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20 agosto 11

¿POR QUÉ LOS NIÑOS MIENTEN?

¿POR QUÉ LOS NIÑOS MIENTEN?

¿Cuántas veces nos ha tocado, como padres  estar frente a la mentira de un hijo? A veces de la manera más inocente, y otras veces con premeditación, lo cierto es que la mentira en el niño es casi una forma normal de comunicarse en el ambiente en que cotidianamente se desenvuelve, tanto en casa como en el colegio o en la interacción con sus iguales.

A menudo, la forma lógica, innata, visceral… de todo padre es responder con un sonoro ”Estás mintiendo… eres un mentiroso” para seguidamente contemplar la carita “estupefacta” de nuestro hijo que no comprende muy bien el por qué de semejante enfado. Evidentemente, según cualquier ilustre diccionario, mentir es decir falsedades; es engañar al otro  a través de la palabra. Pero a menudo un niño miente y no siempre lo hace con intención.

Todos sabemos por experiencia,  que los niños menores de 7 años tienen tendencia a confundir la realidad con la fantasía. De ahí que sus juegos parecen tan vívidamente reales. En esta edad, cuando un niño se acerca a nosotros y nos dice “Por favor límpiame la cara que está llena de barro porque vengo de luchar en un combate peligroso en el que tuve que esconderme…”, nos está invitando a participar de su fantasía y no está  queriendo engañarnos. Este tipo de “mentira” es inocente, sin premeditación y sobre todo sin querer conseguir ningún beneficio con ello. Quizá una dosis de autoestima para que mamá conteste:” tú eres un valiente”. Esta mentira es necesaria para forjar la identidad y situarse frente al mundo de manera segura.

En esta etapa los padres debemos saber situarnos frente a nuestros hijos a este nivel de fantasía e imaginación (maravillosas) pero siempre devolviendo una dosis de realidad (“Tu eres un valiente guerrero al que mamá siempre querrá y cuidará aunque pierda alguna batalla. Y creo campeón, que nos espera la batalla de recoger los juguetes”).

A partir de los 7 años, aproximadamente, el niño empieza a tener mayor conciencia de su realidad y se da cuenta que a veces falseando la verdad puede conseguir ciertos beneficios personales. Por ejemplo, el niño que asegura haber comprado un dulce con una moneda que se encontró en la calle, cuando en realidad la sustrajo del monedero de  mamá… o el adolescente “adorable” que cambia de repente, y oculta sus notas  o las falsifica.

Es entonces cuando los Padres nos preocupamos ante este  tipo de mentira y nos preguntamos:

¿POR QUÉ MIENTE nuestro hijo?

Puede ser por diversas razones:

  1. Como imitación al padre o a la madre que miente: Los niños son como esponjas que absorben todo. Si ellos observan y viven la mentira de manera cotidiana, aprenden a hacerlo como algo normal y cotidiano. Es el caso del niño que escucha a su madre negarse al teléfono “dile que no estoy…”. Por ello, crea un ambiente familiar que favorezca la verdad.
  2. Por miedo: Suele ser la causa más común de la mentira en los niños, quienes por temor a la desaprobación o al castigo por parte de la madre o del padre, se ven llevados a falsear la verdad. Si el niño sabe que, por ejemplo, al llevar una nota mala del colegio, su madre se va a enfadar o le va a prohibir ver la televisión, seguramente dirá que no le han entregado sus calificaciones aún…
  3. Ante la exigencia: Cuando le exigimos mucho al niño, esperando de él a veces más de lo que esperamos de nosotros mismos, el niño tiende a hacernos creer que está al nivel de nuestras expectativas y miente para no defraudarnos.

Sea cual sea la causa concreta de la mentira, siempre es una señal. El niño miente  porque lo necesita. Con la mentira, el niño nos está diciendo “auxilio”. Más que la conducta mentirosa, analiza la condición psicológica que traduce: timidez, desamparo, rabia, sentimiento de inferioridad…

¿CUÁNDO PREOCUPARSE?

No siempre la mentira es tan grave como para preocuparse. Cuando la mentira es surgida de la fantasía, normalmente con la madurez del niño, ésta desaparece. Cuando se trata de mentira propiamente dicha, tendríamos que preocuparnos si se presenta como mentira recurrente en estas formas:

a.  La famosa “mitomanía” que surge del niño que intenta persuadir y convencer a los demás de la realidad de sus relatos  de forma habitual. Indica una fuerte necesidad de escapar de una realidad “difícil” de sobrellevar para el niño y habría que averiguar cuál es.

b. Aquella que surge como producto de un nivel elevado de ansiedad en el niño o de temor en general. Por ejemplo el caso del niño que habitualmente miente acusando a sus profesores de maltrato o a sus compañeros de  ser rechazado para ocultar o sobrellevar un fracaso escolar.

¿QUÉ HACER ANTE LA MENTIRA?

Lo primero que tenemos que hacer como padres o maestros es determinar qué tipo de mentira es con la que estamos lidiando y, sobre todo, qué la está motivando. Si no sabemos cuál es la causa de ese “auxilio” desesperado en el niño, corremos el riesgo de equivocarnos en la intervención.

La actitud que tengamos va a ser determinante. Será necesario:

  1. Reaccionar con calma aunque con severidad.
  2. Felicitar o premiar al niño que confiesa la verdad. Si lo castigamos a pesar de que ha confesado, estamos reforzando su hábito de mentir (la próxima vez lo hará con más cuidado para que no lo descubran…). Sólo en última instancia habrá que acudir al castigo.
  3. Favorecer un ambiente de confianza, en la que el niño se anime a contar sus travesuras y sus errores. Que no sienta que cada vez que habla, hay consecuencias drásticas: se le acosa al niño, se convierte todo en un interrogatorio y posteriormente ya no se le creerá aunque diga la verdad.
  4. Estar alertas. Por mucho que amemos a nuestros hijos, tenemos que aceptar que a veces fallan, que no son perfectos e ideales como los hemos imaginado. A veces, la mentira es el arma de un niño ante una situación inesperada de la cual no sabe salir con los medios que posee.
  5. No tomarla de forma exagerada con grandes explosiones ni tampoco a la “ligera o con indiferencia y sin darle importancia, o incluso reirse o considerarlo gracioso. No hay que olvidar que el niño construye sus juicios morales con los juicios de los adultos. Debe sabe que la mentira es una acción reprobable.

Lo ideal es que estas condiciones se den a menudo a modo de prevenir la mentira en el niño (“es mejor prevenir que lamentar”). Si estas condiciones se dan en tu hogar, seguramente el hábito de la mentira no se dará; o si es que ya existe, irá desapareciendo en el niño. Si no llega a desaparecer, es porque están fallando las condiciones ambientales necesarias para prevenirla.

El niño o adolescente es capaz de admitir su mentira como un fallo y el sentimiento de culpa puede llevarle a la confesión. Pero para que reconozca su fallo, debemos ofrecerle confianza y comprensión y no gritos excesivos o dramas. La mentira es la salida a una dificultad, una manera de luchar    pero condenada al fracaso. Hazlo entender así a tu hijo desde la responsabilidad y el afecto. Así se educa para la franqueza.

Mónica Escalona
Directora Centro Zana. Centro Psicopedagógico de Atención Global
Dificultades de Aprendizaje, TDHA, Logopedia, Terapia de familia
www.zana.es


28 septiembre 11

EDUCAR, utilizando las TECNOLOGÍAS de manera positiva.

1. Pautas ADECUADAS PARA NIÑOS DE 0 A 10 AÑOS.

Todos sabemos que para cualquier niño la telefonía móvil, la televisión, el manejo del ordenador o de una videoconsola… es una experiencia cotidiana no “excepcional” e incluso muchos niños manejan mandos de DVD, TDT o Internet mejor que muchos adultos. No podemos negar que desde pequeños los niños están creciendo en una sociedad donde las tecnologías y medios audiovisuales tienen  un papel importante. Y este nuevo paradigma social tiene consecuencias educativas.

Por tanto, no cabe un debate como “Teconología Si o tecnología NO” sino el deber de los padres de enseñar a sus hijos desde pequeños, hábitos y pautas correctas a la hora de acercarse a las tecnologías  con seguridad.

Las tecnologías bien utilizadas tienen beneficios educativos y desarrollan en el niño habilidades linguísticas, psicomotoras, cognitivas y también socio-emocionales (resolver conflictos, adaptarse y comprender diferentes situaciones).

Además, la transmisión de la información se realiza utilizando múltiples canales y vías sensoriales (lo visual se junta con lo auditivo y lo manipulativo) y por ello, son tan atrayentes para los niños que adquieren de forma intuitiva y rápida los fundamentos técnicos de su nuevo entorno “virtual”.

El objetivo básico de padres y educadores en este tema debe ser la supervisión de cómo el niño las utiliza y decidir en función de la edad los contenidos y el control sobre el tiempo de tele, ordenador o consola.

Vemos por edades qué pautas deben tener en cuenta los padres:

NIÑOS DE 0 A 3 AÑOS

En esta etapa, el aprendizaje de los niños  se basa en la imitación y observación de gestos, sonidos, lenguaje no verbal y posteriormente van apareciendo las primeras palabras. Lo más recomendable es utilizar recursos que lo estimulen visual y auditivamente, y la mejor herramienta es la televisión mediante programas adecuados o series con diseño simple de colores vivos atrayentes y personajes que apenas utilizan el lenguaje hablado.

Los hechos expuestos deben de ser fáciles de comprender para el niño, y estar próximos a su experiencia cotidiana. La duración de los capítulos deben durar alrededor de 10 minutos (Pocoyo o similares), no son capaces de centrar la atención durante demasido tiempo. Otro recurso es usar los Cantajuegos, canciones infantiles acompañadas de dibujos y coreografías sencillas que los niños pueden repetir e imitar.

Además es conveniente:

  • Que el adulto esté algún rato con el niño viendo la tele y vaya narrando lo que va ocurriendo mediante gestos, repeticiones de palabras…
  • Evitar que siempre el niño este solo en la tele.
  • No sobrepasar los 30 minutos diarios.
  • Muy importante: Evitar usar la televisión mientras el niño come o para quedarse dormido y se relaje.

NIÑOS DE 3 A 10 AÑOS

En esta etapa, los niños ya han adquirido el lenguaje y mejoran significativamente las habilidades motoras y manipulativas. Se inician en el aprendizaje de formas, colores, conceptos espaciales y temporales, números y letras. Se puede mantener la televisión con series como Caillou, Dora la exploradora, Barrio Sésamo o similares por su alto contenido educativo.

Es muy importante controlar que el niño no vea series con contenido violento. Pero sin dudarlo, a los niños les empieza a llamar la atención ordenadores y consolas como la Wii y la Nintendo que empiezan a manejar con habilidad. Las pautas más importantes a tener en cuenta:

  • Usar videojuegos para trabajar la memoria, atención, razonamiento…. Y también juegos de deporte, baile o coordinación motora.
  • Respetar y cumplir la edad mínima necesaria para jugar estipulada por los fabricantes para evitar contenidos que excedan de su comprensión.
  • El niño debe jugar bajo la supervisión y guía del adulto y también es  importante que el adulto juegue con el niño.
  • No exceder el tiempo de juego más de 40 minutos.
  • Brindar al niño como alternativa de ocio otras actividades diferentes no tecnológicas de igual valor educativo: ir al parque, escuchar cuentos, cocinar, puzzles y encajes, manualidades, deportes de equipo…. Y trasmitir a nuestros hijos la idea de que JUGAR y APRENDER no es solo recurrir a la tecnología.
  • Evitar que en casa, el niño conozca el lugar donde se guarda su consola (Nintendo, game-boy..) para que tenga que solicitar y pedir permiso a sus padres para jugar y podamos controlar su uso.
  • Evitar ver la televisión o jugar con cualquier “maquinita” antes de hacer deberes y tareas escolares, ya que no facilitan que el niño pueda “activarse” y realizar un esfuerzo mental atencional prolongado. Introducir estas actividades al final de la jornada diaria para que el niño se relaje o como “premio” por su trabajo bien hecho. Antes de los deberes, parque o actividades físicas, deportivas, manualidades, etc.

Posteriormente, hablaremos sobre este tema en niños de 10 a 14 años y adolescentes.

Mónica Escalona
Directora Centro Zana. Centro Psicopedagógico de Atención Global
Dificultades de Aprendizaje, TDHA, Logopedia, Terapia de familia
www.zana.es


11 julio 11

Deberes en verano ¿sí o no?

Al terminar el curso, todos los padres sentimos un gran alivio: por fin se acabaron los horarios, las prisas, el “siéntate a hacer los deberes”… Llega el verano, el calor y todos necesitamos “pasar” de estas responsabilidades después de tantas batallas con controles y exámenes. Pero no podemos olvidar que en Junio nuestros hijos traen con las notas de fin de curso, unos cuadernillos de trabajo “recomendables” (u obligatorios a veces) para que repasen o no olviden cálculo, ortografía, problemas, lecturas…En esas fechas, los archivamos porque nos dan alergia pero de repente más tarde recordamos que existen y la duda en caso de recomendación es ¿Los hacemos o no? ¿Deberes sí o no? Tranquila, vamos a ayudarte a resolver este dilema.

Un punto de partida a tener en cuenta es cómo ha sido el rendimiento escolar de tu hijo-a a lo largo del curso. Si tu hij@ es un “buen alumno” está claro que ha aprendido de verdad; los conocimientos los tiene, y si no toca un libro en verano, al comienzo del curso siguiente estará algo desconectado pero se conectará rápidamente.

Pero es verdad que hay niños que presentan un rendimiento escolar más “justo”, que les ha costado sacar adelante algunas asignaturas o con mucho esfuerzo o tardan en instaurar hábitos de trabajo, y realizar un paréntesis escolar todo el verano, tampoco es recomendable. Así que para conseguir este equilibrio difícil, van aquí estas recomendaciones:

1. Independientemente del rendimiento escolar de tu hij@ (obviamente no incluyo niños mayores de Secundaria que han suspendido asignaturas y tienen exámenes en Septiembre), es necesario aparcar completamente al menos durante quince días todo lo relacionado con lo escolar y dedicarse al juego, el descanso, hacer deporte (correr, nadar en la piscina..) y estar con los amigos o hacer nuevas amistades (campamentos urbanos o en el campo, granja-escuela…) y disfrutar de los padres. Si la familia va a realizar un viaje, es preferible no hacer deberes esos días.

2. Cuando empecemos a realizar tareas de repaso, algunos niños quizá deban realizar los cuadernos de actividades propuestos por el profesor para reforzar áreas en las que han presentado cierta dificultad. Pero no tenemos que recurrir necesariamente a deberes “convencionales” o cuadernillos de vacaciones aburridos, sino que podemos hacer deberes de forma más original o entretenida e igualmente provechosas para su aprendizaje. Sugerencias:

  • Fomenta todo tipo de lectura. Es la actividad ideal del verano. No debe ser siempre individual. Lee con tu hij@ alternado páginas, párrafos, etc y comenta a continuación lo leído, pídele que te lo cuente con sus palabras…Mejorará su velocidad y comprensión lectora, herramientas indispensables para el éxito escolar. Si tu hij@ tiene dificultades en esta área, existen en el mercado libros de Comprensión lectora para cada etapa bastante divertidos y bien presentados con textos para leer y actividades a realizar sobre cada uno de ellos (contestar preguntas, sopas de letras, crucigramas…).
  • Hacer pequeñas redacciones sobre el día anterior que pasamos en la playa, o visitando un acuario o en el parque acuático… o bien en forma de comic, diálogo, fichas temáticas de trabajo, etc. Trabajaremos expresión escrita, ortografía, caligrafía, vocabulario, puntuación…
  • Para reforzar matemáticas, parte de su realidad directa en tu situación real veraniega y huye de los cuadernos o problemas de matemáticas estandarizados. Pueden sumar, restar o multiplicar lo que valen los productos de la lista de la compra, o los diversos tipos de peces del mar, conchas, flores, animales, barcos… Inventa problemas en los que ellos sean los protagonistas, los primos, los amigos más cercanos… Aprenderán a calcular y a razonar pero su actitud ante el trabajo será distinta. Ellos mismos pueden inventar sus “problemas”.
  • Fomenta las manualidades. Desarrollan la creatividad, la psicomotricidad fina, el arte, los sentidos…Y no pierdas de vista el taller de cocina: bizcochos, helados, polos, sorbetes, tortillas… Se puede hacer un libro de recetas de casa con sus partes diferenciadas: título o nombre de la receta, ingredientes, elaboración, sugerencia de presentación, dibujo del resultado final…
  • Para mejorar la atención, recurre a sopas de letras, crucigramas, sudokus, laberintos, dibujos para encontrar diferencias, etc.

3. El mejor momento para hacer deberes es después del desayuno y de vestirse porque están más descansados y disponen de todo el resto del día libre. Pero se flexible si un día hay un imprevisto o se introduce una nueva actividad.

4. Planifica el método de trabajo y el tiempo. Organiza por partes antes de empezar qué es lo que van a hacer. Marca un tiempo determinado para cada tarea en función de la edad y el ritmo de cada niño. No hay un tiempo ideal pero no puede ser excesivo. Depende de diversos factores en cada niño (facilidad para la tarea, capacidad de atención, actitud) pero a modo orientativo podemos estipular 15 minutos de trabajo por curso comenzando desde 1º de Primaria (Ejmplo: 30 mntos para 2º; 45 para 3º P; 60 para 4ºP y así sucesivamente). Hay días en los que puede disminuirse o aumentar estos tiempos. Los padres lo intuimos. Refuerza positivamente cada tarea para dar paso a la siguiente. Informa constantemente de los avances y los logros y de lo que puede mejorar mañana. Puedes dar puntos por cada día de trabajo bien hecho y canjearlos el viernes por un premio especial (un helado o unos cromos ¿En qué estabais pensando? Vale una guerra de cosquillas o de abrazos). Los niños necesitan refuerzo positivo a menudo cuando hay esfuerzo y trabajo.

En fin, os deseo ante todo UN FELIZ VERANO A TODAS con un poco de repaso y mucho de hablar, sentir, cantar, visitar, pintar, jugar, reir, bailar… con vuestros hijos.


Mónica Escalona

Directora Centro Zana. Centro Psicopedagógico de Atención Global
Dificultades de Aprendizaje, TDHA, Logopedia, Terapia de familia
www.zana.es
Madrid. Tel. 91 3880927


04 mayo 11

Mi hijo no aprende:¿Qué son las dificultades de aprendizaje (DA)?

En la actualidad, dentro de las aulas de los diversos centros educativos, nos encontramos con alumnos a los que parece que les cuesta APRENDER más que a otros. En ocasiones, no son comprendidos ni ayudados porque no se sabe qué les pasa exactamente “confundiendo” sus síntomas con una posible falta de capacidad, falta de interés y motivación, pereza o falta de esfuerzo y trabajo, con las repercusiones negativas que esto implica en su desarrollo afectivo-personal (Autoestima) y en su adaptación escolar.
Este grupo de “alumnos” presenta un determinado problema o Dificultad de Aprendizaje. Se entiende por el término DA al conjunto de alteraciones que se manifiestan en dificultades importantes en la adquisición y utilización del lenguaje, la lectura, la escritura, el razonamiento o habilidades matemáticas. Se considera que su causa es una inmadurez de los procesos cognitivos del Sistema Nervioso Central.

Hay varias características básicas para el diagnóstico diferencial:
- Capacidad intelectual normal o superior comparados con los niños de su edad.
- Trastornos en ciertos procesos cognitivos y madurativos del niño: percepción, atención y memoria.
- Rendimiento escolar insuficiente en una o varias materias básicas: lectura, escritura, cálculo y matemáticas…

En definitiva, engloba dificultades específicas en niños con capacidad intelectual normal que ocasionan un bajo rendimiento escolar y en los que subyace una inmadurez o disfunción cerebral con la presencia de trastornos específicos en diversas áreas; lenguaje, psicomotricidad, atención, memoria, razonamiento.. que no son la causa directa, sino manifestaciones de esa inmadurez.

Las DA son más frecuentes en niños que en niñas y afectan del 5 al 10% de la población escolar.
Los factores de riesgo son diversos: problemas durante el embarazo y el parto; en los primeros meses de vida; factores genéticos; factores de tipo bioquímico; dificultades de tipo articulatorio o retrasos en la adquisición del lenguaje; retraso y torpeza motriz; problemas de lateralidad, etc.

Casi siempre se realiza el diagnóstico de las DA cuando nos encontramos ante un fracaso escolar consumado y la presencia de dificultades emocionales (baja autoestima, fobia escolar), generalmente a partir de la edad de 7 u 8 años. Pero estos déficits se manifiestan claramente a la edad de cuatro y cinco años, y pueden ser ya diagnosticados en la edad preescolar. Lo que sucede es que se hacen evidentes cuando al niño se le exige el aprendizaje de materias instrumentales básicas (lectura, escritura, cálculo…) o de cierta complejidad que parece no poder lograr.

De nuevo volvemos a la necesidad primordial de diagnosticar las DA cuanto antes dentro de programas de estimulación y terapias preventivas. La tarea de los equipos escolares de las escuelas y colegios en etapa infantil es fundamental, estableciendo medidas básicas y apoyos dentro y fuera del aula, para lograr la escolarización normal y la adaptación escolar y personal óptima de los escolares en situación de riesgo.
La reeducación de las DA fuera del ámbito escolar suele ser necesaria ya que normalmente, el sistema educativo actual no aporta los suficientes apoyos pedagógicos y/o metodológicos a estos alumnos, pero la apuesta evidentemente, sería que cada centro educativo tuviera capacidad propia para “gestionar” el tipo de proyecto educativo y metodológico más adecuado.

Ante esta “realidad” negativa con la que hemos de contar (no en todos los casos hay que destacar), resulta imprescindible que los profesionales de la pedagogía, profesores y padres de estos niños mostremos actitudes de Comprensión, Apoyo y respeto, entendiendo y conociendo sus “diferencias” o modos peculiares o diferentes de aprender.

En todo sistema educativo, la DIFERENCIA debería ser un valor, una riqueza… y no un problema.

Mónica Escalona
Directora Centro Zana. Centro Psicopedagógico de Atención Global
Dificultades de Aprendizaje, TDHA, Logopedia, Terapia de familia
www.zana.es
Madrid. Tel. 91 388 09 27

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08 febrero 11

“Malas conductas”.Emplea tu energía en lo que es realmente importante.

Hola chicas, aquí estoy de nuevo. Pensaba cambiar de tema esta semana pero he considerado que me quedaban cosas por deciros y transmitiros referente a la intervención sobre los problemas de conducta de los niños ( y adolescentes). He hablado de la “mala conducta”, su por qué y las técnicas conductuales más adecuadas (premios, castigos, tiempo fuera…) y de la importancia de una disciplina sistemática y constante basada en la aplicación de normas y límites pero con compatibilidad afectiva y comunicativa en la relación padres-hijos.
En definitiva, disfrutar de nuestros hijos y ver su lado positivo.
Pero los hijos crecen, se hacen mayores y aprenden (afortunadamente) a decidir por sí mismos y a reivindicar su espacio personal (físico y emocional) y a generar sus propias opiniones sobre ciertos temas, valores y normas. Esto ocurre a partir de los 10-11 años en una etapa evolutiva en la que “lo bueno y lo malo” ya no es únicamente lo que dicen los padres sino que al desarrollarse la empatía (capacidad de ponerse en el lugar del otro), lo bueno y lo malo no es sólo aquello que es premiado o castigado y que depende de las consecuencias, sino que además ha de tenerse en cuenta la intención de un acto. Y por ello, comienza la etapa de las “reivindicaciones”, chantajes, negociaciones, quejas…. que se prolonga hasta la adolescencia y que debemos considerar como la forma de un “niño” de ganar seguridad en sí mismo y lograr su autonomía personal e independencia de los padres.

Pero para nosotros, los padres, empieza otra “lucha”, otra batalla, en la que en vez de “defendernos” con castigos y alabanzas, hemos de defendernos con grandes y elocuentes discursos verbales, en la lucha por que nuestros hijos entiendan nuestras necesidades y a la vez entendamos nosotros sus necesidades y demandas (unas veces muy razonables y otras imposibles de entender).
Así que creo que llegado este momento, es muy importante una revisión general para aprender a categorizar y clarificar las conductas para gastar las “energías” sólo cuando sea necesario.
¿Qué significa esto? Pues que no podemos calificar todas las conductas de la misma forma ni concederles la misma importancia en todas las situaciones ni momentos evolutivos.

A efectos didácticos, existen tres categorías y voy a denominar CESTO a cada una de ella (Estas categorías valen para todas las edades):
CESTO A: CONDUCTAS INTOLERABLES.
CESTO B: CONDUCTAS NEGOCIABLES.
CESTO C: CONDUCTAS QUE ES POSIBLE IGNORAR O NO TENER EN CUENTA.

CONDUCTAS DEL CESTO A.
• Riesgo real de hacerse daño (cruzar solo la carretera).
• Agresión física o verbal a otro (hermano, amigo, padre, cuidadora, maestro).
• Romper o estropear cosas de forma intencionada.
• Transgredir una norma ya establecida y fijada.
Estas conductas se sonsideran inaceptables. En esta situación, no se discute, no se argumenta, no se grita. Simplemente se reprime la conducta y el adulto impone su autoridad de forma inmediata y específica a la conducta concreta mediante castigo o tiempo Fuera (“vete a tu cuarto porque has pegado…”).

CONDUCTAS DEL CESTO B
• Conductas sin riesgo propio o ajeno pero que generan problemas importantes en la dinámica familiar. Aquí me refiero a las negociaciones, reclamación de privilegios… o situaciones en la que los niños no pueden regular sus emociones, su impulsividad y su autocontrol (aspectos básicos de la inteligencia Emocional).
Ejemplos: solicitar acostarse más tarde por ser el mayor; no compartir juguetes o ropa; negarse a hacer una actividad propuesta por los padres o a dar besos a los invitados o abuelos; pedir las cosas llorando; portazos o gritos ante una negación de los padres; interrumpir mientras hablamos por teléfono, etc.

SOLUCIÓN:
Intentamos resolver el problema de forma conjunta e invitamos al niño a encontrar una solución aceptable para él y para el adulto que sea realista.
Hablamos de negociación; no de no poner límites o ceder al chantaje (el adulto cumple una demanda excesiva del niño sin que éste dé nada a cambio). Se trata de que nuestro hijo aprenda que estamos haciendo algo con él, más que a él y enseñarle a tolerar las frustración y el autocontrol. Procedimiento:
1. Empatía: “Creo que estás muy enfadado y explícame qué te pasa” .
2. Definir el problema: “ No quieres venir al cumpleaños de tu prima porque todos son muy pequeños y piensas que te vas a aburrir y que va a ser un rollo”.
3. Invitación a una solución: “Acompañamos a tus hermanos al cumple porque están muy ilusionados, estás un ratito y luego nos vamos tú y yo a comprar cromos de fútbol para tu álbum o a un plan de mayores”.

CONDUCTAS DEL CESTO C.
Conductas “inadecuadas” que no generan riesgos por sí mismas y no generan problemas importantes en la dinámica familiar.
Ejemplos: andar descalzos por casa, decir “palabrotas”, comer solo con los dedos, bajar al parque vestida de flamenca, guerra de cojines entre hermanos, saltar charcos…
Estas conductas son muy frecuentes y la causa más común de discusiones domésticas y de desacuerdo entre la pareja ya que la creencia popular es que si los padres no intervienen pierden su autoridad y el niño se hará un maleducado. Pero reprimir estas conductas desencadenan situaciones estresantes para la familia sin que enseñemos nada “fundamental” a nuestros hijos. Aquí es mejor que los dejemos aprender de la experiencia.

Lo adecuado es no prohibir (el niño no se salta reglas básicas importantes), pero sí aconsejar y hacer ver que esa conducta no es adecuada. Es una buena estrategia introducir el sentido del humor: “una niña tan bonita como tú no debe comer con los dedos. Van a pensar que eres un oso.. O en esta familia somos todos muy listos, cada uno para una cosa, así que tu hermano no puede ser tonto…”

En definitiva, cada periodo evolutivo es diferente y las necesidades del hijo adolescente o el de 11 años, no son las mismas que las de su hermano pequeño. Entiende el momento presente de tu hijo, disfrútalo… y piensa qué es importante que aprenda en ese momento, con tu ayuda y por él mismo.

Tu te vas a equivocar y él también, pero ese no es el problema. Alaba, premia, fija límites claros, ESCUCHA y Emplea tus energías y tu fuerza interior en lo que es realmente importante.

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Mónica Escalona
Directora Centro Zana. Centro Psicopedagógico de Atención Global
Dificultades de Aprendizaje, TDHA, Logopedia, Terapia de familia
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15 febrero 10

Premios y Castigos. Educar a nuestros Hijos

Hola chicas, aquí estoy de nuevo, con el deseo de seguir “cocinando”
nuevas recetas para educar, para saborear con deleite y placer a
nuestros hijos en el día a día.

Retomo sin vacilaciones la necesidad de administrar normas y límites
como guía básica en nuestro quehacer parental cotidiano y la idea de
que la disciplina no es algo negativo, sino la mejor herramienta para
que un niño adquiera un sistema de valores y normas de comportamiento
que le hagan crecer seguro, con un rumbo fijo, con una adecuada
autoestima y suficientes recursos para superar sus fallos y las
“adversidades”.

La disciplina es tan importante en el proceso educativo de nuestros
hijos tanto como los besos, caricias, afecto y satisfacción de sus
necesidades físicas y emocionales. Incluso, la disciplina un poco
estricta es mejor que ninguna.

Cambiando de tema, hoy hablaré de premios y castigos como métodos para
resolver los problemas de comportamiento de los niños. Antes de nada,
quiero dejar claro varias cuestiones. La primera cuestión es que
toda conducta tiene un propósito o fin (aprobación, elogio, expresar un
estado físico o emocional….) y sobre todo, recibir ATENCIÓN (Un niño
prefiere antes un castigo o reprimenda que la indiferencia o la falta
de atención).

Conducta es aquello que puede ser observado objetivamente sin
interpretaciones subjetivas, de forma concreta (“ser cabezota o
cariñoso no es una conducta; es una forma de ser. Responder :”no me da
la gana” o dar un abrazo es una conducta).

Toda conducta o comportamiento depende de las consecuencias que le siguen. Estas consecuencias pueden ser positivas o negativas.

Las consecuencias positivas producen a largo plazo un aumento de dicha conducta; mayor probabilidad de que el niño la repita. Las consecuencias negativas tienden a disminuir o desaparecer a largo plazo dicha conducta.

Los padres podemos controlar las consecuencias de la conducta de
nuestros hijos, y por ello, podemos enseñar formas de comportamiento
positivas o negativas e influir en que se mantengan conductas
“inapropiadas” o que éstas tiendan a desaparecer. Esto hace referencia
a la frase del blog anterior “Quien sabe cómo y cuándo prestar atención
a su hijo, sabe educar”.

Muchas veces, sin darnos cuenta, los padres prestamos atención y
“premiamos” de algún modo las malas conductas y éstas se repiten para
nuestro asombro. Veamos un ejemplo: Juan
sale con mamá al super. Ve un puesto de helados y pide uno. Mamá dice
que no, tiene prisa. Juan llora, se niega a andar. Mamá tira de él, le
dice que no, le da un azote. Juan llora más fuerte y mamá acaba
comprando el helado mientras le regaña enfadada. Tres días después,
Juan quiere chuches, mamá se las niega y se repite la misma escena,
pero la pataleta es mayor y dura más tiempo. Juan ha aprendido a
portarse mal porque ha obtenido una recompensa.

Entonces, ¿Son eficaces los premios.? ¿Cuándo y cómo emplearlos? Muchos
educadores y padres piensan que dar premios a un niño por hacer lo que
es su deber (hacer los deberes, lavarse los dientes, recoger juguetes o
su plato de la cena…), es una forma de malcriarlo, caer en el
chantaje… pero no es así. Los adultos también necesitamos premios en
el trabajo (felicitaciones del jefe por un proyecto, elogiar la
puntualidad…) por ejemplo y no la mera recompensa económica al final
de mes. Creo que es justo enseñar a un niño (o adolescente) que su esfuerzo es reconocido y recompensado.

Pero no es menos cierto que algunos niños chantajean a sus padres con
la amenaza de no hacer ciertas cosas si no obtienen algo a cambio.
¿Cuál es el punto medio, el equilibrio entre el premio y el castigo?

El “truco” reside en ajustar el premio al esfuerzo, no dar al niño lo que necesita y lo que no (zapatillas
de marca, parque de atracciones, películas o videojuegos…). El
sentido común reside en la justa medida. Recompensar el esfuerzo
(aunque sea un deber) y no únicamente, castigar cuando el niño no
cumple con sus responsabilidades o reaccionar de forma continua con
gritos o regañinas para conseguir una conducta. Es más, a veces
convertimos los castigos y los gritos en la única fuente de relación
con nuestros hijos, de manera que mantenemos con desesperación un mal
comportamiento, nos frustramos como padres, lastimamos la autoestima de
nuestros hijos y nos metemos en una espiral sin salida.

El castigo sirve y debe utilizarse para:

• Conductas negativas y poco frecuentes (pegar, agresiones verbales, hacer novillos…).

• Por incumplir una buena conducta ya lograda o establecida que ya no requiere esfuerzo mantener.

Además, tened en cuenta que es necesario:

• Premiar conductas que requieren esfuerzo. ¡Atención! Premio adaptado
al esfuerzo. Cuanto más pequeño es el niño, más inmediato debe ser el
premio.

• Al principio, los premios se deben conseguir con poco esfuerzo para
que el niño gane confianza y después, conseguir el mismo premio por
hacer algo más difícil.

• Cada conducta a lograr debe tener un premio independiente.

• En la medida de lo posible, usa un refuerzo social (besos, aplausos,
felicitaciones…) sobre el material. Nada es más gratificante para un
niño que la autosatisfacción personal y percibirse competente y
confiado en sí mismo.

• Suprime el premio material cuando una conducta ya esté lograda y quieras instaurar una nueva.

Recuerda que los límites educativos han de ser firmes, estables en
el tiempo (lo que vale hoy, vale mañana) e independientes de contexto
(cumplo esta norma en casa, en el cole y en el parque). Y cree siempre
que SABES Y PUEDES EDUCAR BIEN Y QUE TUS HIJOS PUEDEN LOGRAR LO QUE TE PROPONGAS.

Mónica Escalona

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22 mayo 09

Recetas para educar

Al igual que los padres perfectos no existen, los hijos “ideales” tampoco. Al hablar de problemas de conducta, podemos decir que todos los niños se “portan mal” en algún momento mostrándose caprichosos, negativistas, desafiantes…hacia los padres u otras figuras de autoridad.

Ante estas situaciones, los padres podemos sentirnos culpables, insatisfechos y desanimados en nuestra labor educativa y llegado un momento no saber qué hacer y podemos caer en la permisividad, la hostilidad, el uso continuo de gritos y amenazas, castigos, premios…. sin conseguir ningún resultado positivo con estos recursos. Por supuesto que podemos recurrir a maravillosos libros y manuales que siempre están en la mesilla de noche basados en la célebre “Modificación de conducta” que abordan este tipo de enfoque con claridad y práctica directa a un final feliz que no logramos conseguir. ¿Por qué no?, ¿Existen por tanto recetas para educar? Y si existen ¿Cuáles son los ingredientes para una familia feliz?

Sin embargo, (creo yo) para Educar bien no existen recetas. Se aprende de experiencias concretas y luego se generaliza, al igual que educar y enseñar a vivir a nuestros hijos no es proporcionarles experiencias buenas y aislarles de las malas. Es ayudarles a aprender de ellas y enseñarles a adaptarse a todas las situaciones, buenas y malas.

Por supuesto que existen técnicas y recursos educativos que nos pueden ayudar a resolver exitosamente problemas de conducta cotidianos e inmediatos hacia ese añorado final feliz y en los siguientes blogs hablaremos de ellas. Pero hoy comenzaremos por los principios básicos, por el principio…. porque toda medida educativa depende del contexto, del niño y de lo que queremos conseguir. “Castigar” a un niño puede ser absolutamente contraproducente en un determinado momento y perfectamente adecuado en otro. Lo difícil es desarrollar ese “sexto sentido” que nos ayude a acertar en el momento oportuno.

Esta cita no es mía, pero me ha acompañado muchos años como madre y profesional porque resume la esencia de cómo educar: “Educar a un niño es como sostener en la mano una pastilla de jabón. Si aprietas mucho sale disparada. Si la sujetas con indecisión, se te escurre entre los dedos. Una presión firme pero suave la mantiene sujeta” (Os dejo pensar que la frasecita tiene tela y que en vez de ayudar, os lío más).

Esta semana toca pararse a pensar en cómo educamos y por qué educamos así. A veces en el día a día, vamos tan deprisa, sin crear tiempos y espacios de reflexión personal y trasladamos nuestros sentimientos (cansancio, culpabilidad..) y nuestros pensamientos (¿Soy una buena madre?) a las acciones educativas que llevamos a cabo con nuestros hijos. Tened claro que siempre hay una conexión entre sentimiento (soy una estupenda madre), pensamiento (puedo hacer las cosas bien) y acción (Educo a mis hijos con disciplina y normas porque es positivo para ellos).

Ahí va esa lista de principios (ya hemos ido diciendo muchos más):

- Nuestras decisiones están influidas por cómo hemos sido educados. Ser conscientes de ello ayuda a educar mejor.

- Tus hijos no nacen con tus carencias ni necesidades. No se las crees.

- Los padres son los educadores. El colegio sólo complementa.

- Educa en el presente, pero con perspectiva de futuro.

- Educando, vamos a COMETER ERRORES, pero no hay error que no se enmiende.

- NADA ES LO MISMO para un hijo que otro. No busques las mismas condiciones para todos. Educar bien es dar a cada hijo lo que necesita; no es algo injusto; es respetar su derecho a su individualidad.

- Tu hijo es una “antena parabólica constante”. Se entera de todo, lo imita todo. Aprende más de lo que ve que de lo que decimos.

- Los niños necesitan una LIBERTAD CONDUCIDA.

- Los niños NECESITAN NORMAS Y LIMITES. La DISCIPLINA no es algo negativo. Es algo que nuestros hijos esperan que apliquemos naturalmente y de acuerdo a nuestra jerarquía de padres. 

- Si nosotros no ponemos límites a la conducta de nuestros hijos, lo harán ellos. Crearemos hijos TIRANOS, INSEGUROS O INMADUROS incapaces de enfrentarse a la frustración.

- Debemos explicarles las cosas (casi siempre) y de forma breve pero los niños necesitan OIR: “PORQUE LO DIGO YO”.

- El mayor deseo de todo niño es que mamá y papá estén pendientes de él. La atención que les prestamos es nuestra mejor arma. QUIÉN SABE CóMO Y CUÁNDO PRESTAR ATENCIÓN A SU HIJO SABE EDUCAR.

Como padres, en nuestra actuación, debemos dar a nuestros hijos el siguiente MENSAJE:

/> SÉ QUE PUEDES CONSEGUIRLO.

/> POR ESO TE ENSEÑO Y TE EXIJO.

/> Y CÓMO SE QUE TE CUESTA ESFUERZO, TE LO RECONOZCO.

/> HAGO ESTO PORQUE TE QUIERO

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13 abril 09

Niños Hiperactivos. Mama ¡No puedo dejar de moverme!

La semana pasada conocí a Daniel en mi consulta. Tiene 10 años y estudia 5º de primaria. Es un niño despierto e inteligente, expresivo y comunicativo. Se mostró desde el principio abierto y hablador (cosas del cole, los amigos, su equipo de fútbol, las clases de judo, la pesada de su hermana de 15 años…) y como se suele decir, “hubo química ” entre nosotros.
Cuando le pregunté por qué razón sus padres lo habían traído a una valoración pedagógica, él rápidamente me contestó: ” ¡es que soy Hiperactivo!” .Yo contesté :¿Y qué crees tú que significa esa palabra?. Daniel no lo dudó: “pues que es casi un milagro que te estés quieto y no te muevas de la silla; que estés callado sin hablar con los compañeros; que dejes de jugar con la goma hasta que se rompe… y que no te castiguen en el cole aunque no sepas muy bien por qué. Bueno, otras veces, me meto en líos sin querer”.
- “¿Y qué notas sacas? “. “Soy de cinco, seis, no más. Por lo menos no suspendo. De vez en cuando, saco un 9 en mates, pero odio el Cono (Conocimiento del Medio) porque luego en el examen se me olvida todo”.
Daniel definió su conducta y “problema” con claridad así como los sentimientos (desconcierto, inseguridad, infravaloración, rabia… ) que le causa su actual situación escolar y que le crea además un desajuste personal y social además de académico.
La valoración psicopedagógica confirmó el Diagnóstico: Daniel es efectivamente un niño con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad). No es un niño necesariamente malo, maleducado, desmotivado ni vago. Tampoco sus padres tienen la culpa porque lo educan mal o no le ponen límites. Todo lo contrario, sus padres están volcados en él y “agotados” física y psicológicamente porque deben ayudar a Daniel a hacer sus deberes, controlar su agenda, ordenar su mochila, reponer cuadernos y lápices que pierde a menudo, contestar a las notas del profesor (que son más bien un conjunto de quejas) y miles de tareas más.
Todos hemos oído y utilizado el término “Hiperactivo” de forma coloquial, refiriéndonos a aquellos niños excesivamente movidos, traviesos, con problemas de conducta o malcriados.
Los profesionales que trabajamos dentro del campo de la Psicología infantil, nos referimos con este término a un cuadro con un conjunto de síntomas de base neurológica que poco tiene que ver con el niño vago, travieso o malcriado y que sólo en algunos casos, está asociado a problemas de conducta.
De hecho, hablamos de TDAH (Trastorno por Déficit de atención con hiperactividad) . Se estima que un 5% de los niños menores de 10 años padecen Déficit de atención y es probable que los profesores tengan de uno a tres niños hiperactivos o “disatentos” en el aula. Este trastorno es más común en niños que en niñas.
Los síntomas principales son:
• Déficit de atención.
• Impulsividad e Hiperactividad Motriz.
Aunque podemos diferenciar tres grupos con sintomatología diversa:
1. En el que predomina la falta de atención (Tipo Inatento).
2. En el que predomina la impulsividad y la Hiperactividad Motriz (Tipo Hiperactivo-Impulsivo).
3. En el que predomina ambos rasgos de falta de atención e Impulsividad (Tipo Combinado).
El diagnóstico de TDAH (en cualquier subtipo) no es necesariamente negativo a nivel de pronóstico, pero hemos de tener en cuenta que la falta de atención, la impulsividad y la inquietud motriz son características incompatibles con un buen rendimiento escolar y un adecuado comportamiento en el contexto escolar. Y teniendo en cuenta que el rendimiento escolar es la primera prueba de autoestima y valía personal que experimenta un niño y un factor también de competencia social, las características de esta sintomatología van teniendo repercusión en el desarrollo de su personalidad.
Y suele suceder, que a medida que avanzan los años y la exigencia escolar, los niños no detectados ni tratados adecuadamente no solo acentúan su sintomatología, sino que además presentan Inadaptación escolar, autoimagen negativa y un Autoconcepto erróneo de sí mismos (se hipervaloran o se infravaloran) además de otros problemas emocionales como ansiedad o depresión.
Es lo que llamamos “efecto bola de nieve”, es decir, las dificultades se hacen más grandes y más difíciles de resolver con mayor coste emocional y social para el niño y la familia.
Por lo tanto, la detección precoz y el tratamiento adecuado es de vital importancia en estos niños. Normalmente, el colegio y los profesores son los primeros en detectar a estos niños y comunicárselo a sus padres, que entonces ya han tenido la ocasión de “sufrirlo” en casa y en otras situaciones cotidianas (sala de espera del médico, visitas a los amigos o al restaurante…) y por ello, se ha ido deteriorando su confianza en sus posibilidades como educadores al sentirse desorientados, ansiosos, ineficaces y con sentimientos de culpa.
La detección requiere una Valoración Pedagógica no solo de los síntomas que el niño presenta sino también del potencial intelectual y otros aspectos cognitivos (fundamentalmente el tipo de estrategias en tareas de resolución de problemas, su estilo de aprendizaje, atención, memoria…) y de los aspectos emocionales (reacción a la frustración, síntomas de ansiedad o tristeza…), comportamentales y sociales (habilidades sociales, integración en el aula, grupo de amigos…).
Se trata de obtener un perfil neurocognitivo real y compatible con este trastorno y no una mera “adivinación” o valoración subjetiva de los padres y profesores.
El especialista médico (neuropediatra) es el que nos confirmará este diagnóstico y el que considerará el Abordaje farmacológico.
Todo tratamiento ha de ser integral y enfocado a todas las áreas del niño: escolar (mejora del rendimiento escolar y reeducación de sus dificultades de aprendizaje), personal y afectivo (mejora de la autoestima), social (desarrollo de habilidades Sociales), conductual (aplicación de programas en casa y en el colegio para conseguir conductas adecuadas y extinguir o suprimir las inadecuadas) y familiar (apoyo emocional, comprensión del problema y ambiente estructurado con normas claras y sistemáticas adecuadas a la exigencia del niño).
La detección y el tratamiento supone normalmente la intervención de especialistas y profesionales diversos (neuropediatra, psicopedagogo, psicólogo clínico…) dentro de un marco multidisciplinar. La intervención adecuada en el momento oportuno puede aportar un pronóstico positivo.
Por supuesto, la comprensión del problema por parte de padres y profesores y la coordinación entre ambos es vital para el desarrollo del niño y su ajuste académico y personal. Muchas veces, el primer obstáculo que estos niños encuentran, es un sistema educativo poco preparado para atender sus necesidades educativas, sociales y emocionales.
Pero no quiero acabar este artículo con un sabor “agridulce”. Estos niños activos, nerviosos, despistados, lentos, absortos en su mundo, desorganizados… tienen cualidades estupendas. Destaca su sensibilidad, nobleza, afectividad, son cariñosos, imaginativos, creativos, simpáticos, luchadores… y tienen dones y habilidades especiales aunque no son las valoradas por el sistema educativo.
Los podríamos comparar con los integrantes de una orquesta en el que cada uno toca un instrumento con gran habilidad pero parece imposible que toquen juntos a la vez, coordinados, siguiendo un mismo ritmo o melodía, respetando el turno. Y es difícil de conseguir una actuación perfecta…. Tan solo necesitan un Director que vea su potencial y les enseñe de forma diferente, respetando su particularidad…. para lograr un sonido maravillosamente diferente en una actuación “perfecta”.
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25 marzo 09

Decálogo de la madre IMPERFECTA

Esta semana, como siempre,
estaba planteándome sobre qué tema “pedagógico” y práctico escribiros:
¿problemas de conducta?, ¿TDAH?, ¿Adolescentes rebeldes?, “Niños explosivos o
difíciles de educar?, “que si mi niño no me come o no me duerme?… Todo
llegará; lo tengo en la cabeza.



Pero he cambiado de opinión y animada por las inquietudes que me habéis
transmitido en el blog, creo necesario pararme  a reflexionar sobre lo que
implica SER MADRE HOY, en una sociedad en la que hemos de desempeñar con gran
proeza numerosos roles y papeles: obligaciones del hogar, cuidado de los hijos,
trabajo profesional, sostener nuestra relación de pareja…Y se supone que
debemos sentirnos felices y satisfechas en todo momento.

Está
claro que toda mujer y toda madre tiene derecho a elegir lo que es bueno para
ella. Se pueden encontrar buenas madres en la oficina y en el parque. ¡Todas
estamos juntas en esto! Pero muchas veces, responder al “cuadro completo” que
hemos de “pintar” con ternura, comprensión, amor, rapidez, dedicación, tiempo y
eficacia, es realmente difícil, y aunque Ser Madre es algo natural y
maravilloso, no siempre se puede sentir la “Alegría de la Maternidad”.

Como ser
“imperfecto” que eres, ama y acepta tus propios tropiezos y errores en el viaje
de la maternidad, y ten presente, que para cuidar  a tu familia con cariño
y eficacia, respondiendo a sus necesidades, debes tomarte tiempo para atender
tus propias necesidades.

Un principio
básico de la psicología es que “debes llenarte para dar; sólo podemos dar lo
que hemos recibido”. Así que, madres, cuidaros, quereros y recordad que  a
veces hay que pararse en el camino para llegar al final.

Os dedico
por tanto, estos CONSEJOS (no me gusta mucho esta palabra ni dar consejos) u
ORIENTACIONES para madres ocupadas, estresadas, confusas, agotadas… y
maravillosamente imperfectas (como yo)  que intentan día a día ser la
mejor madre que pueden ser.  Allá van…:

 

 

 

 

  • Confía
    en tu propio instinto para conocer lo que conviene a tu familia. Tú
    conoces a tus hijos mejor que nadie. Ignora los consejos críticos de los
    “bienintencionados” intrusos.

 

  • Resiste
    la tentación constante de compararte con otras madres. Tienes todo cuanto
    necesitas para ser una madre estupenda.

 

  • Proponte
    dar y recibir más abrazos, besos y caricias. Los niños necesitan
    caricias y las madres también. ¡Pídelas!.

 

  • Modera
    tu deseo de controlar todos los actos y posibles consecuencias de tus
    hijos, intervenir en todo momento. Acepta  la autonomía, la
    resistencia, la rebelión… mientras su seguridad personal no esté en
    peligro.

 

  • No
    vincules tu valor personal al comportamiento de tus hijos. No es verdad
    que “a mala conducta, mala madre; a buena conducta, buena madre”.

 

  • Dedica
    un tiempo especial y único  a cada miembro de la familia. No hay que
    hacer todo siempre juntos. Te llenarás tú y cada uno de tus hijos.

 

  • Cada
    etapa evolutiva es distinta. Unas madres son expertas en bebés, otras son
    buenas guías para adolescentes… Acepta tu momento vital y personal.

 

  • Cuando
    la presión y las demandas sientas que son “excesivas” , sal fuera un
    ratito, cuenta hasta diez ( o hasta cien) y retoma el asunto.

 

  • Expresa
    claramente tus necesidades. Reparte equitativamente las tareas domésticas.
    Cada uno debe hacer algo adaptado a su edad. Te sorprenderá lo divertido
    que puede ser para un niño batir huevos, poner la mesa o la pastilla al
    lavavajillas.

 

  • Reserva
    tiempo para tu pareja. Tened tiempo para estar juntos y solos. Expresa a
    tu pareja también tus necesidades. Beneficiará a tus hijos que seas feliz
    en este aspecto.

 

  • Concédete
    ” Días de lujo” : un buen masaje, una buena manicura, ir al spa… y goza de
    los placeres de la vida: un buen bollo, un trozo de chocolate (aunque vaya
    directo al culo), una siestecita  y por qué no, un par de zapatos
    nuevos.

 

  • No
    pierdas tus amistades y tus buenas amigas. Sal con ellas y diviértete.

 

  • Resiste
    la tentación de rellenar tus días con miles de trabajos extra,
    compromisos…Busca tiempo para soñar despierta, leer, pasear… y tener
    momentos de soledad.

 

  • Enseña 
    a tus hijos a distinguir entre capricho y necesidad, y el valor de las
    cosas pequeñas, las sorpresas de cada día.. disfruta de esto tú también.

 Acoge la maternidad como un privilegio y tu
familia como un regalo, aunque haya días difíciles de soportar en los que
desaparezcan tu buen humor y se derrumbe tu paciencia. Pero ante todo, cuida tu
autoestima y tu salud mental.
No olvides 
 llenarte de cosas buenas para dárselas a tus hijos.

Mónica  Escalona
Directora Centro Zana. Centro Psicopedagógico de Atención Global
www.zana.es 
Madrid. Tel. 91 3880927


16 marzo 09

Adolescente rebelde. Mito o realidad

De repente, un día nos damos cuenta de que esa “personita” que hemos criado desde la infancia, se ha vuelto un adolescente. Echas de menos aquellos tiempos felices con tu hijo de gran unión afectiva, en la que lo sentías “algo tuyo” y ahora, lo sientes más lejano y distinto.

Pero la adolescencia no es una etapa necesariamente terrible o turbulenta, sino un nuevo viaje, a un nuevo país, diferente, pero lleno de posibilidades y lugares por descubrir. En el camino encontraremos posibles fallos y averías, e incluso podremos perdernos en algún momento pero no tiene por que ser necesariamente malo.

Recuerda tu propia adolescencia. ¿Fue terrible, tortuosa… o simplemente diferente porque a veces estabas enfadada con el mundo, te sentías incomprendida, un bicho raro y más de un disgustillo diste a tus padres? Al final, las aguas volvían a su cauce.

El proceso de tu hijo-a puede ser similar por tanto. Pero por influencia social, esperamos y pensamos que la Adolescencia es algo terrible y un mal a aceptar, que irremediablemente, desajustará nuestra vida familiar y personal.

Si pensamos así, nos condicionamos a sentirnos perdidos y actuaremos en consecuencia programados a saltar de conflicto en conflicto, de pelea a pelea porque es lo que toca. Y …¡Gran error! Porque aumentaremos las posibilidades de un viaje espantoso, duro y difícil.

Así que si tienes un Adolescente en casa (¡Socorro!) , aquí van algunas reflexiones para que en tu “viaje espacial” sepas más o menos a qué botones hay que apretar para que la nave espacial (tu hijo) atraviese el espacio sideral sin llegar a un cataclismo:

> Mantén un adecuado equilibrio entre afecto y control. El AD necesita ser guiado por un sistema de normas claras y consecuentes, pero a veces los padres pasamos de estar todo el día achuchando, mimando, diciendo a nuestros hijos que los queremos…. a nada de ésto cuando de repente se han hecho “mayores”. Y un AD necesita además de advertencias o reprimendas, mensajes positivos, alabanzas y achuchones. Un abrazo, un elogio todavía vale en esta etapa para arreglar una situación más que mil palabras.

> Las sorpresas agradables estrechan relaciones especialmente si la única razón es “porque te quiero”. Da de vez en cuando una sorpresa a tu hijo adolescente.

> Evita frases constantes como “Tú nunca ayudas; tú siempre haces el vago….” para expresar tu enfado o desacuerdo, y cámbialas por “no es justo y me duele que no ayudes en casa; estoy disgustada por tus malas notas y tu falta de trabajo”.

> Cuando tengas que afrontar una conversación importante, emplea un tono de voz firme y sereno (“tenemos que hablar”) y se coherente entre tu lenguaje verbal y no verbal transmitiendo tu autoridad como algo natural.

> A veces, los mensajes escritos pueden ser mejores y más oportunos para pedir que cumplan una norma o deseo (Ejmplo: dejar encima de la cama o en su corcho un letrero que diga: te agradecería que ordenaras tu cuarto) o para agradecer una norma que ha sido cumplida (Tu cuarto ordenado está estupendo. Gracias, te quiero).

> Sorprende a tu hijo haciendo las cosas bien, y no te centres siempre en desacuerdos y disputas. Con un AD es muy importante la negociación y pactar acuerdos que satisfagan a ambas partes. Decir a tu hijo: “tú cumples tu parte y yo la mía (pero no la revés). “Estudia y luego sales con tus amigos al cine” pero no “Cuando vengas de la calle, te pones a estudiar”.

> Busca ratos para estar con él/ella a solas. Sal a dar una vuelta con tu hijo y conversa amigablemente. Una conversación importante puede mantenerse en el coche o yendo al super, y de paso nos tomamos un helado.

> Practica la Escucha Activa. Los AD sienten las cosas de forma intensa, incluso ilógica y sin sentido. Sienten que el ahora es un para siempre, sobre todo si tienen algún problema de amigos o amoroso. Acéptalo. Evita decir ” no es para tanto; no es el fin del mundo” sino transmitir que sientes lo que les pasa y que esté triste… o simplemente “me cuesta entenderte pero me pongo en tu lugar”. Muchos conflictos entre padres e hijos comienzan por un “Tú no lo entiendes” y puede que sea verdad.

> Espera de tu hijo lo mejor y no intentes hacer una copia igual a ti o superarte.

> El AD vive pensando y actuando “ES MI VIDA”. Enséñale que lo que hace y dice tiene CONSECUENCIAS y efectos sobre los demás. No está solo y vive en una casa en la que hay normas y deberes a cumplir si uno quiere derechos.

> Aunque para un AD es insoportable que sus padres “curioseen” acerca de sus amigos, sus estudios, comportamiento en clase… es un deber de los padres. Si te preocupa algo serio, no dudes en curiosear. Más de un AD lamenta tarde que sus padres no fueran curiosos……

Y para acabar, aunque no os lo creáis, todos los estudios afirman que según testimonio de los mismos Adolescentes, los PADRES SON LAS PERSONAS QUE MÁS DECISIVAMENTE INFLUYEN EN SUS VIDAS, (POR ENCIMA DE AMIGOS, NOVIOS Y PROFES) y OCUPAN EL LUGAR MÁS ELEVADO DE LA LISTA DE SUS HÉROES.

Por lo tanto, NO SALGAS DE SU VIDA. Los adolescentes no se revelan contra sus padres, sino contra medidas disciplinarias y de autoridad que consideran injustas.

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