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marzo, 2010


15
marzo 10

“DE CÓMO EL ANACORETA DECIDE SER ESCUDERO” (4)

 

 

         Y
dejando de reír habló al caballero.

        

         -
Mas, esperad, que me gustaría haceros una proposición.

 

         -
Mal haré al escucharos, pero adelante, que soy todo oído.

 

         -
Vuestro perro al orinarme me ha subyugado. He caído en la sumisión más
placentera -dijo el renacuajo verde con sarna-. Y ya que os veo perdido y llevo
ya demasiado tiempo meditando, creo que es hora de emprender camino y con quien
mejor que con vos. De este modo seré vuestro escudero y guía. ¿Qué os parece?

 

         -
Una insensatez, sin duda. Si me fiara de vos estaría más perdido -le respondió
el caballero-.

 

         - Sé
donde puede estar vuestra diablesa, pues imagino que esta siendo castigada por
sus no pecados.

 

         Y el
caballero andante meditó en breve tiempo sobre aquellas palabras. Sabía que sin
ayuda solo el azar le podría dar buena o mala suerte en su búsqueda. Y, aunque
no se fiaba del diablo anacoreta, decidió probar.

 

         - Sin
duda tendréis un nombre.

 

         -
Chindasvinto, que antes de ser diablo fui rey.

 

         - Impío,
injusto e inmoral. Así os definieron, mas, ahora ya no seréis rey ni siquiera
un mal diablo, sino mi escudero. Y os deseo lo mejor en vuestros actos, porque
si no, en caso contrario, probareis la Infalible.

 

         -¡Oh,
apiadado caballero! ¡Seré el mejor de los escuderos os lo aseguro!

 

         -
Espero que también sepáis caminar.

 

         -
¿No creéis que vuestro perro me dejaría subir en él?

 

         Y el
caballero rió de buena gana.

 

         -
Probad, que suya es la grupa y tal vez acepte, pues vuestro peso parece ligero.

 

         Y el
diablillo poniéndose frente a Rasputín le acarició el hocico y se dejó lamer,
para, acto y seguido, amarrándose a la cristalina armadura del can, subirse de
un salto. Y para sorpresa el animal se dejó hacer, pues aquel enano diablo, más
que pesar, despesaba. Y así, ambos juntos, y adelantándose Chindasvinto tomaron
camino a Sincontemplaciones.


11
marzo 10

“EL CABALLERO RESUCITADO Y EL DIABLO ANACORETA” (3)

 


9
marzo 10

“EL DESCENSO AL INFIERNO” (2)

         Y al
igual que la duda alimenta al mundo, esta alimentaba al caballero, que sin
despedirse, ciego en su idea y en realizar la acción, comenzó el descenso, y
llevado medio día el calor era tan abrasador que decidió ponerse la armadura
negra y así protegerse con su magia. Y como en otras ocasiones, perro y caballo
también vistieron el vidrio protector. Y en silencio sin pronunciar palabra fue
descendiendo al Infierno lleno de ira, de pavor y de amor a un mismo tiempo,
decidido a desentrañar el enigma de la diablesa, el por qué de su huida, y de
si mismo el para qué de su vida y de su resurrección. Y a cada zancada del jaco
más calor hacía; un calor sin llama en rocas incandescentes, calcinadas. Y el
suelo, laminado de cenizas secas y ardientes, crujía a su paso, rompiéndose en
fragmentos diminutos, sin polvo y lleno de ausencias. La que sentía el
caballero, cada vez más irritado, siendo superior la cólera que sentía al calor
que emanaba de aquella fosa que irradiaba desde su fondo rojos y amarillos que
lo iluminaban todo.

 

         Y
mirando hacía arriba vio que en la boca del abismo había llegado la noche y
tres puntos de luz, presumiblemente de tres antorchas, relucían como
luciérnagas en celo. No sabía el caballero que aquellas luces siempre estarían
encendidas esperando su regreso. Y perdida la noción del tiempo en aquella
cavidad donde no existía ni el día ni la noche, continuó el descenso conocedor
de que allí el dolor y el sufrimiento reinaban por encima de cualquier otro
sentimiento humano.

 

         Y
trascurrido otro día tocó fondo sin sentir ni él ni los animales hambre ni sed,
como si sus bocas y sus estómagos hubiesen desaparecido en el espacio y el
tiempo y se hubieran quedado atrás en el recuerdo, siendo otros los que
llenaban los vacíos del estomago: encontrar a la diablesa Minea y romper la
coraza que le separaba de él. Solo la obsesión del reencuentro, del beso
fugitivo, del abrazo ardiente y la mirada apasionada, le alimentaban y
alimentarían hasta su retorno lleno de incertidumbre y desasosiego, pero seguro
de si mismo, de su empresa, de sus deseos, de su amor, superiores en voluntad a
los de la propia diabla, a sus quehaceres, a sus cuitas. Superiores a las
cadenas que pudieran atarla al inframundo en el que se había sumido, que el
caballero solo quería con ella la luz de la esperanza, la luz del sol, de la
luna y de las estrellas.

 

         Solo
una duda le consumía: si ella le amaba o había sido el simple capricho, el
juguete de una diabla-mujer aburrida por la soledad, o un reto perdido por la
propia voluntad del caballero andante. Y en aquel fondo, vacío de vida y lleno
de infinitas desembocaduras de mil caminos, de mil ríos a ninguna parte, dudó
por donde tomar y decidió darle paso al azar, hasta que Rasputín comenzó a
ladrar y a correr en una dirección, por una galería, como si hubiera encontrado
su pista. Y el Caballero Resucitado se dejo llevar.


2
marzo 10

“SEGUNDO LIBRO DEL CABALLERO ANDANTE”

“EL CABALLERO EN EL INFIERNO”

 

SEGUNDA PARTE

 

 

“EL CABALLERO ANDANTE RESUCITADO” (Episodio 1)

 

 

 

         Nada
hay de cierto en la vida mas que el trascurrir de estar prisioneros en un
presente continuo. Y ni la muerte por ello tiene sentido, que si bien es el fin
de ese presente, no deja de existir la posibilidad de renacer de nuevo
interrumpiendo el devenir de ésta. Que si de fantástico tiene la vida, ciegos
estamos por no verlo, que hay quien puede y no quiere y hay quien quiere y no
puede. Mas, no nos acongojemos por lo irremediable, que en los cuentos y en las
leyendas de fantasía todo es posible, porque en la mente humana la imaginación
trasciende la realidad misma y supera todo anclaje o prisión física. Y por
ello, el caballero no morirá nunca, porque este trovador de conveniencia hará
de ello realidad superior y verdad. Y de este modo, superados y explicados los
motivos, inició esta segunda parte con la sana intención de seguir deleitando y
deseando que el caballero andante, el sin nombre, tenga a bien perdonarme por
sacarle del olvido.

 

 

                            ………………………………………

 

 

 

         Y el
cuerpo inerte del caballero ascendió hasta la superficie en los brazos de su
amada Dama Blanca, allí donde aún estaba la Reina Mala, que sobrecogida, lloró
al ver a la muerte en los brazos del amor.

 

         -
Tomadlo y revividlo, que vos podéis sobre lo divino y su alma jamás será
aceptada en este averno en el que habito -dijo la Dama Blanca-. Su amor me ha
hecho ahora prisionera de mis propios diablos, que me ha infectado y por ello
he sido castigada a vagar de forma incierta por las sendas del Infierno,
evitando todo lo terrenal. Esta ha sido mi última concesión y ahora he de
purgar los pecados cometidos guardando cárcel indefinida en este mundo del que
un día huí por amor y al que retorno por amor.

 

         - No
tiene un hueso sano, que todos están quebrados y ahí si que no puedo hacer
nada, que si le vuelvo a la vida volverá a morir de dolor -interrumpió la Reina
Mala-.

 

         Y la
diablesa Minea, medio mujer ya, medio diabla, acercó su boca a la del caballero
y exhalando un aliento de fuego, éste entró por su boca, se adentró en su
cuerpo y un crujir de huesos y cartílagos estremeció el silencio. Muñeco sin
vida, blanco como la nieve, pálido por la muerte, el caballero volvió a tomar
forma.

 

         - He
de marchar. Mi tiempo ha concluido. Haced lo propio y decidle que venció en la
batalla. Que mi corazón le pertenece, pero que me ha de olvidar porque hay
amores imposibles. Que el dolor que produce no volverle a ver, pues mi castigo
es de milenios, me aflige y seré diabla errante en los caminos del Infierno y
que no podía consentir que con su muerte vagara en mi búsqueda. Que mi corazón
a de purgar su amor y que no le olvidare nunca -díjole la diablesa Minea-.

 

         -
Solo veo hipocresía en vuestras palabras y mentiras. Que solo os mueve la
lastima y el dolor infringido, la culpabilidad por vuestra villanía y querer
aparentar lo que no sois. Volvéis al Infierno, porque así lo queréis y así lo
decidisteis, más no culpéis a nadie de vuestra triste derrota, porque esa solo
es vuestra. Vuestra decisión estaba tomada desde antes de la primera separación,
que fue estudiada meticulosamente. No había amor, sino solo enamoramiento y
capricho, que así vais por la vida, buscando, y a quien tenéis que encontrar es
a vuestra propia alma. Sois recolectora de hombres y en vuestra vitrina solo
cabe lo que dejáis, que no son más que despojos humanos. Miedo decís que tenéis
y me río de vos en vuestra propia cara. Quien tiene miedo no lo dice, a no ser
que le sirva como excusa, porque quien lo tiene no acude. Os excusáis en la
locura del caballero y en el miedo y no os dais cuenta que lo que faltaba era
amor, pero, así y todo, seguisteis con el juego. De mujer a mujer, al caballero
no le diré nada, solo le daré la pócima de la clarividencia. Y ahora, si tenéis
que marcharos, hacedlo.

 

         Y la
diablesa desapareció avergonzada de espanto entre pavesas que se llevo el
viento. Y la reina Mala, posando sus manos sobre el cadavérico caballero, pronunció unas palabras en lenguaje desconocido que hicieron contraer
sus músculos y volvió a él la vida, que aire tomó y la sangre se volvió de
nuevo liquido en sus venas. Y abriendo los ojos con espanto el caballero vio el
mundo nuevamente y a la reina Mala que entre lágrimas le sujetaba la cabeza.

 

         -
Sois el Caballero Resucitado -le dijo, bautizándole en su nueva vida-.

 

         -
Del infierno vengo y al infierno iré, que no pararé hasta recuperarla y
volverla conmigo. Que en él no están los que en vida hicieron mal, sino
aquellos que no han sabido descolgarse del dolor y el sufrimiento. De aquellos
que en vida ya sufrían, buenos o malos, y que siguen penando porque no saben
aceptar y asumir lo vivido, atascados en el llanto y el dolor. Mis ojos lo han
visto. Y en esta continuidad siguen vagando por los caminos infernales, que el
cielo es otro, donde se encuentra la paz y la esperanza que proporcionan
felicidad. He de buscarla y encontrarla -dijo el caballero con ojos perdidos
aún de donde volvía y continuó-. Amiga mía, preparadlo todo, que el Caballero Resucitado
bajará hoy mismo al infierno.

 

         -
Loco moristeis y loco resucitáis. El amor es eterno sin duda y si así lo queréis,
así será, pero bebed primero este brebaje de la clarividencia -le contestó la
reina de las brujas y hechiceras-.

 

         Y alzándose
ella, quedose el caballero aún en el suelo, apoyado sobre su costado y su codo
derechos sorbiendo de aquel brebaje, y la reina levantó su bastón de vidrio y haciéndolo
girar un camino construyó que bajaba en espiral por aquella grieta abierta
hasta las entrañas de la tierra. Y volviéndolo a girar, todas sus posesiones,
incluidos su perro y su caballo, se reunieron con él.

 

         - Deberíais
esperar a estar recuperado -le invitó la reina-.

 

         - El
que muere sabe que el tiempo es vida, el bien más preciado, que sin prisa pero
sin pausa he de quemar, porque no hay vida que perder. Os agradezco todos
vuestros desvelos y muestras de cariño y sabed que os llevo en mi corazón.

 

         -
Solo pronunciad mi nombre y estaré a vuestro lado.

 

         Y
curiosos iban llegando a la grieta, los mismos que aquel día vieron morir al
caballero y ahora le veían resucitado. Y un clamor se extendió por toda la
tierra. Y una alegría bañada de tristeza. Y tomando sus aperos, todos nuevos y
relucientes, acarició a Rasputín que lamió su mano y montando sobre Sayid entre
relinchos y ladridos descendió por aquel camino que daba vértigo, adentrándose
en el mismísimo infierno en busca de la amada.

Juan Calleja.


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