hola.com

 

junio, 2010


22
junio 10

Guía de viaje: lo mejor de San Francisco



San
Francisco es una ciudad atípica. A diferencia de otras ciudades americanas, no
es enorme, ni caótica, ni ruidosa, y sus
habitantes sonríen al visitante
 en cualquiera de las circunstancias en
las que se encuentre. Tal vez su historia tenga algo que ver en esto, y es que
la ciudad pasó de ser un pequeño pueblo a una gran ciudad en tiempo récord como
consecuencia de la Fiebre del Oro de 1849. Reminiscencia de un pasado que
continúa en la memoria de todos los ‘sanfrancisqueños’, que es como se conoce a
sus habitantes. 

Bon voyage-Blog de viajes-San Francisco3.jpgEl eterno
problema de San Francisco no es qué ver en la ciudad, sino más bien qué no ver
en un lugar cargado de historia escrita a golpe de reivindicación como la que
marcaron los escritores de la generación ‘beat’, los hippies del Verano del
Amor y el Flower Power de finales de los años 60′ o los homosexuales que hoy
forman una de las comunidades más numerosas de Estados Unidos. San Francisco
sigue sustentando, hoy por hoy, su emblema como capital de la contracultura

Entre sus
monumentos más famosos se encuentran el Golden Gate Bridge, Fisherman’s Wharf,
Alcatraz, Lombard Street o Chinatown -San Francisco cuenta con la comunidad
china más grande e influyente fuera de su país-. Lugares de sobra conocidos por
el viajero que disfrutará descubriendo que la realidad siempre supera la ficción si la ciudad de la
hablamos se llama San Francisco. 

Dos excursiones
imprescindibles en cualquier cuaderno de viaje son, además, Sausalito y Napa Valley. La primera, es
un pequeño pueblo de apenas diez mil habitantes; sus calles son tranquilas y
sus casas pequeñas propias de una arquitectura colonial. Con una luz especial,
desde Sausalito se distingue la silueta de la isla de Alcatraz -conocida como la Roca- y se contempla la
vida pasar a través de los barcos que navegan cruzando el Golden Gate. 

Bon voyage-Blog de viajes-San Francisco1.jpgEn Napa Valley
todo cambia. El mar se vuelve tierra y de ella nacen las vides de las que brota
el fruto que ofrece algunos de los mejores vinos del mundo. Una buena forma de
captar la verdadera esencia de Napa Valley es a bordo del Wine Train. Este tren construido en 1952, y totalmente
restaurado con exquisito gusto y detalle, recorre los históricos viñedos de la
pintoresca localidad de Santa Elena sobre unos raíles amarrados al suelo desde
1860. A bordo, tres intensas horas de viaje, tiempo suficiente para sumergirse
en el fascinante mundo del vino. Un vagón de cata, un vagón-cocina donde un
equipo de casi quince cocineros, capitaneados por el chef Kelly Macdonald,
preparan verdaderas delicatessen culinarias que podrás degustar a bordo, y
entre las que se incluyen platos típicos californianos como el ‘Rack of Lamb’
(costillar de cordero), tan aclamado en la zona. 

De
vuelta a la ciudad, y con el apetito más saciado, es imprescindible dejarse
llevar por los lugares más representativos de San Francisco. Una buena forma de
obtener una perspectiva interesante de ellos es a bordo del tranvía, el medio de transporte por excelencia desde
finales del siglo XIX. De las tres líneas de la ciudad, la más conocida, típica
y antigua es la de Powell-Hyde, desde donde mejor se divisan las empinadas
calles y colinas de la ciudad. 



Capital de la
cultura, el teatro, la ópera, el ballet o cualquiera de las variedades de las
artes escénicas están presentes en la ciudad. El Museo de Arte Moderno, el
Museo de Arte Asiático, la Legión de Honor y la Academia de las Ciencias de
California completan la oferta
cultural de una ciudad inconformista
 empeñada en superarse a sí misma. 

Bon voyage-Blog de viajes-San Francisco2.jpgSu fidelidad a la
buena vida ha convertido a San Francisco en uno de los destinos gastronómicos más apreciados y es que,
gracias a su clima mediterráneo y a su privilegiada situación -bordeada por el
océano Pacífico-, la ciudad es caldo de cultivo de las materias primas más
frescas cocinadas con verdadero mimo en los restaurantes de la ciudad y del
resto de América. Algunos de los mejores ejemplos donde disfrutar de esa magnífica
gastronomía son el Café de la Presse, Espetus o Le Colonial. Café de la
Presse
es un precioso bistró ultra-chic situado en un lugar estratégico entre
la archiconocida Union Square y las puertas de Chinatown. Ambientado como si
fuera un restaurante de los años 30′, el Café de la Presse es un mini París en
mitad de San Francisco donde se reúnen personalidades del arte y la literatura
de la ciudad. En Espetus o Le Colonial probarás los sabores del mundo ‘made in’
San Francisco;
Brasil o Vietnam al alcance de los paladares más exigentes sin
salir del centro de la ciudad. Todo, por supuesto, acompañado de un buen vino
californiano. 

Bon voyage-Blog de viajes-San Francisco5.jpgLa vida nocturna
en San Francisco es un escenario de luces, sonido y movimiento. Distritos como
South of Market Street y Mission acogen actualmente los clubes más famosos de la ciudad; lugares donde disfrutar de una
buena sesión de música en vivo, jazz, blues y divertidas noches como las que
encontrarás en Asia SF, uno de los locales recién llegados a la ciudad pero que
ya ha sabido situarse entre los mejores para tomar un buen cóctel, según la
prestigiosa revista Bon Appétit. Pisco Latin Lounge es otro de los clubes de
moda. Este coqueto lounge está considerado como uno de los mejores locales; su
propietario y chef, James Schenk, es un americano de madre peruana y padre
suizo que cuida con mimo a sus clientes ofreciéndoles “lo mejor de las tres
culturas gastronómicas que conoce; la americana, la peruana y la suiza”, según
Schenk. 

El descanso del
viajero es algo deseado y bien merecido tras una intensa jornada. El legendario y cinematográfico hotel
Fairmont 
se antoja como una inteligente elección cuando entre las
preferencias de los huéspedes se encuentra dormir entre históricos muros que
incluso lograron mantenerse en pie tras el devastador terremoto ocurrido en
1906. De estilo clásico y refinado, el hotel cuenta con una céntrica ubicación
y unas inolvidables vistas a la bahía de San Francisco. 

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1
junio 10

Sexo en Nueva York: el ‘Making Of’ de la entrevista

Era un día cualquiera y a una hora cualquiera.  El pasado 6 de mayo a las 10.45pm un email desataba mi
histeria y la de mi compañera de mini piso en nuestro coqueto apartamento del
East Village (ya os podéis imaginar a dos amigas gritando y saltando como
locas) y es que Warner, gracias a
hola.com, ¡me había seleccionado para el
Junket de la peli Sexo en Nueva York 2!
O lo que es lo mismo, disfrutar de un
fin de semana completo sumergida en el maravilloso mundo
SATC (Sex and The
City) en la ciudad de Nueva York. Adjunto en el email aparecía también el
programa con los horarios, las normas, las explicaciones, bla, bla, bla… y a
medida que iba leyendo todos los puntos,
mis rodillas temblaban más y más.

Carrie.jpg

El
sábado 15 y el domingo 16 de mayo eran los días seleccionados. Primero, el
visionado y al día siguiente las entrevistas. Como os podéis imaginar, pasé esa
semana al borde de un ataque de nervios pensando en todo lo que se refiere a
SATC -¿ cuáles son las preguntas que más interesan a los lectores/fans?, ¿me
gustará la peli?, ¿cómo serán las chicas?         -alguna tiene fama de un poco
antipática- ¿y qué me pongo? Y así sucesivamente. Por supuesto
no era la primera
vez que entrevistaba
a alguien, en estos años de profesión han pasado muchos artistas,
actores, diseñadores, etc., por mi vieja grabadora, pero esta ocasión era
especial,
el atrezzo era especial: yo, mega fan de la serie, residiendo en la
ciudad, reconozco que algo menos fan de la primera película, junto con
compañeros de prensa internacional y
teniendo esta oportunidad y ¡encima en
Nueva York!

Por
fin llegó el sábado 15.
Warner nos citó a las 7pm en su fabuloso edificio de la
calle 58
, donde en su propia sala de cine, estaba previsto el visionado. Mi
primera impresión fue, al igual que pasa con toda la ciudad de Nueva York, de
grandiosidad.
Todo es enorme, lujoso… de estos lugares que entras y dices: “jo,
qué guay trabajar aquí sólo por cruzar este maravilloso umbral todos los días”.
Y así,
periodistas de todo el mundo, nos fuimos acreditando para el pase de la
peli
. No éramos muchos, así que tampoco nos costó demasiado subir hasta la
décima planta del edificio entre sus 6 ascensores disponibles. Los minutos
previos a la peli fueron  muy divertidos,
todo el mundo buscaba el mejor asiento y se percibía bastante
emoción en el
ambiente
-al fin y al cabo, éramos unos privilegiados-. Conocí a una periodista
holandesa que se sentó a mi lado, era su primera vez en Nueva York y trabajaba
para un diario de Amsterdam, ¡estábamos súper emocionadas!

Al
salir… lo mejor. Dos camareros monísimos nos esperaban detrás de una barra
repleta de
Cosmopolitan y copas de Moët Chandon a partes iguales. Mesas altas
distribuidas por la sala y bandejas de deliciosos canapés corriendo de un lado
para otro. Mi compi holandesa y yo nos sentíamos como pez en el agua y me
encantó ver su cara cuando por primera vez daba un sorbo a un Cosmopolitan
-
nunca los había probado- y su cara se transformó como si de una poción mágica
se tratase, ¡luego se tomó unos cuantos más! Y hasta aquí puedo leer porque, aunque
el día siguiente era el gran día y teníamos que estar perfectas, la noche fue
larga. Es lo que tiene Nueva York…

Apenas
pude dormir
. Los nervios no me dejaban conciliar el sueño y no paraba de
repasar las preguntas una a una ¡e incluso ensayarlas! Creo que me las aprendí
de memoria. Me habían convocado a las 2.30pm pero a las 7.30am de la mañana del
domingo 16 de mayo ya estaba en pie. Mi compi, a estas alturas ya no sé quién
estaba más nerviosa de las dos,
había preparado ya la cafetera y con un rico
café recién hecho empecé el día. A este café le siguieron otros 4 ó 5 más…

Desierto.jpg

A
las 2pm, y t
ras cambiarme de ropa 4 veces, salí de casa vestida con un look muy
primaveral. Vestido de cóctel azul petróleo de
Diane Von Furstenberg, ajustado
a la cintura y con escote discreto, pantys del mismo tono, sandalias marrones
con hebillas doradas con taconazo y bolso de
Bimba & Lola. Melena rizada y
suelta y ningún complemento que no fuera mi
inseparable reloj dorado. Correcta. Natural. Discreta.

Subida
en el taxi sólo me faltó comenzar a hacerle la entrevista al taxista. Y debí
parecerle
una loca histérica pues grabadora, libreta, boli, Blackberry, el tubo
del gloss y no sé cuántas cosas más en mis manos, me miraba con una cara
rarísima por el espejo retrovisor. “Pobre chica”, debía pensar el señor taxista.
Y tenía razón, no quiero ni pensar en la impresión que debió llevarse de mi
cuando al bajarme del taxi tuve que correr detrás de él porque me había dejado
los 6 folios de las entrevistas
 en
el asiento trasero. Gajes del oficio…

Mi
llegada al
hotel Mandarin Oriental estuvo cargada de gloria tras mi carrera
detrás del taxista. Así que con la dignidad en los tacones de mis sandalias me
dirigí
al set de prensa situado en la planta 39 de este precioso y lujoso hotel
(una vez allá casi me dieron ganas de hacer un repor del hotel también
-deformación profesional-). Ya sólo la llegada a la planta 39 fue una odisea.
Un ascensor hasta la planta 16, dar la vuelta en L y montarse en otro con llave
privada hasta la 39 y una vez allí… ¡la guerra! La verdad es que me llevé una
muy buena impresión de todo esto. Dentro de una suite en esquina con
espectaculares vistas a Central Park estaba situado el set de prensa. Llegabas,
te acreditabas y tenías a tu disposición un
delicioso catering a base de
salmón, bagels, quesos, y demás delicatessen. Una cosa curiosa es que allí
la
única que parecía estar nerviosa era yo
. Sentía como si todo aquello para el
resto de mis compañeros fuese como ir a comprar el pan, ¡y para mi era como el
día del juicio final! Así que bueno, en las casi 3 horas de espera que tuve que
hacer antes de la ronda de entrevistas, me dediqué a canalizar mi energía
positiva y a tratar de que mis piernas y mis manos estuvieran quietecitas. A todo
esto,
las locas de mis amigas -más nerviosas que yo- no dejaban de mandar sms,
emails o llamar en plan:
 “¿Ya? ¿Ya las visto? ¿Y cómo son? ¿Ay, qué te han
dicho?”
. Y así durante 3 horas…

Chicas2.jpg

Tardé al menos 5 segundos en reaccionar cuando la asistente dijo mi nombre.
¡Comenzaba mi turno! Las chicas estaban situadas en diferentes suites contiguas
de la planta 40; rodeadas de todo un equipo de iluminación, maquillaje, sonido,
asistentes, publicistas, etc., es un panorama que impresiona un montón. (Por un
momento os aseguro que hasta se me olvidó hablar inglés. Bueno, creo que se me
olvidó hasta mi nombre).
Mi primera entrevista fue a Kristin Davis -Charlotte
en la película- y el comienzo no pudo ser mejor porque nada más entrar,
estrecharle la mano y sentarme justo frente a ella con una cámara apuntándome,

Kristin exclamó “I love your shoes!!!!!”
. Bueno, en ese momento creí que estaba
en el cielo, no sólo porque le gustaran mis sandalias -que la verdad son
monísimas- sino porque
su naturalidad me permitió relajarme y romper un poco el
hielo charlando sobre mis zapatos antes de comenzar la entrevista. Ah, a todo
esto, ella creía que mis zapatos eran del diseñador español
Pedro García -del
que se confiesa adicta- cuando en realidad
son unas sandalias sin marca
compradas al 50% en un outlet de New Jersey. Dicho esto, y como las entrevistas
las habréis leído aquí en el
estupendo especial de hola.com, no os contaré más
sobre eso y me limitaré al resto de anécdotas, que haberlas, las hubo.
Kristin
me pareció encantadora
, muy sencilla, cercana, directa y con una melena digna
de toda envidia… con una cara muy expresiva, ¡y encima le gustaron mis
sandalias!. 

Una vez completada la primera entrevista y con los nervios más
calmados, la coordinadora me avisó de que
el segundo era Chris Noth. Ya tenía
ganas de conocer en persona a este apuesto actor, así que me retoqué un poco
para causar la mejor de las impresiones y me quedé blanca cuando de la suite
del actor vi salir a una compañera periodista que me dijo:
“good luck“,
mientras me ponía cara de derrota.
“¿Por qué?”, pregunté yo. Y ella no respondió,
pero su cara fue un poema.
“Uff”, pensé. Aunque la verdad es que no me dio
tiempo a recrearme en eso
porque la asistente ya había anunciado mi nombre
al actor y al séquito que les acompaña y que más que escucharte durante la
entrevista, te estudian para que todo salga perfecto. Mi primera impresión fue
la de
tener delante a un hombre guapísimo, muy caballero, con un tono de voz
arrollador y la verdad, bastante simpático. De hecho
no paró de repetir
“España, España”
en un buen rato. En mi caso la entrevista fue súper bien y
tengo que reconocer que se le iluminaron los ojos cuando le pregunté por
Penélope Cruz, tuve la sensación de que todos la adoran. Ah, como curiosidad
tengo que decir que cuando abandonaba la suite le escuché preguntar:
“Where is
she from?”
, algo que me dejó paralizada ya que no supe identificar si el pobre
hombre preguntaba de dónde era yo
debido a mi macarrónico acento inglés, o como
dice mi amigo N, será
“porque le dejaste entusiasmado por tu gracia natural”.
Yo me inclino hacia lo primero…

Cynthia Nixon
fue mi tercera entrevista
. Ya con los nervios más calmados me sorprendió la
naturalidad de esta actriz que gana muchísimo al natural y que h
a mejorado
bárbaramente su aspecto
con los años. Llevaba un vestido verde que combinaba
con sus preciosos ojos y con su natural melena pelirroja.  Pasados los 5 minutos de entrevista,
tiempo cronometrado que tenías disponible para cada entrevista, me quedé con la
sensación
de que querer saber más sobre esta interesante mujer. 


Manolos.jpeg

Kim Cattrall interpreta a Samantha Jones y tengo
que decir que me quedé sorprendida porque no sé si se parecen mucho entre
actriz y personaje o no se parecen nada.  Cuando entré al set de entrevista me sorprendió su
naturalidad al estar sentada descalza
, y al mirar al suelo, vi unos Manolos
vintage en ante negro en el suelo
(exactamente los de la foto) “Son unos Manolos preciosos, ¿te hacen
daño?”
, le pregunté. “Sí, no puedo más”, me respondió ella”. Una pena, pensé
yo, porque
me dieron unas ganas de agarrar los zapatos y salir corriendo… Aunque
claro, no era plan de jugarme mi profesionalidad y mi carrera por
Manolo
Blahnik…
¿o sí?

 

Sarah Jessica Parker cerró el que puedo decir que
fue uno de los días más agotadores de mi vida. Ya casi, casi se me habían
pasado los nervios pero como estaba a punto de conocer a la que fue mi alter
ego durante un tiempo
(lo fue cuando compraba los tomates a crédito, no ahora
que vive en un lujoso ático de la Quinta Avenida), los nervios volvieron a
hacer de las suyas al entrar en la suite. “Qué divina”, fue lo primero que pensé.
Sarah es pequeñita, muy delgada y de apariencia frágil, pero estrecha la mano
de forma muy firme y cualquier atisbo de fragilidad desaparece con la
contundencia de sus respuestas y su forma de mirar directamente a los ojos. Llevaba
un vestido precioso, blanco con un estampado floral, muy primaveral
, que dejaba
a la vista -en un estudiado look- un sujetador de encaje morado intenso a juego
con las flores de su vestido. Melena rubia y suelta y un maquillaje -de Dior, vi
las sombras y el colorete-; me sorprendió su naturalidad y su simpatía. Es
pizpireta y habla muchísimo
, así que mis 5 minutos parecieron 30 segundos. Ah,
entre pregunta y pregunta Sarah Jessica no dejó de chequear su Blackberry 8830.

 

Cuando regresé a la planta 39
tardé 5 segundos en desplomarme en el sofá de suite, tomé un vaso de agua con
una rajita de limón, recogí mis cosas y me fui con mis amigas a celebrar este
gran día al Café Habana
, donde pudimos brindar con los mejores mojitos de la
ciudad por uno de los días más interesantes de toda mi vida.

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