Soy una amante de la sal, aunque he de reconocer que cuando preparo alguna comida siempre soy de las que piensa: “mejor prevenir que curar” si me quedo corta siempre está el tan socorrido salero.
Como condimento es su uso más común, siendo un elemento imprescindible en cualquier cocina. La sal es un potenciador del sabor y además produce una necesidad de ingerir más alimentos, lo cual aprovecha la industria alimenticia en beneficio propio. Por ambos motivos, este producto se encuentra incluso en pasteles y bebidas refrescantes. También es utilizada como conservante. De hecho si nos remontamos a siglos atrás, al no disponer de los actuales métodos de conservación como la congelación o el envasado, tanto carnes como pescados se cubrían de sal pudiendo posteriormente ser desalados y consumidos.
Respecto a su consumo como siempre os digo, tan malo es el exceso como el déficit. La carencia de sal es una deficiencia muy rara en la actualidad ya que su presencia en los alimentos es casi total. Incluso podríamos destacar que hace que nuestras comidas sean más apetitosas, pero no es su única labor porque también trae consecuencias positivas para nuestra salud.
Nuestro cuerpo necesita la sal diariamente, de lo contrarío se pueden sufrir náuseas, y debilidad en general. Ayuda en el proceso de digestión, mantiene la presión de los fluidos corporales, la presión sanguínea y también mantiene el equilibrio de los ácidos del cuerpo. El problema es que la mayoría de nosotros consumimos entre cinco y diez veces más de lo recomendable, y es allí cuando el consumo de sal se vuelve algo peligroso.
Es bien sabido por todos que uno de los mayores perjuicios de la sal es la hipertensión. El consumo excesivo de sodio hace que los riñones retengan líquidos, y esto aumenta la presión arterial. Tanto que cambiar una dieta abundante en sal por una escasa en sal puede reducir la presión arterial de una persona tanto como si tomara medicamentos.
También afecta de manera negativa en nuestros huesos en cuanto a que la expulsión de calcio por la orina debido al consumo de la sal, hace que aumente su absorción en los intestinos, y el cuerpo lo compensa usando el calcio de los huesos. Sumamos problemas como la retención de líquidos u otros síntomas como un vientre abultado, tobillos hinchados o pesadez de piernas, que afectan especialmente a las mujeres.
Dicho todo esto la idea principal con la que os debéis quedar es que la sal es algo necesario para la vida, pero que consumida en exceso puede llegar a ser muy perjudicial para la salud.








