#TRANSIBERIANO 2

Puente sobre el río Obi

Dejamos Ekaterimburgo y nos adentramos en la estepa siberiana hacia Novosibirsk, 1894 kilómetros, 23 horas de tren, tren 140, solo nos proporcionan sábanas y toallas, aunque te ofrecen comida por los departamentos con unos carritos. Si te apetece tomarte una cerveza, debes cerrar la puerta de tu departamento a partir de las 22 horas, pues está prohibido tomarla aunque te la venden en el vagón bar.

Hasta ahora el paisaje que veíamos a través de los cristales del tren eran hermosos y frondosos bosques de coníferas (taiga), ahora y tras pasar los Urales, nos adentramos en la tundra siberiana con vegetación baja, llanuras y lagos…también abedules.

 

Todos los trenes tanto de la línea del transiberiano como la del transmongoliano, se rigen por la hora de Moscú, esto es de gran ayuda porque la hora que pone en el billete no corresponde con la hora de la ciudad en la que estás (desde Ekaterimburgo, en nuestro caso) sino con Moscú siempre. Nuestro provonidka durante el viaje fue Valentín que nos llenó de atenciones durante todo el trayecto, comunicándose con nosotros a través del Google translator.

Con Valentín

Novosibirsk: su nombre significa Nueva ciudad de Siberia, aunque en un principio fue Novonikoláyevsk por ser el zar Nicolás quién impulsó el origen de esta ciudad. Se construyó para dar albergue a los constructores del puente sobre el río Obi para el transiberiano. Es la tercera ciudad más importante de Rusia. En Novosibirsk todo es grande: la estación de tren es la más grande del Transiberiano, también el edificio de la ópera y el ballet que es incluso más grande que el teatro Bolshoi de Moscú.

 

Es la única ciudad de las que he visitado en mi vida que he visto a las palomas sentadas plácidamente en la calle o a un perro con gafas…

 

 

Tiene una plaza imponente donde se ubica la Ópera, es de estilo soviético (Plaza Lenin). También aquí comenzamos a ver algunas casas de madera típicas del siglo XIX, además Novosibirsk todavía conserva los trolebuses de la época soviética…

Pero lo que nos marcó el visitar Novosibirsk fue conocer a Roberto y a su mujer Tatiana (Tania). Roberto es cubano y su mujer rusa, que solo hablaba ruso, pero era tan maravillosa que no hacía falta que hablase otro idioma. Parece que al marcharnos de Novosibirsk dejamos familia allí…inolvidable también su Hibisco con romero en forma de té y el festejo que improvisaron al enterarse que era el cumpleaños de mi hija….nunca los olvidaremos.

 

Iniciamos el camino a Irkutsk, nos separaban 32 horas de tren y más de 2500 kilómetros, viajamos en el tren número 70. En el camino hay numerosas casas de madera, algunas con márgenes de las ventanas o sus techos pintados de color azul, todo inmerso en una abundantísima vegetación con pinos siberianos y abedules, gentes en sus pequeños huertos, algunos girasoles saludaban al escaso sol que asomaba entre las nubes.

 

Las casas tienen tejados inclinados, algunas son muy pequeñas, diría que demasiado, no hay calles. Parece que según llegaban plantaban las casas. Algún ave rapaz vuela cerca del tren y se posa en algunos tendidos eléctricos. Espantapájaros vestidos con las camisas típicas de los campesinos rusos hacen su labor. Alguna ciudad de aspecto soviético con casa de hormigón altas rompe con este paisaje…

 

 

 

 

Una camarera nos vende unos bollitos rellenos de carne y cebolla calientes y están buenos…también ofrecen bebidas y algún que otro aperitivo comercial.

 

Paramos en Krasnoyack y bajamos a ver su bonita plaza…

 

Irkutsk: tras pagar 6000 rublos a un taxi pirata en un coche cochambroso, nos instalamos en esta peculiar ciudad…está regada por el río Angará y es la puerta al maravilloso lago Baikal…Su escudo es un tigre que lleva en la boca una marta, fue llamada El París de Siberia por su peculiar belleza.

 

 

Está salpicada de casas de madera del siglo XIX, algunas en penoso estado otras desaparecieron tras un incendio en 1879. Esta ciudad fue el albergue de todos los intelectuales que fueron exiliados en Siberia tras la rebelión de Diciembre contra el zar Nicolás I, un monumento a las mujeres exiliadas juntos a su maridos preside una plaza…muy cerca de la casa que simboliza a los decembristas…

 

Irkutsk es el destino final  desde Moscú de El Correo del zar, la novela de Julio Verne…Se nota la proximidad al Sudeste asiático, mayor número de habitantes de rasgos asiáticos y se conduce parecido, de forma caótica, los volantes de los coches están de forma indistinta a la derecha o a la izquierda, ya se empezaba a ver en Novosibirsk y Roberto nos explicó que son coches de segunda mano provenientes de Japón. Tener estos coches indica que tu economía no es muy boyante…

 

 

Lago Baikal, la perla de Asia: es el mayor almacén de agua dulce del mundo (31494 kilómetros cuadrados de superficie, 636 kilómetros de Norte a Sur), pero el lago Baikal es mucho más que eso…su visión es impresionante, no puedes distinguirlo del mar, unas focas especiales, las más pequeñas del mundo (miden 1,5 metros), llamadas Nerpas,  únicas en el mundo nadan en sus aguas, un pescado único primo del salmón, llamado Omul vive aquí…en algunas partes sus aguas son tan cristalinas que puedes ver el fondo…la temperatura del lago no supera los 15 grados y en Invierno se hiela completamente…

 

Llegamos al Baikal en coche tras comprar nuestro billete en un aparcamiento situado al lado del mercado de Irkutsk. El conductor era temerario en su manejo del vehículo, nadie se pone el cinturón de seguridad y nos deleitó todo el camino con una música mezcla de bacalao-discochunda-chunda horrible…

Contratamos un tour por el lago, conducido por una chica rusa que aprendió castellano en Alcalá de Henares (qué buen sitio para hacerlo!) y tras un paseo delicioso por el lago y por las vías del transiberiano aledaño al lago, terminamos tomando un té con gente de 5 nacionalidades distintas, después comimos Omul. Este pescado se alimenta sólo de algas y es exclusivo de este lago, se toma ahumado, pero debajo del ahumado está un poco crudo, a mí me gustó…hay docenas de puestos de ahumado de Omul en todo el algo…

 

 

 

Nos despedimos de Irkutsk, cenando comida típica siberiana. En esta ciudad el Transiberiano se divide en Transmongoliano que te conduce a Pekín o Transiberiano que termina en Vladivostok, la puerta de Rusia al Pacífico, nosotros elegimos el primer camino…

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