He tenido el raro privilegio, y digo raro por lo poco habitual, de estar con Irina Shayk desnuda.
Fue el pasado otoño, quedamos para una sesión fotográfica en una casa destartalada de Chinchón, el glamour surge donde menos lo esperas. El truco es que llevamos al mejor fotógrafo, Vincent Peters, y a la mejor peluquera, Perrine Rougemeont.
Para entrar en ambiente pusimos unos cafés, un catering y esas cosas… y en cuanto ella me dijo: “soy como todas las mujeres, me gustan los hombres con sentido del humor“, empecé a contar chistes en español, en ruso y en francés, en armenio y en la lengua del Caúcaso, lo que hiciera falta…
El fotógrafo no había visto a una chica tan guapa en su vida, y ha retratado a una tal Monica Bellucci, Claudia Schiffer o Eva Herzigova; con todas estuve yo, pero eso es otro post.
Me confesó que su madre era pianista, quizá para que yo no desafinara y que leía a Dostoievski, Trotsky – y yo pensé en el título de Crimen y Castigo cuando pensaba en “pobre Ronaldo, obligado a tener que salir al campo cada domingo con esta chica en casa, a la que podía llevar a tomar un pollo a casa Mingo”-. El fútbol es muy sacrificado…
En plena sesión de fotos vino el dueño de la “mansión” de Chinchón, y la propia Irina, en paños menores, le dio una pola de recuerdo, que se la llevó como si fuera una estampita de la virgen de Regla.
Ahora que el Hermitage está en el Prado, siento a Irina más cerca, y parece un sueño cuando recuerdo cómo se tumbaba en la cama, cómo se apoyaba semi desnuda en el árbol de Chinchón, y entonces me dijo que le gustaban los hombres bonitos por fuera y por dentro, y recordé que no tengo ninguna úlcera y mi sangre fluye a toda castaña, me quité las gafas para esconder mis defectos, pero me dijo que amaba a Woody Allen y su Match point, me las volví a poner, y de pronto se puso a corretear por el campo en albornoz, con unas zapatillas rojas.
Entre foto y foto perseguía a un perrito abandonado, y lo cogió, lo besó y se encargó de que alguien cuidara de él… Pienso en ese perro abandonado, desnudo en brazos de Irina, la envidia de media humanidad…















