Era una de esas ocasiones especiales para las que te
preparas con una semana de antelación. La verdad es que mis ansias eran tales
que no veía el día en que llegaría. Pero por fin llegó. Mi amiga Laura y yo nos
pusimos nuestras mejores galas para acudir a uno más de los mil eventos
culturales que se celebran día a día en Nueva York, aunque por supuesto, este
era especial, ya que esa noche -y habiendo colgado el cartel de no hay entradas
con semanas de antelación- acudíamos al Met de Nueva York a disfrutar de una de
las mejores óperas, Tosca.
Periodísticamente se me hace complicado escribir que no
tengo palabras para expresar lo que sentí, más que nada porque me dedico a esto
y creo que estaría poniendo en riesgo mi puesto de trabajo pero, ¿cómo plasmar
en un folio en blanco uno de los días más especiales de tu vida?
Reconozco que tampoco soy imparcial. Cuando era pequeña, en
lugar de dormirme con típicas canciones de cuna, mi madre hacía sonar las
mejores arias de ópera, y claro, a mis ‘veintipico casi treinta’, puedo decir
que casi, casi, lo llevo en la sangre.
Ahora bien, es ahora cuando puedo afirmar que las puestas en escena
del Metropolitan Opera House de Nueva York, en vivo, son lo más. Situado en Lincon Center, este teatro
es una de las mayores instituciones de ópera mundial. Fue diseñado por el
arquitecto Wallance K. Harrison y
hoy por hoy es el auditorio más grande del mundo. Conocido también como el
lugar de celebración de las mejores voces, el Met ha estado bajo la
dirección musical de James Levine desde 1976. Levine se acredita gracias a
haber creado una de las mejores orquestas y coros de la ópera del mundo.
Así que, como la ocasión lo merecía, me enfundé en un
precioso vestido negro de cóctel de Calvin Klein, del que me enamoré nada más
entrar en la tienda del diseñador en Madison Avenue y para el que sabía tenía
preparada una ocasión especial. Completé el ‘look’ con unos zapatos de salón
negros y aporté el toque de color con una enorme pulsera de cristales (que compré en uno de mis viajes a Venecia). ¿Lo
mejor? Descubrir que además de estar en un entorno privilegiado disfrutando de
una de las mejores óperas del mundo, también te encuentras en una auténtica
pasarela de moda donde hombres y mujeres lucen sus mejores galas en una noche
tan especial.
Tosca, escrita por Puccini, es una ópera en tres actos -lo
mejor entre acto y acto es disfrutar de una copa de champán acompañada de
fresas con chocolate- y con una gran carga dramática y emocional. Considerada
como una de las óperas más representativas del repertorio italiano, crítica y
público se fundieron en aplausos en su estreno, en el año 1900, en Roma. En
esta ocasión no era Roma, sino Nueva York, y tampoco nos encontramos en el
siglo XX, sino en el XXI, pero como hay cosas que nunca cambian, estoy segura
de que la noche de Tosca en el Met, será recordada por crítica y público como
si fuera el día de su estreno.
Y nada mejor para terminar una estupenda noche neoyorkina que aprovechar
la cercanía del restaurante P.J. Clarke’s (está situado en la esquina del
Lincon Center, sólo tendrás que cruzar la calle a la salida del Metropolitan), y disfrutar de dos de sus famosísimas especialidades: las ostras y las hamburguesas. Es el lugar perfecto para compartir con amigos o familia (si te apetece culminar tu velada romántica con tu pareja, este no es el lugar ideal). Aquí el ambiente es muy casual y divertido, pero nada íntimo. Aún así, ¡no te arrepentirás!
¿Y tú, has estado alguna vez en la ópera… y en el Met? cuéntanoslo.
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