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15 marzo 10

“DE CÓMO EL ANACORETA DECIDE SER ESCUDERO” (4)

 

 

         Y
dejando de reír habló al caballero.

        

         -
Mas, esperad, que me gustaría haceros una proposición.

 

         -
Mal haré al escucharos, pero adelante, que soy todo oído.

 

         -
Vuestro perro al orinarme me ha subyugado. He caído en la sumisión más
placentera -dijo el renacuajo verde con sarna-. Y ya que os veo perdido y llevo
ya demasiado tiempo meditando, creo que es hora de emprender camino y con quien
mejor que con vos. De este modo seré vuestro escudero y guía. ¿Qué os parece?

 

         -
Una insensatez, sin duda. Si me fiara de vos estaría más perdido -le respondió
el caballero-.

 

         - Sé
donde puede estar vuestra diablesa, pues imagino que esta siendo castigada por
sus no pecados.

 

         Y el
caballero andante meditó en breve tiempo sobre aquellas palabras. Sabía que sin
ayuda solo el azar le podría dar buena o mala suerte en su búsqueda. Y, aunque
no se fiaba del diablo anacoreta, decidió probar.

 

         - Sin
duda tendréis un nombre.

 

         -
Chindasvinto, que antes de ser diablo fui rey.

 

         - Impío,
injusto e inmoral. Así os definieron, mas, ahora ya no seréis rey ni siquiera
un mal diablo, sino mi escudero. Y os deseo lo mejor en vuestros actos, porque
si no, en caso contrario, probareis la Infalible.

 

         -¡Oh,
apiadado caballero! ¡Seré el mejor de los escuderos os lo aseguro!

 

         -
Espero que también sepáis caminar.

 

         -
¿No creéis que vuestro perro me dejaría subir en él?

 

         Y el
caballero rió de buena gana.

 

         -
Probad, que suya es la grupa y tal vez acepte, pues vuestro peso parece ligero.

 

         Y el
diablillo poniéndose frente a Rasputín le acarició el hocico y se dejó lamer,
para, acto y seguido, amarrándose a la cristalina armadura del can, subirse de
un salto. Y para sorpresa el animal se dejó hacer, pues aquel enano diablo, más
que pesar, despesaba. Y así, ambos juntos, y adelantándose Chindasvinto tomaron
camino a Sincontemplaciones.


11 marzo 10

“EL CABALLERO RESUCITADO Y EL DIABLO ANACORETA” (3)

 


09 marzo 10

“EL DESCENSO AL INFIERNO” (2)

         Y al
igual que la duda alimenta al mundo, esta alimentaba al caballero, que sin
despedirse, ciego en su idea y en realizar la acción, comenzó el descenso, y
llevado medio día el calor era tan abrasador que decidió ponerse la armadura
negra y así protegerse con su magia. Y como en otras ocasiones, perro y caballo
también vistieron el vidrio protector. Y en silencio sin pronunciar palabra fue
descendiendo al Infierno lleno de ira, de pavor y de amor a un mismo tiempo,
decidido a desentrañar el enigma de la diablesa, el por qué de su huida, y de
si mismo el para qué de su vida y de su resurrección. Y a cada zancada del jaco
más calor hacía; un calor sin llama en rocas incandescentes, calcinadas. Y el
suelo, laminado de cenizas secas y ardientes, crujía a su paso, rompiéndose en
fragmentos diminutos, sin polvo y lleno de ausencias. La que sentía el
caballero, cada vez más irritado, siendo superior la cólera que sentía al calor
que emanaba de aquella fosa que irradiaba desde su fondo rojos y amarillos que
lo iluminaban todo.

 

         Y
mirando hacía arriba vio que en la boca del abismo había llegado la noche y
tres puntos de luz, presumiblemente de tres antorchas, relucían como
luciérnagas en celo. No sabía el caballero que aquellas luces siempre estarían
encendidas esperando su regreso. Y perdida la noción del tiempo en aquella
cavidad donde no existía ni el día ni la noche, continuó el descenso conocedor
de que allí el dolor y el sufrimiento reinaban por encima de cualquier otro
sentimiento humano.

 

         Y
trascurrido otro día tocó fondo sin sentir ni él ni los animales hambre ni sed,
como si sus bocas y sus estómagos hubiesen desaparecido en el espacio y el
tiempo y se hubieran quedado atrás en el recuerdo, siendo otros los que
llenaban los vacíos del estomago: encontrar a la diablesa Minea y romper la
coraza que le separaba de él. Solo la obsesión del reencuentro, del beso
fugitivo, del abrazo ardiente y la mirada apasionada, le alimentaban y
alimentarían hasta su retorno lleno de incertidumbre y desasosiego, pero seguro
de si mismo, de su empresa, de sus deseos, de su amor, superiores en voluntad a
los de la propia diabla, a sus quehaceres, a sus cuitas. Superiores a las
cadenas que pudieran atarla al inframundo en el que se había sumido, que el
caballero solo quería con ella la luz de la esperanza, la luz del sol, de la
luna y de las estrellas.

 

         Solo
una duda le consumía: si ella le amaba o había sido el simple capricho, el
juguete de una diabla-mujer aburrida por la soledad, o un reto perdido por la
propia voluntad del caballero andante. Y en aquel fondo, vacío de vida y lleno
de infinitas desembocaduras de mil caminos, de mil ríos a ninguna parte, dudó
por donde tomar y decidió darle paso al azar, hasta que Rasputín comenzó a
ladrar y a correr en una dirección, por una galería, como si hubiera encontrado
su pista. Y el Caballero Resucitado se dejo llevar.


02 marzo 10

“SEGUNDO LIBRO DEL CABALLERO ANDANTE”

“EL CABALLERO EN EL INFIERNO”

 

SEGUNDA PARTE

 

 

“EL CABALLERO ANDANTE RESUCITADO” (Episodio 1)

 

 

 

         Nada
hay de cierto en la vida mas que el trascurrir de estar prisioneros en un
presente continuo. Y ni la muerte por ello tiene sentido, que si bien es el fin
de ese presente, no deja de existir la posibilidad de renacer de nuevo
interrumpiendo el devenir de ésta. Que si de fantástico tiene la vida, ciegos
estamos por no verlo, que hay quien puede y no quiere y hay quien quiere y no
puede. Mas, no nos acongojemos por lo irremediable, que en los cuentos y en las
leyendas de fantasía todo es posible, porque en la mente humana la imaginación
trasciende la realidad misma y supera todo anclaje o prisión física. Y por
ello, el caballero no morirá nunca, porque este trovador de conveniencia hará
de ello realidad superior y verdad. Y de este modo, superados y explicados los
motivos, inició esta segunda parte con la sana intención de seguir deleitando y
deseando que el caballero andante, el sin nombre, tenga a bien perdonarme por
sacarle del olvido.

 

 

                            ………………………………………

 

 

 

         Y el
cuerpo inerte del caballero ascendió hasta la superficie en los brazos de su
amada Dama Blanca, allí donde aún estaba la Reina Mala, que sobrecogida, lloró
al ver a la muerte en los brazos del amor.

 

         -
Tomadlo y revividlo, que vos podéis sobre lo divino y su alma jamás será
aceptada en este averno en el que habito -dijo la Dama Blanca-. Su amor me ha
hecho ahora prisionera de mis propios diablos, que me ha infectado y por ello
he sido castigada a vagar de forma incierta por las sendas del Infierno,
evitando todo lo terrenal. Esta ha sido mi última concesión y ahora he de
purgar los pecados cometidos guardando cárcel indefinida en este mundo del que
un día huí por amor y al que retorno por amor.

 

         - No
tiene un hueso sano, que todos están quebrados y ahí si que no puedo hacer
nada, que si le vuelvo a la vida volverá a morir de dolor -interrumpió la Reina
Mala-.

 

         Y la
diablesa Minea, medio mujer ya, medio diabla, acercó su boca a la del caballero
y exhalando un aliento de fuego, éste entró por su boca, se adentró en su
cuerpo y un crujir de huesos y cartílagos estremeció el silencio. Muñeco sin
vida, blanco como la nieve, pálido por la muerte, el caballero volvió a tomar
forma.

 

         - He
de marchar. Mi tiempo ha concluido. Haced lo propio y decidle que venció en la
batalla. Que mi corazón le pertenece, pero que me ha de olvidar porque hay
amores imposibles. Que el dolor que produce no volverle a ver, pues mi castigo
es de milenios, me aflige y seré diabla errante en los caminos del Infierno y
que no podía consentir que con su muerte vagara en mi búsqueda. Que mi corazón
a de purgar su amor y que no le olvidare nunca -díjole la diablesa Minea-.

 

         -
Solo veo hipocresía en vuestras palabras y mentiras. Que solo os mueve la
lastima y el dolor infringido, la culpabilidad por vuestra villanía y querer
aparentar lo que no sois. Volvéis al Infierno, porque así lo queréis y así lo
decidisteis, más no culpéis a nadie de vuestra triste derrota, porque esa solo
es vuestra. Vuestra decisión estaba tomada desde antes de la primera separación,
que fue estudiada meticulosamente. No había amor, sino solo enamoramiento y
capricho, que así vais por la vida, buscando, y a quien tenéis que encontrar es
a vuestra propia alma. Sois recolectora de hombres y en vuestra vitrina solo
cabe lo que dejáis, que no son más que despojos humanos. Miedo decís que tenéis
y me río de vos en vuestra propia cara. Quien tiene miedo no lo dice, a no ser
que le sirva como excusa, porque quien lo tiene no acude. Os excusáis en la
locura del caballero y en el miedo y no os dais cuenta que lo que faltaba era
amor, pero, así y todo, seguisteis con el juego. De mujer a mujer, al caballero
no le diré nada, solo le daré la pócima de la clarividencia. Y ahora, si tenéis
que marcharos, hacedlo.

 

         Y la
diablesa desapareció avergonzada de espanto entre pavesas que se llevo el
viento. Y la reina Mala, posando sus manos sobre el cadavérico caballero, pronunció unas palabras en lenguaje desconocido que hicieron contraer
sus músculos y volvió a él la vida, que aire tomó y la sangre se volvió de
nuevo liquido en sus venas. Y abriendo los ojos con espanto el caballero vio el
mundo nuevamente y a la reina Mala que entre lágrimas le sujetaba la cabeza.

 

         -
Sois el Caballero Resucitado -le dijo, bautizándole en su nueva vida-.

 

         -
Del infierno vengo y al infierno iré, que no pararé hasta recuperarla y
volverla conmigo. Que en él no están los que en vida hicieron mal, sino
aquellos que no han sabido descolgarse del dolor y el sufrimiento. De aquellos
que en vida ya sufrían, buenos o malos, y que siguen penando porque no saben
aceptar y asumir lo vivido, atascados en el llanto y el dolor. Mis ojos lo han
visto. Y en esta continuidad siguen vagando por los caminos infernales, que el
cielo es otro, donde se encuentra la paz y la esperanza que proporcionan
felicidad. He de buscarla y encontrarla -dijo el caballero con ojos perdidos
aún de donde volvía y continuó-. Amiga mía, preparadlo todo, que el Caballero Resucitado
bajará hoy mismo al infierno.

 

         -
Loco moristeis y loco resucitáis. El amor es eterno sin duda y si así lo queréis,
así será, pero bebed primero este brebaje de la clarividencia -le contestó la
reina de las brujas y hechiceras-.

 

         Y alzándose
ella, quedose el caballero aún en el suelo, apoyado sobre su costado y su codo
derechos sorbiendo de aquel brebaje, y la reina levantó su bastón de vidrio y haciéndolo
girar un camino construyó que bajaba en espiral por aquella grieta abierta
hasta las entrañas de la tierra. Y volviéndolo a girar, todas sus posesiones,
incluidos su perro y su caballo, se reunieron con él.

 

         - Deberíais
esperar a estar recuperado -le invitó la reina-.

 

         - El
que muere sabe que el tiempo es vida, el bien más preciado, que sin prisa pero
sin pausa he de quemar, porque no hay vida que perder. Os agradezco todos
vuestros desvelos y muestras de cariño y sabed que os llevo en mi corazón.

 

         -
Solo pronunciad mi nombre y estaré a vuestro lado.

 

         Y
curiosos iban llegando a la grieta, los mismos que aquel día vieron morir al
caballero y ahora le veían resucitado. Y un clamor se extendió por toda la
tierra. Y una alegría bañada de tristeza. Y tomando sus aperos, todos nuevos y
relucientes, acarició a Rasputín que lamió su mano y montando sobre Sayid entre
relinchos y ladridos descendió por aquel camino que daba vértigo, adentrándose
en el mismísimo infierno en busca de la amada.

Juan Calleja.


22 enero 10

“PRESENTACIÓN DEL LIBRO DEL CABALLERO ANDANTE”

Tras tiempo de ausencia, todo llega. Ahora es la presentación del libro a la que desde aquí invito a todo el que pueda y quiera. Para mi sera un halago conocer a personas nuevas y abrazar a los amigos. Besos y abrazos a todos.

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01 mayo 09

“EL CABALLERO ANDANTE PUBLICADO EN LIBRO”

Nunca el caballero soñó que sus aventuras y desventuras iban a ser publicadas en un libro. Y así ha ocurrido, que el próximo día 6 de junio de 2009, este trovador de conveniencia, firmará ejemplares del caballero andante, en la caseta nº 226, de Éride Ediciones, en la Feria del Libro de Madrid, en el Parque de El Buen Retiro, entre las 11 y las 14,30 horas.
Allí os esperará para firmaros todos los ejemplares que tengáis a bien comprar.
Y os adelanto la que será posiblemente la portada del libro.

Estará el libro disponible a partir del día 6 de junio en librerías y en la página web de la editorial  http://www.nuevosescritores.es/.

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Gracias a todos.

29 abril 09

“EL CABALLERO ACOSADO” (49)

Y cuando estaba dando las últimas paladas, mezclados barro y sangre y lágrimas, un fuego fatuo salió de la primera y sorprendió al temeroso caballero. Y como en otras ocasiones, trasformose el fuego en la Rosa Negra.

- ¡Esa es el alma que quiero! ¡Negra como la noche, oscura como un abismo! ¡Esa alma ponzoñosa y vengativa, esa que sabe disfrutar de su momento de gloria! ¡Esa que me convida al placer por el placer, al orgasmo infinito, a la bestialidad plena! ¡Esa alma que no entiende de amor ni de entrega! ¡El alma que odia, que se satisface con el dolor ajeno! ¡El alma trasgresora, la vil, la repulsiva! ¡Dádmela y os haré eterno!

Y el caballero clavando su rodilla derecha en tierra, se postró ante la diablesa.

- ¡Oh, mi mal amado! ¡Cuánto placer me aporta el veros humillado! ¡Cuanta esclavitud en vuestro gesto! ¡Cuánto de malo tiene vuestra ofrenda! ¡Me corro solo de veros!

Y cuando se inclinaba ella para tomar su rostro y que ambos se mirasen a los ojos, el caballero, en rápido movimiento, asestó tal golpe con la pala en la cabeza a la diablesa, que rodó por el suelo.

- ¡Mal me hallo! -gritó el caballero. ¡Pero, peor debería de estar para entregarme a vos! ¡Si me queréis, que sea muerto, si es que de algo os valiese!

- ¡Vivo, cabrón, vivo os quiero! No tengo prisa. El tiempo esta de mi parte y soy paciente. Os denunciare por vuestros crímenes y os pondré a la Justicia detrás vuestra. No encontrareis respiro ni de día ni de noche. Solo espero vuestra desesperación, pues soy vuestra única salvación, pero, a cambio, me daréis vuestra alma. ¡Arrogante cerdo! ¡Mala madre os parió y más me obligáis a sacar mis peores armas! ¡Hasta la vista!

Y desapareció en la callada noche y el caballero rendido cayó al suelo, quedándose dormido y Rasputín tumbose a su lado para darle abrigo.


27 abril 09

“EL CABALLERO, EL MORIR DE AMOR Y LOS BANDIDOS” (48)

El olvido no lo encontraba, que este solo es un deseo sin proyección alguna, y el amor más crecía cada día entre odios a Rosa Negra y dulces palabras de amor a la Dama Blanca. Turbado se encontraba y la perdida de juicio más avanzaba, que cayó postrado en el catre e inmóvil así paso tres días, haciéndose incluso, sin darse cuenta, sus necesidades en ella. Que su cuerpo estaba allí tumbado, pero, su mente, su cabeza, sus pensamientos, estaban nadie sabe donde. Y que si es posible la muerte por la pena, esta no es si no existe además el propósito de ello. Que preferir morirse a enfrentarse de nuevo a la vida y seguir y volver a aprender a disfrutar de ella, es tarea ardua, pero, no imposible.

Y una luz brilló en sus oscuros pensamientos. Un nuevo presagio lleno de esperanza, un decir basta, hasta aquí he llegado y las ganas de caminar sintió de nuevo. Que Rasputín le lamía las penas de las lágrimas y ese cosquilleo le resultó gratificante y diose cuenta de que necesitaba de otras caricias para sentirse vivo. Difícil proponer para un hombre que se sentía acabado y con la Dama Blanca en su memoria bañándole en besos y caricias. Y aún con el dolor y el sufrimiento a cuestas, emprendió de nuevo su camino hacía el Sur.

Y llevados dos días de viaje, Rasputín comenzó a gruñir elevando las orejas y señalando detrás de una loma. El caballero mandó silencio al animal y descendiendo con sigilo de Sayid, se arrastró, hacía lo alto, desde donde esperaba ver sin ser visto. Y así hizo y observó a un grupo de bandidos que discutían acaloradamente y a cuyo mando se encontraba una mujer en la que creyó reconocer a aquella novicia del convento, Sor Inés, que tan feliz le hizo y cuyo lío más tarde le contó el licenciado en huesos.

- ¿Estáis seguros? -preguntaba Sor Inés, la bandida-.

- ¡Guardaba todas las señas! Solo nos extrañó que cuando le íbamos a persuadir de que no fuera a la cueva y que dejara en paz a la Dama Blanca, saliera huyendo despavorido. ¿No decíais que era valiente? -respondió el más alto-.

- Eso es justo lo que me extraña. No se porque os habéis confundido de caballero. Y me temo lo peor cuando se entere la Rosa. ¿Y qué más ocurrió?

- Seguímosle y al encontrarme a su par, para cortarle el paso, el caballo perdió pie y cayeron ambos por un barranco, perdiendo la vida -terminó de contar el más feo-.

- ¿Estáis seguros? -volvió a preguntar Inés-.

- Así fue, que no hemos omitido ningún detalle.

- En cualquier caso lo que debemos de hacer es poner pies en polvorosa y aumentar la distancia, pues, no me gustaría en ningún caso encontrarme con alguno de ellos, ya sea el caballero andante o la Rosa Negra. ¡Sois estupidos y patanes! ¡Y os juro que después de esta no se si no os mataré! -concluyó la novicia-.

Y el caballero agazapado en el terreno no daba crédito a lo que escuchaba y reculando, lleno de odio, alcanzó a Sayid y tomando la Destripadora, con un grito de furia, se abalanzó sobre aquellos tres parias que estaban al mando de la futura monja. Y uno a uno, con la templanza del no temer a la propia muerte y la clarividencia que esta produce, los fue degollando, y cuando solo quedaba la novicia bandida, clavó la lanza en el suelo y desenvainando su espada, la Infalible, encarose a ella diciendo:

- Para vos tengo algo mejor que ofreceros que una muerte rápida, pues, miembro a miembro os iré amputando y podréis sentir vuestra propia muerte con el mayor deleite, que en yéndose vuestra vida, con el dolor producido, vengaré todas mis amarguras en cada chorro de sangre que vertáis.

- ¡Fue solo un trabajo! -respondió Sor Inés, excusándose-.

- ¡Trabajos hay, que no merecen aprecio, sino por el contrario mi más grande repulsa, que quien no tiene a bien respetar la vida ajena, no puede pedir respeto para la propia. ¡Sacad vuestra espada y disponeos a pelear!

Y así hizo y comenzado el duelo y, aunque, la novicia era muy diestra con el arma, no pudo contener la cólera del caballero, cayendo primero el brazo derecho al suelo en un grito que espantó a los pájaros.

- ¡Tomad el arma con la otra mano! -le instó el caballero-.

- ¡Me rindo, caballero! -suplicó la bandida, mientras sujetaba su muñón con la otra mano, del que manaba la sangre a borbotones.

- ¡En cualquier caso vais a morir! ¿Preferís hacerlo cobardemente? -le replicó el caballero-.

Y formándose en su rostro los rasgos de la ira e inyectándose en sangre sus ojos, la joven tomó la espada con su mano izquierda, y ante tan dantesco esperpento, el caballero atinó con fiereza a cortarle también el brazo izquierdo. Y manca de ambos miembros, cayó de rodillas.

- ¡Acabad! -rogó al caballero-.

Y este levantando su espada a la altura del horizonte, de un tajo certero, hizo rodar la cabeza por el suelo, quedando boca arriba, con la lengua fuera y los ojos del revés. Y pasaron tres horas en las que el caballero se quedo inmóvil. Y una gran fatiga y flojera le invadieron y en lágrimas se deshizo, mezclándose con la sangre de los muertos.

- La venganza me ha cegado, que no la justicia. Que la venganza es un plato que si se toma frío descompone el cuerpo; pero, si se toma caliente, como es el caso, te hace cagar sangre y penas.

Y apesadumbrado, ido, trastocado, cavó cuatro fosas y allí mismo les dio sepultura.


24 abril 09

“EL CABALLERO Y LA CONFUSION EN EL ALMA” (47)

Y una vez todo dispuesto, mensajero y caballero iniciaron la ruta hacia la cueva de la Dama Blanca, con aquellas mil flores blancas, bien protegidas y preservadas y tiradas por dos percherones negros que guiaba el mensajero subido en la carreta. Al frente el caballero montando sobre Sayid y adelantado Rasputín abriendo camino. Y una semana tardaron, que la senda, en esta época, libre de nieve, más ligera se hacía.

Y alcanzaron la posada “La Esperanza”, donde el posadero y su hija salieron a recibirles.

- Señor, no esperábamos su vuelta después del mensaje que dimos a este hombre.

- Flores traigo en memoria de mi amor -dijo el caballero-.

- Pero, Señor, nada es seguro, que solo la suposición se empleó en el criterio. Que una manada de lobos vi descender de la caverna y desde entonces no se la ha vuelto a ver. Por ello, pensé, que había sido devorada.

- Todo eso lo comprobaré en persona. Abastecernos de víveres, que continuamos el camino.

- Con la carreta deberéis de dar más rodeo, por la vertiente Sur y eso será un día más.

- Pues, apresuraros, que no hay tiempo que perder.

Y continuando, llegaron y el caballero mandó al mensajero bajar las flores, aún frescas y volverse por donde habían venido, que en esto quería estar solo. Y así dispuso él las mil flores fuera y dentro de la cueva, pero, cuando entró en la bóveda, su corazón asombrado palpitó alocadamente al comprobar que la hoguera se encontraba encendida. La buscó enloquecido y no hallola y esperóla hasta tres días, en los cuales, la hoguera continuaba ardiendo como el primero.

- Amor de mi vida, mi niña, ¡cuánto has de perdonarme, que por mi alocado temperamento os he hecho tanto sufrir -hablaba solo en voz alta-.

Y al quinto día, un rubor invadió toda la cueva y el caballero se sobresalto poniéndose en pie. Y de la misma hoguera fue apareciendo una figura conocida, la Rosa Negra, que entre los rojos tizones se fue formando.

- ¡Oh, caballero afligido! ¿No me esperabais a mi, verdad? Lamento que vuestras expectativas se vayan al traste.

- ¡Juro que esta vez os mataré! ¿Qué hacéis aquí?

- ¿Aquí? ¿Si os dijera que esta es mi casa, me creeríais?

- ¡Maldita diabla! ¿Qué habéis hecho con la Dama Blanca?

- ¡Bonitas flores! Aunque su blancura me espanta.

Y tomando una entre sus manos observó el caballero una doble transformación: la de la flor blanca en negra y la de la Rosa Negra en la Dama Blanca. Y el caballero se sobrecogió de dolor.

- ¡Con argucias me habéis engañado! ¿Qué queréis de mi?

- Con argucias, mi blando caballero; con argucias, bebedizos y elixires de amor. Pero, no contaba que debajo de tanto brebaje creciera un amor verdadero desde vuestra alma y eso me asustó.

- ¿Qué queréis, os he preguntado?

- Ya os lo dije. Vuestra alma, pero no en entrega amorosa, sino en un acto voluntario. El alma negra que tenéis como cualquier mortal.

- ¿Y los besos y las caricias y el destello de un amor que nos sobrecogía?

- ¡Callad insensato! -y la Dama Blanca cayó de rodillas-. Habéis conseguido que os ame mortalmente, más no puedo daros lo que me pedís, pues mi mundo a mi sola me pertenece y vos no podéis formar parte de este infierno que yo sola he creado.

- Y por eso volvisteis como Rosa Negra, para emponzoñar mi alma. ¿Y el amor?

- ¡Callad, callad!

- ¿Me amáis todavía?

- Debéis partir, pues este amor solo os causa dolor y sufrimiento. Iros en paz, pues vuestra pesadumbre es la mía. Iros, que aún el Diablo me reclama.

- Si me decís que me amáis, no habrá diablo que se me resista. ¡Responded a la pregunta!

- Solo queréis respuestas y no veis con vuestros propios ojos lo que tenéis delante.

- Lo que tengo delante es un continuo equivoco, un no, no sucesivo, un freno inestable. ¿Qué mente humana es capaz de soportar tamaño desbarajuste? ¡Respondedme! ¿Me amáis?

- ¡No os besaré ya nunca!

Y desapareciendo, alejándose la voz en la dolorosa lejanía, el caballero se quedo en la duda, con el propósito de olvidar por siempre a la Dama Blanca de sus sueños y amores, y a la Rosa Negra de sus pesadillas. Y las flores, las mil que llevó por caminos y desfiladeros, ardieron de improviso y se consumieron. Y el caballero partió en busca de paz y sosiego, allí donde le esperaba el olvido.


23 abril 09

“EL CABALLERO Y LAS MALAS NOTICIAS” (46)

Los días pasaban. El caballero hubiera emprendido el camino de inmediato. Pero, la esperanza de una respuesta de la Dama Blanca le hizo quedarse en casa de Anjana, alimentado por la memoria. Recuerdos que llenaban ausencias, llenaban vacíos de un alma solitaria, donde el caballero naufragaba en mares y océanos, en distancias infranqueables; altibajos que unas veces le subían a la cresta de una ola y otras le sumergían en un pozo de agua negra, donde el aire faltaba y no encontraba consuelo.

Y esa espera se fue haciendo cada vez más dolorosa. “¿Me ama? ¿Me amó alguna vez? Me dejó marchar, ¿es eso significativo?” Todavía quedaba veneno en su alma, un poso de amargura, de querer buscar una razón para poder enfrentarse al olvido y mitigar ese dolor, esa culpa que le estaba matando. En su corazón ya no era el mismo. Algo había cambiado. El amor sentido y luego herido le había trasformado. Y sufría porque en el fondo de su alma pensaba que los días felices habían quedado atrás.

La espera se hizo larga y entretenía su tiempo en dar paseos con Sayid y Rasputín, según tenía el ánimo. Y otras en construir castillos dorados con las monedas de la olla. Y el tobogán de la soledad le volvía a devorar. Le masticaba incesantemente, ahondando en su alma, perforándola. Unas veces tranquilo, otras llorando, que para un hombre como él, aquellas lágrimas, más que parecer una deshonra, más le elevaban, porque cada una de ellas tenía un significado. “Lágrimas inteligentes -las llamaba-, que ellas saben mejor que yo porque surgen”. Porque verse muchas veces con la lágrima calida, enfriándose en el caminar por sus mejillas, le dejaban sorprendido y le hacía preguntarlas por qué ese manantial sereno.

Y una mañana, pasados ya cuarenta días, una brisa que entró por la ventana le dejo la sangre helada y un suspiro, más del corazón que de los pulmones, nació para morir, que sintió que ya todo lo vivido acababa de fallecer o ya estaba muerto. Pero, fue, en ese preciso instante cuando se abrieron sus ojos del alma, esos que todo lo ven cuando se rasgan. Y una llamada suave, un golpe de nudillos en la puerta casi imperceptible, le hizo inclinar la cabeza sobre sus hombros, doblando la cerviz, cayendo en ella la mayor de las pesadumbres. Y el viento resopló en la estancia arremolinando las penas y los dolores y sepultando con ellas la poca esperanza que le quedaba.

- ¿Estáis? ¿Me han dicho que estáis aquí? -se oyó la voz detrás de la puerta-.

- ¡Voy! -llegó a decir el caballero-.

Y alzando su cuerpo fatigado de la silla, se sintió un gigante en aquella habitación que pareciese se iba encogiendo según él se levantaba y acudiendo a la puerta, la abrió, y el rostro del mensajero, cansado por el largo viaje, le hizo volver a otra realidad más cruda.

- Lo siento, caballero. No traigo mensaje de la Dama, que me ha dicho el posadero que esta ha desaparecido y es posible que haya fallecido.

Y aquellas palabras, ya sabidas y sentidas, tomaron la forma de una corona de flores y una mariposa entró en su torpe planeo a la casa y posose sobre el castillo dorado, que había sobre la mesa, que el caballero ya tantas veces había construido y desmontado y mirando al hombre le dijo:

- ¿Veis esas monedas?

- Muchas son -contestó-.

- Pues, tomadlas, comprar mil flores blancas y preparadlas para que duren el viaje en un carro tirado por dos fuertes caballos. Y cuando este hecho, avisarme, que partiremos a la cueva de la Dama y allí las depositaremos. Las que sobren son para vos.

Y el hombre se abalanzó sobre ellas y voló la mariposa, echándolas todas en el morral que llevaba y cuando ya iba a partir, el caballero le retuvo, pues acordose de lo que Anjana le había dicho.

- ¡Esperad! Dadme una de ellas.

Y el mensajero extrayéndola la puso en la palma de la mano que tenía tendida y mientras este partía, feliz y dichoso por la fortuna adquirida, el caballero cerróla en puño, sintiendo como el frió del metal le alcanzaba el alma. Y dijo, mirando al hombre alejarse a caballo desbocado.

- ¡Adiós, Dama de mis sueños!


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