Recientemente coincidí en una cena con una aristócrata británica que va a asistir a la boda real. Me moría de ganas de que hablara del tema pero como nadie lo sacaba, a los postres me lancé y le pregunté si había elegido el modelito para el gran evento. Por su forma de vestir pensé que a lo mejor se lo había encargado a Jesús del Pozo que tiene muchas clientas de su país.
“No, no tengo ni idea. Pasaré un par de días antes por la casa de campo de mi abuela y como compartimos talla, armaré algún conjunto con su fondo de armario.”
No supe qué responder. Me quedé bloqueada. Yo había pasado tres días dando vueltas a mi armario para elegir el “sencillo” conjunto de esa cena y … ¿Ella no sabía qué se iba a poner para la boda real?
Afortunadamente, el anfitrión salvó el incómodo silencio. “Por caridad Lady M., sin consumo no salimos de la crisis los pobres empresarios españoles. Seguro que Natalia está encantada de llevarte de compras” Y ella le rió la gracia.
Desde aquel día llevo soñando con el armario de la abuela. Me lo imagino lleno de Chaneles de Mademoiselle, de Dior, de Grès, de Worth, de Rodríguez, de Balenciaga, de Nina Ricci…
Y puestos a soñar, si fuera invitada a la boda y partiendo de la premisa de que me pondría un traje de un diseñador español y fabricado en España he repasado las colecciones primavera/verano. Y el elegido es este precioso vestido del diseñador gallego JORGE ACUÑA.
Ahora sólo me falta elegir el sombrero.
















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