#TRANSIBERIANO 3

Amanecer en Mongolia desde el tren

De Irkusk a Ulan Bator, capital de Mongolia fuimos en un tren mongol; el número 6, que vino con más de 40 minutos de retraso, no era ya la puntualidad rusa. La estación estaba repleta de turistas que se dirigían sobre todo a Vladivostok, la puerta rusa al Pacífico. El trayecto fue de 30 horas y 1121  kilómetros.

El tren tenía una decoración más barroca,  con forros de terciopelo, colcha elegante e incluso cojines, los cristales del departamento por fuera estaban muy sucios. Las azafatas tenían rasgos asiáticos y eran un poco secas,  una de ellas nos trajo un te al departamento sin cargo.

 

Lo primero que bordeamos fue el lago Baikal durante dos horas y media, pasamos 200 puentes y 33 túneles, cada vez veíamos menos árboles y menos lagos, algún rebaño de cabras, ríos, vacas, un cementerio y poco a poco entramos en las llanuras de Mongolia y empezamos a ver pequeños vertederos de basura. Tras pasar Ulan Udé, llegamos a la frontera con Mongolia donde nos detuvimos  1 hora y 50 minutos. La policía rusa imponía un poco, nos hicieron bajar las cortinas  de las ventanas y subieron con perros que husmeaban en los departamentos que les parecía más sospechoso, se llevaron los pasaportes, no sin antes decirte que le mirases para comprobar la foto del documento,  después al devolverlo parecían más amables.

Lago Baikal

Una vez reemprendida la marcha vimos amanecer en las llanuras de Mongolia y comenzamos a ver yurtas (casas típicas de Mongolia), caballos y vacas de los mongoles nómadas…Mongolia tres veces mas grande que España y sin embargo el país con menos densidad de población del Mundo…

 

Y así llegamos a Ulan Bator, con un millón de habitantes, es una ciudad  muy contaminada con chimeneas humeantes de fábricas en plena ciudad y abarrotada de coches. Ulan Bator mezcla ciudad moderna con tradicional, algunos ancianos con una báscula en la calle ofrecían pesarte por unos céntimos…comimos olla mongola y otras delicias en un restaurante en Peace Avenue por menos de 20 euros los cuatro con bebida, tuvimos que pedir que no nos sirvieran otros platos que habíamos pedido porque las raciones eran enormes. La olla mongola es una olla humeante de caldo donde vas cociendo los ingredientes que pidas: patatas, espinacas, ternera, etc…se sirve en unas mesas con placas de vitrocerámica insertadas en la mesa e individuales.

 

Visitamos el templo budista Choijin Lama, remanso de paz entre rascacielos mongoles, uno de ellos copia del edificio de Bofill en Barcelona.

 

También visitamos el templo de Gandan Khalid del siglo XIX, posee  una estatua de  Migjid Chenrezig, un bodhisattva budista  de 26 metros y medio. La entrada te la cobra uno de los 600 monjes que lo custodian, son 4000 tugriks o sea 1,5 euros para entrar y 3000 más, si fotografías la estatua.

 

En el centro de Ulan Bator, hay una plaza bonita (Plaza de Sükhbaatar ) presidida por una estatua de Genghis Khan.

 

Contratamos un tour con una guía llamada Nianka y un conductor de nombre  Loia para visitar Jarjorín una ciudad mongola  cuyo motor económico es el Monasterio budista de Erdene Zuu.

 

Muralla exterior del Monasterio y estupas

Jarjorín se encuentra a 365 kilómetros de Ulan Bator, 8 horas de coche por una carretera que según los mongoles es buena porque está asfaltada, pero los baches eran terribles, junto con la peculiar conducción de Loia el viaje era particular. Nianka hablaba ruso e inglés y era nuestra guía y  cocinera durante la estancia en la yurta donde nos alojaríamos en Jarjorín. Paramos a comprar la cena, mientras, Loia nos invitó a Buuz, una torta rellena de carne.

 

 

Paramos durante el viaje a comer en fondas que nos ofrecían platos de carne a menos de 1 euro el plato, acompañado de Süütei tsai un te con leche salado. Nianka nos explicó que  la alimentación fundamental en Mongolia es a base de carne, no podía ser de otra forma habiendo 50 millones de cabezas de ganado en los prados mongoles. En mitad del camino paramos en una yurta o ger (como la llaman los mongoles) donde una familia muy modesta nos invitó a Aarts o leche de caballo fermentada que te ofrecían con ilusión, pero que no estaba hecho para nuestro gusto occidental.

 

comida mongol, al fondo taza de Süütei tsai

Jarjorín es una ciudad sin calles asfaltadas, solo lo está su calle principal. Esta ciudad  vive sobre todo del Monasterio de Erdene Zuu que fue construido en el siglo XVI con las ruinas de Karakhorum la capital del imperio mongol de Gengis Khan desde el siglo XIII al XV y  destruida por los chinos de la dinastía Ming en 1388. Nianka decía que Karakhorum estaría muy cerca de Jarjorín. Karakhorum continuó siendo la capital del imperio mongol hasta que desapareció en el siglo XVI. Visitamos un monumento dedicado a la historia de los mongoles situado en lo alto del valle del río Orkhon donde se rendía también homenaje al caballo que siempre ayudó al pueblo mongol. Las vistas del valle desde este lugar son espectaculares.

 

 

Erdene Zuu está rodeado por un muro con 100 estupas, la intención era llegar a 108 el número sagrado del budismo, pero no les dio… En el interior habitan monjes budistas entre templos con maravillosos y vistosos tejados. Solo quedan 3 templos de los 62 que tuvo en su época de esplendor y que sobrevivieron a las purgas de la época  de dominio soviético. Estos tres templos están dedicados a las 3 edades de Buda: infancia, adolescencia y edad adulta. En todo el recinto hay numerosas cruces esvásticas (símbolo de origen hindú) que simbolizan a Genghis Khan, el conquistador mongol del siglo XII que construyó el mayor imperio de la Humanidad desde Corea hasta el Danubio, parece ser que Hitler le admiraba…

 

 

Pasamos la noche en un albergue de 12 yurtas, con un restaurante donde cocinó Nianka para nosotros y un pabellón con una ducha y retretes, nos encendieron la estufa central de la yurta ya que hacía frío pero calentó el ger demasiado,  tanto que durante la noche tuvimos que abrir  la puerta de la yurta…

Tras llegar a Ulan Bator el día siguiente y saborear nuestras últimas horas en la capital de Mongolia, tomamos por la noche nuestro último tren del viaje: Ulan Bator-Erlian, ciudad en la frontera china. El trayecto fue de 1183 kilómetros, 13 horas de tren. En la frontera estuvimos parados una hora y media para sellarnos la salida  de Mongolia en el pasaporte con el mismo ritual de cerrar las ventanas del tren…

 

Llegamos a Erlian tras una hora y 15 minutos en la frontera china después de bajar del tren. Al no poder obtener billetes para Pekín por estar agotados, nuestra opción fue coger el tren hasta Erlian y luego contratar un coche con conductor hasta Pekín, nos separaban más de 800 kilómetros. Tuvimos suerte y con la ayuda de una viajera china que hablaba inglés conseguimos una Minivan con 9 pasajeros incluido el conductor, cinco de ellos chinos, o sea eramos los únicos occidentales. Empezamos el viaje de forma rara e insólita ya que tuvimos que empujar el coche hasta llegar a la gasolinera para llenar el depósito…

 

Motocarro en las calles de Erlian

Al inicio de nuestro viaje pasamos por Eren Hot, ciudad de dinosaurios, situada en el desierto del Gobi, en Mongolia interior (China) y donde se encontró el mayor fósil de dinosaurio de Asia. 48 estatuas de dinosaurios de diferentes tamaños  nos acompañaron por la carretera  hasta llegar a dos ejemplares enormes de 19 metros de altura como si se besasen y que coronaban la carretera al entrar a la ciudad.

 

 

Tras 9 horas y media de viaje por carreteras correctas con algunos tramos de autovía y de nuevo con la peculiar forma de conducir de los asiáticos, llegamos a Pekín.

 

Nuestro primer contacto con la ciudad no fue muy afortunado ya que solo teníamos unos pocos yuanes y no había sitios para cambiar dinero ni nadie nos admitía tarjeta de crédito, así que apenas pudimos cenar. Pero, rápidamente cambió nuestra idea de la ciudad, no así de sus habitantes…nadie habla inglés, ni siquiera en los hoteles que lo hacen con un nivel muy bajo. Si a la gente le enseñas lo que buscas en chino, entonces la actitud cambia…

La plaza de Tiananmen es espectacular, está blindada, no se puede acceder a ella sin escanear tu mochila, maleta, bolso…La visita a la Ciudad Prohibida (siglo XV) es interesante, dotado de numerosos edificios, el primero (Salón de la Armonía Suprema) según entras, era donde el emperador recibía, el segundo donde descansaba de vestirse para ello y el tercero donde se vestía para las ceremonias, a partir de ahí los edificios son para la vida privada del emperador, su familia, sus concubinas y el servicio…en medio de edificios preciosos y jardines magníficos…los tejados estaban coronados por pequeñas estatuas en fila, cuanto mayor número de ellas mayor condición tenía el edificio, el Salón de la Armonía Suprema tiene 10. Al otro extremo de la Plaza estaba la tumba de Mao que este año está cerrado…

Entrada a la Ciudad Prohibida de noche.

 

Jardines de la Ciudad Prohibida

 

León de Fu (león de Buda)

 

Foso exterior de la Ciudad Prohibida

Otras visitas imprescindibles son los Hutongs, especialmente el de Hutong de Qianmen y el del lago Houhai. Los Hutongs  son una muestra de lo que fue el antiguo Pekín y donde se come de maravilla, la comida es estupenda, imprescindible probar el pato laqueado y las raíces de loto. Interesante si quieres ir de compras (cualquier cosa) es visitar el Mercado de la seda

 

Hutong de Qianmen

 

Me encantó la Torre de la Campana (siglo XVIII) y del Tambor (Siglo XIV), una enfrente de otra, la primera antes de la Revolución anunciaba el amanecer, la segunda el atardecer, los tambores marcaban las horas, eran los relojes oficiales de China…en 1924 entraron en vigor los relojes tradicionales y se les despojó de su estatus.

 

Torre del Tambor

 

Torre de la Campana

Me encantó comprobar como se divierte la gente en los parques, hacen gimnasia juntos, bailan juntos e improvisan karaokes en pequeños grupos, había gente que cantaba muy bien…

Nuestro último destino fue visitar la Muralla china, contratamos un conductor que nos llevó hasta Badeling una de las entradas de la muralla a una hora más o menos de Pekín (74 kilómetros). Construida a partir del siglo V A de C y hasta el siglo XVI para proteger el norte del país de las invasiones de Mongolia, parece que solo se conserva un 30% de ella  pero tuvo unos 7000 kilómetros de largo..entre tramo y tramo hay unas pequeñas torres vigías  que más de uno lo utiliza como retrete, una pena…la anchura es de unos 5 metros pero a veces se estrecha un poco más…desde aquí se divisa lo que pudo ser el esplendor del Imperio chino…es emocionante.

La visita resultó espectacular, me sorprendió la inclinación de la muralla y el coste físico que resultó la misma, pero merece la pena…a la vuelta hicimos una pequeña visita al Pekín olímpico, donde pudimos ver el Estadio en forma de nido de pájaro…

 

 

Y llegó la hora de despedirnos de este maravilloso viaje, hemos recorrido más de 9000 kilómetros en tren, casi un cuarto del planeta, traspasado 4 husos horarios distintos, convivido con tres culturas distintas, oyendo tres idiomas diferentes, conociendo gente maravillosa deseosa de contactar con occidentales, buena gente sin sensación de peligro en ningún momento. Creo que después de este viaje nos merecemos mi familia y yo llamarnos VIAJEROS de verdad…aunque el término inglés es más ilustrativo…travellers.

  • Absolutamente impresionante. Qué difícil ha de ser poder explicar todos los estímulos que recibisteis. Mongolia ha de ser fascinante.
    Comprendo tu impresión de Beijing. A mí me pareció toda China continental una experiencia difícil (estimulante, pero difícil). Ah, y recuérdame que te cuente cómo destruyeron los hutongs antes de las Olimpiadas para que nadie viera su pobreza (los actuales son falsos en su mayoría).
    ¡Besos! ¡Os admiro!

    • Querido HKB: muchas gracias por tus palabras!. Me encantará oirte lo de los Hutongs, el de Qinmen está claro que está muy reformado. Estuvimos en algunos Hutongs muy deteriorados y malolientes. Mongolia es muy particular, lo que menos me gustó fue su comida, el resto es fascinante!. Por lo demás el viaje fue maravilloso y difícil de describir como dices!.
      Un abrazo!

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