una escritora conocida en Madrid y campaba en solitario por sus respetos, mientras muchos de sus amigos gaditanos aún no habían dado el salto a la capital ni a la publicación.

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  Pilar Paz Pasamar heterodoxa en sus conocimientos e inquietudes literarias, reclama para sí el peso de la trascendencia desde su primer poemario hasta el último, retomando el testigo de la tradición mística europea sobretodo en la figura de Santa Teresa y San Juan de la Cruz. El premio Nobel, obsesionado con las reescrituras de Dios deseante y deseado y Animal de Fondo, encuentra en su madurez poética la interlocutora de esta búsqueda poética suya en la incipiente y joven poeta gaditana. Sus inquietudes sobre la divinidad encerrada en el ser humano, tan místicas y tan orientales, con el aliento de Tagore subyaciendo, percibe los ecos en estos primeros cantos de  la poeta novicia Pilar Paz Pasamar. En este juego intelectual y amistoso Pilar se permite incluso ,en unas de sus cartas, llamar a Juan Ramón Jiménez  “Dios” a lo que este le responde:

         “Le perdono su burla de llamarme ¡Dios! Y le rozo con las yemas de los dedos, Luzbel enemiga, sus sienes palpitantes de misterio, de encanto y de intensidad. Porque usted habla por las sienes, lo más sentido del cuerpo y lo más duro del alma”.

          Fallecido el inmortal Juan Ramón Jiménez, la poeta Pilar Paz Pasamar permanece fiel y en activo, desde su recogimiento gaditano, a esta indagación de lo infinito a través de la palabra poética.  Sus libros, puntuales al torrente de su voz poética han ido apareciendo sin grandes alharacas publicitarias, con el peso de quien sabe el trabajo honesto y bien hecho presentes para los que profundizan en las raíces de nuestra poesía, a lo largo de décadas Con la madurez de hoy, y la fuerza de siempre, en sus versos aún late aquélla niña que hablaba con Dios.

          No creo que  exista, y sin desmarcarse de las características generacionales de su promoción poética del 50, una voz y una obra tan singularmente distinguible del resto como la de Pilar Paz Pasamar. Una trayectoria singular, excepcional y de difíciles categorizaciones. La Obra de esta escritora, todavía en activo, es quizá una de las más desconocidas y de las propuestas más interesantes y arriesgadas de un siglo en el que el existencialismo y la cotidianeidad abaratada y mal entendidas han llevado a callejones sin salida, vital e ideológicamente hablando, y donde Pilar Paz resuelve con la creación de un mundo propio que reinterpreta el misterio y lo humano.

   PilarPazJerez

       Personalmente, es una de mis primeras maestras, quien me conectó con generosidad y sabiduría con los que también fueron como ella amigos y guías: Fernando Quiñones, Rafael Alberti, Antonio Hernández, entre otros, pero, sobre todo, con ese mentor oceánico que fue y sigue siendo Juan Ramón Jiménez y su enseñanza indispensable. No me canso ni me cansaré de reivindicar un reconocimiento nacional como se merece por obra e importancia, entre tanto premiado olvidable y de menores méritos. Ni el tiempo, ni la distancia, ni “las infames turbas de nocturnas aves”, han conseguido que deje de sentirte cerca como maestra mía, ni cerca de mis afectos más celosamente guardados, como familia poética y elegida. No sé, querida Pilar, si yo, a veces “Luzbel enemigo”, gozaré de los privilegios del “hijo pródigo”, pero tu gozas para mí, siempre, de todo el respeto como escritora grande, y como aquella “Dama de Gades” que te dedicara en uno de mis primeros poemarios. Gracias por ser, por estar, y por permanecer. Como en tus versos permanece el ruiseñor de los grandes poetas.

Poema Solo Me Queda El Corazón de Pilar Paz Pasamar

Solo me queda el corazón. Palabras
ya no me bastan. Sobra el pensamiento.
Solo me queda el corazón, más grande,
cada vez más amargo y más sediento.
Hablo con él, le digo: ten cuidado,
te has lastimado muchas veces. Pero
yo bien sé que me puede y que se crece
con cada asombro y cada desaliento.
He nacido con él y no hago nada
por emerger en otro clima. Pendo
como la luna más desamparada
en un vaivén de luces y de vientos.
Voy buscando señales en los ojos,
en las calles aparco mi desvelo,
me arrimo por las sombras de otras voces
y cuelgo mi pregunta en los aleros.

Cuando llega una tarde como éstas,
una tarde sin prisa ni deseos,
una tarde de pena, una de tantas
tardes oscuras del aburrimiento
puedo oírle mejor. Late despacio,
tremendamente solitario. Puedo
sentir el corazón en cada vena,
está casi en la punta de los dedos.
Casi puede romperse de tan frágil,
de tan crecido casi se escapa. Quepo
mejor yo en él que en mí cabe el latido…
¡Le viene grande el corazón al cuerpo!

 CadizArturoRedondo


19 febrero 13

Un Tributo a Marifé de Triana

 

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Este fin de semana hemos despedido a Marifé de Triana, sin lugar a dudas uno de los pilares fundamentales del género musical de la Copla. Muchos han querido otorgarle sobrenombres, como es habitual en las artistas de este género. Quizá el más acertado sea el de “La Actriz de la Copla”-que se le otorgó desde sus inicios, ya que a su perfección y poderío vocal, se le añadía una manera única hasta ese momento de interpretar las canciones. Yo pienso, sin embargo, que otra de las singularidades de Marifé de Triana es la de haberse ganado el extraordinario título de ser, con todas las letras y complejidades, simplemente Marifé.   

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María Felisa Martínez López, nace en el pintoresco pueblo sevillano de Burguillos, el 13 de septiembre de 1936, y pasó sus primeros años en el populoso barrio marinero de Triana, en la calle Alfarería,  de donde tomaría su apellido artístico. Trasladada la familia a Madrid, se fue despertando en María esa profunda afición a cantar que había sentido en lo más hondo desde niña y, tras un corto periodo de estudios en academias de canto, saltó decididamente al atractivo mundo de la interpretación y de la canción. Como el de casi todas las cantantes, sus principios fueron muy duros, ya que nunca contó con más ayuda que su inmensa fe en sí misma y en la de su arte inigualable pero, como a todos los que luchan en la vida, le llegó su gran oportunidad cuando el gran promotor de espectáculos Juan Carcellé, descubridor de tantas artistas, la contrató rápidamente al verla actuar en una localidad cercana a Madrid, comentando: “Jamás nadie ha cantado como esta mujer. Ella es la renovación absoluta de la canción andaluza”. Así presentada por Carcellé, debutó en el madrileño Coliseo del Circo Price, uno de los templos de las variedades de la época, encabezando un gran espectáculo que obtuvo un éxito colosal y rotundo. Ya antes del estreno tarareaban en las calles el rotundo éxito de su primer gran tema, radiado sin parar por las peticiones de los oyentes, “Torre de Arena”. Marifé es la prueba palpable de que, aunque hay quien dice que quien no tiene padrino no se bautiza, con talento, tesón y un poco de suerte se puede triunfar como ella lo hizo.

 

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           El escritor Álvaro de Retana, ecribió sobre ella al presenciar aquel espectáculo y su nueva artista que era  “Linda y joven, acusaba cierto temperamento artístico, acentuando al colocarse bajo la advocación del trío Quintero, León y Quiroga”. Con críticas como esta y su torrente de voz potentísimo, además de perfilando sus enormes cualidades interpretativas, logró estar en el cartel durante tres meses consecutivos, algo insólito en aquellos tiempos y en estos. La puertas del éxito ya estaban, afortunadamente, abiertas de par en par para esta hermosa sevillana, siendo desde ese instante su carrera una de las mas vertiginosas que se han conocido en el mundo de la canción. Las casas discográficas se disputaban su contrato, apareciendo en el mercado su primer disco, que constituyó otro éxito sin precedentes, con esa preciosa canción “Torre de Arena”, de Lladrés, Gordillo y Sarmiento, que se convirtió en número uno en todas las radios, y donde Marifé de Triana va mostrando ya sus grandes dotes de intérprete, en el sentido más amplio del término, de la copla. La canción “Torre de Arena”, ocupó el primer lugar en las listas de los discos más vendidos de los años cincuenta y sesenta, impacto desconocido como no fuese en voz de Conchita Piquer, Antoñita Moreno o Juanita Reina. A raíz del enorme éxito discográfico, Marifé de Triana formó, como empresa de su propio espectáculo, el titulado Torre de Arena, recorriendo los principales teatros de toda España, con un clamoroso éxito, durante más de dos años ininterrumpidos.

 

Marifédisco

         

Sus éxitos son continuados, en sucesión de continuidad durante años, ocupando durante la década de los años cincuenta y sesenta el primer puesto de la copla, a pesar de las consagradas. Se suceden uno tras otro sus espectáculos, destacando, tras el apoteósico Torre de Arena, que fue una autentica revelación, La Emperaora, La sombra, Carrusel de España, Coplas al viento, La maestra Giraldilla, Torre de Coplas, La niña de Agualucero, Embajadora de España, La cantaora, El café del Taranto, Maria Maletilla, Cabalgata, entre otros muchos que resultaron triunfalmente exitosos y, entre espectáculo y espectáculo, giras internacionales por Méjico, Venezuela, Argentina, Perú, Chile, Francia, Bélgica, Alemania, Holanda, Suiza, Inglaterra y Estados Unidos, actuando en las cadenas de televisión de todos estos países, así como en la de España, siendo contratada rápidamente para el cine, interpretando dos películas que supusieron un éxito de taquilla como fueron “Canto para ti” y “Bajo el cielo andaluz”.

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          Marifé de Triana, artista de singulares condiciones, temperamental y humana, está en posesión de multitud de premios y galardones, imposible de enumerar, premios nacionales y extranjeros, aunque el que ella considera en sincera estima es el otorgado por la Sociedad General de Autores de España, en reconocimiento a sus valiosos méritos como artista única en su estilo. También el de la Medalla al Mérito del trabajo. Lleva grabadas unas quinientas canciones que se reeditan constantemente, y que se identifican rápidamente con su figura y repertorio,  como La Loba, Bajo un limón limonero, Puente de Plata, Me va tu piel, La Rosa de Capuchinos, Calandria, Calandria, Plegaria por un torero, Encrucijada, etc. El maestro y Papa poético de la Copla, Rafael de León, escribió al verla cantar en directo por primera vez una emocionada dedicatoria rimada en la que le decía:

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“Marifé
cuando canta
para mi tiene su tono no se qué…
como si apuñalara su garganta

un suspiro de pié.

Afectuosamente

Rafael de León

7-3

en Sevilla

al borde de la primavera.

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Tras difíciles momentos emocionales, se casó en Madrid el 7 de octubre de 1982, con José Maria Calvo, al que conocía desde hacía más de treinta años. En mayo de 1989 presentó con éxito su disco Vendedora de coplas, con indudable éxito y, al siguiente año el ayuntamiento de Burguillos rotuló con el nombre de la artista una céntrica calle de su pueblo natal. Fue todo un acontecimiento popular, en el que quedó demostrado el amor que sus paisanos profesan hacia su más popular artista. Persona de enorme dignidad y respeto por el público y por si misma, permanece en un cultivado retiro malagueño, aunque con el orgullo de ser considerada tanto por los contemporáneos, como por los músicos e intelectuales, así como por las nuevas generaciones de artistas, como un referente y una de las más grandes cantantes e intérpretes de copla de todos los tiempos. Paco de Lucía llegó a reconocer que  empezó a querer y respetar la copla gracias a ella, y a amarla, y que “la copla, cantada por Marifé, eran palabras mayores.” Marifé, una  de las más grandes, la absoluta renovadora del género en el límite entre los 50 y 60, fue maestra de algunas de las más grandes y últimas figuras del género como Rocío Jurado. Mujer cultivada y gustosa de lecturas, mantuvo una enorme curiosidad intelectual por todas las disciplinas, y atento olfato con las nuevas hornadas de cantantes que se acercaban con su propio sentir a la copla. Fue enormemente elogiosa con Martirio, al versionar esta de forma novedosísima “Torre de Arena”, con la fusión Jazzística de Chano Dominguez en el disco “Coplas de Madrugá”, o con Clara Montes al hacer esta una versión propia de “La Loba” en el disco homenaje a Rafael de León “A manos llenas”. Amadrinó a la periodista y cantante Pilar Boyero, de la que fue hasta el final gran amiga y confidente, y de la que ha llegado a oir el disco a punto de salir de ésta con la producción de Javier Limón, bajo el título de “Coplas de Puñalá”. Generosa y afinada en su puntería al reconocer a las artistas singulares, fuesen de la generación que fuese, se enorgullecía de que la sangre nueva versionasen sus temas y se mirasen en su espejo. Estos días nos hemos despedido físicamente de ella, pero no de su obra, de su voz, de su grandeza, de su saber hacer. Marifé de Triana forma ya parte de la mitología de la copla.  No puede uno olvidarse de Marifé porque, cuando cantaba copla,  su nombre de mujer era tan grande como Medea.  

 

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