La ciudad ha despertado probablemente, en un dÃa más que no dejará huella en los libros de historia. Las calles saben a café, café árabe. Es pronto, pero aun asÃ, los rayos del Sol tuestan los hombros de los peregrinos que recorren las estrechas calles hacia el Santo Sepulcro, camino de la Crucifixión. Sus miradas se dirigen, sedientas, a un grupo de  jóvenes palestinos abrigados a la escurridiza sombra que amenaza con desvanecerse, dichosa ella. Sentados en unos agolpados escalones cerca de la Puerta de los Leones, las fieras del dolor y la injusticia parecen estar amansadas hoy, por ahora; y a solo unos escasos metros y en el corazón de la Ciudad Vieja, bajo el cartel anunciando la arteria principal “Via Dolorosa”, cuelgan sonrientes, dos soldados israelÃes, abrazados a sus pequeños juguetes. AquÃ, cada uno carga con su Cruz.
Pero incluso hasta en los puntos más calientes del planeta, hay instantes de paz absoluta. Pueden durar una eternidad o un segundo, puede que dÃas o semanas, aunque en cada uno de ellos, se palpa cierta artificiosidad.  No es real, es como un alivio prefabricado, como una lata de conservas que mantiene su interior aislado, protegiéndole del aire corrosivo que pregona acabar con su delicado contenido. La inevitabilidad de lo perenne y una sentenciada fecha de caducidad, logrará que el mundo allà fuera penetre, e invada su savia una vez más. Sucederá tarde o temprano. Un disparo, una revuelta, y vuelta a empezar.
Tras unos tragos de granizado de grosella -o al menos asà reza su color al compás de los cánticos, decidimos avanzar. Un manto de torres orando en clave musulmana, se extiende y nos acompaña el resto del camino hasta fundirse con el hilo musical de un recién desvelado y presidencial Security Check, encargado de abrir o cerrar -todo depende del cristal con el que se mire- el lamentable Muro de Las Lamentaciones. Por lo visto, infinitamente lamentable al juzgar por la cantidad de papeles que bañan sus paredes. AquÃ, los pasos marcha atrás marcan la nota dominante. Y el desconcertante silencio, el preludio de una historia interminable.
Etiquetas: Paz en Conservas, Via Dolorosa





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