Hilton Giardini Naxos, de vuelta al paraíso siciliano

Si algún día escribo otro libro, llevará por título Regreso a Sicilia. Este spoiler que acabo de marcarme conmigo misma responde al deseo que siempre siento de volver a esta bella isla del Mediterráneo, una de las más desconocidas, enigmáticas y sencillas. Sicilia es muchos destinos en uno pero sobre todo es ese destino que me ha enamorado. Y con esto basta.

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Era la cuarta vez que viajaba a Sicilia pero esta no era una vez más, era una vez mejor. Y ya es decir. Me esperaban tres días de asueto en el hotel Hilton Giardini Naxos (www3.hilton.com/en/hotels/italy/hilton-giardini-naxos-CTAGNHI/index.html), situado a unos 10 kilómetros de la bella Taormina –mi Taormina- y completamente frente al mar, tanto que ha sido uno de los pocos hoteles donde no he puesto música al llegar a la habitación, ya que el sonido de las olas lo inundaba todo. Y todos sabemos que no hay mejor banda sonora para un viaje que el sonido del mar.

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Las habitaciones son amplias, muy cómodas (sobre todo la cama) y cuentan con una terraza privada desde donde pasaba las horas escribiendo con –cómo no- mis privilegiadas vistas al mar. No todos los días se puede escribir con el mar Jónico a tus pies y el Etna a un lado, aunque durante mi estancia se mostró tímido y apenas se dejó ver en tres días. La decoración es bastante clásica en la mayoría de sus estancias, y aunque esto hace que tenga un aspecto más señorial, en realidad todo aquí es bastante relajado. O así al menos es como todo el personal hace que te sientas, porque yo misma, tras unas horas en el hotel, ya estaba como en casa. O mejor. Y es que el carácter siciliano deja poco que desear; simpáticos, hogareños, cariñosos y amantes de la buena vida, es difícil no sentirse acogido, en el hotel en particular y en toda Sicilia en general.

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El hotel cuenta con dos restaurantes, Panarea y Sciara, donde comer y comer muy bien. Con un chef auténticamente siciliano, de esta cocina salen cada día especialidades de la gastronomía de la isla como son la ‘parmigiana’ o la ‘pasta a la norma’, dos de los platos más tradicionales de Sicilia. Además de degustarlos, en mi caso tuve la gran suerte de aprender a cocinarlos gracias a una magistral clase de cocina de la que formé parte junto a los chefs Gabriele Sicali y Francesco Spataro. Hicieron falta dosis extra de parmesano y mucha paciencia, pero el resultado (véase la imagen), no estuvo mal del todo. Además de las deliciosas especialidades de la isla, también aquí se pueden comer otros platos con materias primas de primera calidad, como pescado y marisco fresco elaborado de forma nada invasiva para dotar de protagonismo al producto, como debe ser. Tras la comida, hay que pedir de forma obligada el helado de pistacho de postre. Yo, que no soy muy amante de los helados, disfruté de sobremanera con el que elaboran en el hotel, con pistachos de la isla y todo el arte de su maestro pastelero, el chef Francesco Spataro. Muy light no es, pero seguro que será uno de los mejores helados que habrás probado nunca. Prometido.

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Y como de alguna manera hay que ‘rebajar’ los excesos gastronómicos, yo encontré mi particular tabla de salvación en los interminables paseos por la playa (sobre todo durante la puesta de sol) y en la piscina del spa del hotel, perfecta para nadar un buen rato. Pero además de esta fantástica y fotogénica piscina, el spa es también un centro de bienestar donde tienen a disposición de los clientes (aunque hay que pagar por entrar) una sauna, un hamman y diferentes cabinas de tratamientos y masajes. En mi caso, y con lo dada que soy a probarlo todo, quise beneficiarme de todas las bondades posibles que me ofrecía el centro y si hablo de beneficio y de bondades, hablo de un relajante masaje de cuerpo entero, de esos que al finalizar acabas caminando como si fueses a dos palmos sobre el suelo. Qué delicia.

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Cierto es que el hotel Hilton Giardini Naxos es un tremendo incentivo para el dolce far niente, aunque ya que hemos llegado hasta aquí, aunque sólo sea por probar un cannolo o disfrutar una rica granita (dos de los dulces más tradicionales de la región), merece la pena recorrer los poco más de 10 kilómetros de serpenteante carretera que lo separan de la localidad de Taormina y subir a descubrir este bello rincón siciliano, uno de mis lugares preferidos del mundo. Y aquí, bajo la atenta mirada del monte Etna, la dolce vita sigue dominando los rincones más bellos de la isla de Sicilia, un destino a medio camino entre lo sagrado y lo profano, todo un “paraíso en la Tierra, tal y como la definió Goethe, y dar un paseo a través de los 25 siglos de tumultuosa historia, pueblos, conquistas y sobre todo mucho glamour.

Qué ver en Taormina:

FullSizeRender (4)Es un hecho que no sólo me pasa a mí, cuando el viajero llega a Taormina, el alma se dispersa y el corazón cobra todo el protagonismo. Este rincón es un lugar donde aún se respira el dulce aroma de la dolce vita y donde personalidades como Truman Capote, Audrey Hepburn o Woody Allen, además de numerosos viajeros anónimos, han caído rendidos a sus encantos. Y no son pocos. En un destino cuyo mejor pasatiempo es disfrutar de una buena passeggiata, es sencillo sentirse especial a la vera del Monte Etna y respirar el glamour que acompaña a las empedradas calles y coquetos comercios de la ciudad de Taormina. No es de extrañar, pues, que fuera en este bonito rincón siciliano envuelto en buganvillas, salpicado de plazas, como la Piazza Vittorio Emanuele, y vertiginosos miradores como el del santuario de la Madonna della Rocca, donde Tennessee Williams escribiera parte de La gata sobre el tejado de zinc o Un tranvía llamado deseo.

Inspiración no debió faltarle entre los muros del histórico bar Mocambo, un lugar que no es como cualquier otro, sino que representa todo un centro de culto donde respirar, una vez más, el glamour de los años 50 y 60, la época dorada de Taormina. Seguro que Truman Capote, al igual que Williams, disfrutaba de los encantos del Mocambo y también de la típica granita (granizado, crema y un brioche caliente) en el Bam Bar, una dura competencia al cannolo siciliano que tan loco volvía a Tony Soprano en la famosa serie Los Soprano y que decora los escaparates de las pastelerías sicilianas a lo largo de El Corso Umberto I, la arteria principal de Taormina, que comienza en la Porta Messina, la puerta norte de la ciudad.

Pero si todos los caminos del mundo conducen a Roma, en Taormina lo hacen con calma y glamour hasta el antiguo anfiteatro griego. Son numerosas las calles adoquinadas que conectan directamente con el corazón que hace latir a esta pequeña y coquetona localidad siciliana. Gracias a una privilegiada ubicación y a su acústica impresionante, el Teatro Greco es uno de esos lugares que no se olvidan. Con el mar Jónico bajo su histórica estructura, la fuerza del volcán Etna al frente y la energía que se desprende de esta tierra de batallas, acudir a cualquiera de las obras que se representan en su interior es, hoy por hoy, una experiencia inolvidable. Como también lo es visualizar desde lo alto del teatro cualquiera de las puestas de sol que ofrece la isla, todo un preludio de la belleza del destino también en la oscuridad, con nocturnidad y seductora alevosía como la de la luz de la luna reflejada en la inmensidad del mar.

Taormina

Ficha de viaje:

Cómo llegar: Compañías como Iberia o Vueling tienen vuelos directos hasta Catania o Palermo, la capital, durante casi todo el año. Los precios de los billetes rondan los 200 €. Una vez en el destino, lo mejor es alquilar un coche para recorrer la isla. El hotel Hilton Giardini Naxos está situado a unos 60 km de Catalina por la A-18.

Cuándo ir: Cualquier época es buena para viajar a Sicilia, aunque al tratarse de un clima típicamente mediterráneo, lo mejor es hacerlo de mayo a octubre si se desea disfrutar de las playas y el sol. Otro factor a tener en cuenta es que numerosos hoteles cierran en temporada baja (de noviembre a marzo).

Cómo moverse: Las carreteras sicilianas gozan de muy buena salud, así que es seguro y recomendable recorrerlas en un coche de alquiler. Las calles del centro histórico de Taormina no son transitables en coche.

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