Es bastante habitual hablar de hoteles en mi entorno. Esta misma mañana, desayunando con mi tía (que es un poco hippy), me comentaba que los hoteles de lujo le hacían sentir un poco incómoda porque todo le resulta como un poco superficial. Es curioso lo que para uno puede representar el mayor de los placeres, es una jaula de oro para otro. Así que entre café y café, hemos llegado a la conclusión de que, más lujoso, más bohemio, más rural o más funcional, hay una serie de indispensables en un hotel que son lo que nos hace sentirnos como en nuestra propia casa. O mejor.
Yo que soy “muy de hotel”, tengo más que claras mis preferencias de lo que me gusta de ellos, sobre todo detallazos como el de la foto por parte de Mandarin Oriental París en mi cumpleaños.
Una cama y muy grande, por favor. Y ya fantástico si son mulliditas como las que encuentras en las habitaciones del hotel Arts en Barcelona. ¿Concebís que un hotel enfocado a escapadas o parejas ofrezca, en su mayoría, camas individuales unidas? No. Y no nos engañemos, tampoco queremos dos camas de 90cm unidas. Aborrezco la sensación de tener que conformarme con “media” cama cuando tengo otra al lado, pegada, pero con diferente ropa de cama, y claro, solo puedo acostarme en una. Logísticamente es imposible ocupar las dos.
Ropa de cama blanca, suave y sin olores. Lo de blanca, afortunadamente se encuentra en casi todos los hoteles, pero lo de suave y sin olores… no tanto como me gustaría. Entiendo la frecuencia y el volumen de lavados pero un poco de mimo no vendría mal en algunos hoteles.
Aparatos útiles. Necesitamos un secador digno en los hoteles. No pido encontrar el último modelo de GHD en el baño, pero sí que pueda dejar el secador y sobre todo el infernal difusor –mujeres de pelo rizado, vosotras me entendéis-, por una vez en casa. No a los mini secadores que cuelgan de la pared que no superan los 800w de potencia. Lo de las amenities ya me lo guardo porque al final siempre acabo viajando con mis productos en el neceser pero se agradecería una crema suavizante y un champú que haga un mínimo de espumita. En el hotel Hospes Madrid encuentras hasta desodorante o brillo de labios en tu baño. Eso es un sí.
No le tengo especial manía a las moquetas (decentes, claro). No me apaleéis.
Detallitos de bien. En la mayoría de hoteles en Asia siempre puedes encontrar unas barritas de incienso de las que disfrutar en tu habitación. La repera es cuando encuentras velas en tu mesilla, como en el Mandarin Oriental París, o aceite de jazmín en la bañera como en el Jimbaran Puri Bali. Una cafetera –tampoco pedimos una Nespresso- siempre es bienvenida. Quienes pasamos la tarde trabajando en la habitación os lo agradeceremos siempre.
Servicio de habitaciones. Sé que esto es algo muy personal, pero yo que soy “muy de hoteles” (ya lo he dicho antes), me encanta disfrutar de la habitación en todas sus dimensiones, incluida la comida. Me refiero a ese placer de poder pedir tu cena y que te la sirvan con tanto estilo como en el restaurante pero en tu habitación, como sucede en el hotel One Aldwych de Londres o el hotel Miraflores Park de Lima, donde puedes degustar en horizontal (tumbada en la cama) algunas de las especialidades de su restaurante, Mesa 18, del famoso chef Toshiro.
Servicio es que puedas pedir una botella de champagne a las 2 de la mañana en tu habitación y te la sirvan bien fría.
Hoteles así, sí.










































Destinos paradisíacos, escapadas con glamour y rutas de ensueño. Los mejores hoteles, restaurantes y tiendas. Rincones donde perderse y disfrutar del tiempo libre te esperan en este blog de viajes. Lorena G. Díaz, periodista especializada, te propone los viajes más irresistibles en Bon Voyage, una bitácora de experiencias de viaje en Hola.com. ¡Haz tu maleta ya!