Acrópolis de Atenas

Son “Acrópolis” todas las ciudades de la antigua Grecia que se encontraban ubicadas en lo alto de un monte o colina. Etimológicamente son ciudades altas. La de Atenas es la más representativa y también la más importante de la antigua Grecia. Fue Pericles, dirigente de Atenas durante 48 años, quien llevara a su ciudad a los grandes pensadores, artistas y escritores de la época. Durante su mandato se produjeron importantes guerras, como la del Peloponeso, pero sin duda pasará a la historia universal por haber ordenado a Fidias la reconstrucción de la vieja Acrópolis, destruida por los persas. Convirtieron el lugar y por los siglos y siglos en epicentro de la mitología, la historia, la filosofía, la arqueología y en definitiva en el origen de la civilización occidental.

Vista de la Acrópolis por Google Earth

Nos remontamos a la segunda mitad del siglo V a.C para visitar la sede de la primera democracia del mundo. Como siempre que se visita un lugar de interés histórico o artístico es fundamental contratar un guía. ¿Sabéis por qué Atenas es nombre propio en plural? La ciudad debe su nombre a la diosa protectora nacida de la cabeza de Zeus, Atenea. En aquella época, los habitantes de la antigua Atenas, conocida como el Ágora, se organizaban en 10 tribus, cuyos gobernantes elegidos democráticamente se turnaban el mandato general del Ágora cada 36 días. De ahí que Atenas sea nombre plural, pues reunía a diez ciudades bajo un mismo paraguas.

Pero volvamos al siglo de Pericles, cuando para defender el Ágora decide reorganizar la base política, defensiva y de culto a salvo de los invasores en la vieja acrópolis, junto al Teatro de Dioniso, el mayor teatro de la antigüedad.

Se accede a la Acrópolis por la puerta de Propileos, proyectada por Mnesicles como un gran monumento con columnas jónicas y dóricas que daría la importancia merecida al resto de templos del interior. Es la primera visión que se tiene de la Acrópolis y las primeras sensaciones emocionan cuando al subir las enormes y empinadas escaleras nos imaginamos en la Grecia clásica. Su techo era azul y estaba decorado con estrellas doradas.

Antes de entrar de lleno en la Acrópolis, veremos rodeado de pinos y olivos el pequeño tempo de Atenea Niké proyectado por Calícrates, uno de los arquitectos del Partenón, y dedicado a la diosa protectora de la ciudad. Según la mitología griega, Atenea y su tío Poseidón se disputaron a quien debía estar consagrada la ciudad. Poseidón, que deseaba bienes terrenales, pues ya era rey de los oceános, clavó su espada y de allí surgió un pozo de agua salada. Atenea hizo brotar un olivo junto al pozo salado. Fueron las divinidades del Olimpo, ente las que se encontraba Cécrope, quienes eligieron el mejor regalo para la ciudad y por tanto a quien sería consagrada. Estimaron que el olivo era mejor para todos pues ofrecía alimento. Así fue como Cécrope se convirtió en el primer rey de la ciudad a quien llamaron Atenas, en honor a la diosa, que desde entonces fue su protectora.

El Templo de Atenea Niké estaba dedicado a una diosa Atenea alada como símbolo de las victorias navales en la guerra de Salamina. Los atenienses le cortaron las alas para que nunca les abandonara. Hoy, el Templo de Atenea Niké está rodeado de olivos, símbolo de paz y prosperidad.

Nada más entrar en la Acropolis, el corazón se encoge nuevamente al entender lo que allí aconteció. Como en todas las esculturas en honor a los dioses griegos, el propio dios habitaba en ellas. De ahí que todas fueran cinceladas a la perfección y ejercieran un poder sobre natural en quien las viera. Atenea Parthenos, la Atenea virgen, fue una de las estatuas más espléndidas de la época clásica. La que lucha en primera línea fue alzada en la zona donde hubiera un antiguo templo a ella dedicado y destruido también por los persas. Era una gigantesca estatua dorada (para unos en oro y mármol, para otros de bronce) en posición guerrera como patrona de Atenas, con casco, égida y lanza, sus símbolos de protección a la ciudad. Se cree que pudo tener hasta 15 metros y aunque nunca se supo qué fue de ella, parece que fue destruida durante la cuarta cruzada. Ahora solo su templo, el magnífico Partenón, y las imágenes que nos aporta la guía quedan de su recuerdo.

Es el Partenón de Ictino y Calícrates. Símbolo de Grecia, magnífico, perfecto, imponente, de corte dórico, se alza en lo más alto de la Acrópolis. Construido en mármol blanco estaba compuesto por dos laterales con 17 columnas cada uno y 8 columnas en los dos frontales. Los frisos, metopas y frontones representaban relieves que hablaban de la mitología griega. Todo era policromado. Imaginaos si ahora semi derruído es bello, cómo sería en todo su esplendor.

No ha permanecido ajeno a la historia de Grecia, y fue Iglesia, pero también mezquita. Utilizado como polvorín durante la ocupación turca del siglo XVII, fue este su principal desastre, al estallar sobre él un bombazo veneciano que se lo llevaría por delante. Luego llegarían los ingleses que terminarían prácticamente de espoliarlo. Ahora, gran parte de aquello puede verse en el Museo Británico de Londres.

En 1894 sufrió las consecuencias del gran terremoto que asoló Atenas. Cuál no sería su imponente belleza, que aún hoy en día, después de tanta destrucción, continua siendo una obra maestra de la arquitectura. Fue quizá también el primer trampantojo arquitectónico de la historia, ya que el centro de su base se construyó curvado para que el agua de la lluvia se resbalara hacia su exterior, pero también para engañar al ojo humano y que su gigantesca superficie pareciera recta y perfecta desde cualquier ángulo.

Sin embargo, fue el Erecteion el templo más sagrado. En realidad son dos templos en uno. De estilo jónico, uno de los dos templos estaba dedicado a Atenea, el otro a Poseidón, Erectero y Hefesto. Atribuído a Filocles o a Mnesicles, es de mármol procedente del monte Pentélico, cercano a Atenas. Fue en este lugar donde tuvo lugar la disputa entre Atenea y Poseidón, y el olivo sagrado continua junto a él, aunque parece cierto que lo hubo, el olivo actual fue plantado en 1917.

La Tribuna de las Cariátides, obra de Calimacos, conducía a la tumba de Cécrope, el dios serpiente que fundó Atenas. Seis columnas con forma de mujer componían la Tribuna. Las que hoy se ven son copias, ya que cinco fueron preservadas en el Museo de la Acrópolis y la sexta se encuentra en el Museo Británico. Aquellos grandes artistas, arquitectos y escultores de Pericles no daban puntada sin hilo. Por eso las Cariátides representan a las maldecidas mujeres de Caria, ciudad que traicionó a Grecia colaborando con los persas en las guerras Médicas. Tras la victoria de los griegos, las mujeres de Caria fueron esclavizadas, de ahí que las Cariátides de Erecteion fueran obligadas a llevar por los siglos el peso de un templo.

El Templo de Erecteion también sufrió la evolución histórica de Grecia, convirtiéndose en iglesia bizantina. Durante la ocupación otomana, las columnas femeninas parecieron un buen reclamo como “haren”.  La entrada al Templo por su cara norte es también de extraodinaria belleza clásica. Seis gigantescas columnas jónicas daban entrada al templo de Poseidon, Hefesto y Erecteo. En su interior se encontraba el mar de sal de Poseidón.

Cuesta abandonar la Acrópolis así que os recomiendo ir con tiempo. El atardecer es bellísimo, ya que el mármol blanco acapara la luz anaranjada de la tarde, pero quizá a primera hora encontréis menos gente. Pasead y disfrutad, sin prisa, imaginando podréis casi tocar a los dioses del Olimpo. Salir se sale con pena, pero aún os queda el Museo de la Acrópolis y el Odeón de Herodes Ático.

Siglos después y junto al viejo Teatro de Dionisios, ya en la época pro romana, se construyó el Odeón de Herodes, político griego, cónsul de la ciudad al servicio romano pero gran enamorado y mecenas de Atenas. Lo mandó edificar en honor a su fallecida esposa. Resulta increíble pensar que pese a sus gigantescas dimensiones, estaba completamente techado con madera de cedro.

Si visitáis la Acrópolis es recomendable que vayáis también al Museo de la Acrópolis ya que junto a ella, es la mejor manera de culminar la visita.

En otro post iremos a pasear por el pintoresco barrio de Plaka y otros monumentos de Atenas. Una ciudad que desgraciadamente, poco más tiene para visitar. El esplendor de una época no ha sido respetado por las construcciones posteriores y peor aún, las más modernas. Las calles están sucias, con restos de obras o demoliciones y prácticamente todos los edificios de la ciudad están pintados con grafitis baratos. Pero eso es otra historia.

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