Dos son los recuerdos que me llegan a la cabeza cuando pienso en Gante: el paseo nocturno por la orilla de uno de sus ríos que me hizo llorar de emoción y el pésimo zumo de naranja que bebía en el hotel todos los días que estuve allí.
Gante, ciudad de Flandes, cuna de Carlos I y ciudad sin coches, es una ciudad maravillosa cuyo símbolo es una soga porque el emperador Carlos I castigó a sus habitantes en 1537 a llevar soga al cuello como castigo por desobediencia y rebeldía. El vigilante de la ciudad es un dragón de 3 metros de largo y más de 400 kilos que se encuentra en la cúspide de la Torre Campanario de maravilloso estilo gótico.
Gante está cruzado por 4 ríos: el Escalda, el Lys, el Lieve y el Moere que divide a la ciudad en 26 islas, surcando sus calles de numerosos canales, donde se asoman los edificios escalonados en su parte más alta, sede de antiguos gremios que miran al canal lleno de flores.
La catedral de San Bavón de 1228, románica y gótica, donde se bautizó Carlos I ó V (según se mire), posee 22 altares y en ella se encuentra La adoración del cordero místico de Jan Van Eyck de 1432, considerada como la cúspide de la pintura flamenca del Siglo XV, también podemos admirar un cuadro de Rubens.
Atravesando el río Lys desde la Catedral de San Bavón por el puente de san Miguel donde se contemplan las 3 torres de la ciudad (San Bavón, Torre Campanario y San Nicolás), llegamos al barrio de Patershol, cuajada de restaurantes variopintos y coronado por el Castillo de los Condes de Flandes que mostraba a los ganteses quién dominaba la ciudad, data del año 867, impresionante estampa. Frente a este castillo se encuentra la plaza Sint Veerle presidida por una columna de justicia del Siglo XV donde tenían lugar las ejecuciones. La visión de estos dos lugares no pueden evitar retroceder unos cuantos siglos y ponerte en la piel de los flamencos, es inquietante…
En cuanto al zumo, era terrible, “aguachirri” de toda la vida, aprovecho para recordaos que existe una relación inversa entre ciertos marcadores biológicos que se encuentran en las frutas y verduras y el riesgo de ictus hemorrágico e isquémico. Estos son el potasio, la vitamina C (especialmente en cítricos), los carotenoides antioxidantes, los alfa y beta carotenos (zanahoria) y el licopeno (tomate).
La protección es mayor con la fruta que con la verdura. Una dieta rica en fruta y verdura con otras modificaciones en el estilo de vida, puede reducir la presión arterial, sobre todo la diastólica o mínima. Además existe un menor riesgo para padecer cáncer de colon (cada vez más evidente) y de mama (todavía no hay grado de evidencia A). También hay una fuerte evidencia que el aumento de ingesta de estos elementos en nuestra dieta disminuye el riesgo de padecer diabetes y una disminución de nuestro índice de masa corporal, es decir, contribuye a disminuir nuestro peso. Es conveniente recordar el papel de los cítricos para prevenir catarros en Invierno.
En cualquier caso, merece la pena incorporar fruta y verdura en nuestra dieta (al menos 5 raciones-piezas) como merece la pena conocer Gante, pero cuidado… puedes sufrir el Sindrome de Stendhal…




