SÃ, orgulloso. Goya y cualquier español que quiera lo mejor para su paÃs, su cultura y su cine. Y no sólo porque Buenafuente fuera un extraordinario maestro de ceremonias para una gala ágil en la que -por fin- los actores y demás miembros de la realeza cinematográfica patria sacaron sus mejores galas para dar cierta vidilla a su escuálido glamour, sobre todo porque lo que anoche hizo Andreu Buenafuente (él se llevará todas las medallas, pero con él se las merecen un buen tropel de profesionales, guionistas, peluqueros, estilistas y demás currantes) deberÃa ser reconocido unánimemente como un buen trabajo. Y eso es mucho. Porque me temo que en este paÃs se está olvidando que éste precisamente es el mejor reconocimiento que se puede tener, el del trabajo bien hecho. El reconocimiento a tener trabajo -que ya tiene mérito- y a hacerlo bien, sin chapuzas, sin atajos, sin la cultura de trabajar poco para ganar mucho en la que llevamos demasiados siglos instalados.
Y quien prestara atención al discurso del presidente de la Academia, Alex de la Iglesia, deberÃa sacar esta misma conclusión y no otra. El cine es un trabajo tan digno como cualquier otro, y quienes lo hacen se merecen nuestro respeto de igual manera que se lo ofrecemos a los que conducen el camión de la basura cada madrugada o al cirujano que trabaja a corazón abierto (bueno, quizás tanto como éstos no…). Pero de igual manera, los actores son solo actores, son solo trabajadores, y ni ellos ni nadie que los enfile por vete a saber qué perversas motivaciones tiene el derecho de convertirlos en lÃderes de opinión polÃtica ni en demonios de la sociedad decente, de ningún modelo de sociedad presente, pasada o futura. Zapatero, a tus zapatos. Opina de lo que quieras, manifiéstate por lo que quieras, pero no me vendas panfletos ni dejes que te conviertan en vocero de nadie. Haz caso a tu presidente y trabájate la HUMILDAD. Tú preocupate de hacer lo mejor posible tu trabajo, tu maravilloso trabajo y no entres a trapos ajenos. Nos haces falta. Sin titiriteros, sin actores, sin músicos, sin arte, sin transgresión, la vida serÃa infinitamente más triste. Y cositas como las de anoche -incluida la espectacular rentrée de la Sardá con Pedroooooo- se agradecen. Para muestra, un botón:








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