72 glamurosas horas en París

París es siempre una cuestión de actitud. Ante el amor, ante la felicidad, ante el optimismo, ante la vida. Pocas ciudades pueden presumir de simbolizar tantas ciudades en una. Un fin de semana en París da para mucho, se trata de tres intensos días en los que visitar alguno de los más míticos hoteles, disfrutar de un buen expreso en un café del barrio de Marais, salir de compras por calles tan elegantes como Saint Honoré o visitar uno de los más recientes templos del arte, la cultura y el diseño, el Museo de la Fundación Louis Vuitton.

ShangriLa Paris Bon voyage

“Si alguno de los dos muere –le dijo el marido a la mujer- yo me trasladaré a París”. Palabra de Sigmund Freud. Tanto si se trata de una primera toma de contacto con la ciudad como si no, nadie debería dejar de visitar lugares tan importantes como el Arc de Triomphe que, construido por Napoleón, ostenta el título de ser el mayor arco de triunfo del mundo. La Basílica del Sacré-Coeur, uno de mis lugares fetiche en París, un rincón casi místico desde donde divisar la ciudad a tus pies. Y de un lado a otro de la ciudad continuamos nuestro recorrido hasta el Centro Georges Pompidou, un osado centro de arte que es, además, una puerta de entrada ficticia al barrio de Le Marais, mi preferido. Una visita al Pompidou es del todo obligada, como también lo es una cena o un cóctel en su restaurante Georges, situado en la azotea del imponente edificio que parece construido al revés. Desde Georges se obtienen algunas de las mejores vistas de la ciudad a la imponente Torre Eiffel, el monumento más reconocido de toda Francia. Pero antes de visita a ‘la vieja dama’, es de recibo hacer un alto en el camino para pasear, perderse y volverse a encontrar por el barrio de Le Marais. Y aunque la magia de Le Marais no se pueda comprar, sí se puede disfrutar. Mis dos rincones preferidos los tengo más que grabados en mi hoja de ruta; uno de ellos es Les Philosophes, en el 28 de la rue Vieille du Temple, perfecto para degustar un rico expreso por la mañana en un ambiente literario y decadente. El segundo sirve para degustar la rica gastronomía francesa, y nada mejor que hacerlo en Au Petit Fer à Cheval. Es pequeño, ruidoso y más bien incómodo, pero no importa, es uno de mis rincones ‘foodies’ preferidos. Fue inaugurado a principios del siglo XX, fíjate en la espectacular barra en forma de herradura, y sirven el mejor filet mignon que he probado. En Le Marais, además de tiendas fundamentales como Diptyque (de donde todo el mundo tendría que llevarse a casa cualquiera de sus clásicas velas, mi preferida es la Baies), también se pueden encontrar reconocidas marcas como Maje o Sandro, cuyos establecimientos causan furor. Mezclado entre la tremenda amalgama de tendencias de Le Marais, sobresale el latido judío con sus tiendas y restaurantes callejeros de rica comida kosher, como el falafel.

Pompidou

Una parada interesante es el  Museo de Arte e Historia Judía, en el 71 de la rue du Temple. Y si existe un lugar en París que defina a la perfección el amor a las compras en general y a la moda en particular ese es Merci, en el 111 del Boulevard Beaumarchais. Aquí se pueden encontrar desde antiguas piezas de época, clásicos diseños de Yves Saint Laurent hasta interesantes hallazgos de jóvenes diseñadores emergentes, todo bajo un mismo y estiloso techo. Uno sabe cuándo entra en Merci, pero nunca cuando sale. Este Concept Store es bonito, agradable y hasta se puede hacer un alto en el camino para disfrutar de un rico café a la crème y un sabrosísimo sándwich de salmón.

ShangriLa Paris Gastro

Cambiando radicalmente de tercio, y de barrio, nos desplazamos ahora hasta Trocadero. Aquí nos familiarizamos con los vestigios napoleónicos en uno de los hoteles más lujosos de París. El hotel Shangri-La es uno de los más bellos edificios de estilo Belle Époque, y además perteneció a un sobrino de Napoleón. Un hotel cuyos impresionantes salones, lámparas y estancias en general son propias del mismísimo palacio de Versalles, un lugar donde tampoco se ha escatimado lo más mínimo en su minucioso proceso de restauración. El Shangri-La, uno de los hoteles más nuevos de París, cuenta con 54 habitaciones diseñadas por Pierre-Yves Rochon de una manera clásica y práctica fiel al estilo interior francés. Las vistas a la Torre Eiffel son, claro, de infarto, no obstante su privilegiada situación es uno de los puntos fuertes del hotel, como también lo es su restauración, entre la que destaca La Bauhinia, una mezcla de lo mejor de la gastronomía francesa y asiática servida en lujosos platos de fina porcelana china. Y cualquier fin de fiesta y de visita se lleva mejor en las entrañas del Hotel Costes, situado en el 239 de la Rue Saint Honoré. Este legendario establecimiento es toda una institución en la ciudad; el lugar ideal donde ver, ser visto y de paso, tomarse unos buenos cócteles y bailar un rato. La industria de la moda hace años que le rinde pleitesía y los modernos de medio mundo se dan siempre cita aquí, en un mitad de un ambiente de lo más sofisticado del que tú también podrás formar parte.

Con mucho arte

El Museo de la Fundación Louis Vuitton lleva poco más de un año abierto y ya es una parada imprescindible en cualquier visita a París. Diseñado por Frank Gehry, la relación entre moda y arte nunca ha sido tan estrecha, todo gracias a Bernard Arnault, cuya pasión desmedida por lo bello ha dado lugar a este espléndido museo cuya construcción ha costado más de 100 millones de euros. Las instalaciones del Museo de la Fundación Louis Vuitton bordean el Jardín d’Acclimatation, un antiguo zoológico y parque fundado por Napoleón III (en el que Proust ambientó un capítulo de En busca del tiempo perdido). Una poderosa alianza entre lujo y arte que promete dar que hablar, y mucho. Como aperitivo, los visitantes ya podemos disfrutar de Bas Jan Ader, Ed Atkins, Maurizio Cattelan, Tacita Dean o Mona Hatoum. Un fondo único, raramente expuesto en París; todo, servido y protegido bajo un caparazón de lujo.

Fondation Louis Vuitton

 Dulce tentación

Oda al dulce más famoso de París, y también el más exquisito y codiciado. No es de extrañar que sea una de las debilidades más acentuadas de los parisinos, también la mía propia y la de la mismísima Coco Chanel. Vainilla, chocolate, frambuesa, castaña, café… y hasta sorprendentes innovaciones temporales como de trufa o pimienta que encontrarás en Pierre Hermé, el templo del savoir faire en París. La receta original de este caprichoso dulce con forma de botón procede de la Edad Media y a día de hoy, no hay cosa más chic en una visita a la capital francesa que disfrutar de cualquiera de ellos acompañado de un rico té.

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