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25 agosto 11

Postales de Guerra desde Oriente Medio. La Paz viene en lata de conservas

Vía Dolorosa- Jerusalem

La ciudad ha despertado probablemente, en un día más que no dejará huella en los libros de historia. Las calles saben a café, café árabe. Es pronto, pero aun así, los rayos del Sol tuestan los hombros de los peregrinos que recorren las estrechas calles hacia el Santo Sepulcro, camino de la Crucifixión. Sus miradas se dirigen, sedientas, a un grupo de  jóvenes palestinos abrigados a la escurridiza sombra que amenaza con desvanecerse, dichosa ella. Sentados en unos agolpados escalones cerca de la Puerta de los Leones, las fieras del dolor y la injusticia parecen estar amansadas hoy, por ahora; y a solo unos escasos metros y en el corazón de la Ciudad Vieja, bajo el cartel anunciando la arteria principal “Via Dolorosa”, cuelgan sonrientes, dos soldados israelíes, abrazados a sus pequeños juguetes. Aquí, cada uno carga con su Cruz.

Pero incluso hasta en los puntos más calientes del planeta, hay instantes de paz absoluta. Pueden durar una eternidad o un segundo, puede que días o semanas, aunque en cada uno de ellos, se palpa cierta artificiosidad.  No es real, es como un alivio prefabricado, como una lata de conservas que mantiene su interior aislado, protegiéndole del aire corrosivo que pregona acabar con su delicado contenido. La inevitabilidad de lo perenne y una sentenciada fecha de caducidad, logrará que el mundo allí fuera penetre, e invada su savia una vez más. Sucederá tarde o temprano. Un disparo, una revuelta, y vuelta a empezar.

Tras unos tragos de granizado de grosella -o al menos así reza su color al compás de los cánticos, decidimos avanzar. Un manto de torres orando en clave musulmana, se extiende y nos acompaña el resto del camino hasta fundirse con el hilo musical de un recién desvelado y presidencial Security Check, encargado de abrir o cerrar -todo depende del cristal con el que se mire- el lamentable Muro de Las Lamentaciones. Por lo visto, infinitamente lamentable al juzgar por la cantidad de papeles que bañan sus paredes. Aquí, los pasos marcha atrás marcan la nota dominante. Y el desconcertante silencio, el preludio de una historia interminable.


03 agosto 11

Postal de Guerra desde Oriente Medio- Aquí no hay playa

Niños vendiendo agua en la cola de uno de los Check Points

No cabe duda alguna de que Israel es un país de contrastes. Un@ lo nota solo con aterrizar a la capital. Ya en Tel Aviv, no solo sus casi 40º hacen inminente la necesidad de pegarse un bañito. Y es que dentro del agua, se está mucho mejor, pues estar tumbad@ tomando el sol en una de sus famosas playas, mientras se está rodeado de jóvenes israelíes en sus toallas abrazados a sus M16 en vez de a sus chic@s,  no es de lo más refrescante. En esos 3 años para los chicos y 2 para las chicas de servicio militar obligatorio, jamás se separaran de sus armas. Ni siquiera para salir de copas.

Obviamente y en total contraste, en tierra palestina los security check son el pan de cada día; allí solo “los terroristas” llevan armas. Si mucho me apuras, un lápiz y un papel para ir a la escuela, es la única arma, aunque no siempre permitida. Pero todo y así, los palestinos en West Bank, ni por supuesto, los hijos de palestinos conocen el mar. Ninguno sabe nadar, pero lo más triste es que tampoco sueñan con nadar. Algo que se hace más sorprendente aun, cuando uno descubre que parte del Mar Muerto se encuentra en las entrañas del territorio palestino.Y el agua embotellada que esos pequeños venden en las colas de los Check Points,  se transforma así, en una especie de macabra metáfora.

Sin embargo, hay algo que coincide, que parece seguir una tradición fuertemente arraigada en cada uno de los rincones, tanto israelíes como palestinos por los que hemos pasado. Y es que en Tierra Santa, parece que esbozar una sonrisa, agota el rostro. Unos por el miedo, y otros por el miedo al miedo.


25 julio 11

Postal de Guerra desde Oriente Medio

Damascus Gate (Jerusalem). ¿Hace falta algún comentario?

Estoy casi sin palabras. Me lo temía cuando por aquel entonces en la facultad de periodismo hablábamos del conficto árabo-israelí. Desde siempre supe que lo haría, cogería una cámara en mano y trataría de exprimir hasta la última gota de realidad para retratar el que es para mi, y seguro que muchos colegas en comunicación coinciden en ello, uno de los puntos más magnéticos del mundo, donde la cámara parece tomar vida propia y pedir a gritos estar desenfundada 24 h al día.

Podría hablaros de datos, de estadísticas, de bajas, del conflicto y de política. Lo cual es extremadamente necesario para conocer, y así entender y concienciar de lo importancia de la lucha.Pero de momento, solo me atrevo a decirlo en forma de imágenes y en una sola percepción: “Falta de esperanza”. Es quizás lo que para mi define el sentimiento de cada una de las personas que hemos entrevistado para nuestro documental. No importa el bando. No importa su religión. Puede que este sea el único sentimiento y el verdadero lazo que rompe ese muro, que a muchos niveles y significados les separa. Aquí nadie se formula la pregunta siguiente, la del después. Pues no les queda esperanza. Ni siquiera a los más luchadores.


05 julio 11

Traslado temporal de las Oficinas de ¡Ostra!-lia

Nos vemos en Oriente Medio...sí, justo allí, en el Medio!

Siempre me resultó difícil intentar describir y ordenar los diferentes sucesos que me llevaron a resumir mi vida entera en una maleta de 40kilos y emprender mi viaje, destino ¡Ostra!-lia. Pero es que esto, …esto ya… ¡es que se pasa del dark oak!…

Pero antes de deciros nada más, recapitulemos primero. Resulta que, entre otras muchas otras cosas, mi estancia en Australia, me ha llevado a estudiar un Master en Comunicación y cansada un poco de la materia, me animó a retomar una vertiente de mi carrera relacionada con las audiovisuales, por lo que empecé un Máster en Producción de Industrias Creativas. Una profesión, desde luego, muy acertada y bien pagada (JA!). Como la de escribir un blog (JA ∞!). No, ¡espera! la de ser corresponsal de medios es más creíble (nota para mi misma: sí, sobre todo no en tu caso, monina…).

Total, que todo ello me ha llevado a pensar que, como dijo el prestigioso Honoris Causa Dr. Nike, “The sky is the limit”. Y cuanta razón llevaba, pues esa verdad, no lo es solo en términos geográficos, sino también en términos de sueños, motivaciones y aspiraciones personales. Por ello, motivada por las experiencias de este último año, me he decidido a emprender otro viaje, aunque de solo un mes de duración, esta vez bastante peculiar.

Me place informales, señores clientes, que las oficinas de ¡Ostra!-lia se trasladan temporalmente a Israel & Palestina… Ahora, imaginaros como se le quedó el cuerpo a mi pobre madre al enterarse de tal noticia. Como si la mujer no tuviera bastante cuando se le dijo que la niña se iba pa’ Australia, que ahora se va a grabar un documental en uno de los “puntos calientes” más calentitos del planeta.

(A continuación la reacción de mi Santa Madre, cuando le comuniqué que me iba a Tierra Santa)

“Tierra Santa…ya veo. Pues nada, hija mía. Que te mandan para Gaza, pues tú les dices: “Ui… ¡pues no sé yo eh?! Es que ahora precisamente está todo muy revuelto, por no mencionar lo difícil que está el acceso. Pero Ustedes no se preocupen, que yo ya vuelvo por ahí cuando estén las cosas más calmadas, y les digo qué tal es, ¿eh? Venga…”-

Pobrecita mi madre, de verdad. A este paso, voy a empezar a pensar que la única Tierra Santa verdadera, son los metros cuadrados del estudio donde mi madre tiene el ordenador para conectarse al Skype y que le informe de mis maldades.

However, sea como sea, además de todo esto, logré convencer a una de mis mejores amigas, y compañera de carrera que nos fuéramos para allá. Que como comprenderéis, una cosa es cuando la convencía para que nos bebiéramos todos y cada uno de los detestables 523 chupitos a los que nos invitaban los RRPP como reclamo cuando salíamos por aquellos entonces universitarios. Pero, eso….¡esto ya son big words!

La cuestión es que la logré convencer, y allí estaremos el próximo mes, recorriendo la zona de punta a punta, en busca de personas comunes con grandes historias que ofrecer. Visitaremos, de doctores a grandes cineastas, pasando por activistas humanitarios, así como reconocidos arqueólogos o personas totalmente comunes que viven su día a día en este mundo dividido por un muro de conflictos, y a los que no se les permite expresarse con libertad. Nuestra idea es convertir ese muro, en un puente de comunicación entre esos dos mundos.

Allí estaremos. Informando. Grabando. Soñando en un hacer un Documental sobre la cara más humana de personas corrientes, que por cuestiones del azahar les tocó nacer entre dos mundos tan cercanos, pero a la vez tan lejanos.

¡Que no quepa duda que os iré informando de nuestras aventuras!

Nos vemos en Oriente Medio, sí….justo allí, en el Medio… ;)


04 julio 11

“¡Bichosa Ostra-lia!

Y esto, ¿qué es lo qué es?

¿Cuál dirías que es la máxima preocupación de los españoles cuando se plantean el ir a Australia? ¿ZaPer cuánto vale un café en tierras ¡Ostra!-lianas (80 céntimos, ¿?)? quizás… ¿si se hay retransmisiones de los Barça-Madrid?… o…¿si es posible el meter del extraperlo a una pata de jamón dentro de la maleta?….

No, querid@s, no.  Tras uno año viviendo en Australia, y recibiendo centenares de emails de gente que se planteaba el romper el cordón umbilical con nuestra “Pacha Mama”, hay una palabra clave que se repite constantemente hasta la eternidad.  Y esta, también se repetía cuando me decidí a hacer pública entre mis amigos, la decisión de mudarme a ¡Ostra!-lia.

-”¡Wow, Australia!…Pero espera, ¿allí no había muchos, ya sabes…bbbb…?” (ni atreven siquiera a pronunciar la palabra, y un ligero tembleque empieza a recorrer sus cuerpos).

Sí. La preocupación entre las preocupaciones, la obsesión que nos quita el sueño, nuestro sin vivir,  tiene un nombre. Y este es, tachán: ¡Los Bichos!

Aunque debo confesar, que en la segunda posición del ranking de “qué preguntaría a un amigo que le confiesa que se va a vivir a Australia”, le sigue muy de cerca la del millón:

-”¿No había un sitio más cerca?” (Duh)

Sea como sea, esta “bichosa” preocupación trasciende a la categoría de deporte, que digo, Religión Nacional entre nuestra comunidad. En mi caso particular, incluso he llegado a hablar con Dios. Fue en una noche de verano, durante una salida noctámbula al baño, cuando me encontré con un intruso repugnante de unos 10cm tocando con sus rojizas, largas y asquerosas patas mi taza del wáter.

(Aviso: la reconstrucción de los verídicos sucesos de aquella noche puede herir algunas susceptibilidades)

-”Hola Dios. No quiero ofenderte, sé que estás en todas partes. Por si acaso no lo has visto porque te pillo durmiendo: ¡¡¡HAY UNA SEÑORA ARAÑA EN MI BAÑO!!! (Al final del pasillo a la derecha, o N 34º43″22′ W 22º33″74′, por si allá arriba os movéis por GPS). ¡Haz algo, Dios! Si estás ahí mándame una señal. Un SMS también vale”-.

Pero cuando volví a mirar a la señora araña entre las arañas, la muy…. seguía allí,  sentada en sus aposentos, en la taza y su cara lo decía todo:

-”Cauen la leche de canguro”- pensó.

De repente, caí en la cuenta. Sólo había una explicación del porqué la muy bitch-a seguía allí. ¡Noooooooooo! Me había equivocado de coordenadas y había mandado a Dios en mitad del Atlántico. Ahora, que las fuerzas divinas se encontraban perdidas en medio de la nada, solo me quedaban dos opciones: rezar para que Dios supiera nadar, e idear un plan B.

-”Te vas a ir a tomar por el Cuc*l, “- le dije al animal-.

Así, que me fui corriendo hacia mi armario de camuflaje, donde guardo estratégicamente el kit completo de sprys exterminadores, y tras un instante de dudas entre si alcanzar el anti-tiburones debido al tamaño del animal en cuestión o llamar al Doctor Octopus, cogí el infalible Cuc*l, me puse la mascarilla antigas y volví al campo de batalla, armada y dispuesta a la guerra. Según abrí la puerta del baño, sorprendentemente, el enemigo parecía mostrar bandera blanca. Milagrosamente, se encontraba del revés, ya apenas luchaba por su vida.

(Fin de la reconstrucción de los hechos. Gracias)

Lo cierto es que ese acto de Justicia Divina, me hizo recuperar la Fe perdida y le prometí a Dios en persona, que algún Lunes empezaría en serio el gimnasio.

Desde esa experiencia, puedo decir que Australia me ha hecho una mujer madura, capaz de dominar el GPS,  y auténticamente devota -pues hablo con el menda a diario. Entre los saltamontes de 40 cm, los escarabajos rinocerontes, los vampiros gigantes que sobrevuelan la ciudad cada noche, las serpientes, las hormigas mordedoras-de-gluteos, las arañas de palmo, los tiburones, las medusas asesinas, los cocodrilos y los “possums” (un extraño animal con cuerpo, tamaño y cola de gato y cabeza de ardilla que vive en mi piscina), Dios lleva una agenda bastante apretadita conmigo. Así que puede que si últimamente lo has estado buscando, te cueste localizarlo.

En conclusión, en Australia hay bichos. Efectivamente. Y mortales. Efectivamente. Pero es algo a lo que te vas acostumbrando. Y es que estas tierras son tan divinas de la muerte -y nunca mejor dicho-, tan auténticas, tan frescas, tan oxigenadas, que cualquier esfuerzo por respirar su aire merece la pena; hasta las personas más maniáticas y escrupulosas, somos capaces de dejar atrás nuestros miedos. Así, que os animo a venir algún día, para ver con vuestros ojos la magia que envuelve el OIREFSIMEH RUS . Y por Los Bichos, no os preocupéis. Os paso el Facebook del Supremo, y listos ;)

 


01 julio 11

Jet Lag & CIA

Vistas de Brisbane desde West End

Somos dos, en un reloj. Para mí, nada describe mejor mis primeras sensaciones al pisar tierra ¡Ostra!-liana. Os cuento por qué…

Resulta, que mi novio –de aquí en adelante léase McNovio de Luxe-, y quien vale más que todas las ediciones de Lonely Planet  juntas,  solo bajar del avión, en vez de llevarme a adorar al Todopoderoso, Rey de Los Cielos “Jet Lag” como realmente es debido (o sea: durmiendo), me llevó directa al banco para abrirnos una cuenta australiana-. Así, jetlacosa, sin dormir, sin ducharme, sin inglés…no importaba. Según él, lo imprescindible y primordial era abrirse una cuenta bancaria.

Total, que nos dirigimos al banco, y para mi sorpresa, al llegar a las oficinas de un conocido banco australiano, un seguridad nos acompañó amablemente hasta la cola deseada. El resto de los empleados sonrían atentamente,  una deliciosa fragancia a capuchino recorría toda la oficina, y hasta incluso, nos invitaron a  galletitas… Vamos, igualito que en España, que si no creo recordar mal, en el tiempo que un@ se deshidrata y descompone en la cola, al señor cajero le da tiempo a salir a desayunar DOS veces.

El hecho es que, tras unos escasos nanosegundos de espera en unos estupendos sillones masajeadotes de pies,  me pasan al teléfono. Todo parecía de ensueño, hasta entonces.

(La conversación ha sido traducida del inglés. Bueno, a ratos.)

-”Toma, darling. Ahora, Janine, de la oficina central, te va a dar un código personal de seguridad y luego tendrás que deletreárselo de nuevo”-. (Qué les pasa a los anglosajones, que todo lo tienen que deletrear ¿!?¿!).

Al pasarme el teléfono, al otro lado, Janine escupió brutalmente y sin remordimientos:

-”W Z E E E A I T R H Y 8 8 8 2. Now, Miss Ava Toures, try to repeat again”.

-”Y Z I I I E A T R H W A A A 2. It’s all right?” -solté.

-”Are you kidding me, Miss Toures?”

La humillación pública fue importante. Casi de la misma categoría que cuando años atrás McNovio DeLuxe, durante un festival del humor me presentó a su profesor de inglés, y tras su maquiavélico “nice to meet you”, contesté con un rotundo “you’re welcome”.

Y es que cualquiera debería saber que a un español no se le hace deletrear en inglés… ¡qué todas las vocales están cambiadas y la “w” y la “y” están ahí pa dar por saco! Eso, por no hablar de las presentaciones…¿quién no ha vivido esa situación ridícula en la que, después de estar un bueno rato hablando con un desconocido, cuando a éste se le ocurre, por fin, decirte su nombre, os dais dos besos y le sueltas un descontextualizado y robótico “hola, qué tal?”. Apuesto a que esta patética situación no se da en otros idiomas.

En fin, un empleado del banco me trajo un caramelito para que se me pasara el trauma lingüístico, y finalmente acabamos a gestión de la cuenta. Por entonces, llevaba 36 horas sin dormir. Mi reloj marcaba las 4 am. ¡OMG! ¡¿Las 4 am?! Los bancos estaban abiertos a las 4am en Australia ¿??!¿!¿  Pero de repente, cargada de folletos corporativos sobre pensiones de jubilación, al salir a la calle, un enorme destelló de luz me cegó durante unos segundos y me devolvió a la realidad. Y es que el Rey de los Cielos y Todopoderoso Jet Lag existe queridos, no es un invento de los yuppies para dar por el “cool” a los que viajamos en clase turista. No.

Y eso fue lo que marcó el resto de una laaaaarga e interminable semana: éramos dos, en un reloj.  Aunque debo decir, que sí que es cierto que algunos consiguen llevar el fenómeno mejor que otros, y los más listos, hasta logran recordar el cambiar la hora de su Swatch.

Pero si algo tuve claro después de esta experiencia, es que si el cuerpo humano no está diseñado para sobrevolar la curvatura del tiempo, lo está menos aún, para deletrear en inglés.

¿Otro post? ¿Con azúcar, o con sacarina? ;)


28 junio 11

“Volando voy, volando vengo”

¡Ostra!-lia, vista desde el cielo

Y así, de algún modo empezaba todo, allá por el Abril del 2010. Un total de casi 30 horas volando, muchas, pero que muchas pelis y pocas palomitas, y 6 escalas repartidas en 3 de los 5 continentes del planeta. Y tú me dirás, “¿pero si existen combinaciones más simples si piensas venir a Brisbane o cualquiera de las ciudades australianas desde España?”  Y tienes toda la razón, créeme. Pero hay dos tipos de persona: los que van directos al grano, o los que vuelan con rodeos. Yo obviamente, pertenezco a ese segundo grupo.

Como decía, ahora, hace ya algo más de un año que decidí emprender el viaje de mi vida hacia ¡Ostra!-lia, pero aun así, hay detalles del viaje que todavía mantengo muy vívidos. Sobre todo, recuerdo lo difícil que me resultaba dejar atrás la Vieja Europa -jugando 13 horas seguidas al Poker Virtual con el tipo del asiento 235.  Después de que incluso, el resto de pasajeros del avión se rindieran ante el sueño, el Misterioso Hombre del 235, un admirable rival, seguía allí luchando por la victoria. Aunque finalmente, perdió ante mi vejiga, la cual resultó ser mucho más “competitiva”.

De todos modos, cabe decir que para combatir a lo que yo llamo Síndrome-del-volar-se-va-a-acabar, y que afecta, desafortunadamente a todo hijo de vecino después de la experiencia de cruzar el mundo en un avión, existen otros métodos menos agresivos. Por ejemplo, está el de atiborrarte a golosinas, el de “degustar” todo el alcohol de importación a bordo, o el de quedarte fijamente mirando la pantallita que indica el trayecto del avión. En relación a este útlimo, es increíble el efecto hipnótico de ese maldito aparato; puedes quedártelo mirando hora, tras hora, para ver como un puntito blanco se mueve ¿menos de un milímetro? El consejo más útil que podría dar es que, si eres débil, pase lo que pase, no mires la maldita pantallita. Pues viajando con compañías como Qan**s, tienes miles de pelis, documentales, TV, radio, etc. con las que pasar el rato entretenido.

Pero sin lugar a dudas, una de las cosas más impresionantes que recuerdo del viaje es el vivir la curvatura del tiempo, y ver cómo la noche se transforma en día, y el día en la noche. Aunque no deja de ser un placer algo masoquista, porque luego sabes sobradamente, que esto se convertirá en el Todopoderoso, y por todos temido Jet Lag. Lo cierto es que, ahí es cuando empieza una extraña mezlca de sensaciones; alegría a la vez que melancolía. Emoción, mucha emoción. Curiosidad, impaciencia, cierta inseguridad, dudas, reflexión sobre todo lo que has dejado atrás. Entonces es cuando te das cuenta de que esto ya no es un sueño, ni un proyecto. Debajo de tus pies hay un océano de tinta con el que escribir un nuevo capítulo de tu vida. Bueno, océano, y unos cuantos tiburones… ;)

En fin, resumiendo cuentas. No podría explicar cómo llegué a Australia. Bueno sí, en varios aviones en los que incluso en alguno, llegué a pasar más de 13h, y por otro lado, resumiendo mi vida en una única maleta de 40 kilos. Pero me refiero en un sentido más filosófico; sería muy complejo explicar cómo llegue hasta aquí y qué es lo que después de un año me mantiene aquí, porque como mi amigo Dexter de Miami, creo firmemente en el llamado Efecto Mariposa.

Así que, aunque no podría narrar la típica historia con un principio y un fin, pues es algo mucho más difuso, sí que acontecieron y siguen aconteciendo hechos claves, que por supuesto, me encantará compartir con todos vosotros. Aunque no sé si tan adictivo como seguir los puntos blancos de los monitores de los aviones, prometo, que el trayecto de este viaje por los mundos de ¡Ostra!-lia, será muuuucho más ameno …

¿Otro post ;) ?