Algunos sabéis que me entreno para correr una media maratón. Pues bien, parte de mi entrenamiento se fue al garete porque me resfrié de tal manera que si no me llego a cuidar, eso termina en bronquitis. Tuve que bajar el ritmo del entrenamiento – algunos días incluso sólo caminar o descansar – y tomar antibióticos.
El caso es que el pasado sábado 15 pude participar en una carrera de 7k, y disfrutarla de principio a fin. En la salida, miraba a otros corredores, hablaba con ellos y la energía, el entusiasmo y la determinación del grupo era contagiosa.
Según avanzaba en el camino, iba pasando junto a personas que me inspiraban: hombres y mujeres mucho mayores que yo (el más mayor que corrió ese día tenía 85 años y terminó la carrera en menos de una hora), niños, personas de todos los tamaños y tallas. Pero todos teníamos en común una cosa: queríamos terminar esos 7 kilómetros como fuera.
Mi mayor aliciente para llegar a la meta a una mayor velocidad de la habitual, era el saber que al final del recorrido estaba mi familia esperándome.
En cuanto giré la última esquina y vi los ojos abiertos de mi hija de 10 años, y su carita de felicidad animándome, corrí más deprisa. Ella y el hijo de mi pareja, que tiene 8 añitos, se me pusieron uno a cada lado y me acompañaron corriendo hasta la meta, aplaudiéndome y diciéndome que sí podía llegar.
Por el rabillo del ojo vi a mi novio junto a la meta, sonriendo. Aunque no es corredor, me apoya, porque entiende lo que es una tener pasión por algo. Los dos compartimos otra carrera de larga distancia que es la profesión de la escritura.
Entrenar para la maratón del 20 de noviembre – para la que queda un mes – me ha hecho correr distancias mayores de 7 kilómetros, así que la carrera me resultó fácil y divertida.
Lo que aprendí con eso es aplicable a la vida: si haces más de lo que crees que eres capaz, cuando vuelves a tu ritmo habitual, te parece un paseo.
Ese día no gané ninguna medalla, pero gané lo siguiente:
- La satisfacción de reducir el tiempo que suelo tardar en recorrer esa misma distancia.
- El gozo de ver las expresiones de orgullo de mis hijos y de mi pareja.
- Saber que pertenezco a un gran grupo de personas que se comprometen con alcanzar una meta y lo hacen, sea como sea.
Eso, no tiene precio.
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Diario del Éxito sera un libro en febrero de 2012, editado por ediciones Obelisco. Para saber más de mis libros: www.lorrainecladish.com






Desde que era casi una niña, leo libros de auto-ayuda y desde hace 17 años, escribo y publico libros de superación personal - y también alguna novela que otra. Me pasaría el día leyendo y escribiendo, pero tengo dos hijas preciosas a las que criar y una larga lista de quehaceres, sueños y metas por cumplir. Procuro rodearme de personas positivas y que pese a los retos que nos depara la vida, tiren p´alante, como intento hacer yo. No creo en las excusas ni en el aburrimiento y disfruto contagiando a otras personas de mi pasión por la vida y del deseo de ser siempre mejor. El éxito es diferente para cada uno: para mí puede ser publicar un best-seller, para ti puede ser conseguir un sueldazo y para otra persona, concebir un hijo o superar una depresión. Este diario del éxito tiene un poco de todo lo que hace falta para encontrar ese empujoncito que necesitamos a veces para darnos cuenta de que somos más fuertes de lo que creemos y que estamos más cerca de la felicidad de lo que imaginamos. Para saber más de mí y de mis libros - 


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