Primero, quiero aclarar que no me considero una madre perfecta. Tengo la misma sensación de culpa y tantas dudas como cualquier otra madre. Me siento culpable por trabajar demasiado o no lo suficiente, dependiendo del dÃa. Dudo de si les doy a mis hijas bastante tiempo, ropa, atención y mil cosas más. Ser madre es convivir con estos sentimientos contradictorios y muchos más.
Sin embargo, me siento orgullosa cuando veo a mis nenas comportarse de cierta manera y quiero pensar que tuve algo que ver con ello. También sé que las pequeñas victorias que consigo como madre no son el resultado de darles aburridas charlas, sino de predicar con el ejemplo. Desde luego que no todo lo que hago está diseñado para contribuir a que mis hijas se conviertan en la mejor versión de sà mismas. Pero, como quiera que vivo cada dÃa procurando evolucionar, veo que eso es exactamente el ejemplo que les doy a ellas.
Los niños y jóvenes no siempre escuchan lo que les dices, ¡pero desde luego observan lo que HACES! Sus valores, te guste o no, son los valores que han aprendido de ti. Si no los diriges bien mediante el ejemplo, que sepas que los dirigirá la sociedad y muy probablemente eso no arrojará los resultados que buscas.
Mi hija de 6 añitos me sorprende a menudo con afirmaciones que me demuestran que observa cómo afronto la vida.
- Las mamis tienen que hacer ejercicio para sentirse mejor (sentà gran alivio porque no dijo “para verse mejor”).
- Eso lo hiciste porque eres una buena amiga (me detuve para ofrecer ayuda a otra mamá de la escuela que se quedó tirada en la cuneta con el coche).
- Las mamis leen mucho para aprender.
Hace poco fui de compras con mis hijas. Nos probamos ropa, miramos mucho y lo pasamos bien. Mi hija de 9 años querÃa gastar los $15 que llevaba en el bolsillo. Cada vez que elegÃa algo, le preguntaba si realmente lo necesitaba. No le hacÃa gracia alguna, claro, y se enfurruñó cuando yo elegà una camiseta para mÃ. Finalmente decidà no comprarla. Me preguntó por qué no me la llevaba. RespondÃ: “porque no la necesito”. Mi hija dejó lo que fuera que habÃa elegido comprar y anunció que querÃa invitarnos a su hermana y a mà a cenar con su paga. Quedé agradablemente sorprendida.
Mis nenas son lectoras porque a mà me gusta leer, disfrutan de la naturaleza porque es algo que yo celebro, y les gusta la soledad porque disfrutarla forma parte de mi vida. No les digo que tiene que ser asÃ. Simplemente actúo y ellas miran – y me imitan. Pero claro, yo soy lectora porque mi padre lo fue antes que yo (también me atrevo a decir que soy escritora porque mi padre y mi abuelo lo son), disfruto del ejercicio porque empecé a practicar deporte junto a mi padre cuando era una niña y me parecÃa lo normal. Aprendà de mi padre que la soledad es una gran maestra.
Claro que hay cosas que quisiera que mis hijas no emularan: la mayor es muy sensible y emotiva como yo. La peque es una dormilona, igual que su madre, y le gusta hacer las cosas a su manera, como a mÃ.
En realidad no puedes decirles a tus hijos con autoridad que no coman chucherÃas si tú te alimentas mal. Si tienes la televisión encendida todo el dÃa para darte compañÃa, tus hijos aprenderán que el silencio no es cosa buena y además absorberán la información – buena o mala – de la que tú te nutres. Si tienes ataques de ira o no sabes controlarte delante de tus hijos – no esperes que ellos tengan temple y buena educación.
No soy perfecta y sigo cometiendo errores, claro, pero he aprendido que cuando tienes hijos pequeños, hay que tener en cuenta que siempre te están observando, aunque tú creas que no es asÃ.
Procura ser cada dÃa mejor persona que ayer y tus hijos te imitarán, procurando hacer lo mismo. Realmente es asà de sencillo.
¿Qué buen ejemplo das a tus hijos?


















Desde que era casi una niña, leo libros de auto-ayuda y desde hace 17 años, escribo y publico libros de superación personal - y también alguna novela que otra. Me pasarÃa el dÃa leyendo y escribiendo, pero tengo dos hijas preciosas a las que criar y una larga lista de quehaceres, sueños y metas por cumplir. Procuro rodearme de personas positivas y que pese a los retos que nos depara la vida, tiren p´alante, como intento hacer yo. No creo en las excusas ni en el aburrimiento y disfruto contagiando a otras personas de mi pasión por la vida y del deseo de ser siempre mejor. El éxito es diferente para cada uno: para mà puede ser publicar un best-seller, para ti puede ser conseguir un sueldazo y para otra persona, concebir un hijo o superar una depresión. Este diario del éxito tiene un poco de todo lo que hace falta para encontrar ese empujoncito que necesitamos a veces para darnos cuenta de que somos más fuertes de lo que creemos y que estamos más cerca de la felicidad de lo que imaginamos. Para saber más de mà y de mis libros - 


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